CINE: ‘Puro Vicio’: Luchando contra la entropía

BEV PURO VICIO 0 cartel

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno en cine: 13 de marzo de 2015

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Director: Paul Thomas Anderson

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Calificación: 2 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Puro vicio’

 

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Nota: las referencias a la novela se indican como ‘Vicio propio’, y las referencias a la película como ‘Puro vicio’.

 

La novela del escritor Thomas Pynchon titulada ‘Vicio propio’ es una de las novelas más frescas, vitalistas y divertidas de la narrativa norteamericana de los últimos años. Extrañamente, no parece una obra escrita por un hombre de más de setenta años. En la rumorología pynchoniana (la red está cargada de webs dedicadas a especular sobre la biografía del eterno candidato al Nobel) se teoriza sobre su estancia en México en los años 60, su adicción a las drogas y su adhesión a los movimientos hippies, hechos que pudieron servir de inspiración a esta novela con posibles tintes autobiográficos.

A Pynchon se le perdió la pista en los años 60. Se especuló que podía ser Salinger, Roger McGuinn o el mismísimo Unabomber.

A Pynchon se le perdió la pista en los años 60. Se especuló que podía ser Salinger, Roger McGuinn o el mismísimo Unabomber.

Al igual que en cualquiera de sus otras obras, el detallismo, la descripción precisa de los objetos y lugares (los bares, los casinos, los coches, los programas de televisión), el conocimiento profundo de aquello que narra, lleva a que se sospeche que este autor (que se publicita en su anonimato por su insociabilidad) pudiese ser un personaje de renombre en el mundo del espectáculo (incluso se habla del mismísimo Roger McGuinn, guitarrista y solista de los Byrds). Alguien que no sólo es capaz de describir lo real desde un aspecto postmodernista, sino DE transmitir una impresión sensorial (auditiva, visual, gustativa, olfativa y táctil) de la América de 1970. La novela arrolla, como una sinfonía pop con la denominación continuada de vehículos de época (Los Cadillac Eldorado, los Chevrolet Corvair), pero también insufla musicalidad rock-surfista en un continuado riff rítmico que el mismo Thomas Pynchon se ha dedicado a filtrar a su editorial previo a la publicación de la novela (tomad nota de su predilección por temas míticos como el archiconocido ‘Surfin´Bird’ de los Trashmen, el antibelicista ‘Feel Like I’m Fixing To Die’ de Country Joe, el rítmico Wipe Out’ de The Surfaris, pero también otros títulos de grupos menos conocidos como los Bonzo Dog Doo-Dah Band o los Electric Prunes.

En este aspecto musical, la película de Paul Thomas Anderson es acertada. El director no duda en mantener un ritmo permanente, que une las diferentes secuencias con la continuidad musical. En relación a este punto, el trabajo de Jonny Greenwood es perfecto al haber rescatado ‘Spooks’, un tema inédito de su banda Radiohead plagado de misteriosos tonos sesenteros.

‘Vicio propio’ tiene un sentido del humor envidiable, tan propio de la adoración del autor hacia los cartoons tipo ‘El Coyote y Correcaminos, con altas dosis de surrealismo, deformación de lo real por intrusiones violentas de lo fantástico en lo verosímil y su tendencia a embarullar la trama con múltiples personajes, cada uno más chocante que el anterior. La imaginación es continua al igual que la fluidez de los diálogos, con un dominio del lenguaje de época que no abandona el componente pynchoniano multirreferencial, postmodernista e inteligente, haciendo de la novela frenética y desternillante.

Respecto al humor, en ‘Puro vicio’ la velocidad y la mezcolanza de realidad con la ficción fallan estrepitosamente. El director americano se empeña en dar un carácter de realidad, de verosimilitud a la historia, que no existe en la obra original. Cuando uno lee a Pynchon piensa más en el ritmo trepidante con toques cartoon del ‘Arizona Baby’ (1987) de los hermanos Coen que en este nuevo empeño de Paul Thomas Anderson por realizar una autopsia social a los momentos históricos de los Estados Unidos (en este caso el periodo Nixon y la guerra del Vietnam).

El postmodernismo de Pynchon es captado por Thomas Anderson en este homenaje a ‘La última cena’, que décadas antes ya había utilizado Buñuel en ‘Viridiana’.

El postmodernismo de Pynchon es captado por Thomas Anderson en este homenaje a ‘La última cena’,
que décadas antes ya había utilizado Buñuel en ‘Viridiana’.

Para entender la literatura de Thomas Pynchon hay que desentenderse de la lógica verosímil del best-seller (y aquí incluyo, incluso, al imaginativo Murakami) y aceptar las reglas de juego propias de este autor único. Sus novelas (recomiendo la lisérgica ‘Vineland’, precedente de ‘Vicio propio’, y las monumentales ‘El arcoíris de gravedad’ y ‘Mason & Dixon’) se mueven en niveles diferentes.

El primero es puramente metanarrativo, una ‘melange’ de conocimientos, ficciones y realidades, de rupturas de lo real con lo puramente fantástico, apropiaciones de estilos de otras autores (en este caso Raymond Chandler): una montaña rusa postmoderna en donde los hechos siempre parecen ser contados por narradores omnipresentes que manejan a los personajes a su antojo. En este aspecto, sí parece acertada la decisión de Paul Thomas Anderson de trasladar el peso de la narración de la historia a una voz en off (correspondiente a los recuerdos de la hippie Sortilège) que no existe, como tal, en la novela original.

Sortilège no sólo trata de dar sentido al caos narrativo de ‘Puro vicio’, sino que funciona como mente visualizadora capaz de sacar conclusiones reflexivas a los hechos.

Sortilège no sólo trata de dar sentido al caos narrativo de ‘Puro vicio’,
sino que funciona como mente visualizadora capaz de sacar conclusiones reflexivas a los hechos.

El segundo nivel corresponde al paranoico. Los personajes de Pynchon van perdiendo el control de la realidad a medida que avanza la narración. Sus tramas son laberínticas, complicadas y complejas. Las matemáticas, los experimentos científicos, la magia, la Historia, envuelven a los personajes en argumentos donde extrañas conspiraciones dirigidas por entidades superiores (sin motivos finales evidentes) les conducen a la pérdida de razón, a una locura ideada desde el exterior que les lleva a plantearse el porqué de la existencia de las personas y a temer por el vacío en sus vidas. La responsabilidad, el orden, es una cuestión de inestabilidad y tal como se definió en el tercer segundo principio de la termodinámica, todo conduce a la entropía. El desorden natural de las cosas, lo entrópico, es lo que mueve a los personajes. Poco a poco van abandonando la lógica para adentrase en un viaje insospechado que termina en una visión desde fuera, desde la altura, como a hormigas que se mueven sin sentido de un lado para otro, sin entender el sentido de sus movimientos. Thomas Anderson acierta en este aspecto del embrollo, pero a tal manera que, habiendo leído la novela de Pynchon y entendido la trama delictiva, en ‘Puro vicio’ uno se pierde viendo la película. Es decir, Anderson se pasa de rosca o el guion se le ha ido de las manos.

El detective drogata ‘Doc’ Sportello (Joaquin Phoenix) trata de buscar el control y el sentido a la vida envuelto en una trama policiaca ininteligible.

El detective drogata ‘Doc’ Sportello (Joaquin Phoenix) trata de buscar el control y el sentido a la vida envuelto en una trama policiaca ininteligible.

El tercer nivel en la literatura de Pynchon es el que revela entidades multinacionales, poderes fácticos o fuerzas sobrenaturales superiores que controlan a los habitantes atolondrados y paranoicos, siempre desde una intención conspiradora. La ‘conspi-paranoia’ engloba todas las teorías conspirativas con el fin de mantener a la población activa, aunque perdida, sin visión real de los hechos que les suceden. En ‘Vicio propio’ la teoría conspirativa apunta a Nixon y a un plan por introducir la droga en su país al mismo tiempo que abre centros de desintoxicación y mantiene a los jóvenes en un ciclo perpetuo de entradas y salidas en el mundo de la droga. Pero no sólo es el aspecto negativo del mal universal, ese poder superior cuyo fin parece ser el dinero y el placer del poder por controlar el mundo. También, como en la filmografía de David Lynch (el mejor referente cinematográfico, pero sin humor, de la literatura de Pynchon) está el polo del bien celestial. Éste está siempre representado desde una visión superior, desde las estrellas (recuérdese el rostro de la madre en el firmamento al final de ‘El hombre elefante’ (1980), el film de Lynch).

En ‘Vicio propio’ la representación del mal aparece a fogonazos imposibles de dilucidar en su profundidad y capacidad de control. Son los capítulos dedicados al barco aparecido entre la niebla, pero también las dudas que se producen al no saberse por qué el FBI decide bloquear los actos del magnate Mickey Wolfmann. Por su parte, la representación del bien aparece en la descripción de Lemuria, un continente desaparecido entre las aguas del Pacífico, arcadia de los hippies, al que sólo se puede acceder mediante viajes lisérgicos tras una buena dosis de LSD. Thomas Anderson fracasa en ‘Puro vicio’ en la representación del mal (algo que curiosamente sí consiguió en su anterior ‘The Master’ así la reseñé en este blog), siendo decepcionante la traslación en imágenes del barco ‘Colmillo dorado’. Por otra parte, el mundo oculto de Lemuria y los viajes lisérgicos quedan omitidos en la película.

Thomas Anderson adapta la novela tomándose bastantes libertades: el espacio de ‘El Bien’ identificado como Lemuria en la novela se sustituye por la relación de amor entre Sportello (Joaquin Phoenix) y su novia Shasta (Katherine Waterston) o el deseo del saxo Coy Harlingen (Owen Wilson) por volver a ver a su mujer y su hija. En cambio, el lado de ‘El Mal’ no queda bien identificado. Thomas Anderson compone una escena, casi al final, en el que el policía Bigfoot (Josh Brolin), el jefe de policía envuelto en la trama conspiranoica, acaba comiendo plantas de marihuana con tierra incluida en un acto de desesperación descontrolado. Thomas Anderson termina el film con un bello final: el reencuentro entre Shasta y Sportello, con los ojos iluminados artificialmente de este último, como si hubiese encontrado ‘El Paraíso’.

GERARDO CREMER

Comments
One Response to “CINE: ‘Puro Vicio’: Luchando contra la entropía”
  1. oscar cine dice:

    Vale,asi que no era solo yo.”puro vicio”es confusilla y erratica.es que paul thomas me parece un puto genio,pero esta vez-es mi opinion-golpea en semifallo.
    por cierto,en el poster-fantastico-phoenix me recuerda a john belushi,una barbaridad.

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