‘Revoluciones a 78 por minuto’: Quejíos y vanguardia

Ezequiel Benítez, que no es gitano aunque haya vivido entre ellos, abrió plaza con estilo melódico y sentío (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Ezequiel Benítez, que no es gitano aunque haya vivido entre ellos, abrió plaza con estilo melódico y sentío
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Miércoles 29 de abril, Bilbao, X Ciclo Flamenco BBK, Sala BBK, 20 h, 16 €.

BEV 78 REVOLUCIONES FLAMENCO cartelBuena entrada en la Sala BBK el miércoles para ver ‘Revoluciones a 78 por minuto’, montaje audiovisual reivindicador del cante jondo, vanguardia artística europea hace un siglo como se preconizó en el prólogo, es decir durante la proyección fotográfica en blanco y negro según las reglas técnicas del cine mudo en la que se informó sobre figuras flamencas de principios del siglo XX que han pasado a la posteridad gracias a sus grabaciones pioneras en gramófonos. Se trataba reactivar ese flamenco documentado en discos de pizarra y recrearlo en las voces de tres cantaores actuales: Ezequiel Benítez, El Tolo y Melchora Ortega, los tres jerezanos y escoltados todos por su paisano el recio, preciso y racial tocaor José Ignacio Franco (Jerez, 1974; esta es la web de su academia).

Como rezaba el programa, fue un «viaje didáctico por las obras imprescindibles del flamenco, obras que representan un antes y un después en el cante jondo. (…) Un viaje en el tiempo, contado a través del cine mudo y musicado en directo con sonidos que evocan aquellas placas de pizarra que se reproducían en el gramófono a 78 RPM».

La cita, de hora y cuarto y diez piezas (tres de cada cual y remate con el fin de fiesta postizo), la abrió el rubicundo Ezequiel Benítez (Ezequiel Benítez Domínguez; Jerez de la Frontera, Cádiz, 1979; esta es su web) representando el cante más melódico, entonando emocionado, compungido, moderno, suavito en sus quejíos emanados desde el seno de su gran humanidad, muy fino, sentío y acompasado en las malagueñas datadas en 1909 de Don Antonio Chacón, ‘el tenor de la queja’, como plasmaba al fondo del escenario la pantalla con la fichita del cante. Ezequiel siguió rampante en los fandangos de 1929 de El Carbonerillo, calificados como ‘llanto sonoro de la pena infinita’ en la propaganda de época (este es un YouTube de ese cante en la BBK), y más desubicado se le notó en las alegrías de 1929 de Aurelio Selles, ‘brisa salada de los cantes de Cádiz’, con Ezequiel frisando la jota y Miss Madeira, veraneante en Cádiz durante muchos años, llevando las palmas desde su butaca.

Cada uno de los nueve cantes estuvo respaldado por una imagen con una precisa fichita técnica. Esta de Chacón fue la primera. (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Cada uno de los nueve cantes estuvo respaldado por una imagen con una precisa fichita técnica. Esta de Chacón fue la primera.
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Pisando fuerte y con hondura, representando el cante gitano, ofició El Tolo (Antonio Peña Carpio, Jerez, 1972). Nieto de Alfonso Carpio ‘El Berenjeno’ y sobrino de Manuel Carpio ‘El Garbanzo’, El Tolo arrancó puro con garganta poderosa en los martinetes y tonás de Tomás Pavón datados en 1950 (así las cantó en la Sala BBK). Luego se salió jondo, claro, serio, actual y zezeante en ‘De Santiago y Santa Ana’, unas seguiriyas de 1929 de Manuel Torre, calificado como ‘místico faraón de los sonidos negros’ en la pantalla, con Franco tocando moderno y seco a las seis cuerdas, y El Tolo, para acabar, chocó y se peleó con la soleá de Juan Mojama de 1929, pero la puso en valor a fuer de autenticidad.

El Tolo, representante del cante gitano, de la estirpe de los Carpio, con el tocaor José Ignacio Franco, que tiene una academia. (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El Tolo, representante del cante gitano, de la estirpe de los Carpio, con el tocaor José Ignacio Franco, que tiene una academia.
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Aportando los palos más rítmicos cerró la terna Melchora Ortega (Inmaculada Ortega Pérez, Jerez, 1972), paya empero su pinta racial. Actuó en cuarteto, con los dos cantaores escoltándola como palmeros, y ella pizpireta en el baile y con voz más amateur recuperó a La Niña de los Peines en los tangos de 1946 ‘Al Gururú’ (este es un YouTube de la BBK). Melchora Ortega libró y alcanzó su cima por sonar antigua en las bulerías para escuchar de Isabelita de Jerez fechadas en 1930, e inauguró el epílogo festero con ‘Cuando me veas en la calle’, bulerías de 1929 de Luisa ‘La Pompi’, definida como ‘el compás de la sangre’ en el fondo del tablado y con Melchora bailando y bebiendo agua de una botella de plástico.

OSCAR CUBILLO

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