CINE: ‘Truman’: Afrontando la muerte con dignidad

BEV TRUMAN 0 CARTEL

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 30 de octubre de 2015

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Director: Cesc Gay

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Calificación: 3 estrellas sobre 5

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Trailer de ‘Truman’

 

 

Los Goya 2016 han premiado a Cesc Gay (cinco galardones: mejor película, director, guion, actor protagonista y actor secundario), reconociendo el valor de un cineasta cuya máxima ha sido la sencillez. Un director que habla de la vida cotidiana que fluye y se diluye en la intrascendencia, amenazada por el inexorable paso del tiempo.

Las mujeres son meros complementos en el cine de Gay y Aragay.

Las mujeres son meros complementos en el cine de Gay y Aragay.

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El cine de Cesc Gay y Tomás Aragay

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Cesc Gay (1967, Barcelona) y Tomás Aragay (1968, Barcelona) forman equipo, como guionistas, desde ‘Krampack’, (2000), pasando por ‘En la ciudad’ (2003), ‘Ficción’, (2006), ‘Una pistola en cada mano’ (2012) y la finalmente premiada ‘Truman’ (2015). Ambos han recibido el Goya al mejor guion por esta última. El distanciamiento entre películas les ha permitido radiografiar con más acierto y sin excesiva reiteración a la sociedad española, especialmente desde el punto de vista del hombre urbano, sin excesivas ambiciones, pero cerrada en sí misma, en continua crisis existencial. Los personajes masculinos son los que establecen el punto de vista de la narración en sus guiones. Las mujeres se quedan habitualmente a un lado y son presentadas como meros complementos a esa existencia masculina: son las que les dan sentido a sus vidas según funcionen sus relaciones sentimentales. La familia, los problemas económicos o laborales, las grandes tragedias humanas, todo ello suele quedar aparte en su cine. El retrato social, a través de los años, evita lo sórdido, lo dramático, para concentrarse en el hombre de clase media, cuyo máximo enemigo es el paso del tiempo. Personajes que luchan por definirse a sí mismos en un contexto social que evoluciona continuamente y que les obliga a apropiarse de un rol (y a ser finalmente rehenes del mismo) con el que tienen que conducir sus vidas.

En el cine de Cesc Gay y Tomás Aragay hay siempre una apuesta por el relato de ficción, un poner en evidencia el carácter teatral de sus formas narrativas, bien mediante estructuras corales forzadas con encuentros y desencuentros (‘En la ciudad’), bien mediante el recurso de encuentros con personajes secundarios (encuentros casuales que no tienen nada de casual en los objetivos de la escritura narrativa), bien mediante la adaptación directa de obras de teatro (‘Krampack’), o bien mediante la utilización de estructuras secuenciales claramente teatrales (‘Una pistola en cada mano’). En cualquier caso, su cine no tiene intención realista aunque la base urbana (‘En la ciudad’, ‘Truman’) o rural (‘Ficción’) de sus escenificaciones permiten contextualizar sus historias en un espacio real. Por una parte está la simplificación de conflictos de los personajes, que se limitan a sus relaciones sentimentales y de amistad, y por otra parte, su lucha interior por mantener su “papel social adoptado” ante una sociedad cambiante. También está ese asunto de enfrentarse al paso del tiempo, a la pérdida de una juventud que les somete a una crisis individual perpetua. Estos factores modelan personajes arquetípicos, ejemplos de tradición bardemiana (José Antonio Bardem) donde el peso de la sociedad obliga a los personajes a mantenerse fieles a su rol social o a restituirse continuamente en su contexto.

Julián es Ricardo Darín y Tomás es Javier Cámara, literalmente.

Julián es Ricardo Darín y Tomás es Javier Cámara, literalmente.

Sin embargo, en el cine de Gay y Aragay nada es trágico. Su cine se apoya en el diálogo, forzando los encuadres mantenidos, descontextualizándolos de su espacio vital mediante el uso de primeros planos o planos enteros de parejas de a dos, también mediante el plano-contraplano en las conversaciones. El dialogo da pie al humor y a la frescura, a cierta naturalidad que depende de la capacidad interpretativa de sus actores. En ‘Truman’ el personaje de Julián es más Ricardo Darín que Julián, igual que Tomás es tal y como conocemos a Javier Cámara. No hay intencionalidad de realismo, pero ese aire distendido, esa clara voluntad de intrascendencia de los hechos narrados, da pie a instantes de realismo: realismo que nace de la improvisación, de la magia del cine, de la grandeza de los actores que saben transformar a sus personajes en ellos mismos.

Esta vitalidad improvisada que surge de vidas rutinarias y que contrasta con la definición dramática, teatralizada del hombre en crisis, esta mezcla de estructuración rígida de puesta en escena que choca con los espacios reales, urbanos, de sus sets de rodaje, dan al cine de Cesc Gay esa imagen de fotografías de época de la sociedad española, naturalezas caleidoscópicas (‘En la ciudad’) que son por un lado simulacros de realidad pero que, por otro lado, son muestras de esa misma realidad que se encarna en simulacro. Por ello su cine es extremadamente sencillo, lineal, elegante, limitado a pocos personajes en cada secuencia. Gay y Aragay buscan, principalmente, la identificación del espectador en el proceso emocional de sus personajes protagonistas. Por ello, el resto de personajes se mantienen difusos, meras réplicas de sus enfrentamientos verbales o de la puesta en evidencia de sus crisis existenciales.

Truman es el perro.

Truman es el perro.

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Truman o la intrascendencia de la muerte

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Cesc Gay ha alternado cine coral (‘En la ciudad’), intimista (‘Ficción’) y el cine decididamente teatral (‘Una pistola en cada mano’), ha manejado con soltura la comedia y el drama, el ambiente urbano y el rural, pero en todos éstos el diálogo es la base fundamental de sus narraciones. El diálogo permite concretar el rol que juega cada personaje en su vida y en su sociedad. Esto es lo fundamental, lo que les define, lo que les da entidad, lo que les mantiene en su autoestima y les dignifica. Julián es un actor de teatro afectado de cáncer terminal que ha resuelto dejar su tratamiento contra la enfermedad. Un amigo de juventud, Tomás, residente en Canadá, decide visitarle por última vez durante un corto viaje de cuatro días a la capital de España. Si la gravedad de la situación lleva a Tomás a tratar de convencer a Julián para que siga luchando contra la enfermedad, pronto la claridad en la exposición de la decisión de Julián le convence de que es estéril insistir en ello, ya que la valentía de Julián y su determinación es definitiva. Por ello Tomás, al igual que el propio film (también los sentimientos que experimenta el espectador), toman un camino insospechado, aunque completamente coherente con la filmografía de Gay y Aragay: el encuentro de Tomás y Julián pasa a ser un rencuentro entre amigos, donde nuevamente se ponen en evidencia los roles sociales que cada uno tiene en la vida, sus crisis existenciales y sus problemas sentimentales, para dejar de lado la gravedad de la muerte. Esta búsqueda de intrascendentalismo en los hechos reales (lo que piensan interiormente los personajes pero que no dicen), de “normalización” de aquello que no es normal, se desarrolla en la película mediante el dialogo, introduciendo lo cómico en lo trágico, sin dejar aflorar las lágrimas en lo melodramático.

Cesc Gay da libertad interpretativa a sus actores, confiándoles todo el peso del subtexto que apenas aflora en los diálogos. Si al principio Tomás trata de hablar sobre el cáncer, enseguida los temas de conversación se trasladan al problema de sus crisis existenciales: la futura orfandad del perro de Julián, Truman, la búsqueda de un dueño para el animal, sus desencuentros con la hermana, Paula (Dolores Fonzi), su separación de Gloria (Elvira Mínguez) y el amor que siente hacia su hijo (que vive en Ámsterdam). Tomás se mantiene en todo momento como apoyo, observador de Julián, quien parece hacer un último repaso de su vida. Dos encuentros casuales con amigos del pasado en un restaurante (uno que le evita por su enfermedad y otro que le muestra su sentimiento), el encuentro con su ex mujer y, sobre todo, el rencuentro con su hijo, dejan en evidencia el dolor debido a la pérdida por encima de esa falta de trascendentalismo que existe en el diálogo. El encuentro con su hijo en Ámsterdam es un ejemplo de esa intrascendencia del diálogo, que quiere mantener la vida en su funcionamiento normal sin exponerse al sufrimiento interior, pero que se rompe en un emotivo abrazo que deja toda esa intrascendencia en entredicho.

GERARDO CREMER

La visita al hijo residente en Ámsterdam, Holanda.

La visita al hijo residente en Ámsterdam, Holanda.

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