Alejandro Sanz: Alejandro, va por ti…

Un puesto de merchan 10 minutos antes del chou alejandrino (imagen de móvil: O.C.E.).

Un puesto de merchan 10 minutos antes del chou alejandrino (imagen de móvil: O.C.E.).

Sábado 19 de septiembre de 2015, Bilbao, Pabellón Miribilla, 21.30 h, entradas de pista 45 €, de grada 52; entradas VIP 168 euros.

‘Sirope’ (Universal, 15), triple platino en España.

‘Sirope’ (Universal, 15),
triple platino en España, 120.000 copias.

El amable ídolo global Alejandro Sanz llenó Miribilla y dio un show agraciado con excelentes visuales, el olor a perfume de las féminas y sus coros a pleno pulmón

La víspera, o sea el viernes, se anunció que se habían agotado las entradas (unas 9000) para el concierto que dio el sábado Alejandro Sanz en un pabellón de Miribilla copado por las mujeres, sobre todo matures rubias, aunque no solo esas. Desde la pista, uno miraba a ciertas partes de las gradas y sólo veía testas femeninas. Alejandro Sanz dio un muy buen concierto de 22 canciones (separamos al contarlas las tres del medley apoteósico) en 129 minutos. Arrancando este textito por lo regulero del evento, escribamos que quizá en la primera canción el amable ídolo mundial no tenía la garganta muy caliente, y que el concierto se refrenó en algunos pasajes de piano y tal, pero es que los músicos y los fans debían tomar aire en algún momento, ¿no es así?

O sea que fue irreprochable el show, empezando por el sonido más que claro y rematando en las visuales, las luces led que mutaban en diamantes o naves espaciales, esos pantallazos a veces tarantinianos, otras ecologistas (cielo, agua, montaña… y los anuncios que abrieron y cerraron su concierto invitándonos a salvar el Ártico), aquellos viajes galácticos, los videoclips o las imágenes en directo, alcanzándose el culmen cuando el objetivo de la cámara descendió desde las profundidades del universo hasta ras de urbe para el mentado, colosal y comunitario popurrí triple baladista. Copiamos sobre los visuales ideados por Luis Pastor: «más de 200 motores de velocidad variable, 130 metros cuadrados de pantallas LED y más de 200 móviles».

Alejandro Sánchez Pizarro (Madrid, 18 de diciembre de 1968; esta es su Wikipedia en español) lideró a un deceto mixto en escena, con cuatro músicas afrolatinas a su izquierda, igual que una banda de Prince. Es un combo que se movió en coreografías felices en plan Brooklyn mientras los metales soleaban, por ejemplo en el corte inaugural ‘El silencio de los cuervos’, con su final Nueva Orleans. Al acabarlo Alejandro destacó que era la primera vez que actuaba en ese recinto y prometió: «Esta noche vamos a dar todo lo que tenemos dentro para que lo pasen bien. Esta es su noche. Este es su concierto. Muchísimas gracias por estar aquí. Va por ustedes». Y tocó el rap ‘A mí no me importa’ sobre un fondo de pantallas rojas con siluetas femeninas tarantinianas.

El escenario de luces variables en la cuarta canción, ‘Desde cuando’ (imagen de móvil: O.C.E.).

El escenario de luces variables en la cuarta canción, ‘Desde cuando’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Se serenó con la balada creciente hacia el soul ‘Pero tú’, incluida en ‘Sirope’, su último disco, triple platino en España con 120.000 copias legales colocadas (aquí va entero en YouTube). Al apagarse, la masa empezó a gritar A-Lejandro, A-Lejandro… Miss Madeira comentó que a pie de pista olía mucho a perfume, la multitud se agitó gracias a la gradación de ‘Desde cuando’ y a la quinta pieza, pumba, explosión coral y palmera con ‘Quisiera ser’, en una versión muy superior a la del disco. Y es que Sanz en vivo se crece, se trona orgánico y pasional y emocional.

En la siguiente, ‘No me compares’, las pantallas nos trasladaron al espacio ardiente y luego Sanz dedicó a su ‘compadre Paco’ (sic; Paco De Lucía, quien según él le cambió la vida) la canción ‘La música no se toca’ (en su parte última los coros sprinsgteenianos se elevaban ‘u-oooh, u-oooh’), y quizá el culmen se vivió en el popurrí triple con, lo consignamos ahora, ‘Amiga mía / Mi soledad y yo / ¿Y si fuera ella?’, gozadas con un espectacular juego de vídeos, con los músicos siendo vistos en tiempo real y empotrados en las pantallas que emulaban una calle, y con el gentío dándolo todo en los coros, haciéndose autofotos incluso con paloselfis, entrando en éxtasis con las gargantas agudas de ellas entonando a pleno pulmón, y con dos cañones de luz atravesando a las gradas en pie.

El universo ardiente de ‘No me compares’ (imagen de móvil: Nerea).

El universo ardiente de ‘No me compares’ (imagen de móvil: Nerea).

Al poco cayó ‘Corazón partío’ sin tanta carga flamenca, con toda la masa en pie filmando el momento con sus móviles y con el pabellón iluminado. La descompresión se logró mediante tropicalismos («lo que se aprende viviendo en Miami», comentó Miss Madeira, quien no dejaba de alzar y ondear sus brazos al son de Sanz, de corear, de contonearse, de silbar, de fotografiar, de beber katxis, de sonreír, de bailar aflamencada mejor que Estrella Morente y de abanicarse con mis papeles de los apuntes, pues hacía mucho calor en Miribilla) y con swing sintético coreografiado.

A-Lejandro cantó ‘Un zombie a la intemperie’ sosteniendo en sus manos una ikurriña plegada (al acabarla alguien la desplegó y la colgó al fondo del tablado), y fue enfilando el final agradecido y confiando que «ver esto lleno es un sueño» y diciendo «esta canción se la dedico a ‘Eujkadi’»: se refería al hit global en spanglish ‘Looking For Paradise’, a medias con una de sus coristas, que hizo el papel de Alicia Keys en la versión original.

Alejandro tocando al piano la primera del bis, ‘Lo ves’ (imagen de móvil: Nerea).

Alejandro tocando al piano la primera del bis, ‘Lo ves’ (imagen de móvil: Nerea).

Cerró con el buen rap ‘No es lo mismo’, con coda apoteósica, palmas, coros… Pero, como había avisado antes A-Lejandro, «no les voy a engañar, los bises también existen», y cayeron cinco temas más: la balada con él al piano ‘Lo ves’, Bob Esponja y otros en las pantallas de vídeo durante ‘Capitán Tapón’ (un corte de ‘Sirope’ dedicado a sus hijos), un extraordinario, retador y soulero ‘A que no me dejas’ (quizá el segundo alto cénit de la cita; este es el clip de un tema que en vivo crece sobremanera hasta lo increíble), y el remate con dos títulos antiguos que iluminaron la preadolescencia de Miss Madeira: el buen rock ‘Viviendo deprisa’, introducido por A-Lejandro asegurando «Bilbao, me llevo un recuerdo precioso de esta noche», pues lo enlazó con un casi irreconocible ‘Pisando fuerte’, mutado en rave, tecno básico y enlatado, con los músicos alineados enfrente del escenario, despidiéndose todos de negro, como suelen vestir los escuderos en escena. Se acabó el concierto y el respetable salía del pabellón en riadas risueñas, una masa fluyente muy femenina más feliz que una perdiz y más satisfecha que una comadreja. No fue para menos.

OSCAR CUBILLO

Se acabó el concierto y la gente, unas 9.000 personas, evacúa Miribilla (imagen de móvil: Nerea).

Se acabó el concierto y la gente, unas 9.000 personas, evacúa Miribilla (imagen de móvil: Nerea).

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