39º Getxo Jazz / Avishai Cohen Triveni: Un viaje mental y emocional (+ entrevista)

El contrabajista Yoni Zelnik, el trompetista Avishai Cohen y el baterista Nasheet Waits (foto: Mr. Duck).

El contrabajista Yoni Zelnik, el trompetista Avishai Cohen y el baterista Nasheet Waits (foto: Mr. Duck).

Miércoles 1 de julio 2014, Algorta / Getxo, Plaza Biotz Alai, 21 h, 10 €.

Teloneó el grupo a concurso, el Federico Nathan Quinteto conducido por un violinista uruguayo residente en Alemania, un combo con empaque amplificado y visión de collage progresivo (‘Sueños’), violín electrificado como el que alquiló Bill Evans, algún momento balcánico guapo (‘El loco’) y muchas ansias por abarcar (la sinfonía pop ‘Things’, con aires de Michael Jackson y Stevie Wonder), lo cual produjo una sensación más cosmética que metafísica, a pesar de los virtuosismo y conjunción de los músicos, todos uruguayos.

Uruguayo el grupo a concurso, el Federico Nathan Quinteto liderado por el violinista (foto: Mr. Duck).

Uruguayo el grupo a concurso, el Federico Nathan Quinteto liderado por el violinista (foto: Mr. Duck).

BEV 39 GETXO JAZZ cartelLuego, el 39º Festival Internacional de Jazz de Getxo arrancó oficialmente con el cabeza de cartel de la primera de las cinco jornadas, el trompetista israelí instruido en Boston y hecho célebre en Nueva York Avishai Cohen (Tel Aviv, 1978; esta es su web), que empero su laconismo soplador, su ralentización emocional y su ejecución narcótica y flotante ahondó más en la música y las sensaciones genuinas que los teloneros. Sobrepasado de satisfacción y felicidad por la reacción espontánea y positiva del respetable, en 75 minutos interpretó 10 piezas muy inspiradas y transmisoras. En entrevista previa nos contó que su concierto contaría una historia, y sí, a veces, en los lapsos más bluseros, la cita parecía la banda sonora de una película noctívaga con striptease oblicuo y alcohólico (‘Betrayed’) o un club a punto de cerrar. Expuesto físicamente a todo sobre un tablado ancho y despejado hasta la desnudez (ni piano había, ni micrófono delante de él, y cuando se quitó la chaqueta la posó en el suelo), su actuación emocional, también mental y muy improvisada tuvo muchos momentos solemnes (‘Dark Nights, Darker Nights’, la segunda pieza, con aura de Miles Davis y hondura creativa no impostada), melodías que engarzaban con el dramatismo mexicano quizá por cierta conexión sefardita (‘You In All Directions’, con un indeseado solo de contrabajo coltraniano y atmósfera espacial ingrávida), post bop elástico (cierto es que cuando sus escuderos soleaban y se perdían un tanto -me lo pareció en un par de ocasiones, una de cada uno- Avishai llegaba con su trompeta y reconducía la situación), una balada exangüe y deconstruida de Charles Mingus (‘Goodbye Pork Pie Hat’, «de las más bonitas que existen», y en broma dijo que era suya, tan contento estaba; al acabarla agradeció la atenta escucha del respetable), un tema dedicado a Ornette Coleman (‘One Mans Idea’), o la apertura del bis con ‘October 25th’, el momento más contundente de un concierto que Avishai describió en su primera intervención como una «exploración de las posibilidades de la música».

OSCAR CUBILLO

Avishai Cohen, un hípster con barbota y chaqueta, y aquí no se le ven los tatuajes (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

Avishai Cohen, un hípster con barbota y chaqueta, y aquí no se le ven los tatuajes (foto: Peru Urresti / Aula de Cultura de Getxo).

+++ ENTREVISTA +++

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«El jazz está absorbiendo rock, electrónica, pop, hip hop»

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Soplador narcótico influido por Miles Davis, el músico israelí cumplió su promesa

y dio show con viaje mental y explosiones de energía, aunque fueran tranquilas y en tono menor

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El 39º Festival Internacional de Getxo lo abrió estelarmente el trompetista israelí Avishai Cohen (Tel Aviv, 1978; esta es su web). Se le suele confundir con el contrabajista del mismo nombre que ya fascinó bajo la misma carpa festivalera. Este Cohen es un músico de familia (sus hermanos Anat y Yuval también tocan) que ha forjado su estilo estudiando en Boston y comenzando su carrera en Nueva York, donde vivió quince años. Con el trío Triveni, completado por el contrabajista Yoni Zelnik (no vino Omer Avital) y el baterista Nasheet Waits, Avishai presentó su séptimo álbum como líder, ‘Dark Nights’ (Anzic Records, 14), con sus aires lánguidos asumidos de Miles Davis, una caída languidez que también revela al hablarnos desde «mi casa en Tel Aviv, en Israel. Acabamos de terminar una gira con Triveni y mañana por la mañana, el sábado, empezamos otra gira por Europa».

¿Cómo y cuándo decidió ser un músico de jazz?

Lo decidí muy, muy temprano. Creo que cuando tenía 10 años ya tocaba en big bands, y varias de ellas hacían música de Nueva Orleáns, lo que la gente llama diexieland. Y a la edad de doce años yo diría que ya estaba tocando solos de be bop. Cuando entré en el instituto se dieron cuenta de que yo y los demás chicos podríamos tocar mejor jazz si nos ponían un profesor.

¿Cuáles son sus dos músicos favoritos?

Por supuesto, esta respuesta cambiaría constantemente, porque cada día escucho a otros músicos diferentes que me inspiran. No obstante, el primer nombre que me ha venido a la cabeza ha sido el de Charles Mingus, por su manera de conferir libertad a su música desde unas formas muy constreñidas. Es algo que trato de incorporar a mi música. Sus composiciones y sus melodías son increíbles, me dan pellizcos, me excitan emocionalmente en todos los aspectos del vuelo. Como compositor es una de mis mayores influencias, aunque estilísticamente el material que yo escribo es muy diferente. La esencia de su música emana en todos sus álbumes. Ese sería un nombre.

¿Y el otro?

El otro podría elegirlo entre Miles y Coltrane, aunque no los estoy oyendo mucho últimamente. Sólo un poquito. Estoy escuchando más a Sonny Rollins, y me encanta el sentido de libertad de cada una de sus grabaciones más sencillas. Tiene swing y compromiso.

Los inspirados e improvisados Triveni operando durante el bis (foto: Mr. Duck).

Los inspirados e improvisados Triveni operando durante el bis (foto: Mr. Duck).

¿Cómo ve el futuro de la escena jazz?

Nadie puede predecir el futuro en ningún campo. Sin embargo sé que hay músicos asombrosos, excelentes, por todo el mundo. Los he visto en Israel, los he visto en Nueva York, en Dinamarca y dondequiera que vaya. La tarea es conseguir nuevos sonidos, eso es lo que se busca en cada época. Por ejemplo, juntas varios estilos y a eso le llaman fusión. Si juntas dos cosas, ya has creado algo nuevo. Pasa con los cantautores, con el folk, con cualquier música del mundo. En lo que llamamos jazz sucede lo mismo, y no sé qué nombre se le va a poner, porque está absorbiendo rock and roll, música electrónica, pop, hip hop o incluso lo que siempre hemos llamado jazz. Eso es lo que yo hago, que estoy mezclando todo lo que puedo. Creo que hay que pensar en el futuro mirando al pasado, construyendo en el presente y manteniendo la tradición. Lo que permanece es el presente. Entonces estás en el lugar correcto.

¿Cuán importantes son los grandes festivales de jazz, en su opinión?

Traen trabajo para los músicos y los exponen ante mayores audiencias. Todo eso es bueno. Ya sea en un festival o en un club serio que programa todo el año, los músicos necesitamos lugares donde tocar, necesitamos público, necesitamos viajar fuera para ganar dinero y mantener a nuestras familias y seguir haciendo lo nuestro. Los festivales ayudan a cuadrar tus presupuestos y, aunque a veces es muy difícil acceder a ellos, no dejan de ser importantes.

¿Alguna vez ha estado en el País Vasco?

Sí, ya he estado antes en Bilbao y en San Sebastián, y no sé si en alguna parte más del País Vasco.

¿Qué beneficios obtendrían nuestros lectores si escuchan su último disco?

Se llama ‘Dark Nights’ por el título del corte que lo abre: ‘Dark Nights, Darker Days’ (Noches oscuras, días más oscuros). Hum… Pregunta difícil. No sé qué podrían sentir los lectores que lo oigan, pero sé que este álbum es muy especial para mí porque he escrito unas piezas muy lentas. Es un disco muy atmosférico que te lleva a cierta dimensión mental. Es lo mismo que procuramos hacer en los conciertos. El álbum cuenta una historia, pero no soy yo quién la va a revelar. Eso es lo bonito de la música. La expongo y la siento, pero no sé si alguien sentirá lo mismo que yo cuando la escribí. Además son dos momentos distintos, dos sentimientos: cuando lo compuse y cuando lo grabé. O sea que la audiencia puede sentir lo que quiera, si siente algo. Ojalá lo sienta, claro, y la música está más dirigida al corazón que al intelecto. Trato de concentrarme en las emociones.

Su séptimo álbum como líder, ‘Dark Nights’ (Anzic Records, 14).

Su séptimo álbum como líder, ‘Dark Nights’ (Anzic Records, 14).

¿Cómo será su concierto en Getxo?

Pues muy similar a lo que he descrito en la pregunta anterior. Trataré de adentrarme tan hondo como me sea posible en el modo de ejecución de un trío, en su sonido natural en el que cada uno pueda escuchar al otro. Quiero que sintamos todos juntos las mismas emociones. Será una explosión, aunque sea muy tranquila y en tono menor. Trataremos de trascender esa emoción a la audiencia y ojalá nos la devuelva y se cree energía entre el público y nosotros. Ojalá pase eso en Getxo.

¿Ha trabajado en algo aparte de en la música?

En mis primeros días en Nueva York trabajé en la construcción durante varios meses, pero ese es el único curro que he tenido al margen de la música.

¿Por qué se trasladó a Nueva York?

Me mudé a Nueva York hace veinte años y estuve ahí quince. Fui por la música, para formar parte de la escena profesional del jazz. Ya no vivo en Nueva York. Me he venido con mi familia, con mi esposa y mis niños, a Tel Aviv.

¿Por qué nuestros lectores deben visitar Nueva York?

Ahí todo el mundo es diferente, y está creando algo, y está persiguiendo sus sueños.

¿Le gusta salir de gira?

Me encanta viajar, me encanta recorrer el mundo para mostrar mi música a la gente. Me gusta conocer personas de diferentes lugares, y probar comidas nuevas, y perfeccionar mi música. La faceta del viaje es la más dura por sí misma, porque no me gusta el traslado en sí, no me gustan los aviones, no me gusta el desgaste de tu cuerpo, ni estar separado de mis hijos y de mi esposa durante tanto tiempo. Pero el balance final es positivo. Nunca he vivido sin salir de gira. Mi primer tour lo hice a los doce años. Por supuesto, no como profesional, sino de alumno del conservatorio. Luego se convirtió en mi empleo y es parte de mi vida.

¿Ensaya cada día con su instrumento?

Suelo ensayar a diario. Si tengo un concierto ese día, mi ensayo sería el calentamiento. Se puede ensayar de muchas maneras dependiendo del día: haciendo escalas, pensando en música, escuchando música, componiendo… Todo lo que tiene que ver con la música es parte de mis ensayos. Y también lo que tiene que ver con el cuerpo, desde la alimentación al yoga. Practico para ser mejor físicamente, para mejorar como ser humano y ojalá que también como músico.

Su música es muy atmosférica, casi narcótica. ¿Qué trata de expresar con ella?

No deseo comunicar nada. Todo que me preocupa en la música es el presente e interpretar lo que sucede ahora. Mi único propósito es concentrarme en mis emociones y ojalá éstas conecten con el público para que éste sienta algo, aunque no me importa qué. Me da igual si es rabia, o felicidad, o tristeza, o permanencia. Me da igual, pero si siente algo, ya me alegro. Pero no trato de trasladar emociones específicas, eso de decir, ‘oh, ahora voy a tocar algo alegre para contagiar a la gente’.

OSCAR CUBILLO

Segundos saludos finales, los definitivos, tras el bis (foto: Mr. Duck).

Segundos saludos finales, los definitivos, tras el bis (foto: Mr. Duck).

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