Fiestas de Bilbao 2015 / Kayah & Transoriental Orchestra: Un rollo macabeo

La lideresa Kayah, nacida en Varsovia en 1967, cantó discretamente desde la derecha, de azul (imagen de móvil: O.C.E.).

La lideresa Kayah, nacida en Varsovia en 1967, cantó discretamente desde la derecha, de azul (imagen de móvil: O.C.E.).

Domingo 23 de agosto de 2015, Bilbao, Plaza Nueva, 23.30 h, entrada libre.

El septeto polaco Kayah & Transoriental Orchestra no acabó de conectar ni de cuajar con su mixtura balcánica en la Plaza Nueva

 

El domingo era el peor día de fiestas según la propuesta institucional municipal musical. Perdón, mejor escribimos el día menos atractivo: un año más se ofertaba al transformista local Asier Bilbao en La Pérgola (sopesamos acudir, porque si llovía esa noche la carpa nos protegería, pero el riesgo de insatisfacción era demasiado alto), al exeurovisivo Serafín Zubiri con la Banda Municipal de Bilbao homenajeando a Nino Bravo en Abandoibarra (si llueve ahí no hay posibilidad de guarecerse, así que descartado), y a la ignota polaca Kayah & Transoriental Orchestra en la Plaza Nueva (lo escogimos porque en la Plaza Nueva hay pórticos por si llueve y bastantes bares, un poco caros, por cierto: 3 euros una Heineken, ni en Bélgica te clavan tanto).

Pues eso, que el domingo, tras los fuegos, que provocaron un incendio –persiste el mal fario en estas fiestas-, arribamos con antelación a la Plaza Nueva y pillamos sitio en la privilegiada primera fila para ver el bolo de 16 piezas en 82 minutos, contabilizando la batucada que a la mitad del mismo ofreció un grupo catalán que la lideresa Kayah había conocido la víspera tocando en las calles de Bilbao. «Me gusta Bilbao, las fiestas son fantásticas y ayer encontré a una banda de batucada de Cataluña que toca mejor que nosotros», los presentó la cantante morena repitiendo un nombre que no entendimos.

El de Kayah & Transoriental Orchestra fue un concierto posmoderno, de música oriental, moruna y hebrea, un coctel de sónicos eslavos, balcánicos y persas según algunas informaciones, una receta que mezcló aleatoriamente, al tun tun, instrumentos tradicionales (violín, acordeón, zímbalo húngaro…) con actuales (teclas, programaciones…). Fue un show frío desde la salida del septeto actuante, liderado por una Kayah que nos hablaba en inglés, que leía frases en euskera (gracias, os quiero y demás), y que pareció desubicada, a la defensiva. La lideresa Kayah (esta es su Wikipedia en polaco) mostró un humor particular, sui generis («en el escenario hay chicas guapas, excepto yo» -exageró, pero las otras eran más jóvenes-, «sin hombres no hay problemas, lo digo por experiencia», se puso victimista), y quizá esté pagada de sí misma (en una ocasión soltó con suficiencia que no la entendíamos).

El grupo catalán de batucada durante su intervención (imagen de móvil: O.C.E.).

El grupo catalán de batucada durante su intervención (imagen de móvil: O.C.E.).

El concierto cursó decreciente hasta casi apagarse. Arrancó con descargas etno-techno bailables y Kayah defendió que su música es para bailar. Ella lo hizo con flecos y vestido azul en un par de breves ocasiones, y en el bis bastantes peña –sobre todo mujeres- se sumó espontánea al tema más tradicional, un alarde balcánico, zíngaro a lo Kusturica cabaretero, cantado en holandés, inglés y polaco, el mentado ‘No men, no problem’, sin hombres no hay problemas.

Pero lo dicho, que el encuentro se fue amustiando conforme picaba en diversas fuentes con más premeditación comercial globalizadora que verdadero espíritu creativo y aventurero: tonadas tomadas del imaginario ladino como ‘Aman Minush’, de Marruecos como ‘Lamma Badah’, y por el final dos maternales, de Macedonia por el final y otra de Polonia de antes de la II Guerra Mundial, dedicada a Varsovia y en plan swing convencional que derivó a balada after hours.

Los siete oficiantes permanecieron hieráticos y serios en su persecución poco entusiasta de una groove danzón que no se alcanzó quizá por el entorno (el pastiche filobrasileiro de ‘Quinze anos’). Kayah, en un lateral, a veces puso pose afectada y doliente (la esotérica y etérea ‘Konja Mia’, algo Noa), pidió palmas transmitidas con timidez, y preguntó desde detrás de la barrera idiomática quién quiere ser feliz, tener dinero, amor y sexo, pero sin poder ni saber conectar con el respetable (esto lo hizo antes del arábigo ‘El Elijahu’, donde pidió más palmas y repetir el corito, fácil según ella), y hasta ella fue aburriéndose (desinterés parecía de su parte en ‘Rebeka’) aunque pellizcara en el zíngaro ‘Cziribim’ o en la recuperación de los dos temas que hizo junto con Goran Bregovic (‘100 lat mlodej parze’ y bastante mejor el solemne ‘Jesli Bog istnieje (Si hay un Dios)’, ambos de 1999).

Hum… un rollo macabeo. Buen titular que se me ocurre ahora, después de haber mandado el texto al periódico, donde titulé con una chorrada que no atrapará a ningún lector: Fusión global y sin alma.

OSCAR CUBILLO

Saludos finales, con discursito postrero y halagüeño de la sosita Kayah (imagen de móvil: O.C.E.).

Saludos finales, con discursito postrero y halagüeño de la sosita Kayah (imagen de móvil: O.C.E.).

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  1. […] EL BOLO EN SÍ: Como es habitual, el viernes la propuesta privada nocturna de la Semana Grande era más interesante que la del Ayuntamiento. Estaban Lomoken Hoboken en el Ambigú, los souleros The Excitements y David Hooper & The Silverbacks en la txosna Algara, El Columpio Asesino en el Antzoki… El programa musical municipal trataba de emerger de su ‘inferiocridad’ precedente con cuatro conciertos: los comerciales y para adolescentes Maldita Nerea en Abandoibarra, las remozadas y veteranas discotequeras de Baccara (sólo queda una de ellas) en La Pérgola, en el Parque Europa otra rave dance con botellón amenizada de fondo por Fonsi Nieto. Nosotros optamos por los sones balcánicos de los portugueses Kumpania Algazarra en la Plaza Nueva, más que nada por reconciliarnos con ese sonido zíngaro tras la decepción que nos provocaron el domingo en la misma plaza los polacos Kayah & Transoriental Orchestra con su rollo macabeo (así lo contamos). […]



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