Alberto Cortez: Nueva vida

El pianista Fernando Badía y Alberto Cortez ocuparon la mitad izquierda del escenario (foto: Mr. Duck).

Desde la fila 14: el pianista Fernando Badía y Alberto Cortez ocuparon la mitad izquierda del escenario (foto: Mr. Duck).

Jueves 7 de abril de 2016, Bilbao, Teatro Campos, 20 h, entradas de 25, 30 y 35 €.

BEV ALBERTO CORTEZ REGRESO CARTEL(Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de España en 2015 -un galardón concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y aún no lo ha recibido porque el Gobierno está en funciones-, el gran Alberto Cortez (Rancul, La Pampa, Argentina, 1940; vive en Madrid hace más de medio siglo) retornó a Bilbao con un programa nominado ‘El regreso’, primera piedra de una gira mundial que le llevará por diversas capitales españolas y después por Italia, México, Ecuador y Estados Unidos. Le acompañará el pianista Fernando Badía, también escudero de José Luis Perales)

 

En el texto que sigue se citan los 25 títulos que cantó Cortez.

 

Tres cuartos de entrada con mayoría femenina y veterana en el Teatro Campos el jueves, el día de partido de la máxima en campeonato europeo, Athletic-Sevilla (1-2, en el metro de vuelta a casa nadie con bufanda rojiblanca hablaba palabra), para atestiguar ‘El regreso’ de Alberto Cortez (Rancul, La Pampa, Argentina, 1940), repertorio así bautizado porque en Bilbao ha iniciado una nueva gira mundial tras tres años de retiro. Una nueva vida. Como dijo desde la palestra: «Han sido casi tres años sin posibilidad de subir a un escenario. En Bilbao intentaré recuperar el tiempo perdido. Proust decía que no se puede, pero con tanto afecto, amor y asistencia de gente, sí se puede», zanjó.

Según se levantaba el telón ya estaba el artista dispuesto sobre el escenario, y nos sorprendió con su voz de barítono. En total, en 103 minutos espigó 25 canciones, contando las últimas, entonadas a vuela pluma y en semipopurrí: ‘Los ejes de mi carreta’ (de Atahualpa Yupanqui), ‘No soy de aquí’ (compuesta por su amigo Facundo Cabral y coreada por el gentío; «si quieren acompañarme…», les brindó el actuante), ‘Las palmeras’ («tan benditas que me han permitido permanecer en el recuerdo de todos ustedes»), ‘Castillos en el aire’ (ragtime con palmas del respetable, las luces encendidas y la petición de Cortez de que chasqueáramos los dedos) y ‘Cuando un amigo se va’ (dramática despedida). Ya ven qué nivel, y eso que eran las que lanzó con aire improvisado.

El maestro pampeano Alberto Cortez no se levantó en la hora y tres cuartos de regreso (foto: mr. Duck).

El maestro pampeano Alberto Cortez no se levantó del trono en la hora y tres cuartos de regreso (foto: mr. Duck).

El dúo oficiante ocupó la mitad izquierda de un escenario grande que llenaron con su presencia. Escoltado por el pianista Fernando Badía (también de José Luis Perales), Cortez dio un concierto menos conmovedor que el de mayo de 2012 en el mismo local, cuando llegó mal de salud, moqueando, obeso, desafiando a la vida en una actuación que se intuía memorable desde el primer momento (así lo contamos, y le entrevistamos, y entonces Pato tenía una cámara peor). Este jueves, más flaco por una operación pero con peor movilidad (no se despegó de su taburete), Cortez se mostró seguro, con voz de barítono más asentada e intercalando fallitos, quién sabe si premeditados, pero que el atribuyó a la vejez, caso de carraspear a mitad de una canción o perder el hilo de las luengas letras por no tener puestos los anteojos para mirar el atril.

Quede claro: fue un estupendo recital. Con el pianista al principio yendo a su bola (la inaugural ‘Distancia’, y la segunda, ‘A mis amigos’, dramática y añorante, una de las tres canciones donde se calificó de cigarra), pero a la postre demostrando versatilidad y conjunción con el maestro. Una cita en que habló sobre la vida y el devenir con la nostalgia del paso (y el peso) del tiempo y la creencia en el amor. Le quedaron estupendamente ‘En un rincón del alma’ (lírica, romántica), ‘Los demás’ (un zasca magistral a la soberbia endógena, una letra irónica y autocrítica, una caricatura con el que se jodan los demás que fue premiada con los primeros bravos; este es un montaje de YouTube), ‘La vejez’ (o sea «la más dura de las dictaduras», aquí interrumpieron los aplausos anticipados del público), ‘La canción de las cigarras’ (y su piano de cámara), ‘Amor, mi gran amor’ (el segundo culmen de la velada, dramático a lo Raphael, con perdón para el gran vate argentino si no le complace el parangón con el cantante linarense), ‘Instrucciones para ser un pequeño burgués’ (un cuento moral similar a ‘Los demás’, un cabaretero e irónico catálogo de ‘sugerencias primarias’ -sic- entre las que caben el inglés, el chalé, la amante, la secretaria…), ‘El abuelo’ (una vida entera de ida y vuelta: Galicia-Argentina-Galicia; quizá esta recibió la ovación más larga) o el cuasi tango ‘Lupita’ (que se iba a titular ‘Conchita’, explicó, y que comprime dos vidas en una canción, y que Cortez ya entonó en 2012 aunque el jueves dijera en la presentación que la cantaba por primera vez en Bilbao).

El respetable ondeando las manos en el penúltimo tema, el 24º, ‘Castillos en el aire’ (foto: Mr. Duck).

El respetable contento ondeando las manos en el penúltimo tema, el 24º, ‘Castillos en el aire’ (foto: Mr. Duck).

El gran Cortez parece que quedó satisfecho de su reaparición («muchas, muchas, muchas, muchas gracias» dijo varias veces), aunque podríamos decir que no descolló tanto en temas como ‘Mi árbol y yo’ (el tercero, cuando se le notó frágil, tremolante, algo teatral en la interpretación), ‘Eran tres’ (los Pablos: Picasso, Neruda y Casals, quizá le quedara afectado), ‘Debe ser el chacolí’ (una tonadilla que dedicó a un principiante Patxi Andión; una de las dos veces que habló explícitamente de su conexión con lo vasco; la otra fue cuando se refirió a una abuela suya de Irun que se apellidaba Lauburu, que es el tercer apellido del pampeano-madrileño), ‘Daniel, un chico de la guerra (Malvina)’ (un retrato misericordioso sobre un viejo que vive en la calle; Cortez la presentó como un estreno, pero se refería a que es un tema antiguo que hace mucho años no interpretaba) o ‘Callejero’ (un perro, no más).

Pero otros títulos mantuvieron un buen tono que ya desearían para sí la mayoría de los cantantes: ‘A partir de mañana’ (una oda al hedonismo inteligente con piano jazz, una metáfora de la situación actual de Cortez; «grande maestro» le gritaron aquí), ‘La vida’ (con su larga introducción recitada), ‘Como la cigarra’ (un original de la argentina María Elena Walsh que cantó después del cáustico discurso contando las veces que habían informado en prensa de que había muerto), ‘Como el primer día’ (un drama a tempo tango, una pieza romántica y culta), o ‘Te llegará una rosa cada día’ (ovacionada al instante de reconocer la letra).

Muy buena, muy gozosa y muy esperanzadora la reaparición del maestro Cortez en Bilbao, todo un privilegio para la ciudad y sus melómanos.

OSCAR CUBILLO

Justo antes de irse, agarró el bastón y se incorporó del alto asiento. No hubo bis (foto: Mr. Duck).

Justo antes de irse, agarró el bastón y se incorporó del alto asiento. No hubo bis (foto: Mr. Duck).

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