Oskorri: Agur Oskorri

El octeto Oskorri en escena al fondo del pasillo atento (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El octeto Oskorri en escena al fondo del pasillo atento (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Domingo 22 de noviembre de 2015, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de 8,50 a 25 €.

Adiós, amigos: «Algo se muere en el alma cuando un amigo se va», rezaba la sevillana transversal que elevaban Los Amigos de Ginés, la titulada ‘El adiós’. Esperemos que nadie se moleste por la comparación, pero lo mismo se puede aplicar en la hora de la despedida a Oskorri, el buque insignia del folk euskaldun, influencia de todos los que llegaron después: junkeras, korrontzis, aburruzagas… Tras 45 años de andadura, más de 3000 conciertos ofrecidos y casi 500 canciones grabadas, Oskorri dicen adiós definitivamente este fin de semana en Bilbao con todo agotadísimo.

Han llamado a la gira ‘Esta es la despedida’, que ha pasado por Getxo, Bayona, Vitoria, San Sebastián, Barcelona, Pamplona, Maule y por fin Bilbao en sesión doble: matinal y vespertina. Les vimos en el arranque de su tour del agur en el 31º Festival Internacional de Folk de Getxo, donde dieron uno de los mejores conciertos que hemos visto en lo que va de 2015 (así lo contamos), y lo afirmamos sin dejarnos llevar por la emoción que se respiró bajo esa carpa calurosa, cuando Natxo de Felipe, Bixente Martínez, Antón Latxa y los demás hasta el octeto en 123 minutos (¡35 de bises!) tocaron 25 piezas (contabilizando popurrís y el título repetido) que removieron recuerdos y sonaron actualísimas, globales y tan en forma que tornaron aún más incomprensible esta disolución. Y como Los Amigos de Ginés, les podríamos cantar a Oskorri: «No te vayas todavía, no te vayas por favor…». OSCAR CUBILLO

La gente se asomaba a los palcos superiores, que tenían una vista con más profundidad (imagen de móvil: Titi).

La gente se asomaba a los palcos superiores, que tenían una vista con más profundidad (imagen de móvil: Titi).

El domingo por la tarde en el teatro Arriaga Oskorri dijeron agur a la afición tras 45 años de andadura, más de 3000 conciertos y casi 500 canciones grabadas. La gira, bautizada ‘Esta es la despedida’, ha pasado por Getxo, Bayona, Vitoria, San Sebastián, Barcelona, Pamplona, Maule y Bilbao, aquí en sesión doble: matinal y vespertina. Estuvimos en el primer concierto, en la carpa del Getxo Folk (este post hicimos, insistimos), y en el último, el aquí comentado, ambos con aforo a tope y entusiasta, ambos con el mismo repertorio empero resultados dispares. Si en Getxo Oskorri resplandecieron dando uno de los mejores shows que hemos visto este año (vamos 369), por vitalismo, entrega y comunión con el respetable, el domingo en la hora del adiós definitivo, con la media de edad del respetable mucho mayor y un escenario menor y más pegado a la gente, la magia se diluyó por diferentes razones: emocionales (el peso de la púrpura, el puro agur, la sensación de pérdida: ya no están, ya no les tenemos, ya la vida seguirá más vacía, con más ausencias), físicas (Oskorri habían dado otro concierto a las doce de la mañana y, menos de cinco horas después de acabarlo, se les veía cansados, por ejemplo a Antón Latxa) y técnicas (los nervios, pues había cámaras de una tele de Iparralde grabándolo para un DVD).

Natxo de Felipe, el líder, habló menos y se emocionó en los saludos (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Natxo de Felipe, el líder, habló menos y se emocionó en los saludos (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

A pesar de todo, Oskorri en octeto ofrecieron un concierto creciente, menos mal. Al principio, por la flojera física (¡y quién sabe si por la comida copiosa!), y además debido al excesivo canonismo en la interpretación (¡sonaron recreativos como Juan Mari Beltrán!), muchas canciones llegaron como pólvora mojada. El bolo creciente, de 25 temas (incluyendo popurrís y contando dos veces el repetido ‘Furra Furra’ al final de cada uno de los dos bises) en 126 minutos, arrancó envarado por la emoción del momento, y al poco justita les quedó ‘Ezpatadantza’ y extremadamente floja la balada ‘Gaztelugatxe’ (Antón estaba cansado). Había destellos jazz, el ewi imitaba txirulas y albokas, el bonachón de Natxo de Felipe charlaba menos, al fondo del tablado apenas se percibía a un escondido Bixente Martínez a las guitarras, Oskorri intercalaban cortinillas arreglísticas esporádicas que recordaban que era el agur, y el público daba palmas y coreaba el karaoke (la gente puso mucho de su parte y los espectadores se asomaban por los palcos de los pisos superiores; también vimos al alcalde de Bilbao, Aburto, marcando contento las palmas), y pumba, llegó uno de los mejores momentos: el silbado ‘Tirauki’.

El final, con el público revolucionado haciendo cadenetas (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El final, con el público revolucionado haciendo cadenetas (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Este, el corte 11 (de los 25), fue el punto de inflexión. Aunque les quedó sin tensión el 12, ‘Euskal Herrian Euskaraz’ (de lo más feble de la velada, incomprensible), la velada a partir de entonces cursó en ascensión: la fiesta de ‘Sautrela’, la nostalgia de ‘Aita-semeak’, y pumba, ‘Gora ta gora beti’, que fiestón, oigan. Ya el Arriaga era una olla a presión, los más animosos corrían por el patio de butacas haciendo cadenetas, y Oskorri se defendieron en el primer bis con los pupurrís del ‘Pub Ibiltaria’ y el de niños (telefoneamos a Ray, un fan suyo de cinco años, para que lo oyera y hasta lanzaba irrintzis). Y en el segundo bis, quizá ya sin nervios, dieron lo mejor de sí (‘Bizkaiko aberatsak’, ‘Mode’), y terminaron repitiendo ‘Furra furra’, con la fiesta en el culmen. Y se acabó. Una pena. Para todos. Agur, Oskorri.

ÓSCAR CUBILLO

Saludos finales, ¿de qué vivirán ahora los músicos jóvenes? (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Saludos finales, ¿de qué vivirán ahora los músicos jóvenes? (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El respetable abandona el teatro, la vida sigue… a pesar de la ausencia (imagen de móvil: O.C.E.).

El respetable abandona el teatro, la vida sigue… a pesar de la ausencia (imagen de móvil: O.C.E.).

 

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