Joaquín Achúcarro: «Qué genio, tío»

El Steinway & Sons brillaba hasta por dentro de la tapa (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El Steinway & Sons brillaba hasta por dentro de la tapa (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Domingo 10 de enero de 2016, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de 11,50 a 37 €.

En el intermedio del recital dominical del pianista Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1932) en el Arriaga, el ingeniero, músico clásico («ya sólo sé de guitarra y violonchelo», se lamentaba irónico), cinéfilo y pintor Gerardo Cremer interpeló al que suscribe: «¡Qué genio, tío!». Sí, el maestro voló muy alto durante esa velada en un teatro lleno y complacido: 1036 butacas ocupadas sobre un aforo total de 1134, o sea que quedaron sin vender sólo las de mala visibilidad. El recital genial, la sesión magistral tras su piano de cola Steinway & Sons, duró 123 minutos con descanso y tres bises regalados (una habanera de Halffter –¡más auténtico que Allen Toussaint sonó!-, una fuga virtuosa de Chopin –el Preludio 16- y una sonata a la mano izquierda de Scriabin) a un respetable que batió palmas hasta el escozor y que atendió a la interpretación en silencio sepulcral. Elegantísimo con su pajarita, Achúcarro miraba con sus ojos transparentes al patio de butacas tras cada pieza: al principio solemne y expectante, cada vez más satisfecho y al final sin poder reprimir su contento.

Mirada deferente y expectante al respetable burgués y maduro (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Mirada deferente y expectante al respetable burgués y maduro (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El programa, muy equilibrado, fue excelentemente resuelto por el maestro, que sin partituras y de memoria mostró unas facultades físicas (musculares diría él) envidiables a sus 83 años: ahí estuvieron sus contrapicados barrocos para Bach y los arpegios de la reconocible ‘Polonesa heroica’ del siempre atemporal Chopin. Bilbaíno universal, el cercano Achúcarro presentó y explicó un par de piezas (la de Brahms, compendio de su vida según él, y el fragmento de la ópera ‘Goyescas’ de Granados, «una tormenta emocional», antes de la cual contó que el autor murió trágicamente con su esposa al regresar de su exitoso estreno en Nueva York hace cien años, ahogado porque su barco fue torpedeado; y añadió que entre el pasaje hubo un bilbaíno superviviente, Ricardo Cortázar, un socio de la Filarmónica) y se concentró en la tarea (su rostro mostraba cansancio debido al esfuerzo tras algunas piezas) de un programa titulado ‘De Bach a Gershwin’ (en éste colegimos dejes urbanos, jazz y hasta blues) como bien pudo nominarlo ‘De Rachmaninoff a Albéniz’ (los pasajes aún vanguardistas de ‘El Albaicín’). Un memorable privilegio presenciar ese recital (no me aburrí ni distraje ni medio minuto). Y al evacuar el Arriaga, en el lobby vimos a mucha gente arremolinada alrededor de una mesa: Achúcarro estaba firmando autógrafos.

ÓSCAR CUBILLO

Abrazo imaginario y en la distancia con satisfacción y contento (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Abrazo imaginario, satisfecho, contento y en la distancia (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

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