15º Azkena Rock Festival / Vintage Trouble + Hellacopters + Danzig + 6: La tarde pasada por agua

Vintage Touble dieron el mejor show del viernes. Aquí Ty Taylor desafiando a la lluvia (foto: Koldo Orue).

Vintage Touble dieron el mejor show del viernes. Aquí Ty Taylor desafiando a la lluvia (foto: Koldo Orue).

Viernes 17 de junio 2016, Vitoria, Mendizabala, puertas 16.45 h, 65 € entrada diaria, bono dos días del festival 100 €.

BEV 15 ARF VIERNES 0 cartelDATOS OFICIALES DE ASISTENCIA:

Viernes 17 de junio: 12.242 personas

Sábado 18 de junio: 18.064 personas

TOTAL: 30.306

Dentro del recinto el viernes permanecí nueve horas seguidas en pie y vi nueve shows. Al principio me refugié bajo las carpas a veces lejanas de los escenarios, hasta que salí bajo la lluvia para ver de cerca a Vintage Trouble, lo mejor de mi jornada junto con Daniel Romano. Aparte, Lucinda Williams estuvo floja, Danzig de risa, Blackberry Smoke pulcros y canónicos, y Hellacopters sonaron a rayos

 

El viernes fue el día del diluvio. De hecho, el aperitivo a base de soul-rock americano cocinado por el toledano Julián Maeso, ex Sunday Drivers, al mediodía en la plaza de la Virgen Blanca tuvo que interrumpirse una vez comenzado por culpa de la lluvia (luego le recolocaron en el tercer escenario y desplazaron varios horarios para acomodarlo, pero yo el viernes ni me pasé por el tablado pequeño). El honor oficial de dar el pistoletazo de salida al XV ARF recayó en los metaleros vizcaínos The Flying Scarecrow, que participaron gracias a su primer premio en el 27º Concurso Villa de Bilbao, en el apartado metálico. Ya nos contaron los pros y los contras de su actuación en el escenario principal, nominado Lemmy Kilmister en tributo a la memoria del fallecido líder de Motörhead: «Lo bueno de abrir es que tendremos una buena prueba de sonido, ja, ja, ja… Lo malo es el horario, porque mucha gente no estará desde primera hora». Y lo peor es que jarreara, con lo cual la afición demoró aún más su llegada al recinto. Así, a la tercera canción, los cinco Espantapájaros Voladores, un supergrupo con experiencia en Rise To Fall, Space Octopus y NoDrama, tenían sólo a una treintena de personas delante del tablado y algún centenar bajo la carpa de la barra. «Venga, chicos, que es solo agua, no tengáis miedo», alentó en vano el cantante Aimar. Menos mal que hubo seis carpas desperdigadas en el festival, que si no…

The Flying Scarecrow empezando el segundo tema de los siete que tocaron (imagen de móvil: O.C.E.).

The Flying Scarecrow empezando el segundo tema de los siete que tocaron (imagen de móvil: O.C.E.).

A pesar de las circunstancias, The Flying Scarecow dieron un bolo dinámico que gozó de un sonido atronador sobre un escenario principal que funcionó generalmente a volumen insuficiente, y aprovecharon las pantallas led que retransmitían el bolo y agrandaron sus figuras. Tocaron 7 temas en 34 minutos con ejecución técnica apabullantes, dos guitarras y variedad estilística abarcadora desde el sleaze al groove. Para la foto final Aimar pidió como favor que se acercara la peña al tablado, y varias decenas de valientes abandonaron la carpa para sumarse a la imagen.

Luego se debía elegir. Como hubo tres escenarios en el recinto de Mendizabala, a menudo se solapaban dos conciertos igual de interesantes. Es lo que sucedió con las actuaciones de The London Souls en el escenario David Bowie (el segundo) y de Jared James Nichols en el escenario Scott Weiland, el difunto cantante de Stone Temple Pilots (el tercer tablado). A Jared, guitarrista melenudo de cuerpo pulido en el gimnasio y hacedor de una suerte de blues-rock al que le faltan canciones redondas y le sobran pirotecnia y pose, le he visto un par de veces en el último año y opté por The London Souls. Otros descartes, otros dilemas del ARF, no me serían tan fáciles de resolver: ¿Los Brazos o Lucinda Williams? Y el sábado: ¿Marky Ramone o Refused? ¿Radio Birdman enteros sin catar ni un bocado de The Scientists ni de Vintage Caravan? Ah, qué injusta es a veces la abundancia…

FOTO MIA… The London Souls vistos con zoom desde un lejana carpa (imagen de móvil: O.C.E.).

The London Souls vistos con zoom desde una carpa distante (imagen de móvil: O.C.E.).

Pues eso, que por la novedad de su oferta artística, y no porque el escenario 2 pudiera tener la carpa que antes lo cubría, aposté por The London Souls, que empero su bautismo (Las Almas Londinenses) son un dúo neoyorquino de alineación en boga: batería más guitarra. Los vi de lejos, desde una carpa, como si fuera el típico espectador que mira un partido de fútbol desde un balcón abierto a un estadio. Ahí pensé que es una pena intentar atender a bolos en tales condiciones. The London Souls ofrecieron al respetable 9 temas en 42 minutos de rock bluserizado y por momentos jipioso (un rock ácido a lo Sly Stone), con influencia grande de Led Zeppelin, de los punteos de Jimi Hendrix y del blues puro (el guiño al ‘Born Under A Bad Sign’ de Albert King, un boogie acelerado en plan Ten Years After). Lo vi desde lejos, ya se ha dicho, al resguardo del agua, y desde el escenario 1 llegaron los ecos de Jared James Nichols versionando el ‘Rokanrol juuchi kuu’ de Rick Derringer y pensé que igual tenía que haber catado por tercera vez al fornido guitarrista. Hum…

Daniel Romano, más NRA que honky tonk, que también (foto: Koldo Orue).

Daniel Romano, más NRA que honky tonk, que también (foto: Koldo Orue).

Después me decanté sin dudarlo por uno de los supuestos tapados del XV ARF, por Daniel Romano, un canadiense treintañero del que decían que factura country de honky tonk y folk con envoltorio de ‘americana’. Bueno, no es así. Más bien Daniel es un epígono del Nuevo Rock Americano de los 80: mucha deuda dramática con Green On Red, la alegría de Rank And File o los riffs templados de The Del-Fuegos. Le dio tiempo a tocar 12 temas en 46 minutos y en cuarteto, con una chica con poncho a la guitarra acústica, y Romano supo ser enfático y melódico como los Jayhawks, pistolero y crepuscular vía The Walkabouts y, en los temas más country, generalmente lentos (vals, honky tonk baladista algo Yoakam, ecos de John Paul Keith…), tuvo la fuerza de los auténticos.

Vintage Trouble bailando y gritando bajo la lluvia (imagen de móvil: O.C.E.).

Vintage Trouble bailando y gritando bajo la lluvia (imagen de móvil: O.C.E.).

Luego pasé de las carpas porque me merecía la pena mojarme para ver de cerca el show de Vintage Trouble, un cuarteto con tres blancos vestidos como tahúres más Ty Taylor, un elegante cantante negro trasunto de James Brown. Es un combo acostumbrado a actuar ante grandes multitudes, pues ha sido telonero de los Who, los Stones, AC/DC o Bon Jovi. Además es conocido por el solar vascongado y ya ha triunfado en el Festival de Jazz de San Sebastián de 2014, y en los vizcaínos BBK Live y WOP Festival en el mismo año: 2015. Vale que no tengan muchas canciones redondas y que su guitarrista merezca el despido o la matrícula en un master de las seis cuerdas, pero es que Vintage Trouble sólo pretenden excitar a las masas, agitarlas, por eso piden al público que grite como en un concierto góspel. En el escenario Bowie los californianos, ante un montón de gente vestida con goteantes impermeables y plásticos contra la lluvia, montaron un circo, por momentos infantil, buscando la participación del gentío a lo largo de los 8 temas en 47 minutos: que si dejadme oíros decir yeah, que si demos palmas, que si oh-oh-oh, que bienvenido a la fiesta, y ahora dale más palmas mientras Ty salta y baila con el micrófono y nos pide manos arriba (en ‘Blues Hand Me Down’), ahora na-na-nas y Ty tirado por el suelo, luego Ty frotándose con el micrófono (‘Pelvis Pusher’), y después la gente ululando, y haciendo la ola a capricho de Ty, un Ty que bajó del escenario en ‘Run Like A River’ y que también en esta se arrojó sobre el público para surfear (buf, ahí delante le tuve que agarrar y entre decenas de manos el tipo parecía que pesaba una tonelada y que nos iba a aplastar), y final del show interactuado más palmas rápidas de la gente en pleno, una gente a la que Ty hizo acuclillarse, un Ty Taylor que me recordó a Al Green en una balada sedosa, a Wilson Pickett en un rock and soul one two three, y a James Brown en los bailes y en tantos juegos espectaculares (y a Otis Redding le recordó al amigo Arturo).

«Gracias. Amor y paz», las últimas palabras de una distraída Lucinda Williams (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

«Gracias. Amor y paz», las últimas palabras de una distraída Lucinda Williams (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

En serio que me dio pena no poder ver a Los Brazos, el trío vizcaíno de blues-rock que ha devenido emperador del circuito hostelero oficiando en un gran festival, pero la elección (profesional: si no currara habría visto la mitad de cada concierto) de esa hora era obvia: había que ir a ver a Lucinda Williams, veterana, mullida, feble e ida. Piru nos contó que Los Brazos molaron mucho más que una Lucinda que en 77 minutos de menos a un poco más interpretó 13 temas en cuarteto, con batería sin pegada (una carraca, dijo Arturo) y ella atenta al atril (las pantallas la pillaban todo el rato mirando de reojo). Había mucha gente delante del tablado principal (a esas alturas de la tarde había colas de media hora para entrar con la pulsera) y su oferta hizo agua (no aguas) por ser más apropiada para un teatro o sala que para un gran festival. Abrió con ‘Protection’, puso voz de beoda en ‘Drunken Angel’, hizo folk, en las presentaciones no se le oía hablar (y le tapaba el fragor que llegaba desde el tablado 3, donde tocaban Los Brazos, grrrr), se perdió por caminos de reggae y pop-rock reivindicativo a lo Patti Smith, hizo un blues, y los tres últimos temas fueron más cañeros: ‘Honey Bee’, donde nos despertamos todos, un ‘Joy’ con rapeado, y despedida con la versión del ‘Rockin’ In The Free World’ de Neil Young, bastante descuadernada, con la rubia mature Lucinda puño en alto y despidiéndose diciendo en castellano: «Gracias. Amor y paz».

Blackberry Smoke ante la peña que les siguió atenta, feliz y formal (foto: Facebook).

Blackberry Smoke ante la peña que les siguió atenta, feliz y formal (foto: Facebook).

La tarde del viernes en el Azkena no dejó de llover, pero con la caída de la noche pararon los chaparrones. Sin agua, en el escenario Bowie actuaron los sudistas Blackberry Smoke, que son de Atlanta, Georgia, la misma capital de donde salieron los Black Crowes, influencia capital de estos cinco roquero melenudos y barbudos tan pulcros como tramperos en la fiesta de Acción de Gracias. Para muchos fans del ARF, éstos eran los grandes cabezas de cartel del festival, pero poca personalidad demostraron en la quincena de temas que interpretaron en 57 minutos. Como tantos otros practicantes de rock sureño, los Blackberry Smoke no inventan nada y se limitan a repetir el canon de modo amable a lo largo de un cancionero guitarrero que fue bien recibido por la afición. Hubo canciones cañeras, alegres y saltarinas en plan los Allman Brothers (‘Six Ways To Sunday’), mucho rollo Black Crowes con coros pegajosos pero poco volumen (y estábamos en el escenario 2, ¿eh?), riffs sincopados escuela John Fogerty (‘Rock And Roll Again’) y también riffs robados a los Stones, melodías híbridas entre Jayhawks y Neil Young (‘One Horse Town’), una jam central que no vino a cuento y que me hizo pensar en Gov’t Mule, y un fragmento del ‘Three Little Birds’ de Bob Marley que fue de lo que más puso en danza a la peña bastante mixta.

Uno de los cinco pulcros melenudos y barbudos miembros de Black Berry Smoke (foto: Koldo Orue).

Uno de los cinco pulcros melenudos y barbudos miembros de Blackberry Smoke (foto: Koldo Orue).

El agua desapareció, sí, aunque los conciertos no acabaron de despegar, sobre todo por culpa sonido que pareció tormentoso. Y es que a rayos sonaron los dos cabezas de cartel: los suecos resucitados Hellacopters y el muerto viviente de New Jersey Danzig. Los primeros dieron un concierto insatisfactorio para su leyenda, y el segundo un bolo por momentos risible del que fueron desertando gran parte de los espectadores.

Vayamos por partes. Los cabezas de cartel in extremis del viernes en el XV ARF fueron The Hellacopters, resucitados para dar un bolo del vigésimo aniversario de su primer álbum, ‘Supershitty To The Max’, el 10 de junio en el Sweden Rock Festival, y contratados también a última hora para una fecha extra en Vitoria gracias (o debido) a la caída del cartel de los cabezas de cartel previstos, Primal Scream, a causa de un accidente sobre un escenario de su líder Bobby Gillespie. De hecho, antes de arrancar el bis, el capitán de los Copters, Nicke Royale, dijo de coña: «Queremos dar unas gracias muy grandes a Primal Scream por hacer que estemos hoy aquí. Estamos muy felices».

Los Hellacopters y su logo vistos desde el lateral del escenario (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Los Hellacopters y su logo entrevistos desde el lateral del escenario principal (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Lo malo es que para el bis no estábamos tan felices los espectadores: las luces rojas del tablado principal -Lemmy Kilmister- emborronaron las imágenes y hasta difuminaban el telón de foro con el logotipo en llamas del quinteto, no se usó a su máximo potencial la buena panoplia de focos, la retransmisión por las pantallas Led no fue para echar cohetes y lo peor: el sonido resultó deficiente, mate, horrible, insuficiente. Una pena. Con la ilusión que nos hacía a todos que tocaran los Hellacopters con su alineación original: Nicke con su gorra militar y su hacha zurda cuyo mástil impelía como electrocutado hacia su espalda, el tatuado y canalla Dregen con una capucha que tapaba su cabeza rala desde esos primeros años (los Hellacopters legendarios se desmantelaron en el 98, cuando Dregen montó los Backyard Babies), o Boba al piano marcando una nota hasta crear épica infecciosa.

En Mendizabala los suecos tocaron 18 piezas en 79 minutos: tormentas marca de la casa con guitarras explosivas y voces controladas (‘Fake Baby’, luego la excelente y templada ‘Ferry Tale’, que fue lo mejor de su set), acelerones punk-a-rollers con actitud chulesca vikinga (‘Fire Fire Fire’, el hardcore ‘24 Hours Hell / Infierno de 24 horas’), high energy al que se le notaban las costuras debido a la pésima acústica (‘Ain’t No Time’), caña emparentable con los Stooges de Iggy Pop (‘Bore Me’) y en el bis, por fin, la despedida con ‘(Gotta Get Some Action) Now!’, que es la primera canción de álbum homenajeado ‘Supershitty To The Max’ y que también se oyó de pena, para no variar. Moló estar en Mendizabala en esa resurrección, pero por ser fans no más.

Glenn Danzig, ex Misfits, 60 años y sigue viviendo del cuento. Ni dejó sacarle fotos (foto: Unai Endemaño).

Glenn Danzig, ex Misfits, 60 años y sigue viviendo del cuento. Ni dejó sacarle fotos (foto: Unai Endemaño).

Luego, con la emoción plana tras los Copters, fui a ver a Danzig en el tablado David Bowie. Acudí escéptico y aluciné desde las primeras notas: sónido pésimo (hasta se escapaban acoples al principio), banda de traca que expelía una suerte de chirriante rock metalizado y periclitado, y un cantante fanfarrón, Glenn Danzig, ex Misfits y Samhain, que a sus 60 años ofició dinámico pero gordinflas, melenudo aunque se le veía el cartón, y desafinando como un descosido de principio a fin. Es que no entonó en condiciones ni una de las 17 canciones (arriba o abajo, pues perdí el hilo en semejante sesión abracadabrante) que espetó en 82 minutos. A veces se ponía a lanzar alaridos que podían provocar ataques de risa, en serio.

Su cuarteto bautizado con su apellido voló desde USA para dar este único concierto europeo. Vaya chollo el suyo. Además no permitió que le sacaran fotos. Danzig decía a menudo «gracias, España» en castellano, pedía en inglés «España, déjame oírte cantar», echaba un sorbito a las botellas de agua y seguidamente las donaba a la masa como yendo de guay. Musicalmente, es un decir, saltaba del rock gótico tipo Ozzy al síncope de Rage Agaisnt The Machine, intentaba invocar a espíritus tribales con tambores (‘Am I Demon’) y ritmos aindiados (‘Twist Of Cain’, coreado por los fans), en un tema llegó a parecerme un chiste del actor Jack Black (‘Black Hell’, o sea infierno negro, es decir lo que teníamos delante), torpe le quedó la versión de Black Sabbath ‘N.I.B.’, y en el bis se marcó un blues como The Cult en malos. Y así todo, porque Glenn Danzig cantó con el culo.

El siempre enfadado Henry Rollins travestido de sacerdote en la película ‘Gutterdämmerung’ (foto: Koldo Orue).

El siempre enfadado Henry Rollins travestido de sacerdote en el film ‘Gutterdämmerung’ (foto: Koldo Orue).

La jornada se remató en el escenario principal con la proyección de la película ‘Gutterdämmerung’, subtitulada en falso “la película muda más ruidosa de la tierra”. En tal filme se oye hablar, se oyen las pisadas, se oyen los tiros… Fue un estreno único en España, una sesión multimedia con cine bien acabado, teatro, spoken word a cargo de Henry Rollins y un grupo poniendo en vivo la banda sonora tras la pantalla, todo al servicio de un mensaje anticlerical a partir de la historia de un ángel caído encarnado por Iggy Pop, el del anuncio de la tónica, ya saben. Me piré porque el anclericalismo, y no digamos el subvencionado, cada vez me empuja más la mano hacia la sobaquera.

OSCAR CUBILLO

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