CINE: ‘Dheepan’: Un elefante tamil en una Francia en guerra

BEV DHEEPAN 0 CARTEL

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 6 de noviembre de 2015

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Director: Jacques Audiard

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Dheepan’

 

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Más cerca de un cine comercial

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Resulta curioso cómo en las imágenes de un film tan serio, tan teórico y tan cuidado se adivinan afinidades con otros films de bajo presupuesto de índole comercial. Si se eliminan todos los componentes sociales y políticos de envergadura que la película enarbola como estandarte de una Francia comunitaria y social (eso sí, poniendo en evidencia todos los defectos del sistema) y se deja el argumento en su armazón más primario (algo que resulta difícil de hacer en un film de Jacques Audiard), nos encontramos cerca de una nueva versión de la comedia americana ‘Malditos vecinos’ (2014) de Nicholas Stoller. En esta “New American Comedy” el escenario es vital para componer la narración (factor que también lo es en ‘Deephan’).

En ‘Malditos vecinos’ un matrimonio con un bebé está obligado a convivir frente a unos vecinos juerguistas, drogadictos y delincuentes. Stoller compone el film a través de la mirada de los protagonistas hacia la residencia de enfrente, acosados por los ruidos y bromas de mal gusto de los nuevos vecinos. El choque, en el film, se produce al enfrentar el espacio residencial (de las clases medias USA) con el grupo de vándalos universitarios que se asienta en él. Un grupo también perteneciente a clases acomodadas que, gracias a la puesta en escena del film, encuentra similitudes con la población delincuente de los barrios marginales. La mirada de Seth Rogen a su convecino Zac Efron en ‘Malditos vecinos’ es realmente reflexiva, ya que le muestra lo que pudo haber sido él, en lo bueno (las fiestas perpetuas) y en lo malo.

En ‘Malditos vecinos’ Nicholas Stoller basa el conflicto en las desavenencias de un joven matrimonio (que han decidido ser adultos) y la imagen exterior de sus vandálicos vecinos (aquello que el matrimonio podría haber sido).

En ‘Malditos vecinos’ Nicholas Stoller basa el conflicto en las desavenencias de un joven matrimonio (que han decidido ser adultos) y la imagen exterior de sus vandálicos vecinos (aquello que el matrimonio podría haber sido).

Evidentemente comparar ‘Malditos vecinos’ con ‘Deephan’ puede resultar una ofensa intelectual, lo mismo que puede serlo compararla con ‘El justiciero de la ciudad’ (1974), dirigida por Michael Winner e interpretada por Charles Bronson, o con la parte final de ‘Taxi Driver’ (1977) de Scorsese. Pero es evidente que los hermanos Coen, cuando decidieron, como presidentes del Jurado del Festival de Cannes 2015, premiar a este film de Audiard lo hicieron principalmente por su afiliación al thriller setentero americano (el propio que surgió del trauma post-Vietnam).

Audiard puede envolver su film de motivos y símbolos, mantenerse fiel a una estructura elíptica, manejar la cámara en una conceptualización documentalista, confiar la veracidad de su argumento a su diseño de producción (es decir, los decorados), pero eso no resta a que la película termine por resultar trillada, familiar, sofisticada aunque amañada, adscrita a un socialismo europeo (ergo francés) que desentona con la dura realidad y que ha terminado por estallar en la dramática noche de los atentados de París del 13 de noviembre. Por eso, la figura del vengador imperturbable, preparado por su larga experiencia en la guerra o en los cuerpos militares o policiales, surge del humo y los escombros, alentado por el propio espíritu de supervivencia, resultado de una explosión interior que nace del desprecio de lo que ve a su alrededor, rompiendo con esa contención autoimpuesta por las leyes sociales en las que nadie cree cuando la seguridad y la verdadera convivencia quedan en entre dicho. La reacción de Charles Bronson en ‘El justiciero de la ciudad’ es la misma que la de Dheepan (Jesuthasan Antonythasan), es decir, la de la rebelión individual ante la falta de seguridad que pone a la familia en peligro (la excelente escena final del film de Audiard con un protagonista armado envuelto entre el humo de un coche incendiado).

El escritor Michael Houellebecq no puede ser más claro cuando acusa a Hollande, Sarkozy y Valls (y a muchos otros importantes políticos del mundo occidental) de ser responsables de crear las condiciones de los atentados, al participar en los recortes presupuestarios de la policía, al defender la supresión de las fronteras, por sus discursos sociales de acogida de inmigrantes y refugiados y por validar o participar en las guerras “absurdas” en Irak y Libia que han sumido a las regiones  árabes en el caos.

La secuencia final de ‘Dheepan’ rompe con la mirada social e integradora del film para adentrarse en los vericuetos del cine de justicieros americano de los 70.

La secuencia final de ‘Dheepan’ rompe con la mirada social e integradora del film para adentrarse en los vericuetos del cine de justicieros americano de los 70.

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Un Audiard menor

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El comienzo de ‘Dheepan’ presenta a su protagonista, de nombre homónimo al título de la película, en sus últimos días como guerrillero de los Tigres del Eelan Tamil (movimiento independentista Tamil de Sri Lanka). Una imagen simbólica (tan propia del cine de Audiard) encuadra a Dheepan lanzando sus ropas de militar al fuego de una hoguera. Su estilo elíptico (debido a que sus películas suelen desarrollar tiempos narrativos largos) hace saltar la acción a un campo de refugiados, donde Dheepan se une a una mujer que no conoce, Yalini (Kalieaswari Srinivasan), y a una niña de nueve años, Illayaal, para formar una familia ficticia y poder así trasladarse como refugiados políticos a Francia.

Es verdad que Audiard (incluso en su obra maestra, ‘El profeta’, 2009) siempre ha mostrado un tono frío y distante con sus protagonistas, pero ‘Dheepan’ requería una mayor sensibilidad, una mayor aproximación al drama humano que no se alcanza con el estilo de secuencias de corta duración, con la excesiva movilidad de la cámara, con el estilo documental y con la dureza del rostro y gesto del actor protagonista (no es el caso de la mujer, Srinivasan, que consigue empatizar mejor con el espectador occidental). Por ello Audiard introduce algo que también es determinante en su estilo: las imágenes fantasmagóricas, aunque de naturaleza hiperrealista, que surgen de manera esporádica en el film. La primera de ellas es la que presenta el crédito del título de la película (tras la larga secuencia prólogo en Sri Lanka), que muestra unas imágenes abstractas de luces en movimiento que finalmente se desvelan como las luces de un floripondio de plástico que el protagonista lleva en la cabeza como venta ambulante a un euro. Audiard vuelve a jugar con la elipsis y la metáfora y los motivos visuales. Las luces de la libertad (las de las barcas que se orientan en la noche huyendo de la guerra) se transforman en luces de la vergüenza.

Dheepan, nada más llegar a Francia está obligado a sobrevivir con la venta ambulante.

Dheepan, nada más llegar a Francia está obligado a sobrevivir con la venta ambulante.

De esa presentación de la Francia real (establecida de manera simbólica) se pasa a la Francia física del extrarradio, de los barrios marginales. Tras un tránsito nada riguroso por el control de inmigración (una nada acertada secuencia de guion en donde el traductor de la policía facilita el ingreso de los refugiados en Francia) Dheepan y su ficticia familia aceptan trabajar como conserjes de una vivienda. Y, al igual que el film ‘Malditos vecinos’, eso será lo único que contemplen de esa Francia libre. Si su huida de Sri Lanka les hacía soñar en una Europa de ensueño, la realidad de los barrios marginales se les presenta alejada de los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad francesa. Audiard vuelve a hacer uso de su capacidad descriptiva de espacios (de manera perfecta, como lo hizo con los espacios carcelarios en ‘El profeta’) y de los ambientes. Por ello, el proceso de transformación de Dheepan consiste en tratar de construir un mundo más adecuado a su alrededor: transformar aquello que es falso (su familia) en verdadero y, viceversa, desgajarse de esa realidad social marginal a la que pertenece, destinada a la delincuencia, para transformar su existencia en un paraíso idealizado de felicidad.

El deseo se muestra por medio de los planos oníricos y simbólicos de un elefante, esta vez propios del director tailandés también ganador de una Palma de Oro Apichatpong Weerasethakul (‘Tropical Malady’, 2004): un elefante blanco de Sri Lanka que surge de la espesura de la selva. Ejemplo visual de la belleza, la tranquilidad, pero a su vez del poder y la fuerza del protagonista.

En cualquier caso Audiard no se muestra afortunado, como otras veces, en la construcción de este film. Su símbolos y su estilo no parecen los adecuados para narrar esta historia que pedía mucha más visceralidad, más cercanía con el cine violento americano de los 70 y menos amaneramiento tratando de erigirse en el mesías del cine francés.

GERARDO CREMER

Yalini (Kalieaswari Srinivasan) es deseo (sexual y social) para Dheepan: esperanza de un asentamiento definitivo en Europa.

Yalini (Kalieaswari Srinivasan) es deseo (sexual y social) para Dheepan: esperanza de un asentamiento definitivo en Europa.

 

 

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Comments
One Response to “CINE: ‘Dheepan’: Un elefante tamil en una Francia en guerra”
  1. oscar cine dice:

    No empieza a estar demasiado barata la palma de oro?pregunto,no afirmo.a mi Dheepan me parecio bien,sin mas,pero en el minuto diez pense:”vale,ya la he visto”.
    y por cierto,los tres minutos finales,se los puede creer alguien?hay mas rigor en soldado universal 3. no,si al final Aurdiad va a ser un cachondo.

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