Pasión Vega: Tributo a Carlos Cano (+ entrevista)

Con sombrero cordobés, el cual se caló en las dos piezas vinculadas con Miguel de Molina, ‘artista, rojo y maricón’, las tres cruces que le ponía Cano (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Con sombrero cordobés, el cual se caló en las dos piezas vinculadas con Miguel de Molina,
‘artista, rojo y maricón’, las tres cruces que le ponía Cano (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Domingo 17 de mayo 2015, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20 h, entradas de 50 a 60 €.

El domingo, la andaluza Pasión Vega (nacida Ana María Alías Vega en Madrid en 1976) presentó en el Euskalduna su álbum ‘Pasión por Cano’ (Concert Music-Sony, 14), su tributo al renovador de la copla Carlos Cano (Granada, 1946-2000). Al contrario que en otras visitas anteriores suyas a Bilbao (Arriaga, Euskalduna…), no atrajo a mucho público: no se abrió la parte superior y habría menos de 400 personas en un inmenso recinto para 2.200. Quizá disuadieron a los espectadores potenciales el alto coste de las entradas, el clima luminoso de esa tarde y la competencia de Café Quijano con sus boleros a la misma hora en el Teatro Campos y a mitad de precio. Además, la asistencia, preferentemente madura y femenina, disfrutó de la escucha para sus adentros, con lo cual dio sensación de frialdad recogida en escena por los diez oficiantes, que empero su profesionalidad no rompieron el hielo hasta el bis, tras una sorpresiva y larga ovación del respetable, lo cual calentó a Pasión y la movió a dar su máximo en este mentado bis con un ‘Ojos verdes’ estilizado y con cuerdas, y el adiós definitivo con ‘Habaneras de Cádiz’.

Nueve músicos acompañaron a Pasión en escena, en total diez personas  (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Nueve músicos acompañaron a Pasión en escena, en total diez personas
(foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

En total Pasión Vega entonó 17 temas en 103 minutos, lució dos modelos (el primero negro con espalda descubierta por transparencias, el segundo blanco tipo romano), recitó esporádica y poética, manejó un abanico y un mantón de Manila (donde se reflejaron los rostros de Cano, Billie Holiday y Miguel de Molina), y en un par de piezas consecutivas se caló un sombrero cordobés: primero en el buen y ovacionado tributo a Miguel de Molina ‘Dormido entre rosas’, y de seguido en ‘La bien pagá’, también popular por Molina e interpretado a piano y violín, con ella chillando cual folclórica desatada en lo que fue uno de los dos momentos culmen de la cita. Pasión cantó como nunca y sonrió como siempre, y la banda no falló y arregló sin tacha, pero la cita resultó envarada. La muy risueña miró al pasodoble (‘Alacena de las monjas’), acarició el jazz (‘La reina del blues’) y el tango (‘El último bolero’; antes de empezarlo comentó a sus técnicos que en escena hacía demasiado frío por el aire acondicionado), y arrancó salerosa y voluntariosa (‘Danzón del corazón’; este es el clip oficial).

Tras ‘La bien pagá’, que fue la séptima pieza, se cambió el vestido, del negro pasó al blanco romano, y la cita se atascó, languideció. Marchitas le quedaron ‘Las murgas de Emilio El Moro’ y demasiado estilista ‘María La Portuguesa’. No remontó con ‘Luna de abril’, escrita por Cano evocando la Revolución de los Claveles portuguesa (antes de esta Pasión informó que el productor de su disco dedicado a Cano es el vasco Fernando Velázquez (Getxo, 1976; autor de las bandas sonoras de ‘El orfanato’ y ‘Lo imposible’) y que le telefonearía después del concierto para contarle cómo había ido; menos mal que al final le dejó buen sabor de boca); el ‘Romance de Ocaña’ no pasó de la alegría impostada con su ritmo jarocho mexicano (por cierto, al empezarla le traicionó el subconsciente y comentó al público que cuando antes había dicho que hacía frío «no era por ustedes»); en la nana ‘Aires de cuna’, que en el álbum canta a dúo con María Dolores Pradera, soltó algún alarde folclórico; y pop adulto fueron las dos últimas antes del bis, dos títulos no relacionados con Cano y escritos ambos para Pasión por Antonio Martínez Ares (Cádiz, 1967): su éxito de 2003 ‘María se bebe las calles’, y el cierre con ‘Soy del Sur’, un retrato imaginado de Cano, el tema que al acabar recibió la ovación atronadora y redireccionó el sesgo de la cita, que en general cursó en atmósfera más silente y respetuosa que indiferente. Ah, saliendo del Euskalduna, un caballero le preguntó a otro: ¿qué, te has dormido? El otro dijo que no.

OSCAR CUBILLO

Vestido de inspiración romana y mantón de Manila en la parte lánguida del show (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Vestido de inspiración romana y mantón de Manila en la parte lánguida del show
(foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

 

+++ ENTREVISTA +++

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«Carlos Cano fue un renovador»

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La vocalista andaluza recoge el repertorio coplista

del añorado Carlos Cano en un disco que presenta en deceto por teatros

La andaluza Ana María Alías Vega (Madrid, 1976), neofolklórica de pelo platino, rinde tributo a una de sus influencias seminales, la del renovador de la copla Carlos Cano (Granada, 1946-2000), el autor de clásicos contemporáneos como ‘María la portuguesa’ o ‘Habaneras de Cádiz’. Doce canciones del añorado maestro y una composición nueva a él dedicada (‘Soy del Sur’) caben en ‘Pasión por Cano’ (Sony, 14), álbum suntuoso y orquestal donde se citan conceptos como fado, tango, pasodoble, bolero, sonata o romance. Lo está divulgando por teatros, en conciertos con diez personas en escena, y hace días la muy risueña Pasión nos atendía por teléfono desde Cádiz.

¿Conociste a Carlos Cano personalmente? Quizá no por tu edad.

No tuve la oportunidad, aunque sí coincidimos en el tiempo. Cuando yo empecé a cantar, evidentemente Carlos Cano hacía su música y todavía estaba con nosotros, pero no coincidí con él. Digamos que cuando mi carrera empezó a despegar él ya no estaba. Es de esos hombres que he admirado siempre y me hubiese encantado encontrarme con él, compartir con él una charla o un escenario. Toda la gente que lo conocía y han sido amigos suyos me han hablado maravillas siempre de él.

Le vi actuando en el Teatro Barakaldo y nos dejó superados. ¿Tuviste la oportunidad de verle en vivo?

Sí, en concierto bastantes veces. Venía mucho a Málaga a cantar y mis padres siempre han sido muy aficionados a Carlos Cano y yo iba con mis papás a verlos. Creo que cuando le veías en directo era cuando te terminaba de atrapar. Me impresionó mucho por su sobriedad como hombre que cantaba canción popular. Me gustó más que en los discos, más de lo que yo esperaba. Me gustó todo lo que contaba al público en sus charlas aparte de lo que cuenta en sus canciones. Y su puesta en escena. Me enamoró muchísimo más la primera vez que le vi actuar, ja, ja…

Carlos Cano, el homenajeado, quien quitó el olor a naftalina a la copla, como dijo Pasión en una introducción.

Carlos Cano, el homenajeado, quien quitó el olor a naftalina a la copla, como dijo Pasión en una introducción.

¿Por qué crees que es importante aún hoy en día, por qué no se ha difuminado su estela?

Creo que Carlos Cano fue un renovador, el último eslabón de lo que hoy conocemos como canción popular, o como copla, por qué no llamarlo también así. Además permanece por su gracia, por el añadido de que hizo su propio repertorio, aunque en sus últimos trabajos hizo temas como ‘Ojos verdes’ y otros emblemáticos de los clásicos de la copla. Ha dejado himnos con los cuales nos identificamos todos en el terreno de lo popular, de la copla. Además es un hombre que supo mezclar elementos e introducir sonidos nuevos, como la bandurria, los laúdes, el fado… Introdujo muchísimas cosas en el mundo de la copla durante una época muy convulsa, cuando el género estaba bastante denostado, y logró que resurgiera. Le debemos muchísimo. Precisamente el que la copla sea hoy en día algo completamente moderno y actual. Al menos para mí lo es, ja, ja, ja… Para mí, ya sé que hay gente que no piensa esto, pero hoy en día lo retro es lo moderno, ja, ja, ja…

¿Tu primer recuerdo de Carlos Cano? Alguna canción, o aparición en la televisión, o alguno de esos conciertos que comentabas antes…

Él es mi infancia. Ya lo cuento un poco en la reseña del disco. Me acuerdo de esos viajes que hacíamos a la playa en un Seat 1500 verde de mi padre con mis hermanos, cantando todos, ja, ja, ja. Mi padre siempre llevaba un ‘caset’ de Carlos Cano que yo conservo todavía. Siempre ponía el mismo, no sé por qué. Él había hecho una recopilación de canciones y me encantaba cuando sonaba por ejemplo ‘La alacena de las monjas’, porque se movían todas las cabezas, las de mis hermanos y yo, que somos muy cantarines e íbamos los tres sentados detrás. Cantábamos con las cabecitas para un lado y para otro (entona ‘La alacena…’ y se vuelve a carcajear). Ese es mi primer recuerdo. E inmediatamente después, mi padre ponía un ‘caset’ de María Dolores Pradera, ja, ja, ja… Todo eso volviendo de la playa, ¿eh? Ja, ja…

Antes de ahora has cantado a Carlos Cano. Pero, ¿por qué te has decidido a dedicarle un álbum entero?

Mira, él ha sido siempre un referente. Incluso cuando hice mi primer disco con Sony, en el año 2001, todas las canciones eran inéditas, me las habían escrito para mí, a excepción de una versión de ‘Qué desespero’, que me parece una auténtica maravilla. Y así todo. El primer disco que grabé con una compañía muy pequeñita de Sevilla, que no tuvo mucha difusión pero que existe, incluye una versión de las ‘Habaneras de Cádiz’. Siempre ha sido mi debilidad. Siempre me ha gustado muchísimo. Y creo que estaba en un momento de mi carrera en el que no solo me apetecía, sino que creo que era muy positivo que hiciera esta retrospectiva de cómo fueron mis comienzos y con qué mimbres he ido trabajando a lo largo de todos estos años para seguir yendo hacia delante. Siempre hay que tomar aire y ver de dónde viene uno, aunque yo nunca he olvidado mis raíces.

Ya.

No está de más recordarlas. Sobre todo porque en el camino te quedas con los últimos proyectos, con lo nuevo que vas escuchando, y a veces te olvidas de echar la vista atrás y recordar cuál es tu música, tus influencias. Y ha sido en este momento artístico y profesional, después de haber conocido también a Fernando Velázquez (Getxo, 1976; autor de las bandas sonoras de ‘El orfanato’ y ‘Lo imposible’), que para mí ha sido todo un descubrimiento. Ese vasco con una gracia increíble y con un talento y un éxito maravillosos que ha sido mi mano derecha en este proyecto. Ha sido el productor y el arreglista de todos los temas. Estoy orgullosísima de su trabajo y muy contenta de haber compartido, además de este disco, también su amistad, su cariño y sus tardes de charla. Este disco surgió de eso, de una tarde de charla con Fernando Velázquez en las que nos decimos los dos lo que nos gusta Carlos Cano, y uno y otro cantamos sus canciones: ‘Habaneras’, ‘María la Portuguesa’… Así surgió la chispa para este proyecto.

‘Pasión por Cano’ (Concert Music-Sony, 14), álbum producido y arreglado por el vasco Fernando Velázquez.

‘Pasión por Cano’ (Concert Music-Sony, 14),
álbum producido y arreglado por el vasco Fernando Velázquez.

Y llevas sus canciones temas a tu terreno. No le imitas.

Hombre, ¿tú que crees? ¡Ja, ja, ja! Las tengo muy interiorizadas. Algunas, porque, he de serte sincera, otras muchas las he vuelto a descubrir cuando me puse a buscar el repertorio y a escuchar todo, todo lo que hizo Carlos Cano. Descubrí canciones como por ejemplo la ‘Sonata de la luna en Marrakesh’, o ‘Aires cuna’ que es la que canto con María Dolores Pradera y que cierra el disco. Hay otras muchas que había cantado muchas más veces, como las ‘Habaneras’ por ejemplo, o ‘Luna de abril’, que es una de mis favoritas de Carlos Cano y no la había cantado nunca delante de público, pero sí muchas veces en casa, ¿no? Acompañándolo a él, je, je, je, mientras lo escuchaba. ‘María la Portuguesa’ también la había versionado en directo. En este trabajo está muy presente su espíritu porque los aromas que van destilando el disco y el concierto son muy de Carlos Cano y también son muy míos. Es decir, hemos arriesgado donde se podía, y hemos respetado donde había que respetar sí o sí, porque evidentemente hay canciones sagradas e intocables pero mi manera de cantar es completamente diferente a la de Carlos Cano. Hemos buscado su esencia y también esa sencillez que él transmitía al cantar. Lo esencial de Carlos está presente.

Ya que hablas del concierto, ¿cómo será? Está triunfando por los teatros.

Ja, ja, ja… La gira la hemos empezado hace poquito, el 18 de marzo, aunque ya dimos un par de conciertos de presentación en el Teatro Real y el Palau de Barcelona. Y ahora vamos con la banda, nueve músicos en escena más una servidora, con una escenografía recreando un espacio muy bucólico que nos va a recordar mucho a Carlos Cano a todos. La novedad quizá es que llevo un cuarteto de cuerda, porque el tema musical y artístico ya sabes que me gusta cuidarlo mucho detalle a detalle, lo que marca diferencia, y estos son unos grandes maestros, unos musicazos. Y todo llevado a la sobriedad y la elegancia. Lo importante en este caso son sus canciones, sus textos, su música y su espíritu, que está muy presente a lo largo de esta hora y media o dos horas menos cuarto que dura más o menos el espectáculo. Es muy emocionante. Yo me emociono mucho porque no es fácil encontrar un repertorio tan bien hecho, con unas letras tan maravillosas y variopintas, porque de repente se pasa de lo dramático y lo melancólico a lo alegre, pues él tenía también esa chispa atlántica, como yo digo. Le cantaba a Cádiz con una gracia muy especial y al mismo tiempo tenía esa profundidad en sus textos que a mí me emociona muchísimo.

Antes hablabas de sus textos. ¿Te identificas especialmente al cantar alguna de sus letras?

Todas me gustan porque las he elegido yo. Son canciones que han formado parte de mi historia personal y de mi vida artística. Pero quizá hay una que ahora canto con otro sentido. Es el primer single: ‘Luna de abril’. En abril de hace un año fui mamá (su hija se llama Alma), hace muy poquito, y esas palabras me llenan la boca al decirlas ahora. Han tomado un sentido diferente al que le cantaba antes. Las canciones toman su vida propia en boca de quien las va cantando y eso es importante. La letra está dedicada a la Revolución de los Claveles de 1975, en Lisboa, y de repente yo la canto pensando en otra cosa y tiene un sabor completamente diferente.

OSCAR CUBILLO

Despedida de los diez oficiantes, contentos por fin ante el calor del respetable (imagen de móvil: Nerea).

Despedida de los diez oficiantes, contentos por fin ante el calor del respetable (imagen de móvil: Nerea).

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