Ilegales: Resucitados y en forma

Willy Vijande (bajo), Jaime Belaústegui (batería), Jorge Martínez (voz y guitarra) y Mike Vergara (teclados y guitarra) en el primer tema, ‘Los chicos desconfían’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Willy Vijande (bajo), Jaime Belaústegui (batería), Jorge Martínez (voz y guitarra) y Mike Vergara (teclados y guitarra)
en el primer tema, ‘Los chicos desconfían’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Sábado 14 de mayo de 2016, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 18-22 €.

La fuente mana: Marcamos al móvil del ovetense Jorge Martínez y le soltamos: ¿Por qué anunciaste la disolución definitiva de Ilegales y por qué volvéis cinco años después? «Bueno, a partir de 2003 la fuente se había secado y yo no veía canciones nuevas. Me parece que lo más honesto es no vivir de rentas. Lo obligatorio para cualquier artista sería dedicarse a buscar nuevos campos en los que desarrollarse. Creo que es lo lógico. Y dijimos que lo dejábamos porque ni las previsiones más optimistas predecían que la fuente fuese a dar más agua. Pero han empezado a manar canciones. Yo me negaba porque soy muy cabezón y en los bares de noche he llegado incluso a las manos con gente que decía que tenía que tocar con Ilegales. Lo que me ha obligado a volver a la banda es que me han vuelto a aparecer canciones. Primero poco a poco y luego ya de manera torrencial. En un momento había 21 canciones y me dije: ‘ahora tengo que aceptarlo’. Y llamé a la banda. Nos pusimos a trabajar y todo fluía. Como tengo un estudio propio grabábamos sobre la marcha, nos íbamos a tomar copas al bar, y volvíamos a grabar. Las canciones se abrieron paso. Tenía para un par de LPs. Pensamos volver con un LP doble, pero me pareció un ejercicio de chulería excesivo. Aunque el rocanrol es arrogancia, me pareció demasiada». Once caben en ‘La vida es fuego’, cuya gira triunfal en cuarteto agota aforos de bolos de menos de dos horas. «Las canciones van muy rápidas, unidas. Para eso hay que tener buena forma y yo la tengo por bucear en el Cantábrico». O. C.

En el segundo tema, el novedoso ‘En el bar’, con el benjamín Vergara ya a la guitarra (imagen de móvil: O.C.E.).

En el segundo tema, el novedoso ‘En el bar’, con el benjamín Vergara ya a la guitarra (imagen de móvil: O.C.E.).

Pues eso, que resucitados tras un lustro desaparecidos (en el que el inefable guitarrista lo intentó como Jorge Ilegal y Los Magníficos; así le vimos y entrevistamos en 2012), los Ilegales actuaron el sábado en el Kafe Antzokia, en la gira de su nuevo disco, ‘La vida es fuego’, del que varias canciones sonaron entre las 32 ejecutadas en 110 minutos. El bolo apenas lanzó parlamentos al respetable mixto, «de cierta edad» (dijo un riojano) y atrabiliario: no cumplía las reglas de convivencia, al final se desbordó en pogos punkis y acabó viendo el show casi dentro del escenario. Ilegales fueron al grano, en cuarteto, con Willy Vijande al bajo 23 años después (su último bajista, Alejandro Espina, falleció de muerte súbita justo antes de arrancar esta gira; «entre la depresión y el rock and roll, elijo el rock and roll», alegó el líder calvo y espigado Jorge Martínez) y con el refuerzo de Mike Vergara, un chaval que se ocupa de guitarras y teclados en plan pluriempleado estresado.

Hum… Siempre ha aparecido La Parca en las letras de Ilegales, ya sea la amenaza de la muerte física (tarantiniana ‘Si la muerte me mira de frente me pongo de lao’), o la muerte colectiva (el triste reggae afterpunk ‘Europa ha muerto’), o la muerte del alma (la alienación que se cierne sobra tantas de sus canciones). Ese, el de la muerte, es el último ratio de una lírica que a veces apuesta por una violencia propia de ‘La naranja mecánica’ y que se desliza por un surrealismo (‘Soy un macarra’) provocado por el consumo de las drogas (‘Dextro-anfetamina’). Serios sobre el tablado, sin apenas hablar (la primera tanda de nueve temas la ejecutaron en media hora y entonces pararon un rato: Jorge se secó la calva, agarró el cubata y soltó que eran la mejor banda de rock and roll con una arrogancia que ni Loquillo), los asturianos Ilegales facturaron rock que hiela el espíritu (esas baladas clásicas como ‘Yo soy quien espía los juegos de los niños’ –Jorge sostuvo el punteo introductorio y la peña coreó la letra con énfasis a la frase de Eurovisión, que se celebraba justo a la misma hora-, esos lentos marca de la casa como el fantasmagórico y novedoso ‘El teléfono y el mal’), se reivindicaron como gran valor de los 80 al tocar su hit ‘Tiempos nuevos, tiempos salvajes’, picaron en el surf y el rockabilly (‘Eres una puta’, se la sabía todo el mundo), blues (‘Voy al bar’) y garaje motero (‘El demonio’; al presentarla Jorge negó que él lo fuera), y marcaron su intransferible sesgo sincopado guitarrero que atraviesa el corazón del oyente (que lo empala).

Jorge al borde del tablado al final de ‘Yo soy quien espía los juegos de los niños’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Jorge al final de ‘Yo soy quien espía los juegos de los niños’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Elegantísimo, delgadísimo y encorbatado, Jorge Martínez puso poses a lo Wilco Johnson o Pete Townshend, además de caras de volado y ojos desorbitados («el rock and roll animaliza el rostro», aseguró al final), sonó actual (‘Vuelve a Irlanda’, superior a la media indie nacional) y a veces afterpunk (‘Chicos pálidos para la máquina’), su lírica fue comiquera (‘El número de la bestia’, luego ‘Bestia, bestia’), panfletariamente punki (‘Hacer mucho ruido’) y hasta filosófica (‘Agotados de esperar el fin’ y la tristeza inherente en tantos otros temas), y empuñó tres guitarras: Stratocaster, Les Paul (la agarró en el tema 21, justo cuando llevaba tocando una hora; se le rompió una cuerda en ‘La chica del club de golf’’, o sea en la de yo llevo burbujas, pero en la vena) y SG (la agarró en el tema 25: ‘Revuelta juvenil en Mongolia’). Se despidió diciendo ‘Ilegales, desde 1982’, se puso a saludar a los fans que se subían al escenario, y se dejó convencer para otro bis: ‘Problema sexual’, con la peña coreando e invadiendo la escalinata (aquí va un YouTube de ese momento).

OSCAR CUBILLO

Saludando antes de los bises, justo al acabar ‘Tiempo nuevos, tiempos salvajes’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Saludando antes de los bises, justo al acabar ‘Tiempo nuevos, tiempos salvajes’ (imagen de móvil: O.C.E.).

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