Orquesta Sinfónica de Euskadi: Selección cinemática austro-vasca

El escenario minutos antes de empezar la velada, desde mi localidad de 15,50 € (imagen de móvil: O. C. E.).

El escenario minutos antes de empezar la velada, desde mi localidad de 15,50 € (imagen de móvil: O. C. E.).

Lunes 14 de marzo de 2016, Bilbao, Palacio Euskalduna, 20 h, entradas de 7 a 24 €.

Buen director de notable personalidad y vistosa presencia sobre el podio parece el estadounidense Robert Trevino, de unos 33 años y creo que nacido en Venezuela (oculta ambos datos y su apellido primigenio debe ser Treviño), que el lunes ofició como invitado en el Euskalduna al frente de la Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE), en plena gira vasconavarra de cinco fechas (Bilbao, Pamplona, San Sebastián –dos noches en la sede de la sinfónica- y Pamplona). Robert Trevino dirigió un programa triple forzadamente nominado ‘Conexión vasco-austríaca’. En total se prolongó 109 minutos desde que salieron los músicos hasta que marchó el público (incluyendo el descanso y los tres minutos de aplausos finales) para tres piezas: Gaigne (psicodélica), Ravel (tradicional) y Bruckner (convencional).

En la primera, con el director invitado Robert Trevino / Treviño en el podio (imagen de móvil: O. C. E.).

En la primera parte, con el director invitado Robert Trevino / Treviño en el podio (imagen de móvil: O. C. E.).

La primera parte estuvo mucho mejor, sólo había que escuchar las opiniones del respetable maduro y muy femenino al abandonar el Euskalduna. La OSE abrió con ‘Hypnos Variation’ (10 minutos según el programa), dedicada a Mikel Laboa por Pascal Gaigne (Caen, 1958), compositor residente en San Sebastián, músico escudero actual de la cantante vasca Amaia Zubiria y autor de muchas bandas sonoras. A banda sonora surreal de Dalí con Hitchcock sonó esta su pieza de cuerdas psicodélicas hasta lo onírico, con epílogo étnico de pífanos amazónicos en fade out. Clásica por canónica fue la tanda de ‘Valses nobles y sentimentales’ (16 minutos) de Maurice Ravel (Ziburu, 1875-París, 1937), dotada de alegría cinemática, desde lo barraquero (feriante) hasta lo bucólico y suntuoso, una tanda a menudo parangonable con Strauss (de hecho Ravel la escribió pensando en Schubert). Y tras el intermedio se cerró con la ‘Sinfonía nº 7 en mi mayor’ (64 luengos minutos), la ‘Lírica’ del austríaco Anton Bruckner (Ansfelden, 1824 – Viena, 1896), también cinemática, con arranque al gusto del Morricone moroso y gradación meditada hasta lo wagneriano e incluso lo marcial (no en vano, Bruckner deseó tributar al alemán, muerto mientras se ocupaba de esta partitura). «La segunda parte no me ha gustado nada», manifestó una dama a una amiga nada más cruzar la puerta de salida.

OSCAR CUBILLO

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