CINE: ‘La gran apuesta’: Los límites difusos entre la ficción y el documental

BEV LA GRAN APUESTA 0 CARTEL

 

Texto por GERARDO CREMER

*

Estreno: 22 de enero de 2016

*

Director: Adam McKay

*

Calificación: 2 estrellas sobre 5

*

Trailer de ‘La gran apuesta’

 

Lewis Ranieri, responsable según ‘La gran apuesta’ de idear el negocio de los bonos hipotecarios.

Lewis Ranieri, responsable según ‘La gran apuesta’ de idear el negocio de los bonos hipotecarios.

***

La crisis de las hipotecas subprime

***

Quizás hoy sea más sencillo vaticinar una nueva recesión económica que en el año 2007, pero lo que sí está claro es que hoy en día es más difícil sacarle rentabilidad a cualquier inversión o bien raíz que la que se obtenía durante los años 90 y principios del siglo XXI. En ‘La gran apuesta’ se dice que todo empezó por la idea de un aspirante a chef, Lewis Ranieri, que a finales de las años 70 aplicó el principio de juntar deudas hipotecarias para crear bonos, productos financieros que daban una buena rentabilidad al inversor al mismo tiempo que permitían a las entidades financieras deshacerse de sus hipotecas, reduciendo sus pérdidas en más de un 50 %. El mecanismo era simple: una entidad concede a un cliente un crédito de, por ejemplo, 100 euros y la entidad usa ese activo (aquello que el cliente le debe) para conformar un bono, vendérselo a otra entidad y apostar por otra operación financiera. Si el cliente no paga, el primer banco deja de recibir los 100 euros y el segundo banco también (por impagos del primer banco) creándose, pues, una deuda de 200 euros. Y es que, en la economía moderna, el movimiento del dinero es tan rápido que nadie es capaz de saber lo que realmente se está movimiento en el mercado.

Los créditos subprime surgieron con la revalorización del mercado de bonos de hipotecas. En el momento en el que las entidades financieras aplicaron el principio de Ranieri donde la deuda era un negocio, cuanto mayor era el riesgo mayor era la rentabilidad de ese negocio. El sistema comenzó a corromperse desde abajo, desde los salarios tipo variable que cobraban los promotores y empresarios inmobiliarios (también cada uno de sus empleados). Las hipotecas se concedieron como nunca, mejorando tanto las condiciones de pago como facilitando las condiciones de contratación. Lo importante era vender por encima de todo. Y no solo eso, el ciudadano, sin tener miedo a perder su capital, descubrió que la mejor manera de rentabilizar su dinero era comprar. Las hipotecas fluyeron sin control, ante la ceguera mundial que solo pensaba en el crecimiento económico, el enriquecimiento del país y el suyo propio. Los créditos hipotecarios de alto riesgo (las subprime) pasaron a formar parte de esos bonos hipotecarios que se camuflan en diferentes fondos de inversión permitiendo a las entidades eliminar sus riesgos directos (las hipotecas) aunque adquiriendo, al mismo tiempo, otros de diferentes entidades: productos más complejos, de altísima rentabilidad pero de mucho riesgo, como por ejemplo las CDOs (las obligaciones garantizadas por deudas) que por el año 2007 se conformaban principalmente de hipotecas de alto riesgo.

‘La gran apuesta’ narra este embarullado sistema de movimiento de capital, en el que todo está sustentado en la suposición de que las hipotecas se pagarán. El simple hecho de que la economía se estanque (incremento del desempleo) y la gente no tenga dinero para pagar las hipotecas llevaría a una explosión en cadena. El pánico llevaría a la gente a dejar de apostar por la compra de vivienda. La paralización del mercado inmobiliario junto al incremento de impagos desinflaría un mercado ficticio del bono hipotecario (la burbuja inmobiliaria) conllevando la generación de una deuda que se multiplicaría, de manera ficticia, hasta el infinito. Un genio con síndrome de Asperger, Michael Burry (Christian Bale), fue el primero en apostar por los ‘uncredit default swap’ (CDS) para los bonos de hipotecas de alto riesgo. Un CDS es un producto que obtiene rentabilidad cuando aquello por lo que se invierte fracasa.

Un gurú de la economía con síndrome de Asperger, Michael Burry (Christian Bale).

Un gurú de la economía con síndrome de Asperger, Michael Burry (Christian Bale).

Con un detallado análisis del mercado inmobiliario y evaluando los índices macroeconómicos americanos, Burry vaticinó el hundimiento del mercado de las subprime y las CDOs, tres años antes de que éste se produjese. Pero en el film de Adam McKay (basado en el libro homónimo de Michael Lewis) se mueven otros personajes que también apostaron por ese hundimiento de la economía mundial. Jared Vennett (Ryan Gosling), nombre que oculta al de Greg Lippmann, un cargo directivo del Deutsche Bank, y que es el narrador de la película: un personaje que juega a dos bandas al confiar a un asesor financiero de alto nivel (Steve Eisman) su apuesta por el hundimiento de las subprime al mismo tiempo que mantiene su participación, como empresario, en el mercado de la burbuja inmobiliaria. Steve Eisman cambia su nombre por el de Mark Baum (Steve Carell), un personaje con habilidad para detectar la “porquería” del mercado. El grupo de personajes se completa con dos jóvenes emprendedores, Charlie Geller (John Magaro) y Jamie Shipley (Finn Wittrock), quienes también ponen su dinero en la compra de CDS de hipotecas de alto riesgo. Los dos jóvenes son asesorados y ayudados por un banquero retirado, Ben Rickert (Brad Pitt), que les facilita el acceso a la realización de las inversiones y a la venta final de sus CDS.

***

Primera influencia: Michael Moore

***

Muchos se han olvidado ya del shock que produjeron ‘Fahrenheit 9/11’ (2004) de Michael Moore, y su anterior ‘Bowling For Columbine’ (2002), dos películas que analizan en profundidad los problemas endémicos de la política norteamericana, con una estructura de guion muy acentuada (sistema formal retórico propio del cine de no ficción), pero cuyo protagonismo corre a cargo del narrador (el mismo Moore), que actúa, como discurso, directamente en la retórica del film. Este discurso sobrepasa el “discurso relatado” propio del cine documental para adentrarse en un estilo libre directo, ya que la información que se traslada al espectador es conocida de primera mano por el propio narrador (que participa, mediante investigación o entrevistas, en la deducción de los hechos).

Moore desarrolla un estilo visual dinámico, impactante, usando para la consecución de su fin todo tipo de trucos que saturan al espectador de información. Cada capítulo del documental retórico se fundamenta en la información (bien noticiarios televisivos, bien imágenes de archivo, bien entrevistas realizadas por Moore), bombardeando al espectador con imágenes y sonidos que contienen informaciones sobreabundantes, que continuamente sobrepasan la capacidad receptora del espectador. El ritmo impuesto en estos films apenas deja espacio para la reflexión, el asentamiento de conceptos o el relajo. Incluso cuando aquello que se está narrando es demasiado complejo, el documentalista usa mecanismos simples para que el espectador entienda lo que se le está contando. Moore es claro. No le interesa tanto que uno entienda todo aquello de lo que se le informa, sino que lo que quiere es que el mensaje final que se transmite se comprenda.

Otro elemento curioso del cine de Moore es que, a pesar del dramatismo y seriedad de los temas tratados, éstos son expuestos de la manera más atrayente posible, incluso introduciendo elementos de humor en su exposición. Este humor surge a veces de la insistencia del propio Moore al descubrir las debilidades del que tiene enfrente. Al dejar al oponente sin argumentos, o enfrentado a sus contradicciones (en las entrevistas, modelo que Jordi Évole ha adoptado como suyo), o demostrando con las imágenes de archivo las incoherencias respecto al comportamiento público (la imagen de un Georges W. Bush sin palabras en una escuela infantil), se ponen en evidencia las paradojas de una clase política que muchas veces se queda desnuda frente a aquellos a los que trata de manipular y engañar.

La imagen de un Georges W. Bush sin palabras tras conocer los ataques del 11-S.

La imagen de un Georges W. Bush sin palabras tras conocer los ataques del 11-S.

‘La gran apuesta’ es una comedia-dramática cuya máxima preocupación está en explicar los hechos que llevaron al debacle financiero en los USA en 2008. Un film con un claro interés retórico, que espera que el espectador saque las conclusiones que el autor trata de evidenciar en su exposición de los hechos. Al igual que en los films de Moore, en ‘La gran apuesta’ hay sobreabundancia de información, un narrador directo -Jared Vennett-, imágenes de archivo de los medios de comunicación, explicaciones mediante símiles narrativos (explican las CDOs con un ejemplo del aprovechamiento de comida en un restaurante), o frases explicativas de términos financieros que aparecen escritas en la pantalla. Los responsables de ‘La gran apuesta’ no soslayan la dificultad de aquello que se está explicando, pero sí la exponen de igual manera a la de Moore en su colosal ‘Fahrenheit 9/11’.

***

Segunda influencia: Scorsese y ‘El lobo del Wall Street’

***

La cercanía de ‘El lobo de Wall Street’ (2013) y el éxito del film de Scorsese abre las puertas a Adam McKay para aplicar modelos similares a su película. Si en los aspectos narrativos ‘La gran apuesta’ se apoya en el documental retórico tipo denuncia, en el montaje se busca la referencia de ‘El lobo de Wall Street’. Hank Corwin (al igual que Thelma Schoonmaker en ‘El lobo de Wall Street’) demuestra su experiencia con el montaje collage (‘El árbol de la vida’, 2011; ‘Asesinos natos’, 1994)  para transformar en comedia bufa los hechos dramáticos que asolaron la economía mundial.

La ironía del personaje interpretado por Ryan Gosling se asemeja a la de Leonardo Di Caprio, pero, a pesar de estos acercamientos, los personajes de ‘La gran apuesta’ (una propuesta más diversificada y coral que la de ‘El lobo de Wall Street’) son más planos, claramente marcados por rasgos particulares (especialmente los interpretados por Christian Bale y Steve Carell), pero sin saberse abrir a otro tipo de conflictos, exceptuando su enfrentamiento contra el sistema. ‘La gran apuesta’ es un film es mucho menos carnavalesco que su antecesor y, posiblemente y a diferencia de éste, habría funcionado mucho mejor si el modelo adoptado fuese el del documental.

GERARDO CREMER

Mark Baum (Steve Carell) y Jared Vennett (Ryan Gosling), dos de los apostantes por la caída de los bonos hipotecarios.

Mark Baum (Steve Carell) y Jared Vennett (Ryan Gosling), dos de los apostantes por la caída de los bonos hipotecarios.

Anuncios
Comments
2 Responses to “CINE: ‘La gran apuesta’: Los límites difusos entre la ficción y el documental”
  1. oscar cine dice:

    Con todo respeto:es imposible dar dos estrellas sobre cinco a un film bien rodado,bien interpretado y entretenido en sus dos horas(pasadas),al que solo pondria dos peros minimos:si uno no es economista no va a entender el 100% y por otro lado,que todo lo que cuenta…ya esta contado.ya.como el 97% del cine de hoy.es que si a esta la calzo dos estrellas…que digo de basuras como”perdiendo el norte”?menos una estrella?pues eso…

  2. Kike Morey dice:

    “The big short” sobresale dentro de la mediocre cartelera que nos ha traído este año, llenas de historias basadas en la vida real y con muy poco de imaginación. Estoy de acuerdo con Óscar cine en que 2/5 es poco. Yo le puse 3,5: https://kikemorey.wordpress.com/2016/02/02/la-gran-apuesta/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: