Buika: Gracias por la bendición

María Concepción Balboa Buika, 44 años, nacida en Palma, residente en USA (foto: Domi Alonso / Teatro Arriaga).

María Concepción Balboa Buika, 44 años, nacida en Palma, residente en USA (foto: Domi Alonso / Teatro Arriaga).

Domingo 15 de mayo de 2016, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de 15 a 40 €.

(Concha Buika llegó al País Vasco en una minigira de dos conciertos por España, los únicos de momento, presentando ‘Vivir Sin Miedo’, una ambiciosa producción coproducida por ella misma junto a Martin Terefe (Coldplay, James Blunt), en la que canta en inglés, en castellano y en spanglish, y que cuenta con colaboradores como Jason Mraz y Meshell Ndegeocello)

Lleno se veía el domingo el Teatro Arriaga con sus 925 butacas vendidas para el concierto de la cantante de sangre ecuatoguineana Buika (Palma de Mallorca, 1972), que ahora vive en Estados Unidos. Se ocuparon las mejores localidades y el gentío (no sólo mujeres, aunque eran mayoría) salió satisfecho y por el epílogo del show ovacionaba a rabiar al acabar las canciones y exigió un bis que arrancó cuando las luces ya se habían encendido. Resultó extraño, porque apenas hubo interacción durante la ejecución de esas canciones, ni entre una Buika como ensimismada, distraída, y su banda que la miraba con prevención (señal de que el repertorio no estaba muy ensayado), ni entre ella y el respetable (que, insistimos, estuvo silente, estático, frío y mudo durante sus intervenciones), ni entre ella y el local (lo que ofreció e improvisó fue más propio de un club o de un bolo al aire libre que del marco de un teatro).

Sus escuderos no quitaban ojo a la cantante; aquí el guitarra fuera de plano (foto: Domi Alonso / Teatro Arriaga).

Sus escuderos no quitaban ojo a la cantante; aquí el guitarra fuera de plano (foto: Domi Alonso / Teatro Arriaga).

Buika interpretó 13 piezas en 115 minutos planos, lineales y con mal sonido, escoltada por un sexteto en semicírculo con ella en el centro, adelantada, con un trombonista que sobró (daba la sensación de ser un fichaje in extremis que no conocía el repertorio), dos percusionistas que ni se enredaron entre ellos ni crearon sustratos bullentes (con qué miedo miraba el del cajón a Buika), un guitarra que hizo un punteo a lo Robben Ford y nada más destacable, y un teclado que tampoco se hizo notar. Apoyada en tal ensemble sin elaborar ni ensayar, la zalamera Buika («guapos todos vosotros», nos llamó al saludar), con 44 años recién cumplidos, cantó ronca, de modo aburridísimo, sin ninguna gradación, en plan Chambao orgánicos y a veces a lo Bebe mestiza, en lo que fue una suerte de fusión mestiza timorata con intención (frustrada) de mover al baile.

Buika, como ella canta, jodida pero contenta (foto: Domi Alonso / Teatro Arriaga).

Buika, como ella canta, jodida pero contenta (foto: Domi Alonso / Teatro Arriaga).

María Concepción Balboa Buika, tatuada y ubérrima en su vestido escotadísimo, ofició plena de contradicciones: tierna y presuntuosa (cuando informó que iría a tocar a Beirut, y a Perú como Concha Piquer), provocadora y vulnerable, y sensual y espiritual (se palmaba el cuerpo, cantaba de Dios, y deseó: «Dios os bendiga a todos mucho. Todo el tiempo»; gracias Buika por la bendición). En su dilatado, moroso y alargado bolillo con mucho relleno hubo blues a lo Miles Davis (la inaugural ‘Vivir sin miedo’), un poco de rap, lapsos instrumentales sin pegada, reggae (‘Death Is Not The End’), scat jazzístico de raíz africana (‘Si volveré’), persecución de un groove que siempre se escapó, drama exagerado y varios chillidos, una rumba salsera (lo mejor cayó en el primer bis, cuando resultó que en vez de una banda chill out eso era un grupo verbenero latino), trazos flamencos, el trinque de la copla española y derivados (‘Ojos verdes’, ‘Siboney’, o un ‘Que nadie sepa mi sufrir’ de lo peor, paradísimo, pero cuyo alarde final se premió con la mayor ovación, paradójicamente) y más títulos tipo ‘Jodida pero contenta’, ‘Mi niña loca’ o ‘Loca’. Fue una sesión sin definir con una banda que no funcionó como tal y con un sonido malo para disimular que el repertorio estaba cogido por los pelos, seguramente.

OSCAR CUBILLO

 

 

 

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