Andrés Calamaro: El cantor distante y maduro (+ entrevista)

Germán Wiedemer (piano), Calamaro (voz), Martín Bruhn (percusión) y Antonio Miguel (contrabajo) (foto: Mr Duck).

Germán Wiedemer (piano), Calamaro (voz), Martín Bruhn (percusión) y Antonio Miguel (contrabajo) (foto: Mr Duck).

Viernes 24 de junio de 2016, Bilbao, Palacio Euskalduna, 21 h, 35 y 40 €.

BEV CALAMARO CARTEL GIRA LICENCIA PARA CANTAR

(La entrevista de abajo es un lujo que debería leer cualquier fan de Calamaro o cualquier roquero. Por las respuestas de Calamaro, no por las preguntas, claro.)

 

No sólo se le percibió físicamente distante al cantante (cantor preferiría él) hispanoargentino Andrés Calamaro Massel (Buenos Aires, 1961) el viernes en el Palacio Euskalduna, en el marco de la gira bautizada ‘Licencia para cantar’, por mor de las larguísimas proporciones del recinto, sino también se le notó espiritualmente: permaneció extremadamente lacónico, apareció en escena encorvado y torpe como si le doliera el estómago, y se movió con lentitud, como ido, sin calcular las distancias y con grandes gafas oscuras. Empero su condición personal, no falló al cantar al frente de un combo (piano eléctrico, percusión más contrabajo) que trasladó al bolero, al son y al jazz relajado de night club antes de la hora del cierre (‘Nueva zamba para mi tierra’, de Lito Nebbia, en el primer bis) su cancionero roquero clásico, con títulos tipo ‘Flaca’, ‘Mi enfermedad’ (nuestra favorita de Los Rodríguez) o ‘Crímenes perfectos’, intercalados por otras versiones de Gardel y demás.

No sonó ninguna guitarra ni se respiró una molécula de rock durante las 24 piezas que contabilicé en 98 minutos sobre un escenario premeditadamente tenebroso donde la estrella del rock en español (más de dos millones de seguidores en su Facebook) se reinventó en crooner hispano, en bolerista actualizado, en cantante (perdón, cantor) melódico. Calamaro, ante un respetable mixto y bastante veterano (unas 700 personas calculé al alza, ¿pocas para su leyenda?), cantó que se hace viejo (igual que sus seguidores, ya lo vimos, y que nosotros), sopló la armónica (en general mal) y la melódica (por ejemplo en la irónica y costumbrista ‘Elvis está vivo’), batió percusiones y palmas, y hasta puso alguna pose taurófila en el discurrir de un repertorio que desde el rock (y el soul en tantas baladas) mutó en latinismos transversales y adultos de amplio abanico: cubanismos (‘Estadio Azteca’), tango argentino (‘Garúa’, de Troilo), bolero universal (‘Algo contigo’, de Chico Navarro), oscuro y minimal jazz a lo Badalamenti (el contrabajo marcando en ‘Milonga del trovador’), etc.

Soplando la melódica, como un rastafari (foto: Mr Duck).

Soplando la melódica, como un rastafari, en ‘Elvis está vivo’ (foto: Mr Duck).

Huidizo, distraído y quizá incómodo sobre el amplio tablado, Calamaro desplegó un repertorio frágil, vulnerable, flotante, noctívago y derrotado por el desamor. Se le está quedando cara de Morante de La Puebla (sin patillas) al argentino, que con camisa chocarrera y ancho traje oscuro abrazó (para sostenerse, como hizo cuando asió al final el pie de micro en el segundo bis) un repertorio fronterizo y decadente, cual Cigala porteño perorando de madrugada con un Howe Gelb hispanohablante, apoyado en una banda excepcional, meritoria e inspirada (oh, el pianista Germán Wiedemer, que parecía mandar en escena y al que Calamaro miraba al arrancar los siguientes números). Andrés (oé-oé-oé le corearon rompiendo la atmósfera en alguna ocasión) descolló como cantor (y filósofo) empero el incierto ambiente equilibrista en numerosos títulos. Citemos varios: el desvalido soul de night club de la mentada ‘Crímenes perfectos’, la pose de crooner en ‘Ansia en Plaza Francia’ (con tantos ripios), el astral ‘Siete segundos’ (de Los Rodríguez), el ingrávido y recitado ‘El día que me quieras’ (de Gardel), el dramático, romántico y circular ‘Cuando te conocí’, el tango ‘La copa rota’, el aún más romántico ‘Soy tuyo’, una ‘Flaca’ que levantó coros lalalá, un countryficado ‘Paloma’ y un segundo bis taurófilo y doble con una ‘Media verónica’ igualmente astral más la ranchera ‘El tercio de los sueños’, una historieta de tarde de toros con farias en San Isidro y una primera frase genial: «Tenías el vestido más horrible de todo el tendido». Ah, lo del Brexit va a ser una filfa comparado con todo lo que a punto estamos de perder… ‘La libertad’ que trémolo entonó en primer lugar, en equilibrio alucinantemente precario.

OSCAR CUBILLO

Saludos finales de Wiedemer, Calamaro (sin gafas), Bruhn y Miguel (foto: Mr Duck).

Saludos finales de Wiedemer, Calamaro (sin gafas), Bruhn y Miguel (foto: Mr Duck).

+++ ENTREVISTA +++

(Un día, antes de abril de 2007, en una suite del hotel Carlton, Calamaro en persona me contó que le gustaba contestar entrevistas por e-mail. Oportunidad de hacerle una en tal formato se me presentó en septiembre de 2013 y la estrella respondió de modo torrencial y sentido y entretenido. Se publicó a trozos en diferentes periódicos, y aquí va entera, por fin. La acabo de repasar, y es cojonuda. Un lujo de 200 líneas tecleadas por él, quien ahora sólo concede entrevistas en tales condiciones.)

***

El rizado roquero bonaerense lanzó ‘Bohemio’, un álbum dylaniano que presentó en gira pirotécnica en 2014

***

«Crecí en un ámbito cultural y artístico»

***

 

Andrés Calamaro (Buenos Aires, Argentina, 1961) is back! El prolífico y verborréico ex Los Rodríguez lanzó el martes (17 de septiembre de 2013) el buen álbum ‘Bohemio’ y se lució al responder por mail varias preguntas. Le encanta manejarse con las nuevas tecnologías, ya nos lo dijo una tarde en una suite del hotel Carlton.

¿Desde dónde contestas? Supongo que desde Madrid. ¿Dónde vives? ¿En un piso, en una casa, con vistas a alguna parte, con bullicio en la calle…?

Contesto desde un piso de Buenos Aires. Conmigo está mi perro, Tupac. Vengo de ensayar toda la tarde canciones del disco y repertorio. Estoy en la planta 17 y el ruido de la calle llega asordinado a las alturas.

¿Vives entre Madrid y Buenos Aires? ¿Qué diferencias ves como ciudadano de a pie entre ambas ciudades, megalópolis? Imagino que Buenos Aires será inmensa…

Madrid no tiene mar y Buenos Aires tampoco. Mi vivienda en Buenos Aires está rodeada de bares y restaurantes, un ecosistema familiar a los madrileños. Buenos Aires es interminable y suburbial fuera de los barrios nobles. Te escribo desde un antiguo barrio de bodegas y depósitos de vino, frente a las vías del tren. Un conjunto urbano reciclado, como vimos reciclarse barrios de Madrid, Bilbao o Barcelona. Está más pijo, o pretende serlo. Aun así conserva ciertos aires de barriada porteña antigua este Palermo, como en Sicilia, el mítico barrio de la segunda fundación de Buenos Aires según Jorge Luis Borges. Esta manzana era un depósito de vino de mesa, el viejo vino que tomaban las familias, antes del vino de moda. Por lo visto llegaban vagones-tanques cargados de caldos populares que reposaban en estas manzanas antes de llegar a la mesa de los trabajadores para acompañar las comidas mezclado con soda, agua gasificada. Ahora un edificio colmena ocupa toda la manzana.

Ciudadano de a pie… ¿Tienes coche? ¿Cuál? ¿Te gusta conducir?

Soy transeúnte. Una élite de privilegiados sin carnet de conducir. Me gustan los coches como artefactos de ingeniería. Charlie Watts, que tampoco conduce, tiene coches antiguos. Se los queda mirando.

¿Qué haces un día normal que no sales de gira? ¿Madrugas, cantas en la ducha, comes en casa, paseas a la tarde, sales a la noche…?

Mis días normales también son días de ensayos, viajes, conciertos o tardes de toros. Si no hago nada relacionado a la música, mi oficio, ni estoy grabando, ni buscando experiencias musicales inéditas, si no estoy de viaje ni en los tendidos, entonces hago gimnasia. Me entreno cuatro veces por semana. Me despierto promediando la mañana y tranquilamente, me desayuno frugal y saco a pasear al perro, a orinar la manzana. A la hora de comer voy a un gimnasio y hago entrenamiento funcional. Después veo a mis padres, que están mayores, y vuelvo a casa.

Calamaro Massel, transeúnte sin carné de conducir (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Calamaro Massel, transeúnte sin carné de conducir (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

¿Un artista ha de vivir relajado, mirando lo que le rodea, para poder inspirarse en ello?

Supongo que existen artistas contemplativos y otros más técnicos que evolucionan en el instrumental, que aprovechan el tiempo libre para mejorar en el desempeño musical y técnico. También se supone que los artistas se alimentan, entre comillas, de aquello que les rodea. Respiran la alegría y la pena del pueblo suyo, se nutren en una actualidad independiente de aquella actualidad rabiosa que imponen los periódicos y la televisión y el ocio visual social virtual. Aunque sospechamos de la existencia de artistas auto referentes, rellenos de sentimiento y sensaciones para contar, incluso sensibles al dolor del mundo, de este mundo desigual que permite el hambre y la guerra. Relajados o tensos, los artistas son los elegidos de la tierra, y lo son para su sacrificio y no para su vanidad. Así lo dice Atahualpa Yupanqui, el gran poeta criollo, el metafísico. Nació como Héctor Chavero y definió, en versos, la argentinidad en los rincones del ancho suelo y la ética que se exige a los cantores populares: no relajarse demasiado.

Bueno, esta no es una pregunta trampa: ¿Crees que el rock and roll es arte o divertimento?

El rock es entretenimiento original, es espectáculo. Eso no puede negarse ni en clave solemne. Los grandes grupos resisten la disciplina de los grandes shows y los pequeños grupos acompañan las borracheras de la parroquia. Pero también es arte porque existen artistas de rock and roll que definieron el género, y el espectáculo, según su propio deseo y expresión humana. Lo reinventan. Digamos entonces que, el rock, nació como un ritmo bailable pero se le fue de las manos al mundo del espectáculo, al entretenimiento, por sus vaivenes marginales, por su resistencia moral, por una precoz incorrección política, por su poesía. Inspira a generaciones enteras a vivir en los márgenes de una sociedad que vivía aplastada por la presión de la religión, el Estado, la educación y la familia. Ahora reconocemos un rock que es arte libre y original, y también es show grande, casi parques temáticos para toda la familia.

¿Te gusta leer? ¿Tienes tiempo para ello? ¿Qué estás leyendo ahora mismo?

No soy un lector perfecto. Fui más consumidor de cine que de libros, pero tengo un buen promedio para ser músico de rock. Mucho del rock es callejero y popular, o brota de los márgenes y los barrios. Yo fui un joven consumidor de cultura antes de los 20 años, y después. No soy un hincha o forofo tradicional de los deportes. Crecí en un ámbito cultural y artístico. No soy el primer músico de la familia. Mis antepasados fueron intelectuales y militantes. Crecí escuchando música, rodeado de arte y pintura, de diálogo intelectual. No soy un músico de generación espontánea pero tampoco soy un lector responsable. Me gusta la literatura estadounidense del siglo XX. No leí a Proust, ni el Ulises de Joyce. Leí el Belmonte de Chávez Nogales, la tauromaquia de Corrochano, y a Phillip Roth. También literatura argentina y los libros básicos para la isla desierta. No me estoy dando aires de intelectual del rock. Puedo pasar semanas sin leer un libro, pero siempre viajo con uno, con un libro, en la maleta.

¿Sientes cada día necesidad de coger la guitarra para tocar, para practicar?

Te confieso que no. Puedo pasar meses sin practicar el piano o la guitarra. Y esta mecánica informal me esté pasando factura. Después de mis vacaciones musicales vuelvo al ensayo intenso y lo sufren los tendones. Tengo menos muelas y menos dedos que antes. Ahora mismo tengo complicaciones con el dedo chico de la mano derecha, que es mi principal activo como pianista. Cuando la necesidad llega, llega la bohemia y el desorden. Pero también la recompensa musical y la confianza con los instrumentos. Ahora salimos de gira y asumo mi responsabilidad más allá de la ejecución del instrumentos. Voy a sostener los conciertos cantando y “estando”, sabiendo estar, con la muy valiosa colaboración de mis compañeros que cantan y tocan los instrumentos con libertad y talento, y de todos los demás que viajan conmigo. Todos cubren áreas necesarias para que la convivencia, y la performance, sean ideales. Yo espero estar artista y encontrar al duende en el escenario.

Bohemio (Warner) El Calamaro clásico y torrencial en diez piezas de sentimentalismo desbordado. Se sale en los medios tiempos de soul, suena dylaniano y, a veces, como Springsteen, su compatriota Fito Páez o el aire pistolero.

Bohemio (Warner)
El Calamaro clásico y torrencial en diez piezas de sentimentalismo desbordado. Se sale en los medios tiempos de soul, suena dylaniano y, a veces, como Springsteen, su compatriota Fito Páez o el aire pistolero.

He leído que en el disco ‘Bohemio’ te reinventas. ¿En qué sentido, si es así?

Sinceramente, me siento mejor reinventado en mis experiencias de vanguardia, al margen de la ley y de la ley del público, la crítica y la industria. Mere invento a través de los dos mil artefactos musicales dispuestos en el streaming de soundcloud.com/a-k-25. ‘Bohemio’ le da continuidad a mi prestigio escribiendo canciones de rock. Algunos discos llaman la atención de nuevas generaciones que, socorro, no habían nacido cuando grabe mis primeros discos. Algunos vieron un primer concierto conmigo, otros se enamoran y fornican escuchando mis canciones, otros llaman a sus hijos Paloma o Andrés. Para mí, reinventarme no es una novedad, son mis ademanes vanguardistas que existen y pueden escucharse con unos mínimos de voluntad. Pero sé que le debo un status fantástico a mi tendencia de canciones de rock y sentimiento.

Y te he leído declarar que ya no se venden discos… ¿Por qué tanto esfuerzo en lanzarlos entonces?

El disco no tiene que desaparecer porque le debemos demasiado al formato. Otros países tienen cientos de ritmos autóctonos, más baile o tradición oral. Pero mi generación, otras antes y otras después, conocieron casi toda la música escuchando discos. Podemos cantar rancheras de borracheras, o pedir canciones a los mariachis, cantar los boleros que cantaron nuestros padres y sacudirnos con la salsa consagrada por Hector Lavoe. Pero sin discos… El volumen de lo que jamás hubiéramos escuchado es aterrador. Un mundo sin Beatles, ni Clash ni Rolling Stones. Sin Stevie Wonder ni John Coltrane. La música clásica seria elitista, solo al alcance de aquellos que van al teatro o a la ópera. El jazz sería un secreto reservado al circuito de los clubes. Dicho sea de paso, la música en vivo esta desterrada de la cultura y no recibe ninguna clase de apoyo. Más bien lo contrario. Cierran locales y suben impuestos. El ocio es la cerveza y la cerveza es más rica con música. Y fría.

Creo que no eres políticamente correcto. Hasta vas a los toros. Yo también. ¿Por qué te gustan los toros?

La tauromaquia es maravillosa. En mis 50 estoy aprendiendo y disfrutando de la fiesta más culta del mundo. Tengo verdadera amistad con el mundo del toro. El arte es Dios. Por pudor no voy a decir quiénes son mis amigos y con qué frecuencia nos vemos, nos queremos y nos escribimos mensajes de aliento y respeto íntimo. El toro es todo, es arte, es estética pura, es heroísmo y verdad, es ecológico y conservacionista, es amor a los animales, sublima la condición humana y la vida del más amado de los animales, uno que escapa de la mitología para instalarse en la marcha cotidiana de la tauromaquia. Lo más importante es que nos gusta, nos gusta mucho. El flamenco y la tauromaquia no son tópicos de una España antigua, son el arte más profundo e interesante del mundo. Fuera de los toros y el flamenco, todo parece superficial y vacío.

«Fuera de los toros y el flamenco, todo parece superficial y vacío». Aquí dando palmas en ‘Para no olvidar’ de Los Rodríguez, mutada en bolero (foto: Mr Duck).

«Fuera de los toros y el flamenco, todo parece superficial y vacío».
Aquí dando palmas en ‘Para no olvidar’ de Los Rodríguez, mutada en bolero (foto: Mr Duck).

¿No crees que es más probable aburrirse en los toros que en un concierto de rock de alguien que te guste? O sea, que los toros, o el futbol también (sobre todo si eres del Athletic de Bilbao y no del Madrid), ofrecen menos garantías que un concierto de rock, pienso.

José Bergamín le dijo a Fernando Savater: “A ti no te gustan los toros, te gustan las buenas corridas”. Creo que es posible disfrutar de una tarde aburrida, aunque las emociones son menos si las condiciones no permiten el éxtasis del arte y el valor, el juego noble de los animales y el conocimiento en la ejecución de las suertes. Me gusta el fútbol, pero me cuesta concentrarme noventa minutos. Tengo amistad con gente del balón, aprendí por osmosis y escuchando. Lógicamente, como diría Bergamín, me gustan los buenos partidos de fútbol. Y confieso haberme aburrido en conciertos de rock. Consumo, compro y escucho música como un buen aficionado profesional, pero tengo el ‘mojo filter’ de los músicos. Me conquistan el desempeño y las expresiones de arte incontestable. No me hagas elegir entre una media de Morante, el cante del Torta o una final de Champions.

¿Y cómo serán los conciertos de la gira de ‘Bohemio’?

Serán el año próximo (2014). Estamos promediando una gira con un nuevo plantel de músicos que van a gustar mucho en el territorio peninsular. Disfrutamos ensayando y hemos gustado en el tramo americano de la gira. Modificamos los repertorios entre los conciertos, estamos ensayando canciones del disco. Habrá que esperarse, pero vamos a presentar nuevos talentos pirotécnicos. Como siempre, vamos mostrando el sonido de los conciertos de rock de toda la vida, ajenos a las costumbres virtuales de un público siempre joven que reclama escuchar y cantar aquellas canciones que ya conoce. Convivimos y ensayamos como un grupo, como una banda, y el talento de mis compañeros brilla siempre. Ofrecemos muchos solos de guitarra, paredes de teclados tradicionales, rock de armonía vocal y una batería espectacular. Vamos a llegar emocionados de volver. Nuestros camaradas nos escuchan hablar de Euskadi y Donosti, de nuestros barrios de Madrid, de los barrios antiguos de Barcelona, del flamenco, de los garitos en donde el rock resiste y de los toros. Todavía nos falta completar un tour por Argentina y el sur de Sudamérica, ya tocamos en Chile, Ecuador, Mexico y Colombia. Terminamos en diciembre, respiramos y volvemos con ilusión a pisar nuestros queridos territorios cruzando el charco.

¿De qué equipo de fútbol eres seguidor?

Soy taurino y madridista. Pero mi amistad con la gente del fútbol me ofrece otra perspectiva: me escuchan jugadores e hinchadas de todos los equipos. Y en mi equipo juegan todos. En el palco del Barcelona me reciben con simpatía y respeto, aun sospechoso de un madridismo que muchos progresistas no consiguen explicarse. Soy del Madrid como lo fueron Guillermo Martín y Julián Infante. En Argentina soy del legendario Independiente, del barrio de Avellaneda, los diablos rojos que ahora transitamos la angustia del descenso (recordemos que la entrevista es de septiembre de 2013). El diablo rojo en el infierno.

OSCAR CUBILLO

El puesto del merchan al salir del bolo bolerista (foto: Mr Duck).

El puesto del merchan al salir del bolo bolerista (foto: Mr Duck).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: