Festival Music Legends / Los Lobos + Elliott Murphy + …: El festival de las sillas

Durante el bolo de David Lindley, en la barra, Elliott Murphy se presentó a a Graham Nash –la rubia es su chica- y éste no sabía quién era (foto Mr. Duck).

Durante el bolo de David Lindley, en la barra, Elliott Murphy se presentó a Graham Nash –la rubia es su chica-
y éste no sabía quién era (foto Mr. Duck).

Viernes 10 junio de 2016, Sondika, Centro Ola BBK, de 16.30 a 24 h, entrada de día 52 €, bono dos días 86 €.

BEV SLIM JIM PHANTOM cartel music legendsElliott Murphy y Los Lobos, triunfadores en la primera jornada del Festival Music Legends

 

Unas 500 personas acudieron el viernes al Centro OLA BBK para ver los cinco conciertos de la primera jornada de las dos del Music Legends BBK, que se celebra ahí para poner en el foco la labor que se desarrolla a favor de los discapacitados intelectuales, «para visibilizar a las personas con discapacidad intelectual que hacen uso de estas instalaciones», según rezaba un flyer que daban al entrar. El ambiente fue bueno (a pesar de las nubes amenazadoras no cayó una gota durante los conciertos y a las 8.11 de la tarde hasta se asomó un fugaz rayo de sol), los desplazamientos internos cómodos, la congestión nula, los precios inferiores a los de otros festivales (katxis de cerveza tostada a 6 euros, buenas salchichas alemanas a 3,50, por ejemplo), posibilidad de sentarse (un fotógrafo dijo que había 191 butacas ante el escenario, y también había muchas mesas y sillas bajo carpas y pórticos para tomar algo; ese parecía el festival de las sillas, por las que el segundo día hubo disputas, ya que acudió mucha más gente: 1.500-2000 personas), la camaradería era general y el estrés inexistente: al disponer de un único escenario, no había que correr de un lado para otro y tampoco se solapaban actuaciones ni ruidos de tablado a tablado.

Poca gente ante Amparo Sánchez, que abrió el festival (imagen de móvil: O.C.E.).

Poca gente ante Amparo Sánchez, que abrió el festival (imagen de móvil: O.C.E.).

La china de abrir plaza le tocó a la chica del cartel quíntuple del viernes, a la andaluza afincada en Cataluña Amparo Sánchez (46 años), ex Amparanoia. Al principio, si no llega a ser por los internos de la Ola y la multitud de periodistas y fotógrafos con txartelas colgantes de sus cuellos, habría habido sólo unos diez espectadores de abono. Pero eso pasa en todos los festivales, por ejemplo en el Azkena, que retrasó sus horarios vespertinos porque no merecía ni abrir las barras ante la poca peña que acudía a los primeros bolos bajo el sol. Amparo Sánchez, ex reina del mestizaje manonegrista español y hoy reconvertida en cantautora fronteriza, lideró un quinteto con trombonista y en una hora interpretó unas once canciones (varias iban unidas) en ambiente alicaído y gris, como una suerte de ensayo o prueba de sonido casi.

Pero ella no se recogió ni se encogió, sino que se entregó en lo posible hasta arrancar coros del escaso gentío mixto que tenía ante sí. Manufacturó rock fronterizo (‘Seguiré caminando’), apuntó a la fiesta afrancesada (‘El último cuarteto en París’), tuvo guiños manonegristas (listen to the beat…), reconoció que era «una responsabilidad enorme y un honor abrir este festival con estos artistas», lanzó mexicanadas (‘Que te den’, muy huajalote ella), se arrimó al rollo flotante de Howe Gelb y Calexico (‘Alma de cantaora’), logró su culmen con un rock sabrosón (‘Ella baila bembé’), versionó a Chavela Vargas (‘Tómate esta botella conmigo’, ronca, grácil y también etérea a lo Howe Gelf), y se despidió con cumbia (‘La parrandita de las santas’).

David Lindley, empequeñecido en el escenario, mientras sale por el pasillo un pipa de Graham Nash (foto Mr. Duck).

David Lindley, empequeñecido en el escenario, mientras sale por el pasillo un pipa de Graham Nash (foto Mr. Duck).

Tomó el testigo el guitarrista californiano David Lindley (72 años), colaborador de Ry Cooder, Warren Zevon, Jackson Browne, etc. Más que por su chocarrera camisa con decenas de elvispresleys estampados, Lindley sorprendió porque actuó en solitario, sin banda, de modo demasiado introspectivo: estuvo sentado en el centro del tablado, muy retrasado, y no dejó de mirar a su guitarra y a su buzuki, ocultando los ojos bajo la visera de su gorra de camionero. Fue la suya una intervención cansina, de siete temas con voz nasal en 62 minutos, más propia del Musiketan, con un repertorio que paseó por el country, el folk (a veces exótico, moruno) y el blues, claro. La peña, sentada ante el gran escenario, habló bastante y localizó entre los espectadores a Graham Nash con una acompañante mucho más joven que él, a Elliott Murphy con su escudero Olivier Durand, y a los Corizonas charlando, bebiendo y dominando la escena desde un balcón de la zona VIP.

David Lindley, saludando al acabar, con su camisa de elvispresleys estampados (foto Mr. Duck).

David Lindley, saludando al acabar, con su camisa de elvispresleys estampados (foto Mr. Duck).

Luego, tras una mínima prueba de sonido ante el propio público, actuaron en el Music Legends Live Corizonas, esa entente cordial entre Los Coronas surferos madrileños y los Arizona Baby del indie-folk vallisoletano. En 14 temas y 71 minutos estrenaron su segundo disco, ‘Nueva Dimensión Vital’ (Subterfuge), donde se han pasado al castellano y han acabado, según ubicó el guitarrista Fernando Pardo en una presentación, «como Los Módulos mezclados con la Submarine Band». Y también hemos de decir que la voz del barbado cantante Javier Vielba remitió a Manolo García lisérgico y al navarro Cabezafuego en ese sector de la orfebrería pop. En septeto, con la trompeta ucraniana marcando líneas melodramáticas y tres guitarras que deberían explotar más en los punteos individuales (como después por la noche hicieron Los Lobos en La Ola), Corizonas, un tanto planos, progresivos y estirados, elaboraron rock torero (‘La cuerda que nos dan’), rock ácido como harían Los Burros (‘Vivir y no pensar’), surf pistolero en plan Los Coronas con voz de película de James Bond (‘The Falcon Sleeps Tonight’), una versión bailable del ‘Supernaut’ de Black Sabbath (aquí Vielba se puso a tocar la batería a la vez que Loza, el empático baterista oficial), sicodelia setentera española como recrearía Señor Chinarro (‘Yo quiero ser yo’), estampas de barrios chungos pucelanos (‘Místicos en éxtasis’) o country rock suave (‘Run To The River’).

Corizonas en la versión de Black Sabbath, con Vielba y Loza a los tambores (foto Mr. Duck).

Corizonas en la versión de Black Sabbath, con Vielba y Loza a los tambores (foto Mr. Duck).

Como el respetable no reaccionaba demasiado, Vielba se puso agresivo y desafiante al espolearlo: que si estábamos apoltranados ahí sentados, que si estábamos muertos, que si nos habíamos tomado tranquilizantes, que si ese (y señaló a Pato) parecía un robot (es que estaba dando palmas de coña)… Esto sucedió justo antes de tocar ‘Todo va bien’ (con ese verso tan manologarcía de «qué bonita están poniendo la ciudad»), y Corizonas prosiguieron con más psicodelia (‘Las paredes bailan’), defensas de los monumentos pucelanos (‘Luces azules’; aquí eran las 8.11 y se asomó el único rayo de sol de la tarde gris), se salieron del setlist para añadir una alegre versión en italiano que levantó coros entre el personal (‘Piange Con Me’, de The Rokes unos ingleses afincados en Italia), y acabaron con rock palúdico (‘I Wanna Believe’) y el adiós definitivo con el mejor tema del lote: ‘Nueva Dimensión Vital’, lisérgico y místico él (este es el clip oficial).

Elliot Murphy Band, con los cuatro miembros coreando (foto Mr. Duck).

Elliott Murphy Band, con los cuatro miembros coreando (foto Mr. Duck).

El cuarto nombre de los cinco que completaron el Music Legends Festival del viernes fue el primero recibido por el público con el interés que suscitan los cabezas de cartel. La peña abandonó sus asientos para recolocarse cerca del escenario, se puso con ganas a aplaudir y a jalear (‘el puto amo’ dijeron en lugares distintos), se olió más marihuana y se participó más del concierto del neoyorquino Elliott Murphy (67 años) en cuarteto, no en dúo con su escudero habitual, el francés Olivier Durand. Lo malo es que fue un cuarteto electroacústico y que apenas se oyó la guitarra solista de Olivier. Lo bueno es que en 62 minutos y 11 piezas funcionó de maravilla la alternancia entre los rocks y los lentos románticos con la lírica culta y evocadora del mejor letrista que ofició el viernes en La Ola.

Elliott Murphy fuera del tablado, subido a un bafle exterior (foto Mr. Duck).

Elliott Murphy fuera del tablado, subido a un bafle exterior (foto Mr. Duck).

Por los rocks con coros optimistas y mucho roll citemos por ejemplo los rodados ‘Sweet Honky Tonk’ y ‘I Want To Talk To You’ (con Elliott soplando la armónica), o la segunda interpretación de ‘Last Of The Rock Stars’, en cuarteto y trufada con el ‘Shout’ de los Isley Brothers, que montó más fiesta que en sus intervenciones habituales en el ciclo Musiketan de la Sala BBK. Y por la parte romántica, lenta, baladista, espiguemos el inicio a dúo melancólico con el mentado ‘Last Of The Rock Stars’, la sentimental y recogida ‘You Never Know What You’re In For’, o la cima de la cita, ‘On Elvis Presley’s Birthday’, un retrato del alma americana, un aspirante a clásico universal con épica reprimida, recitados en gradación y emoción creciente. Elliott dio el primer bis de la jornada, el ‘Heroes’ de Bowie, que le quedó demasiado alegre aunque fue celebrado por el respetable entregado, rendido ante su figura con melena rubia asomándose bajo el sombrero. Acabó su bolo y emplazó el roquero neoyorquino: «Os veo en enero». Ya, en el Musiketan. Hasta entonces, Mister Murphy.

Los Lobos: Rosas, Lozano, González, Pérez, Hidalgo y Berlin (foto: Mr. Duck).

Los Lobos: Rosas, Lozano, González, Pérez, Hidalgo y Berlin (foto: Mr. Duck).

Y con la noche ya caída sobre el Centro Ola BBK, salieron a escena Los Lobos, gestados en 1974 en Los Ángeles, California. Con sonido a veces atropellado y pocas luces en escena que frustraron a los fotógrafos y dejaron casi sin iluminar al guitarrista Cesar Rosas a la izquierda y al saxofonista Steve Berlin a la derecha (el único anglo del combo, ex The Blasters), Los Lobos oficiaron en sexteto con tres guitarras (solistas en los momentos sudistas) y se revelaron como un gran grupo de rock americano que ha trascendido desde el rock chicano, estilo palpable en la tanda en que David Hidalgo (el mejor guitarrista del día, qué punteos extraía a su Telecaster, y el mejor vocalista también: con qué emoción entona) se colgó el acordeón para tocar el rocanrol salpimentado con zydeco ‘Let’s Say Goodnight’, la ranchera violenta, posesiva y machista ‘Anselma’ (hoy estaría prohibida, ja, ja…) o un auténtico y emocionante ‘Volver, Volver’, coreado por el respetable en pleno. Paradójicamente, Los Lobos no hablan español, como es habitual en los hijos de inmigrantes chicanos. Sólo se saben las letras de las canciones y expresiones sueltas, como las que soltó esporádicamente César Rosas: «amado público», «muchas gracias, España» o la farsante «como decimos en México» (aunque, vaya, él sí nació ahí, en Hermosillo).

César Rosas, de Los Lobos, zurdo y con sus sempiternas gafas, habló un poco en español (foto: Mr. Duck).

César Rosas, de Los Lobos, zurdo y con sus sempiternas gafas, habló un poco en español (foto: Mr. Duck).

Los Lobos tocaron 18 piezas (incluyendo el popurrí con el ‘One Way Out’ de Elmore James vía los Allman o el ‘Papa Was A Rollin’ Stone’ ) en 94 minutos variados y con momentos muy intensos y abarcadores. Cubrieron desde lo hispano hasta lo anglo con la misma autenticidad. Tocaron desde cumbia (dos cayeron: ‘Chuco’s Cumbia’ en plan los Blazers y después ‘Yo canto’ a mi patria, a mi gente, a mi madre, a mi padre y hasta al presidente, este ritmo suave, que me hace bailar, a todas las chicas, qué bonitas, las pongo a gozar) hasta ‘La bamba’ que llevaron al número 1 mundial en 1987 o el rock chicano a lo Chingón (‘La venganza de los pelados’; aquí un vídeo de 2005 con Café Tacvba), y por la otra faceta, la anglo, también se empoderaron del rock sudista guitarrero, del soul, del boogie febril en un instrumental, del rockabilly swing (su clásico ‘Don’t Worry Baby’, donde flojeó el sonido), del rock and roll urgente y rasgado (‘Más y más’, en spanglish, de lo mejor de la velada), del rock palúdico (‘The Neighborhood’), del rock americano existencial (‘How Will The Wolf Survive?’)… Muy buen bolo lobuno. Grandes Los Lobos por siempre. Por cierto, estuvieron siguiendo el concierto desde el lateral derecho del tablado David Lindley durante casi todo el rato y a veces Graham Nash.

OSCAR CUBILLO

David Hidalgo, de Los Lobos, el mejor cantante y guitarrista de la primera jornada del festival (foto: Mr. Duck).

David Hidalgo, de Los Lobos, el mejor cantante y guitarrista de la primera jornada del festival (foto: Mr. Duck).

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