Il Divo: Gala televisiva

David Miller (californiano), Carlos Marín (español), Urs Bühler (suizo, que antes era heavy) y Sébastien Izambard (francés) (Foto: Facebook BEC).

David Miller (californiano), Carlos Marín (español), Urs Bühler (suizo, que antes era heavy) y Sébastien Izambard (francés)
(Foto: Facebook BEC).

Miércoles 8 de junio, Barakaldo, Bilbao Exhibition Centre (BEC), 22 h, entradas desde 50 a 95 €.

Concierto extraordinario el de Il Divo en su escala del miércoles en el BEC baracaldés ante unas 3000 personas, escasas para las esperables y merecidas para un apuesto grupo multinacional (un suizo, un francés, un americano y un español, como en los chistes de antaño), para un cuarteto de bel canto que pone su talento al servicio del pop mainstream, que se formó en Inglaterra en 2003 y que, hace un año y según la Wikipedia, ya había vendido «más de 35 millones de copias en todo el mundo y cosechado más de 160 Discos de Oro y Discos de Platino en 35 países».

El puesto de merchandising, con tazas, camisetas, discos, bolsos… (imagen de móvil: Mr. Duck).

El puesto de merchandising, con tazas, camisetas, discos, bolsos… (imagen de móvil: Mr. Duck).

Había muchos claros en las gradas y, para achicar espacios, el escenario parecía adelantado y cortinones negros ocultaban grandes espacios vacíos en los graderíos. Empero la respuesta, tan justa de número como sobrada de entusiasmo (algunas señoras de edad se comportaban a gritos igual que fans adolescentes), Il Divo ofrecieron un espectáculo de superlujo, sin escatimar gastos: cuatro cañones de luz (uno para cada voz), ostentación luminotécnica, tres pantallas led de una resolución pasmosa, tres cámaras que sabían dónde enfocar en cada momento de una actuación claramente guionizada y coreografiada (si no, de qué esa exactitud en los planos), una orquesta con 18 miembros más su director, un cuerpo de baile de 8 componentes (tres varones y cinco damas, todas ubérrimas; «¿has visto qué técnica?», dijo un divo tocándose el pecho en un chiste sexista en plan Los Panchos), y un sonido esplendoroso (en un momento oí diáfanamente batería, manto de cuerdas y percusión, como en alta fidelidad).

Los cuatro guaperas del classical crossover en acción en el BEC (imagen de móvil: Mr. Duck).

Los cuatro guaperas del classical crossover en acción en el BEC (imagen de móvil: Mr. Duck).

Como bien diagnosticó Pato: «Esto parece una gala especial de Nochevieja». En efecto, no solo por la elegancia en la indumentaria (tres modelitos vistieron cada uno de los cuatro protagonistas), sino también por sus palabras a la cámara, su interpretación propia de Operación Triunfo (Bustamante a menudo, a ratos Bisbal), por el concurso de piropos (aquí las pantallas captaron a una espectadora riéndose), por algunos videos de apoyo a las canciones, por no pocas imágenes de cariz publicitario artie, o por las distintas poses y distribuciones en escena de los oficiantes principales (desperdigados en la esquina del escenario, sentados en las escaleras…) al desgranar hasta las 29 piezas que sonaron en dos horas y tres cuartos, contando el descanso de más de veinte minutos y la obertura instrumental a modo de popurrí de lo que vendría. De las dos partes, la primera fue mucho mejor que la segunda, que cursó más cansina, plana y reiterativa. Il Divo llegaron en la gira mundial de su séptimo álbum, ‘Amor & Pasión’ (Sony, 15), un repertorio de «boleros, mambo y tango» que les tendrá ocho meses en ruta, de febrero a noviembre, desde Dubai hasta California. Como presentó el español del cuarteto internacional, el barítono Carlos Marín, «es un disco muy sensual. La música latina es como la mujer española. Apasionada, sexy y romántica». Y, como informó otro coprotagonista sobre el concierto, «será divertido: por primera vez va a bailar Il Divo». Como en los programas de la tele, sí.

Una estatua adornando su canción ‘Caruso’ (imagen de móvil: Mr. Duck).

Una estatua adornando su canción ‘Caruso’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Cada uno de los cuatro cantantes tuvo su momento solista: Carlos Marín holló la cima de la cita con la versión del ‘New York, New York’ de Sinatra (y después los cuatro hicieron ‘My Way / A mi manera’, que no les quedó tan bien pero que estuvo adornada por fotos suyas muy glamurosas), y el americano David Miller ofreció lo más apropiado de la velada, un fastuoso ‘Nessun Dorma’, el final de la ópera ‘Turandot’ de Puccini que a menudo cantaba Pavarotti (esto me lo contó el señor Ortuzar, director del Palacio Euskalduna, sentado a mi izquierda). Y digamos que, a pesar de la escenografía propia de inauguración de Juegos Olímpicos, les quedó bastante bien el ‘Himno de la alegría’ que abrió el bis.

Rebobinemos. Tras la obertura suntuosa, los cuatro divos bajaron las escaleras como en un show catódico cantando un aparatoso ‘Bésame mucho’. Mejor les quedó luego el bolero ‘Contigo en la distancia’, muy televisivo y bailado ‘Quién será’, y grandioso ‘Historia de un amor’. El tema dedicado a ‘Caruso’ pareció publicitario, e inevitablemente aparatoso resultó ‘No llores por mí argentina’. Seguidamente enlazaron dos temas con coartada entre los entendidos: ‘A todas las mujeres que amé’… me sonó a Willie Nelson (¡porque era la que cantó con Julio Iglesias!), y ‘Halellujah’ de Jeff Buckley le salió muy pop y flotante, con uno de ellos a la guitarra eléctrica, pues además de cantar los de Il Divo tocaron piano, dos guitarras acústicas, ésta eléctrica y un bandoneón.

Carlos Marín en ‘New York, New York’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Carlos Marín en ‘New York, New York’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Tras la dupla sinatriana que conmemoraba el centenario de La Voz, que cayó en diciembre de 2015 (Carlos Marín contó en la larga introducción de un ‘New York, New York’ con bailarinas cabareteras que él era el único soltero del grupo porque en el matrimonio se pierde la pasión, y añadió que el sexo es igual que la Cocacola: primero normal, luego light y al final zero), llegamos al descanso y en la segunda parte se aflojó todo. Empezaron con un ‘Quizá, quizá, quizá’ catódico, encadenaron un par de tangos fallidos no solo por el acento (‘Por una cabeza’ y ‘Volver’), se atascaron en un tema aflamencado-fronterizo (‘Have You Ever Really Loved A Woman?’ de Bryan Admas), amasaron baladas (‘Isabel’) e himnos (‘Himno al amor’, de Piaf, en pantalla), no evitaron las horteradas veraniegas (‘La vida sin amor’, la del sonido diáfano; aquí pensé en Bisbal), arbitraron cuatro hits de sus pinitos que entonaron sobre sendos taburetes y abundaron en lo meloso (ese ‘Mama’, aunque ‘Passera’ les quedó bien con su deje de banda sonora a lo ‘Titanic’) y nos despertamos en el epílogo, con el citado falso final de ‘Turandot’ más una horterada aflamencada (el adiós en falso con ‘Regresa a mí’, con arreglos remedados por un teclado), y luego el bis doble abierto con el popular ‘Himno de la alegría’ (el único cantado por el gentío) y clausurado con el hit de classical crossover ‘Con te partiro’ de Andrea Bocelli y uno de Il Divo asiendo un banderín con una ikurriña, ni punto de comparación con la gran bandera española que ondeó Paul McCartney en Madrid. Fue un concierto apabullante que nunca olvidaré, en serio, de música clásica popular, suntuosa, melosa, ambiciosa, sobrecargada… Ah, Il Divo hicieron exactamente el mismo repertorio que conseguí de México, el 29 de febrero. Lo repetirán estos ochos meses, se supone.

OSCAR CUBILLO

Saludos antes del bis, cuando reaparecieron con chaquetas blancas (imagen de móvil: Mr. Duck).

Saludos antes del bis, cuando reaparecieron con chaquetas blancas (imagen de móvil: Mr. Duck).

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