Javier Paxariño Trío: Sefarditas y palestinos

Javier Paxariño (saxos y flautas étnicas), Manu de Lucena (percusiones) y Josete Ordóñez (guitarra española, laúd eléctrico, mandola) (Foto: EXIB Música).

Javier Paxariño (saxos y flautas), Manu de Lucena (batería) y Josete Ordóñez (guitarra española, laúd eléctrico, mandola) (Foto: EXIB Música).

Jueves 7 de mayo, Bilbao, II EXIB Música, La Alhóndiga, 18 h, entrada libre.

El segundo congreso profesional EXIB Música, dedicado a unir mercados iberoamericanos, programa tres días de bolos, de jueves a sábado, casi todos gratuitos y en La Alhóndiga (rebautizada Azkuna Zentroa en memoria del difunto penúltimo alcalde de Bilbao; qué manía la de los políticos, especialmente la de los nacionalistas, por rebautizar poblaciones y recintos, luego lógico que la gente se pierda). En el imponente Auditorio había poca gente, aunque fuera gratuito (yo casi no llego por lo temprano de la hora), para ver al interesante Javier Paxariño Trío (este es su Facebook), liderado por el saxofonista y flautista nacido en Granada pero de origen gallego, celta, como afirmó él y como atestigua su apellido.

Fue un concierto de fusión, albergable en la programación de cualquier festival de jazz, flamenco o folk. Paxariño lo definió como ‘un viaje al Mediterráneo’ y duró 43 minutos para 6 instrumentales, todos presentados y hasta descritos por Paxariño, lo cual facilita la reseña pero puede propiciar que lo tilden de collage de arquetipos (podéis oír varias piezas en Soundcloud). Fue una cita agradable, al fresco del aire acondicionado mientras afuera en las calles de Bilbao los vecinos se aplatanaban bajo los 30 grados de calor, con un sonido espectacular, en trío completado por Paxariño, Manu de Lucena a la batería estupenda («el reloj de la banda», le presentó el líder) y el laudista y guitarrista y mandolista Josete Ordóñez a las melodías de cuerda.

Paxariño con flauta (imagen de móvil: Facebook).

Paxariño en el taburete (imagen de móvil: Facebook).

Las composiciones recurrieron a la fórmula de la gradación con improvisación y la mezcla de dos estilos diferentes, a veces lejanos en el espacio. Abrieron con ‘Mandopolis’ y yo anoté mandolina celta, percusiones morunas y flauta celta, luego flamenco a lo Tarifa, y lo explicó al acabarla Paxariño: era un mezcla de la música de Oriente Medio con el flamenco. Prosiguió con ‘Ladrón y Kumardji’, un híbrido de música sefardita con ritmo africano, donde el saxo dibujó líneas muzak y rozó la fusión. Improvisaron como gitanos ketameros en ‘Juego con Zaira’ (Zaira es su hija de once años) y Paxariño desde el taburete lateral dando palmas recordaba a Jorge Pardo.

El líder presentó el siguiente tema diciendo que su inicio provenía del Mediterráneo oriental, en cierto modo étnico, y luego derivaba hacia una improvisación más funk rock: se trataba del progresivo ‘Velahi’, que podría servir para una película de guerra exótica filmada por Ridley Scott y que fue de lo mejor del lote. Continuó el trío con la única balada del CD, ‘El alma en el suelo’, una tonada solidaria con los palestinos basada en el poema ‘El Porvenir’, una pieza que Paxariño anticipó así: «el principio es una elegía melancólica, pero el final es más alegre, una luz al final del tunel». Y se despidieron con ‘Fiesta en El Realejo’, el barrio donde nació, el más antiguo de Granada, de origen judío, y que fue la mejor pieza de la cita, la más original, y también peliculera y la más libre.

OSCAR CUBILLO

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