Lang Lang: Frío, fiel y variable

Lang Lang probando el piano antes del show en el Euskalduna que agotó sus 2.164 butacas (foto: Facebook BOS).

Lang Lang probando el piano antes del show en el Euskalduna, que agotó sus 2.164 butacas (foto: Facebook BOS).

Domingo 28 de febrero de 2016, Bilbao, Palacio Euskalduna, 19.30 h, entradas de 25 a 80 €.

Dando por supuesta la obligada fidelidad a la partitura de los intérpretes de música clásica y dejando al margen las preferencias subjetivas personales (si al oyente le agrada más el romanticismos que el barroco, por ejemplo; es decir, que al amigo Gerardo Cremer Tchaikovsky le complace de modo consciente y al que suscribe Chopin sin saberlo, se me ocurre), lo cierto es que en el recital dominical en el Palacio Euskalduna de la supernova de la escena culta contemporánea, el pianista chino de 33 años Lang Lang, dio la sensación de que en la primera parte de la cita ofició con mayor frialdad, con una postura impostada, dejándose ver (mirar) con cierta querencia exhibicionista, inusual en una persona china generalmente reservada, huidiza incluso, y que en la segunda parte su indudable técnica resultó más cálida y expresiva, más sincera, lo que se percibió en sus gestos de agradecimiento y se certificó en las más intensas ovaciones del respetable, que por entonces empezó a jalearle con bravos.

El estelar y actual Lang Lang (Shenyang, 14 de junio de 1982), un prodigio precoz que toma clases desde los tres años y que a los cinco ganó el concurso de su ciudad (de más de ocho millones de habitantes, ¿eh?, dos millones más que Holanda), una burbuja coyuntural en opinión reservada de pianistas clásicos de pedigrí, regresó a España para una gira de 6 conciertos (dos en Barcelona y uno en Bilbao, Madrid, Valencia y Oviedo) patrocinada por una empresa de seguros (Allianz). El domingo también repitió en Bilbao, y aunque algunos melómanos protesten por su reiteración en la villa, lo cierto es que se agotó el taquillaje para verle: las 2164 entradas sobre todo adquiridas por un respetable femenino y veterano (experto) que para entrar al recinto hizo paciente cola con sus paraguas bajo la lluvia.

Lang Lang, para algunos una burbuja mediática, feliz al dejarse ver (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Lang Lang, para algunos una burbuja mediática, feliz al dejarse ver
(foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

El recital del pianista chino duró 131 minutos, contando los 23 del intermedio en el que se aprovechó para afinar el instrumento. Apareció vestido de corte elegante pero desenfadado y juvenil al modo del jazzman Jamie Cullum, y el triunfo estuvo cantado de antemano, aunque insistimos en que se lo mereció más en la segunda parte. Además, entre los saludos del artista, las reverencias, los brindis con dos manos a los palcos altos como si fuese un torero, el tocarse el corazón y el salir y entrar de escena, regaló dos bises fuera del programa, ambos cálidos y destacados: el primero, al que calificó de cubano, fue tropicalón y tuvo trazos de ‘El manisero’ como si lo ejecutara Bebo Valdés, y el segundo fue un vals de Chopin empotrable en el cine mudo.

Su recital no es que cursara como la noche y el día, pues se mantuvo la técnica virtuosa y trabajada, pero tuvo dos partes claramente diferenciables, ya se ha dicho. La primera estuvo compartida por piezas de Tchaikovsky y Bach, y Lang Lang se atuvo a las partituras, que se sabía de memoria. Uno de los innovadores pioneros e incluso rupturistas de la clásica fue Tchaikovsky (1840-93), a su vez uno de los compositores de mayor influencia en el cine (con Wagner) gracias a su imitación de los sonidos de la naturaleza, por ejemplo. De Tchaikovsky Lang Lang eligió ‘Las estaciones’ y pulsó los marfiles retardando (remarcándolo incluso mediante los afectados y presuntamente emotivos movimientos a cámara lenta de su cuerpo sentado y arqueado) y marcando calderones exagerados como si estuviera voluntariamente ante un voyeur en lo que fue una interpretación de cariz sensitivo y descriptivo, con cambios de ritmo a veces tan bruscos que un pasaje resonó al ragtime.

Lang Lang, de 33 años, saludando antes del descanso (imagen de móvil: O.C.E.).

Lang Lang, de 33 años, saludando antes del descanso (imagen de móvil: O.C.E.).

En resumen, Tchaikovsky puro y duro, al igual que arquetípica resonó la selección de Bach (1685-1750), ‘Concierto italiano en fa mayor’, un fragmento barroco con contrapuntos, arpegios presumidos y la mirada orgullosa del oriental al luengo y poco pronunciado graderío del Euskalduna.

Tras el descanso, la segunda parte la protagonizó Chopin (1810-49) y pareció que Lang Lang había cambiado de ánimo. ¿O nos habían cambiado de chino? ¿Acaso tiene un gemelo secreto? Se le percibió menos distante en el rostro y más cálido en la mirada, y sus virtuosismos tuvieron sentido desde los arpegios del ‘Scherzo nº 1 en si menor’ hasta el dramatismo expresivo e hipertécnico del ‘Scherzo nº 2 en si bemol menor’, que fue premiado por la ovación más rota y con bravos que se repetirían ya hasta el adiós en un epílogo en el cual Lang Lang fue romántico e introspectivo, o lírico cual colibrí (‘Scherzo nº 4 en mi mayor’), o incluso caribeño en el bis, ya lo saben.

ÓSCAR CUBILLO

Lang Lang después del recital, saludando a profesores de chino en el País Vasco (foto: Facebook BOS).

Lang Lang después del recital, posando con profesores de chino en el País Vasco (foto: Facebook BOS).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: