Pablo Alborán: «Después de un concierto me cuesta dormir» (+ entrevista)

Naturalista y grandioso Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz en el Bilbao Arena (foto: Facebook Alborán).

Naturalista y grandioso Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz en el Bilbao Arena (foto: Facebook Alborán).

Viernes 26 de junio 2014, Bilbao, Bilbao Arena Miribilla, 22 h,

entradas de pista 30 €, butacas de grada 36 €, entradas VIP, 131 € (más gastos todos los precios).

 

El superventas Pablo Alborán satisfizo a todos en un macroconcierto de buen sonido, desarrollo variado y pantallas que agrandaban su sonrisa y su musculatura

 

Media hora antes de empezar el concierto de Pablo Alborán en Miribilla en la gira de su tercer disco oficial, ‘Terral’ (Warner), la mayoría de los espectadores (no se llenó el recinto, pero casi: ¿unos 7000?) ya habían ocupado sus localidades en las gradas sin numerar de 40 € y sus huecos en la pista los más fans por 34 €. Se respiraba ambiente de picnic: largas colas en las barras exteriores, tres rubias a nuestra derecha preparándose bocadillos de jamón… «¡Hay mucho pureta!», se asombró Topo, pues aparte de las joveznas, de las adolescentes chillonas de la pista, se veían numerosos matrimonios, cuadrillas mixtas y amigas matures endomingadas. Todo para presenciar un concierto que no decepcionó a nadie y ni siquiera aburrió, pues cursó variado (diferentes pasajes, ora al piano, ora sobre taburetes…) e ilustrado por las pantallas de video que le diseñado su hermano al ídolo andaluz.

Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz, malagueño de 26 años, sólo usó una camiseta negra que sudó y no se cambió ni siquiera en el bis de un concierto con 25 canciones, muchas unidas, en 114 minutos. Cuando la banda a solas remataba la última canción, ‘Vívela’, Alborán hizo mutis por el foro y desde el palomar oteamos cómo corría entre bambalinas hasta un coche en el exterior, donde le abrieron la puerta y partió. Al hotel, se supone. Pensamos en Elvis cuando actuaba en los hoteles de Las Vegas y anunciaban al acabar el show: «Elvis has left the building». Elvis ha abandonado el edificio.

El macroconcierto, que tuvo bastante buen sonido para lo que se estila en semejantes recintos, estuvo reforzado por unas pantallas que mostraban a Alborán sin descansar. Tres enormes plasmas que le agrandaban aproximándole a los fans y subrayaban desde su musculatura moldeada en gimnasio hasta la sonrisa sincera que a menudo le brillaba (en el estribillo de ‘Recuérdame’, por ejemplo). Y aunque ofició siempre en el centro de los focos y chupó mucha cámara –evidentemente-, quiso dejar claro que con sus seis músicos funciona como una banda y dio mucha cancha a sus escuderos desde el primer tema, con cuatro asomados al borde del escenario, y después con varias coreografías conjuntas simpáticas, con punteos protagonistas y otros solos: trompeta, batería, cajón…

Por cierto, Alborán, además de cantar tocó el piano (en los dos mejores temas, quizá), la guitarra, el cajón flamenco («también el cajón, es que lo tiene todo», ironizó uno a nuestra espalda) y los bongos. Una joya este chaval, sí. Guapo, bien plantado, trabajador, simpático, con metáforas que no se olvidan del Altísimo («bendita toda conexión entre tu alma y mi voz» en ‘Por fin’) y una lírica mayormente positiva, aunque a veces le pueda la rabia del desamor y que ella se vaya con otro.

El gentío entusiasta de la parte delantera (foto: Facebook Alborán).

El gentío entusiasta de la parte delantera (foto: Facebook Alborán).

¿Rebobinamos y recomenzamos? Hacía mucho calor y se agitaban algunos abanicos en las gradas de Miribilla. Al dar las 10, la hora del inicio, algunos impacientes empezaron a silbar con timidez. Los altavoces recordaron que estaba prohibido fumar en castellano, euskera e inglés, se apagaron las luces, y la jauría gritó. La pantalla central, de dimensiones cinematográficas, plasmó a Alborán desde el spaghetti western hasta la odisea del espacio. Rompían la pana un ritmo tribal y coros eh-eh, aparecieron los músicos (algunos, debido a la barbita y la camiseta, confundieron al guitarrista con el líder), y al fin salió Alborán cantando ‘Está permitido’ y empotrando por su mitad, en un lapso U2, un ‘gabon Bilbo’.

Soul latino adulto fue la segunda, ‘La escalera’, y al acabarla saludó formalmente: «Gabon Bilbo, zer moduz?», «ya sabéis que estoy enamorado de vuestra tierra», deseó algo sobre generar una «bendita locura», «que sepáis que soy vuestro por siempre», y tocó una de las mejores de la cita, ‘Pasos de cero’, soul pop sensual algo Jorge Drexler con punteo al borde del tablao. Se apagaron las luces, un punteo a lo Dire Straits mató el rato, y al iluminarse la escena estaba Pablo tras un piano de colita con el que ejecutó dos piezas: la gradación de ‘Ecos’ y sus ooh-oooh («¡ay, Pablo!», suspiró una mature de delante al acabarla) y la andalusí a lo Manuel Carrasco ‘Recuérdame’, sentimental y ligada a la canción melódica española.

Retiraron el piano e irrumpió el pop latino de ‘Quimera’ («tanto amor no hay Dios que lo pueda dividir»), más rollo Drexler mecánico hubo en ‘Un buen amor’ («los celos son veneno, créeme», cantó), y en la introducción de ‘Desencuentro’ aconsejó de nuevo, animó a «querer un poquito más, y me refiero al amor, a los amigos, a la familia…» y las tres pantallas le reflejaron como un cantante itálico. Itálico como Dalma resonó en ‘Quién’, cuando paseó por toda la delantera del tablado a un palmo de la masa, que coreó ‘Pablooo, Pablooo’ al acabarla.

Pachanguita comercial fue ‘Caramelo’ (los músicos se pusieron a ondear con sus mástiles y soltó Topo: «¡como los Status Quo!»), en ‘Vuelvo a verte’ pensamos en el Raphael solemne y en Pink Floyd en el introito guitarrístico de ‘Miedo’, donde el malagueño obligó a ondear los brazos a todo Miribilla. Entonces llegó el pasaje acústico, con cuatro taburetes delante, uniendo ‘El beso’ (también conocida como ‘Me llaman loco’; ‘¡guapo!’ le chillaban en esta) en plan habanera, una latinizada ‘Perdóname’, el pop cantautoril reminiscente de Ismael Serrano ‘Te he echado de menos’ o el lento jazzístico con trompeta Miles Davis ‘Ahogándome en tu adiós’.

En general todas las canciones sonaron más duras que en sus versiones en disco. Otra vez electrificado el septeto entonó ‘Gracias’ con las cámaras enfocando al respetable (hum… este tema subliminalmente deriva hacia el ochentero y pianístico ‘Everybody’s Got To Learn Sometime’ de The Korgis; al acabarlo, otra vez se aclamaba ‘Pabloooo, Pabloooo’). Al introducir la siguiente, ‘Donde está el amor?’, Alborán afirmó que «aquí en Bilbao hay mucho amor, luego me lleváis de fiesta por ahí, ¿eh?» (pero luego escapó en coche, ya lo desvelamos en el segundo párrafo), y el epílogo del concierto ruló por las alturas, con ‘Tanto’ (arrancada de rodillas y tipo Alejandro Sanz con destellos flamenquitos y escoltada por los coros agudos de las crías), un ‘Éxtasis’ sincopado y mejor que el Bosé mecánico, y el electroswing de ‘Volver a empezar’, con la gente bailando a brincos.

Saludaron abrazados los siete oficiantes, el cantante se despidió jaleando un «gracias por estar ahí desde el minuto uno», y al de un rato hubo bis cuádruple abierto con el celebérrimo ‘Solamente tú’ variado en su forma pero emocionante para la gente que sabía la letra, un ‘Por fin’ con coros alegres, y dos temas bisbalescos soportados en los videos: ‘Despídete’, roquero él, y ‘Vívela’, tribal y propio de Unicef. Camino del metro analizó Topo: «No me he aburrido. La banda muy buena, buen sonido desde la cuarta canción o así, pero las letras, vaya, que si piel de café, que si ternura, que si… Mejor en inglés, ja, ja…».

OSCAR CUBILLO

El ídolo desayunando en albornoz el día después en Bilbao (foto: Facebook Alborán).

El ídolo desayunando en albornoz el día después en Bilbao (foto: Facebook Alborán).

+++ ENTREVISTA +++

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«Después de un concierto me cuesta dormir»

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El máximo vendedor de discos en España desde 2011 recaló en Bilbao

en plena gira mundial de su tercer disco, ‘Terral’.

Dice sobre su agitada agenda: «El problema soy yo, que no sé descansar»

 

A sus 26 años, el malagueño Pablo Alborán es el máximo vendedor de discos en España desde hace varias campañas: desde 2011. Ha sido 60 semanas número 1 en España. También fue el máximo vendedor en Portugal en 2012. Lleva más de un millón de copias legales colocadas en todo el mundo. Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz se halla ahora inmerso en la gira mundial de su tercer disco, el maduro ‘Terral’ (Warner), grabado en Los Ángeles. Lo ha paseado por Europa, por Latinoamérica, por Estados Unidos y por ejemplo lo ha destapado tres noches seguidas en la madrileña plaza de toros de Las Ventas, agotando las tres noches, actuando ante 45.000 espectadores en total.

Sí, acostumbra a agotar aforos y casi lo logra en Miribilla (22 h, entradas de 33 y 40 €). Alborán vive en Madrid, pero esta entrevista nos la concedió antes de su concierto en su Málaga natal, donde pasó varios días menos atareados. Nos adelantaba el cantante y compositor: «Estoy loco por ir a Bilbao, comer por ahí y ver a un par de amigos que hace años que no veo. Y por dar un conciertazo, que siempre ha sido un placer. Repetimos en el Miribilla, o sea que feliz».

‘Terral’ (Warner, 14).

‘Terral’ (Warner, 14).

¿Tienes agenda para ordenar todas tus actividades o te la llevan?

No, tengo mi agendita en mi mochila. Aunque me la llevan también.

Un entrenador de fútbol suele tener un equipo de varias personas. ¡Hasta encargado de prensa! ¿Cuánta gente hay en tu equipo?

Jo, jo, jo… Todos somos importantes, pero en el equipo más cercano somos tres durante las giras: mi mano derecha, que es como mi hermana y lleva conmigo desde que empecé, y luego está nuestro asistente y seguridad, que es amigo mío desde que somos chicos. O sea que todo queda en familia. Y luego tengo mi equipo de management -que son maravillosos-, la compañía discográfica, el equipo de giras… Es enorme.

¿Hay diferencia de tareas entre la gente de los conciertos y la de la discográfica, Warner?

Hombre, claro. No tiene nada que ver el equipo de gira y el de discos. Pero en definitiva lo bueno es que vamos todos a una. No hay nadie que pise el trabajo de otro, sino al revés. Estamos todos aquí para ayudar al otro. Esos son los buenos equipos.

¿Por qué crees que tú eres el superventas en España después de tantos años? Aparte de que se pirateen tus discos, ¿por qué crees que son de los más comprados en las tiendas?

No tengo ni la menor idea. Ni idea, Oscar (oh, se sabe el nombre del entrevistador). Simplemente lo disfruto, no me pregunto el porqué. Lo agradezco y lo valoro muchísimo. E intento dar el cien por cien de mí, intentando no defraudar. Pero nunca se sabe, la verdad. A lo mejor mañana ya nadie compra mis discos y yo sigo dando el cien por cien y nadie va a saber explicarme el porqué. Lo importante es disfrutar de momento, seguir aprendiendo y punto.

¿Notas que has crecido artísticamente en este tercer disco, ‘Terral’?

Que lo diga yo, Oscar, sería superpedante. Sobre todo si lo sintiera. Lo que siento es que sí he podido investigar más y he tenido libertad para poder hacer lo que querido. He podido elegir al productor, producir y dirigir con él, grabar un disco sin egos, con músicos a los que les gustaba lo que tocaban y se sentían identificados. Si eso es crecer artísticamente, fantástico, pero yo no sé si soy mejor o peor. En la música se trata de recibir estímulos y poder llevarlos a cabo, ¿sabes? Y poder estar en un estudio como si fuéramos todos adolescentes. Esa es la idea y creo que no he sido tan feliz en mi vida como en la grabación de este disco. Te lo digo en serio.

¿La proyección internacional la has buscado o te ha llegado?

Ha llegado pero ya estaba allí. Yo estaba muerto de miedo. Para mí esta gira latinoamericana ha sido un reto supergordo. Tenía un miedo terrible, las cosas como son. Era la primera vez que iba a un montón de países y a un montón de ciudades donde ni siquiera sabía si mi disco se escuchaba. La sorpresa fue llegar y que todos los conciertos se agotaran. Eso ha sido realmente heavy. Pero para mí y para todo el equipo, ¿eh? Qué bien, qué sorpresa, qué buen rollo, porque esto te motiva para seguir currando y dándolo todo. Cada ciudad, cada cultura, cada tradición, cada país eran diferentes. Era verdaderamente enriquecedor, está claro.

Incidiendo en la internacionalización. El nuevo clip de ‘Recuérdame’ lo has rodado en Los Ángeles (pinchar para verlo).

Sí, lo grabé allí. Tenía una reunión de trabajo y durante ese mismo viaje aproveché que mi productor está ahí y debíamos grabar la versión en francés, en inglés y la nueva versión en español. Decidimos hacerlo todo de golpe. En tres días me grabé las voces de las tres versiones y aprovechamos para hacer el videoclip con un director con el que quería trabajar, que casualmente estaba ahí en Los Ángeles, porque es de Londres (se refiere al director australiano Brett Sullivan). Aparte pudimos rodar en el Museo Lacma de Los Ángeles, del que soy superfan. Es fascinante.

En el Museo Lacma de Los Ángeles, en el vídeo ‘Recuérdame’.

En el Museo Lacma de Los Ángeles, en el vídeo ‘Recuérdame’.

Y has dado un concierto en París en esta gira. ¿Por qué dices que fue especial?

Fue una pasada, tío. Mi madre es francesa y tenía como una espinita clavada. Poder ir a Francia por primera vez, poder estar en París y que se agotara el concierto, fue muy bestia para todos. Y muy bonito, porque de repente te vienen imágenes de mi abuela cantando ‘La vie en rose’ cuando yo era chiquitito, de mi abuelo silbando canciones de Jacques Brel o Charles Aznavour, ¿sabes? Todo me vino de golpe, en mitad de un concierto. Entonces es muy bonito.

¿Y ya has actuado en Estados Unidos?

Actuaremos en noviembre. Ya hemos hecho Miami y Nueva York, pero la gira constará de más conciertos. En Nueva York vinieron a vernos latinoamericanos y mucha gente americana que le gusta la música latina. Cuando va cualquier latino o español, ahí siempre tienen la necesidad de escuchar lo que se está haciendo. Cuidan mucho la cultura española, y eso es maravilloso.

Con tanto trajín de promoción, de conciertos, de viajes, de videoclips, ¿te da tiempo a componer, te llegan las musas en algún momento?

Sí, eso llega cuando llega. Aunque estés reventado. Si llega, yo soy de los que agarra el papel y el boli y la guitarra aunque sean las dos de la mañana. Me lo pide la cabeza, aunque esté reventado. Y luego hay otras veces donde estoy súper relax y no me viene nada y tampoco me late sentarme al piano.

¿Y con tanto trajín tienes tiempo de descansar?

El mes de mayo ha sido caótico, la verdad. Pero el problema soy yo, que no sé descansar. Ya me decían: ‘joer, macho, te están explotando’. Y yo, ‘¿quién?, si aquí no hay nadie que dirija nada, si somos todos un equipo, el problema lo tengo yo que no sé decir que no’. Aparte que cuando puedo descansar hago de todo menos descansar. O sea, estoy en mi casa con tres días libres, y a lo mejor me encierro los tres en el estudio. Y aunque yo piense que eso es descansar, en cierto modo no lo es.

Te entiendo. El primer concierto de esta gira lo diste en San Sebastián. ¿Cómo lo recuerdas?

Una pasada. Estábamos nerviosos porque era el estreno. Y muchos fallos, de los que nosotros nos damos cuenta. Pero fue maravilloso y a la gente le encantó. Luego viajamos a Zaragoza y también fue bestial.

¿Cómo es tu público vasco? ¿Distinto a otras partes de España?

Hombre, cada público es diferente. Te mueves cien kilómetros y también cambia. Pero lo que me flipó es la pasión, macho, y la entrega. Ahí se cuida mucho la cultura en general. Recuerdo que el primero concierto que dimos fue en el Kursaal, y resultó maravilloso, con un público también adulto que venía a escuchar, no solo a bailar y a pasárselo bien. Eso es superbueno. Nos hace sentir muy bien ahí arriba. Y nos gusta mirar a los ojos a la gente. Y aparte se come tan bien en Bilbao y en esa zona del norte. Tengo familia de Bilbao y también me hacen sentir como en casa.

¿Cómo es el concierto? En Bilbao te verán unas 9000 personas (al final menos, pues no se agotó el aforo, pero casi).

Es un espectáculo. Hay una parte de show, de luces, pantallas, proyecciones espectaculares que el equipo artístico estaba preparando en paralelo desde que fui a Latinoamérica. Y además muy feliz porque el director de arte es mi hermano. Qué mejor que alguien que me conoce tan bien para transmitir en imágenes lo que son mis canciones. Y musicalmente tengo una banda que son unos genios. Tengo mucha suerte de tenerlos y estoy deseando que no llegue Sting o alguno de estos y me los robe.

Ya.

En el concierto pasa de todo. Desde una parte rock, a una parte más rítmica, más tribal, donde la gente baila, se lo pasa bien, gritamos, nos olvidamos de los problemas, nos reímos de nosotros mismos también, y luego una parte más emotiva, con alguna balada.

Pablo prefiere madrugar para llegar pronto a la siguiente ciudad y ver algo. Si tiene sueño, duerme en el vehículo. En la imagen en la furgoneta de camino al concierto de Bilbao (foto: Facebook Alborán).

Pablo prefiere madrugar para llegar pronto a la siguiente ciudad. Si tiene sueño, duerme en el vehículo. En la imagen en la furgoneta de camino al concierto de Bilbao (foto: Facebook Alborán).

¿Cuántos sois en escena?

Somos siete.

¿Y en caravana? Hace poco vimos a Jackson Browne, que eran ocho en escena, con más de 30 guitarras, y viajaban 30 personas en la caravana.

Somos siete músicos, más el equipo técnico de escenario, que son unos 20, más el equipo técnico de montaje, que serán otros 10… En total seremos unos 60-70. No sé exactamente la cifra. Pregúntale a Anne (de Get In), que la sabe mejor que yo. Yo te puedo decir los nombres de cada uno de ellos, pero no los he contado, je, je…

Tienes alguna rutina cuando estás en carretera. ¿Por ejemplo te levantas, viajas, pruebas sonido o quizá te la hace otro…?

El mes de mayo ha sido una locura porque hemos estado en París, Bucarest, Lisboa, y eso ha sido muy caótico. Entraban aviones de por medio en la rutina de la furgoneta. Pero ahora que es todo en España, en coche y en autobús, y el sleeper y tal, nos levantamos muy temprano. A mí me gusta levantarme temprano para llegar temprano al lugar del concierto, y si me muero de sueño duermo en el coche. Prefiero tener tiempo para comer por ahí y visitar algo. Además, tenemos la suerte de ir a sitios tan chulos, como Bilbao, que mi cuñado es de ahí y tengo familia ahí. Cada vez que ido al norte he buscado tiempo de pasearme.

¿Y al acabar el concierto te recoges pronto con esa euforia, esa tensión escénica?

Lo paso mal. Me cuesta dormir. Termina el concierto, acabamos empapados de sudor, me pego una ducha corriendo, me pillo lo primero que vea de cena, o si no una hamburguesa o lo que pille de camino, y me meto en la cama lo antes posible, porque sé que voy a tardar dos horas en dormirme. Si estoy en la cama ya es distinto. Y al día siguiente vuelta a empezar. Si te distraes de esta rutina te puede pasar factura. Como cojas una pequeña gripe y no recuperes, o como te vayas de marcha y te tomes tres copas de más o tal, es jodido a veces. Pero en el equipo entero somos muy responsables. Dentro de lo que cabe.

OSCAR CUBILLO

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