CINE: ‘Los odiosos ocho’: Juegos de prestidigitación

BEV LOS ODIOSOS 8 0 CARTEL JAPONES

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 15 de enero de 2016

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Director: Quentin Tarantino

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Los odiosos ocho’

 

La diligencia huyendo de la ventisca.

La diligencia huyendo de la ventisca.

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En los montes de Wyoming

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En el estado de Wyoming, tras el fin de la guerra civil americana, en un entorno natural invernal, dominado por el blanco de la nieve y los bosques de álamos y abetos, inmerso en una tormenta que apenas deja vislumbrar el fondo montañoso, ‘Los odiosos ocho’ se abre con un cadencioso movimiento de grúa descendente, desde el encuadre centrado de una diligencia que circula por caminos sepultados por la nieve hasta el cuerpo de espaldas del Mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson) sentado sobre un montón de cadáveres. Saber las causas por las que este militar se encuentra allí, en un paraje abandonado, sin caballo y con varios muertos, es uno de los tantos misterios que se solapan en continuidad en este último film de Quentin Tarantino. El film establece, con esta primera escena, el ritmo atemperado que domina la primera parte: la que se desarrolla en la diligencia. La amplitud del espacio (gracias a su formato panorámico Ultra Panavisión 70), la claridad de la imagen (gracias al uso de las lentes anamórficas) y el detalle se acomodan al tono tranquilo exhibido por Samuel L. Jackson en su conversación con el cochero.

Saber las causas por las que el Mayor Warren se encuentra allí, en un paraje abandonado, sin caballo y con varios muertos es uno de los tantos misterios que encierra este film.

Saber las causas por las que el Mayor Warren se encuentra allí, en un paraje abandonado,
sin caballo y con varios muertos es uno de los tantos misterios que encierra este film.

Los guiones de Tarantino funcionan con el contraste y el choque de expectativas. Lo importante es jugar con la información, entregarla en pequeñas dosis al espectador, siempre endulzadas con la maestría de los diálogos, capaces de mantener la atención aunque no se hable de nada relacionado con el fondo de la trama o la definición de los personajes. Tarantino rebate los axiomas de Robert McKee cuando éste afirma que un guión no puede existir si no sirve para que el personaje avance en la resolución de sus conflictos. En Tarantino el diálogo es, a veces, tan espectacular como las propias escenas de acción alargadas en un thriller de Michael Bay.

Cuando el Mayor Warren entra en la diligencia se encuentra con otro compañero de profesión, el cazarecompensas John Ruth (Kurt Russell), que conduce a la horca a la prisionera Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), y los tres entran en un diálogo en el que el espectador va obteniendo información a cuentagotas disimuladas por las largas conversaciones. Pero como en todo film de Tarantino que se precie, nada de lo que se escucha puede ser considerado como verdadero. Los diálogos buscan más el juego, la confusión, la puesta en cuestión de lo que las imágenes revelan. Aunque desentrañen rasgos, aspectos o conflictos del personajes, estas informaciones pueden ser interesadas, manipuladas, transformadas en puro juego de prestidigitación, es decir, mentira. John Rush es en sí un personaje de una sola pieza que aunque hable o actúe no desvela conflictos reales a su personaje. Su objetivo es simple: entregar a Daisy a la justicia del pueblo Red Rock para cobrar una recompensa.

La casualidad (o no, porque en este juego de engaños y secretos nada es casual) hace que la diligencia se detenga para recoger a otro extraño personaje, abandonado en el monte por la tormenta: Chris Mannix (Walton Goggins), que resulta ser el sheriff de Red Rock, la persona a la que Rush debe entregar a la presa. Con esta nueva incorporación a la diligencia Tarantino extiende más el tiempo narrativo mediante diálogos en los que predominan temas como la violencia de género (Daisy Domergue es continuamente golpeada y vejada por Ruth e incluso también por Warren), el enfrentamiento militar entre Norte y Sur (Mannix se presenta como un sudista renegado que aún odia a los negros), y el racismo remanente, pero el director nunca deja de lado la línea principal que mueve el relato: el intento de llegar a un pueblo, bajo una tormenta amenazante.

El sheriff Mannix es uno de los personajes más controvertidos de ‘Los odiosos ocho’. Sus actos resultan, en todo momento, imprevisibles.

El sheriff Mannix es uno de los personajes más controvertidos de ‘Los odiosos ocho’.
Sus actos resultan, en todo momento, imprevisibles.

Será la tormenta la que obligue a los cuatro pasajeros de la diligencia a parar y pasar un par de días en una fonda de montaña, en la mercería de Minnie. La sorpresa acontece cuando Warren y Rush descubren que la cabaña está gobernada por un mexicano, Bob (Demián Bichir), en vez de los dueños del albergue (quienes, al parecer, han ido a visitar a un familiar), encontrándose ya en el local otros inquilinos obligados a pernoctar por la nieve: Oswaldo Mobray (Tim Roth), el verdugo de Red Rock, el vaquero Joe Gage (Michael Madsen), y el general confederado Sanford Smithers (Bruce Dern).

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Jugando con la narración

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Tarantino no juega simplemente con los giros del diálogo, con la sorpresa que deparan los cambios narrativos imprevistos que hacen volver a un punto cero a los personajes. También está el factor exterior, el factor autoconsciente (la presencia activa del narrador en la historia), que descoloca al espectador en su lógica de expectativas.

En el momento en el que los cuatro personajes llegan con la diligencia a la cabaña, Tarantino decide concentrar el resto del metraje prácticamente en su interior (y estamos hablando de más de dos horas de proyección en un único escenario). Este reto narrativo sólo se puede solventar con la pericia de un autor que va a usar todas las herramientas que ha ido perfeccionando con la experiencia en su trabajo. Puede apreciarse en el último ciclo de la filmografía de Tarantino una tendencia hacia el relato histórico deformado hasta el esperpento, dentro del marco genérico cinematográfico que le corresponde. Lo fue su aventura bélica en ‘Malditos bastardos’ (2009), como lo fue su descripción de la época esclavista en ‘Django desencadenado’ (2012). En ‘Los odiosos ocho’ Tarantino manipula los límites del conflicto Norte-Sur hasta llevarlos al borde del ridículo. Es aquí importante resaltar la escena más impactante de este enfrentamiento histórico y que corresponde a la historia que narra el Mayor Warren al general Smithers. Una historia que Tarantino visualiza en flashback pero cuyo nivel de extravagancia y absurdo trasmiten al espectador la incredulidad de lo visualizado.

El flash back narrado por Warren da la vuelta, de manera esperpéntica, al sometimiento del hombre blanco sobre el hombre negro en los Estados Unidos previos a la guerra civil.

El flash back narrado por Warren da la vuelta, de manera esperpéntica,
al sometimiento del hombre blanco sobre el hombre negro en los Estados Unidos previos a la guerra civil.

No sólo es esa predisposición de salirse por la tangente, antes de mantener el rumbo marcado por la lógica narrativa, lo que descoloca al espectador (ciertos momentos del film obligan al espectador a resituarse respecto a los personajes olvidando sus rasgos, valores o motivaciones), o esa predilección hacia la distorsión y extravagancia de la historia y la Historia (alteración desproporcionada de los rasgos que definen a los Estados Unidos y su Historia), sino que Tarantino no abandona sus juegos narrativos, que fundamenta en el manejo espacial y el manejo temporal. Por ejemplo, cuando John Rush se acerca por primera vez para hablar con Joe Gage, la cámara se sitúa en lo alto del techo (incluso por encima de la celosía del techo de la cabaña), filmando en picado, como si fuese un plano subjetivo de alguien que estuviera vigilando, dejando así en evidencia un espacio narrativo no utilizado pero útil en términos narrativos. Igualmente, durante uno de los tiroteos, en la parte final del film, Tarantino desvela un espacio narrativo insospechado (no esperado, ya que se había mantenido oculto hasta ese momento) que potencia la sorpresa en la narración de los hechos. Igualmente Tarantino juega con el tiempo, algo habitual en la filmografía del director. En un momento determinado de la película, la narración retrocede para explicar ciertos hechos que se habían mantenido ocultos antes al espectador.

Resulta también curiosa la osadía narrativa de Tarantino al poner dentro de la diégesis narrativa al narrador omnisciente de la misma. Más o menos a mitad de película el narrador se hace presente y explica (mediante el uso del montaje) ciertos hechos que habían pasado inadvertidos al espectador. Con esta evidencia de la intromisión de lo externo (el creador) en la trama, el espectador puede dar por hecho que todo lo que se cuenta es parte de un juego. Por eso, siguiendo la lista de los films que Tarantino ha reconocido como influencia para realizar ‘Los odiosos ocho’ (entre ellos ‘La cosa’, 1982, de John Carpenter, y ‘Grupo salvaje’, 1974), la referencia a ‘Asesinato en el Orient Express’ (1974) resulta ser la más acertada: no hay trama de profundidad, ni historia de personajes, sólo un juego narrativo donde la pericia del autor (bien Agatha Christie, bien Quentin Tarantino) es lo único que cuenta.

GERARDO CREMER

Durante esta escena de tiroteo el espacio narrativo (el escenario) desvela una de las grandes sorpresas de la película.

Durante esta escena de tiroteo el espacio narrativo (el escenario) desvela una de las grandes sorpresas de la película.

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