15º Azkena Rock Festival / The Who + 091 + Marky Ramone + 6: Himnos generacionales

Roger Daltrey, de los Who, ante la estimulante gran pantalla trasera (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Roger Daltrey, de los Who, ante la estimulante gran pantalla trasera (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Sábado 18 de junio 2016, Vitoria, puertas 16.45 h, Mendizabala, 65 € entrada diaria, bono dos días del festival 100 €.

BEV 15 ARF VIERNES 0 cartelDATOS OFICIALES DE ASISTENCIA:

Viernes 17 de junio: 12.242 personas

Sábado 18 de junio: 18.064 personas

TOTAL: 30.306

El sábado aguanté ocho horas y media en pie en Mendizabala y vi a otros nueve grupos. No llovió y todo estuvo mejor, incluso Imelda May no fue fría y distante. Pero me quedo con el tridente nocturno con 091, los Who y Marky Ramone. Ah, por eso de los horarios solapados no pude ver a Refused, que me da en la nariz que han dado uno de los mejores bolos del festival.

 

Éxito de público en el XV Azkena Rock Festival a pesar de los handicaps que debió salvar la organización y de la cruda oposición de los elementos de la naturaleza. Además de la lluvia que nos dejó hechos una sopa a los aficionados en la primera jornada y de la baja in extremis de un cabeza de cartel como Primal Scream debido al accidente sufrido en escena días antes por su cantante Bobby Gillespie, no debemos olvidar a toro pasado las incertidumbres que levantó la competencia en los mismos días del Mad Cool Festival de Madrid, del que se temía se llevara a gran parte de la parroquia roquera con el banderín de enganche de Neil Young, uno de los nombres que lleva muchos años intentando contratar el Azkena.

Los sevillanos The Milkyway Express, recomendados por la revista Ruta 66 (imagen de móvil: O.C.E.).

Los sevillanos The Milkyway Express, recomendados por la revista Ruta 66 (imagen de móvil: O.C.E.).

Sin la amenaza de lluvia, la afición acudió en mayor cantidad y desde más temprano el sábado al 15º Azkena Rock Festival. Abrió la segunda y última jornada sobre el escenario principal el único grupo vitoriano del cartel, Sumisión City Blues, ex Obligaciones, que ofició en quinteto y a bajo volumen ante numerosos amigos y que aprovechó para solidarizarse con los refugiados. Pero bueno, yo entré cuando ya estaban actuando los cinco sevillanos de The Milkyway Express en el tercer tablado, el pequeño, desde el que con ropa campera retransmitieron un repertorio polirrítmico y americanófilo que abarcó desde el blues-rock armonicista y el blues blanco pantanoso a lo JJ Grey & Mofro hasta el rollo gótico a lo Legendary Shack Shackers, ora con banjo, ora con armónica. Ahíto de ensoñaciones ajenas más bien hosteleras me dije, uh, voy a ver a Cobra en el escenario 2, el bautizado Bowie, desde el que atronaban y sobre el que adoptaban poses de alcance internacional ante mucha peña. Fue una intervención brutal devota de Down y que no desentonaría mal en el Kristonfest.

El crápula inglés Oli Brown bluesman líder del power-trio hard Raveneye (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

El crápula inglés Oli Brown bluesman, líder del power-trio hard Raveneye (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Acudimos al tablado grande dedicado a la memoria de Lemmy Kilmister para calibrar a Raveneye, power-trio de hard rock encabezado por el joven héroe de la guitarra británico Oli Brown, un tipo con nombre en el circuito blues de la Pérfida Albión. Hum… catada su nueva receta, me dio por pensar que este proyecto es un intento por llegar allende el limitado y viejuno circuito blusero. En 42 minutos sonaron media docena de temas herederos de la progresividad británica, con punteos hendrixianos y la grandeza de Led Zeppelin (uh, esto lo escribí la víspera para The London Souls), y además Oli, con su nueva pinta melenuda, esquelética y crápula, hizo boogie espeso, blues-rock espacial y hasta un poco de sludge metal, descendió un par de veces del escenario para cantar ante la peña, y en general sonó bajo y mal, como fue norma en el tablado principal.

Rob Younger, cantante de Radio Birdman… y de lo New Christs (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Rob Younger, cantante de Radio Birdman… y de los New Christs (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

No nos dio tiempo a pasar a ver a The Vintage Caravan, power-trio de Álftanes, Islandia, y directos acudimos al tinglado David Bowie, donde descargaron los australianos pioneros de la alta energía mundial Radio Birdman, coliderados por el guitarrista yanqui Deniz Tek y el vocalista antípoda Rob Younger, pluriempleado en The New Christs, un tipo mercurial cuyo humor de cada día subyuga su actitud en escena. Esta vez se le vio contento, algo normal si acababan de cobrar y tenía ante sí a un montón de fans que se sabían sus canciones. En 70 minutos los sesentañeros ejecutaron 18 canciones en sexteto (al órgano estaba Pip Hoyle, otro de los miembros originales), con una pegada justita debido al equipo de sonido (por eso me sorprendió la positiva unanimidad de la peña ante su bolo, que no estuvo mal, pero le faltó volumen; «chúpate esa, Hellacopters», oyó La Reina espetar a un fan anónimo en este concierto vespertino) y un repertorio nutrido con surf playero (‘Non Stop Girls’), alta energía prototípica, unas gotas de lisergia y un bis doble abierto por el sorprendente ‘T.V. Eye’ de los Stooges.

Imelda May en pantalla, muy simpática y sexy sin su mechón rubio (foto: Jorge Murcia Corrales).

Imelda May en pantalla, muy simpática y sexy sin su mechón rubio (foto: Jorge Murcia Corrales).

No pude ver nada de los Scientists (de los que me hablaron bien después) porque debía cubrir a Imelda May. Pero menos mal que la cantante dublinesa se desprendió de su habitual distanciamiento y gelidez desde que apareció en escena juvenil con su melena azabache (sin su mechón rubio) y un vestidito vaquero negro con flecos rojos. En 58 minutos cantó 16 piezas en quinteto, alternando rockabilly y psychobilly (‘It’s Good To Be Alive’), muchas rumbas (‘Big Bad Handsome Man’, alguna a lo Guana Batz, como la despedida con ‘Johnny’s Got A Boom Boom’), lentos crepusculares o jazzísticos (‘Hellfire Club’, la versión de Howlin’ Wolf ‘Spoonful’…), rock retro de consumo algo Nancy Sinatra (‘Psycho’), ska con trompeta pachanguera (‘Mayhem’)… Imelda al principio dijo que había traído el clima de Irlanda y al final que habíamos sido un público fantástico. Ah, tuve que telefonear al periódico para contar una par de detalles del bolo de Imelda, y a medida que me alejaba de la masa se oía mejor y más alto, qué paradoja.

091 con su logo luminoso en el escenario pequeño (imagen de móvil: O.C.E.).

091 con su logo luminoso en el escenario pequeño (imagen de móvil: O.C.E.).

La noche del sábado estuvo llena de emociones fuertes, y por lo menos en una franja horaria incompatibles por eso del solapamiento horario entre dos conciertos (Ramone y Refused, que seguro fue de lo mejor del festi). Tales sensaciones fuertes las viví en los conciertos de 091, los Who y Marky Ramone, en este orden. Estos tres bolazos colocaron el listón muy alto. Al margen de gustos personales, quizá el bolo óptimo de todo el 15º Azkena fue el ofrecido por los resucitados granadinos 091 sobre el tercer escenario, el nominado Scott Weiland en honor del desaparecido cantante de Stone Temple Pilots. Ahí, en 61 minutos sonaron 14 temas guitarreros (Lapido a una de las dos), sin contar la apertura instrumental de Morricone. Los cinco granadinos ofrecieron una buena estética pasados tantos años (recordemos que funcionaron entre 1981-96 y resucitaron en 2015) y lograron una entusiasta comunión con sus seguidores (de inmensa mayoría masculina, casi unanimidad), que coreaban iluminados los estribillos de unas letras por encima de la media culta, lírica y hasta devota: ‘Sigue estando Dios de nuestro lado’, de temática social.

José Antonio García, cantante de 091, que habla con acento andaluz (foto: Jordi Vidal / El País).

José Antonio García, cantante de 091, que habla con acento andaluz (foto: Jordi Vidal / El País).

091 actuaron en un escenario con su nombre encendido en tres pantallas traseras y, bajo el sirimiri, se metieron en el bolsillo al personal desde la primera canción: ‘El baile de la desesperacion’, bastante Bunbury ella. El power-pop fue coreado en ‘Este es nuestro tiempo’ (con referencias a Calderón), uno de sus dos pináculos llegó con ‘Zapatos de piel de caimán’ (gran rock a lo Clash y pasión en los coros), se pusieron stonianos pero cultos (‘En el laberinto’; al acabarla un chica andaluza jaleó «bravo, ole tu arte» al cantante José Antonio García), hicieron rock and soul como haría Nino Bravo (‘La calle del viento’, tan mod como Brighton 64), recuperaron himnos entonados a pleno pulmón por sus fieles (el segundo pináculo llegó con ‘¿Qué fue del siglo XX?’), apretaron en el pop (‘La torre de la Vela’) y se despidieron con uno de sus temas más facilones, a lo Seguridad Social, ‘La vida, qué mala es’, aunque con una sonrisa nos dejaron los granadinos a todos los presentes.

Los Who, o sea el cantante de 72 años Roger Daltrey y el guitarrista de 71 Pete Townshend (foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Los Who, o sea el cantante de 72 años Roger Daltrey y el guitarrista de 71 Pete Townshend
(foto: Facebook Azkena Rock Festival).

Al acabar 091 quedé con Pato y nos apresuramos a coger sitio ante los Who y nos situamos debajo de la pantalla derecha. Un poco ladeados, pero veíamos perfectamente a los dos líderes. Estábamos a cinco metros de la columna de bafles y podíamos hablar perfectamente, sin chillarnos a los oídos, síntoma de la escasa potencia del equipo de sonido del escenario principal. Los Who ejecutaron unos 18 temas en 97 minutos. Arrancaron con piezas mods de hace medio siglo y por el final desarrollaron fragmentos también antañones de óperas rock. No olvidaron sus tres composiciones que sirven de sintonía a la serie ‘C.S.I.’, que estiraron para jugar con el público, por ejemplo los uh-uh de ‘Who Are You’, la sintonía de ‘CSI: Las Vegas’. Por cierto, había mucho público juvenil en el Azkena, otro éxito del festival, un público quizá cosechado por los Who gracias a la televisión, además de por su condición de históricos del rock.

Su macroconcierto aportó unos apoyos visuales potentes. Las pantallas laterales Led que retransmitían el show sobre todo enfocaban a los colíderes supervivientes, el cantante rubio de 72 años Roger Daltrey y el flaco guitarrista alto y calvo de 71 Pete Townshend, dejando más al margen al resto del septeto: a menudo una cámara pegada a la batería sacaba al percusionista rubiales (el más joven de la formación), pero apenas atendía a los dos teclistas, al otro guitarrista (¡Simon, hermano de Pete!) ni al bajista (Pino Palladino). Y en el gran fondo del escenario se levantaba una gran pantalla que surtía desde los diseños modernistas (mods), como las banderas británicas y la iconografía de la película de 1979 ‘Quadrophenia’ (la banda sonora es de los Who), hasta motivos abstractos y códigos binarios para los apoyos de los títulos de ‘C.S.I.’.

Pantallazo de Zak Starkey, batería de lo Who, el que más salía en imagen de los gregarios (imagen de móvil: O.C.E.).

Pantallazo de Zak Starkey, batería de lo Who, el que más salía en imagen de los cinco gregarios (imagen de móvil: O.C.E.).

El principio del espectáculo se basó en viejos hits, en standards del pop-rock coreados por el gentío, en himnos intergeneracionales también conocidos por los joveznos: ‘I Can’t Explain’, ‘Substitute’ ‘The Kids Are Alright’ (o sea ‘Los chavales están bien’, cantada después de que los Who se congratularan de que hubiera tanta gente joven delante de ellos) o ‘My Generation’, con imágenes yeyés e interpretación dilatada.

La balada ‘Behind Blue Eyes’ les quedó muy bien (Pato chistó a los espectadores de alrededor para que callaran, pues esta es su canción favorita de los Who), y no tanto la lisergia negroide de ‘Join Together’, tan pensada para el mercado americano que sonaron armónica y arpa de boca. Se reivindicaron como mods otra vez en ‘You Better You Bet’ y el extenso epílogo lo reservaron para tramos operísticos y grandiosos en los que el público miraba y escuchaba más que cantaba. Por entonces afloró ampulosidad amorosa desde la pose de Roger Daltrey en ‘Love, Reign O’er Me’, destelló gran fuerza visual en ‘Pinball Wizard’ o se sintió el drama vocal en ‘See Me, Feel Me’, antes de despedirse con las otras dos sintonías de ‘C.S.I.’: ‘Baba O’Riley’ (la de la franquicia de Nueva York, con la introducción al piano y también conocida como ‘Teenage Wasteland’, como subrayó la pantalla de fondo), y el adiós con ‘Won’t Get Fooled Again’, la de ‘C.S.I. Miami’).

Así acabó un macroconcierto, superior a lo esperado en el que se mantuvo más que digno a la voz Daltrey (antes alcanzaba unos tonos apabullantes) e incluso alardeó con algún malabarismo con el cable del micro, y su colega Pete punteó a menudo y dibujó molinetes con su brazo. Y aparentemente satisfechos se despidieron presentando a la banda e informando de que el del Vitoria era la última fecha tras 15 semanas de gira, que regresarán en septiembre y que había sido un placer compartirlo con nosotros ese último show.

Roger Daltrey ha perdido voz pero resuelve de sobra y aún alardea con el cable del micro (foto: Facebook Azkena Rock Fest.).

Roger Daltrey ha perdido voz pero resuelve de sobra y aún alardea con el cable del micro (foto: Facebook Azkena Rock Fest.).

Felices como perdices, rodeados por una masa humana milenaria que o abandonaba Mendizabala o se dirigía a avituallarse o a colocarse ante los dos otros dos bolos, nos encaminamos al escenario 3, a ver a Marky Ramone. A dos pasos de él, en la cola de la cerveza, nos llegaba amenazante desde el escenario 2, el David Bowie, el fragor de Refused, que tenía pinta guapa, pero queríamos catar los himnos intergeneracionales que el baterista con peluca recupera de los Ramones y que, esta vez, entonó Ken Stringfellow, de los Posies, quien no dejó de brincar, de moverse y de escupir mientras atacaba con furia, energía, buena voz y credibilidad absoluta hits como ‘Sheena’, ‘Comando’,  ‘Surfin’ Bird’, ‘El KKK se llevó a mi chica’, ‘California Sun’ (pero llovió junto entonces), en un bolazo de 70 minutos con dos bises (en el segundo salió el vitoriano Pela, ex Obligaciones, el de Sumisión City Blues, a cantar el ‘Blitzkrieg Bop’). Lo de ‘Marky Ramone’s Blitzkrieg: 40 years of punk’ no fue una verbenilla, ni una jukebox, ni una play list ramoniana, ni siquiera un grupo tributo, porque estos suelen ir más lentos que los homenajeados, lo cual no fue el caso en este conciertazo con actitud, velocidad y verosimilitud tales que convenció a los escépticos y puso en danza a los desprejuiciados. Un bolo con Marky, Ken, Captain Poon de Gluecifer a la guitarra y al bajo uno de los catalanes From Head To Toe.

Marky Ramone baqueteó de maravilla, con pegada y rapidez, en su segundo bolo del día, y es que a las 8 actuaron en San Sebastián y las 12.30 en Vitoria (foto: RhythmAndPhotos).

Marky Ramone baqueteó de maravilla, con pegada y rapidez, en su segundo bolo del día,
y es que a las 8 actuaron en San Sebastián y las 12.30 en Vitoria (foto: RhythmAndPhotos).

Acabamos la jornada en el petado espacio principal, donde los Supersuckers de Arizona actuaron ante miles de personas, de lo cual nos congratulamos. Asistimos por respeto y admiración hacia su líder Eddie Spaghetti, que acaba de superar un cáncer, y vimos bastante de la recreación country de un cancionero punk con títulos tipo ‘Quiero las drogas’, pero rebajados de punk y furia. Ojalá hubieran venido en eléctrico. Al salir de Mendizabala fui ala parada de taxis y estuve esperando 45 minutos. En pie también. O sea, con los traslados a pata, las  ocho horas y media de bolos y la espera del taxi, estaría unas 10 horas seguidas en pie. Buf…

OSCAR CUBILLO

Metal Marty y Killer Kowalski de los Supersuckers cenando en el backstage del ARF localizan a Roger Daltrey (foto: Facebook).

Metal Marty y Killer Kowalski de los Supersuckers cenan en el backstage del ARF y localizan a Roger Daltrey (foto: Facebook).

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