Raphael & Orquesta Sinfónica de Bilbao: Constante frenesí

Despechugado, satisfecho, de negro, por el epílogo (foto: Mr. Duck).

Despechugado, satisfecho, de negro, por el epílogo (foto: Mr. Duck).

Jueves 25 de febrero de 2016, San Sebastián, Kursaal, 21 h, entradas de 45 a 70 €.

No nos merecemos a Raphael. Lo pensé viéndole en el Kursaal, desde la fila 8, a un palmo, emocionado, como si el que suscribe fuese alguien poco acostumbrado a ver a figuras y estrellas de la música incluso de cerca. Mientras alucinaba yo suponía que así se sentiría la mayoría de los seres humanos ante sus ídolos (digamos también que casi no vamos, que casi no llegamos a tiempo, que no estábamos en la lista de la taquilla, que luego me dieron una localidad que ya estaba vendida y que Pato como fotógrafo debería abandonar el Kursaal si no había alguna butaca libre de alguien que no hubiera acudido… y al final se sentó a mi lado, qué suerte tiene). Y el público donostiarra que llenó el local, no solo compuesto de señoras mayores, también atravesado de melómanos, familias con niños que no se aburrieron durante las 36 canciones que cantó en 157 minutos (sin contar la coda orquestal) y varias parejas mixtas en cuadrilla, no se hartó de ovacionar en pie, de jalear cuando reconocía las canciones en su inicio, de corear (la señora mayor de detrás de mí desafinaba como una gallina, pero no importa: era feliz), de gritar olé y de lanzarle elogios y piropos: único, fenómeno, el clásico eres el mejorrrrr…

El respetable entregado, con razón, y los dos cañones de luz que enfocaban al ídolo (foto: Mr. Duck).

El respetable entregado, con razón, y los dos cañones de luz que enfocaban al ídolo (foto: Mr. Duck).

Desde que empezó el show supe que iba a ser excepcional. Nos cupieron en suerte e in extremis esas localidades excelentes, y como en el Kursaal la distancia respecto al escenario es mínima y la inclinación de la grada pronunciada, desde esa fila 8 se sentía linarense a un palmo. Desde ahí su sonrisa cegaba y sus aspavientos movían el aire. Y desde la primera canción se supo (supe) que iba a ser un concierto, un show, de lo mejor del año, del siglo, de la vida, porque el derroche de luz apabullaba, la sonorización perfecta y cristalina de la sinfónica mostraba todos los detalles (¡hasta los tañidos del arpa, por ejemplo en ‘Provocación’!), la voz de Raphael no raspaba esa noche y el frenesí del respetable, que fue constante, contagiaba, enloquecía y todo el tiempo mantuvo cientos de móviles inmortalizando el evento, ora en foto fija, ora en video de 360 grados para documentar la locura colectiva. No exageramos: había un señor muy mayor en la fila 5 o así que en varios momentos se puso en pie, como si estuviera él solo en su habitación, o actuando en un karaoke, para cantar títulos que le enardecían y despertaban su juventud.

La foto favorita de Pato, entre las 550 que disparó (foto: Mr. Duck).

La foto favorita de Pato, entre las 460 aprox. que disparó (foto: Mr. Duck).

Apoteósico durante dos horas y media, Raphael (Miguel Rafael Martos Sánchez, Linares, Jaén, 72 años, 55 años de profesional), al que apuntaban dos cañones de luz (como AC/DC, como los Rolling, como los Status…), dijo que le gusta evolucionar, pero en realidad reinterpretó las mismas canciones de casi siempre (faltó la del espejo, vaya, qué pena la de Pato), sus ‘joyas de la corona’, como las define él, las mismas que le hemos visto interpretar a dúo con el piano, con banda de rock yeyé, con banda con metales, con pequeña orquestina y ese jueves con gran sinfónica idóneamente arreglada por su hijo, Manuel Martos.

Pose usual del cantante con 55 años de profesionalismo (foto: Mr. Duck).

Pose usual del cantante con 55 años de profesionalismo (foto: Mr. Duck).

‘Sinphónico’ (Universal, 15),

‘Sinphónico’ (Universal, 15),

El disco, titulado ‘Sinphónico’ (Universal, 15), suena tristón y apagado, o sea melancólico y nostálgico, pero lo que se reprodujo en vivo (felicidades a la BOS) rebosó alegría, suntuosidad, diversidad… Buah, en esos arreglos y orquestaciones versátiles ejecutados por una BOS cuyos profesores saludaron en pie a menudo durante las dos horas y media y cuyo director estaba pendiente del divo jienense y a veces hasta se giraba con la batuta enhiesta pendiente de cuándo iba a empezar a cantar, en tales orquestaciones versátiles se cataban la españolidad de Waldo de los Ríos (‘Mi gran noche’), ambientaciones dramáticas propias de Morricone (‘Digan lo que digan’), la emotiva aparatosidad de John Williams (‘No puedo arrancarte de mí’) y acompañamientos dignos de James Bond (‘Estuve enamorado’, de ti, pero ya no siento nada, y la gente la coreaba con aire de fiesta), de Burt Bacharach (‘Detenedla ya’, un ‘Escándalo’ en el que Raphael rapeó y donde el señor provecto de la fila 5 se puso en pie otra vez, y donde el linarense volvió a echar al director de su tarima y a arrebatarle la batuta) o de Sinatra en Capitol (‘Hablemos del amor’) y en Reprise (‘Maravilloso corazón’, con jolgorio comunitario y segunda expulsión del director).

El cantante jienense arrebatando la batuta al director de la orquesta que contrató por tres días para su gira vasca ante 6000 personas en total, la Orquesta Sinfónica de Bilbao (foto: Mr. Duck).

El cantante jienense arrebatando la batuta al director de la orquesta que contrató por tres días
para su gira vasca ante 6000 personas en total, la Orquesta Sinfónica de Bilbao (foto: Mr. Duck).

Vestido de negro («como Johnny Cash», observó Pato), Raphael, en plena forma física y vocal y poco hablador, arrancó con traje y corbata y acabó despechugado mientras desplegaba bastantes de sus recursos: miró al público con cara de pensador y de niño travieso, bailó en corto y regaló remates toreros, paseó por el borde del escenario, entró y salió repetidamente de escena para recibir ovaciones con cara de sincera felicidad así como diciendo ‘es que me sobro’, entonó sentado en una silla con ruedas (la mentada ‘No puedo arrancarte de mí’, y qué bronca echó al final a la pobre silla) y también sobre un par de escalones junto al piano, a una voz y desde la parte culpable funcionó como Pimpinela en los reproches y justificaciones del adulterio (‘Y fuimos dos’), no bajó la intensidad con los dúos al piano (‘Por una tontería’, otro adulterio) ni a la guitarra (‘Gracias a la vida’)…

Golpeando a la guitarra en el tango a lo Depedro ‘Cuando llora mi guitarra’ (foto: Mr. Duck).

Golpeando a la guitarra en el tango a lo Depedro ‘Cuando llora mi guitarra’ (foto: Mr. Duck).

… resultó hilarante en su faceta de personaje fiel a sí mismo (‘¿Qué tal te va sin mí?’, tras la cual saludó con cara de circunstancias y cuya letra adaptó a la mitad espetando «no te esperaba aquí, aquí en Donosti, tan de repente»), impostó acento argentino en la segunda tanda a la guitarra folk (voz portentosa puso en ‘Que nadie sepa de mi sufrir’, golpeó a la guitarra en el tango a lo Depedro ‘Cuando llora mi guitarra’), acentuó su teatralidad al extremo (‘Qué sabe nadie’), absorbió los coros del gentío excitado (‘Yo soy aquel’) y se despidió con un ‘Como yo te amo’ superior, pero no tanto como otras veces, canción en la que una señora de la primera fila le tendió la mano, él se la estrechó y ella se volvió llorando como si hubiera tocado a Jesucristo.

Raphael en el seno del haz de luz divina (foto: Mr. Duck).

Raphael en el seno del haz de luz divina (foto: Mr. Duck).

Y con tales emoción y satisfacción perdurables e inolvidables acabó el primer concierto de la minigira vasca de tres días de Raphael con la BOS (Orquesta Sinfónica de Bilbao), que ha cosechado gran éxito de público el jueves en San Sebastián (agotado el Kursaal: 1806 butacas), el viernes en Vitoria (el gran Buesa Arena con aforo limitado a 2.900; una hora antes del show iban 2.100 vendidas, vi en Internet) y el sábado en Bilbao (Euskalduna agotado con más de un mes de antelación: 2164 butacas). Chapeau

OSCAR CUBILLO

Entrevista previa de Raphael concedida al diario vitoriano ‘Noticias de Álava’

Respetable, vocalista, sinfónica e iluminación en una unidad apelmazada, empastada (foto: Mr. Duck).

Respetable, vocalista, sinfónica e iluminación en una unidad apelmazada, empastada (foto: Mr. Duck).

El puestito de merchandising en el lobby, a la salida (foto: Mr. Duck).

El puestito de merchandising en el lobby, a la salida (foto: Mr. Duck).

 

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