Bryan Adams: No lo puede hacer mejor

En la primera canción, la de los foteros oficiales esquinados: ‘Do Whatcha Gotta Do’, coescrita por Bryan Adams y su productor Jeff Lynne (foto: Borja Agudo / El Correo).

En la primera canción, la de los foteros oficiales esquinados: ‘Do Whatcha Gotta Do’,
coescrita por Bryan Adams y su productor Jeff Lynne (foto: Borja Agudo / El Correo).

Viernes 29 de enero de 2016, Barakaldo, Bilbao Exhibition Center (BEC), 21.30 h, entradas de 48 € (pista), 50, 56 y 64 € (con asiento numerado), más gastos.

BEV BRYAN ADAMS BEC 0 CARTELLos 9.500 espectadores del BEC, desde los fans entregados hasta los que acudieron reticentes, gozaron de un show sobrio, orgánico y con actitud del roquero canadiense. ¡Ver para creer!

 

Triunfo indiscutible del canadiense Bryan Adams (Kingston, Ontario, 56 años) el viernes en un BEC que se llenó hasta superar las expectativas de la organizadora, la agencia donostiarra Get In, que a última hora amplió el aforo (o sea colocó el escenario un poco más atrás), con lo cual 9.500 personas gozaron del espectáculo. Ahí se lo pasaron bien desde los miles de fans entregados de antemano (sobre todo ellas: siempre se las oía más en los momentos corales) hasta los cientos de sujetos que acudieron con el sable afilado y se lo tuvieron que envainar (muchos mientras coreaban excitados y hasta imitaban el sonido de los punteos con la boca).

La única mota fue el cuarto de hora de retraso que levantó protestas del respetable. Pero Bryan Adams no pudo tocar mejor, no puede mejorar más esas canciones que del modo que lo hizo: orgánico, sobrio, con banda base eléctrica y empastada, y nada de arreglos petulantes de teclados y tal. Fue un conciertazo por todo tipo de razones: éticas y estéticas, técnicas y sentimentales. Por ejemplo: se oyó muy bien en el BEC, incluso se colegían las teclas del piano desgranado, y los focos iluminaban la escena a la perfección. El quinteto, impecablemente vestido con americanas al modo de veteranos de la nueva ola tipo Elvis Costello o Nick Lowe, ofició como un grupo, no como una estrella con cuatro mercenarios camuflados, sino como cinco músicos que se lo pasaron estupendamente desde los redobles del baterista (qué guay cuando le enfocaban las pantallas desde detrás a Mickey Curry, con Bryan desde 1981, en su segundo LP) hasta los punteos al borde del tablado del guitarrista solista Keith Scott (amigo de Bryan desde los 16 años y tocando para él desde 1983, en el tercer LP).

Hombro con hombro con el hacha Keith Scott, amigo de la adolescencia (imagen de móvil: Thierry Loustauneau).

Hombro con hombro con el hacha Keith Scott, amigo de la adolescencia (imagen de móvil: Thierry Loustauneau).

Casualmente, hace diez años, el mismo Bryan Adams estrenó el BEC como recinto de macroconciertos. Por tamaño y concepción eso del viernes fue un macroconcierto, en efecto, pero se logró una cercanía inusual con la gente de la pista y las gradas. El escenario apenas tenía foso de separación, y era muy bajo, y las tres pantallas tampoco estaban altas, y todo se veía próximo e integrado, con muchas imágenes en vivo en blanco y negro cool, que se note que Bryan también es fotógrafo. De hecho, nos hizo alguna foto y animó a los presentes a mandarle imágenes y vídeos de la noche a su Instagram, lo cual se contradice con las dificultades que puso a los fotógrafos de los medios de comunicación: sólo pudieron disparar esquinados en el lateral derecho del foso, en la primera canción… ¡que duró minuto y pico!

Momento banda de colegas, alrededor del batería (imagen de móvil: Txema Sola Olivencia).

Momento banda de colegas, alrededor del batería (imagen de móvil: Txema Sola Olivencia).

Pero Bryan Adams se mostró muy cercano al gentío. Seguramente sincero y con una forma física envidiable (cantó igual de bien durante dos horas y hasta se echó alguna carrera ¡y así ha dado tres bolos seguidos: Madrid-Bilbao-Barcelona!, en una semana seis, sumando el de Granada y dos en Portugal), el canadiense aumentó la cercanía en diversos momentos, aparte de por hablar en castellano a ratos: buscó entre el público a una mujer con la que bailar y en la grada izquierda encontró a una morena mature llamada Susana con la que danzó en la distancia, ella todo el rato en pantalla, iluminada por un cañón de luz, y él cantando el blues ‘Si quieres ser malo has de ser bueno’ (uno de sus muchos dobles sentido); la cámara del foso repasó en travelling a la primera fila extasiada en el bis al sonar la versión del ‘C’mon Everybody’ de Eddie Cochran a modo de truco springsteeniano; el propio Bryan se prestó a reveladores primerísimos planos de la pantalla en el bis, cuando sopló la armónica en ‘Directo desde el corazón’; además señaló a los fans de la pancarta con el título a cachos al acabar la canción ‘Hagamos una noche para recordar’ que parece ser la improvisó sobre la marcha y la banda dudó; aparte había micros laterales donde a veces se acercaba más a ciertas zonas…

El final de ‘18 til I Die / 18 hasta la muerte’ (imagen de móvil: O.C.E.).

El final de ‘18 til I Die / 18 hasta la muerte’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Fue un concierto excelente de 122 minutos para 27 temas en el que Bryan Adams mejoró su cancionero porque, como dice él, vive una etapa en la que le agradan los sonidos orgánicos, los genuinos. Gracias a eso baladas almibaradas como ‘Heaven / Cielo’ exhibieron solidez (en esta Keith Scott se cascó un punteo puro Dire Straits y dijo Pato: «Jo, sólo le falta la cinta en el pelo para ser Mark Knopfler»), o hits redondos y comerciales como ‘No puedo parar esta cosa que estamos empezando’ develaron una ingenuidad inusitada. Y rocanroles como el también springsteeniano ‘Ella sólo es feliz cuando baila’ (de lo mejor del lote -por cierto, los títulos los traduje al castellano para el periódico y ya los dejo así) crecieron mediante el sobrio blanco y negro en pantalla, y más éxitos como ‘Los chicos quieren rock’ se endurecieron hasta límites acedecescos (otro número de lo mejor, de lo más alborotado). Su nuevo rockabilly auténtico ‘Me perteneces’ (de su último disco, ‘Get Up / Levántate’), fue de lo cimero de la velada (Fito Fitipaldi, en la primera fila de la Grada B, tomaría nota; este es el clip), pero en dura e inesperada competencia con éxitos añejos y ochenteros como ‘Verano del 69’ (otro doble sentido, con desnudos en blanco y negro en pantalla, uno de los muchos temas que sonó de su gran LP superventas ‘Reckless’, de 1984; más de 8 millones de copias vendidas, en España sobre todo en casete, como lo escuchaban Pato o Dena Flows).

Descompresión en el bis, Bryan en solitario con una acústica y la armónica y en primer plano en pantalla interpretando ‘Straight From The Heart’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Descompresión en el bis, Bryan en solitario con una acústica y la armónica y en primer plano en pantalla
interpretando ‘Straight From The Heart’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Adams a solas en escena con una guitarra acústica mantuvo la atención de todo el BEC en un ‘Cuando te vayas’, que arrancó coros y palmas espontáneas bien dadas («para quitarse el sombrero», comentó el arrobado y superado también en sus expectativas Pato). Adams hasta mantuvo el nivel en el par hispánico-fronterizo (‘¿Alguna vez has amado de verdad a una mujer?’), y supo destensar, quitar presión al acto, él solo en el bis, para terminar el macroconcierto con la guitarra acústica, tocando la bonita ‘Ella me conoce’ o despidiéndose con la comercial pero esa vez funcional ‘Todo por amor’, cuando pidió a los espectadores que encendieran los móviles y se convirtieron en miles de luciérnagas. Entrará en nuestra lista de mejor del año, si lo acabamos, claro.

OSCAR CUBILLO

El puesto de merchan, con una chupita vaquera a 65 (imagen de móvil: Mr. Duck).

El puesto de merchan, con una chupita vaquera a 65 (imagen de móvil: Mr. Duck).

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Comments
2 Responses to “Bryan Adams: No lo puede hacer mejor”
  1. Iker dice:

    Qué tipo tan simpático. No sé si será una pose, pero parecía disfrutar realmente del concierto y apenas hizo concesiones a su ego, quizá el cantar las últimas canciones en solitario con la acústica tras despachar a su grupo fue de las pocas que se permitió. Por cierto, qué grandiosa le quedó “Straight from the heart” en ese formato. Disfrutamos de un sonido sobresaliente, claro y nítido sin abusar de volumen (gustazo que no te piten los oídos al salir de un concierto), dos horas de música sin apenas interrupciones y adornadas por esa pantalla gigante con excelente resolución. Dentro de lo comercial de su propuesta, sí que hubiera preferido más canciones en la onda “Can´t stop this thing we´ve started”, “It´s only love” o “Kids wanna rock”(en efecto, muy AC/DC), en detrimento de otras más moñas como “Everything I do(I do it for you)”(siempre me ha parecido alargada en exceso) o algo infumables, como “When you´re gone”. Pero bueno, como suele decirse: sabíamos a lo que íbamos.

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