40º Getxo Jazz / Esperanza Spalding: Ópera sin subtítulos

Esperanza Emily, niña prodigio al violín, bailando break cual egipcia (foto: Mr. Duck).

Esperanza Emily, ex niña prodigio al violín, luciendo tipín al bailar break cual egipcia (foto: Mr. Duck).

Martes 5 de julio de 2016, Algorta / Getxo, Plaza Biotz Alai, 21 h, 20 €, bono cinco conciertos 65 €.

BEV 40 GETXOJAZZ CARTELTras el calentamiento del grupo ganador del concurso (el Daahoud Salim Quintet de un pianista de Ámsterdam, Holanda, que ganó el certamen según el criterio del jurado y del público: fue elegido por ambos mejor grupo (3.750 € de dotación) y su líder mejor solista (750 €); y además grabó un disco en este mismo concierto doble que narramos a continuación), el martes el 40º Getxo Jazz acogió el quinto y último concierto de los cinco cabezas de cartel, el de Esperanza Spalding, show que paradójicamente no tuvo nada que ver con el jazz (fue más bien una ópera rock) aunque fue el único que agotó las entradas de los cinco días.

El Aula de Cultura de Getxo calcula en 12.500 espectadores los que han seguido los 20 conciertos, contando la serie Tercer Milenio, las tres jam sessions y las dos citas matinales para niños. En la plaza Biotz Alai casi llenaron Jorge Pardo el viernes (demasiados solos bajo la carpa y la pena por la muerte de Juan Habichuela) y Dee Dee Bridgewater el lunes, y sólo tres cuartos obtuvieron el sólido Uri Caine Trio y el divagante y bromista Hermeto Pascoal, otro que rellenó el encuentro con muchos solos. ¿Los mejores conciertos? El tan intelectual de Uri Caine Trio el sábado, entregándose a fondo, y el de la descarada vocalista Dee Dee Bridgewater el lunes, eso que se reservó, que estuvo pendiente del móvil y que salió vestida de trapillo… ¡porque le habían perdido las maletas en el aeropuerto!

Los libros del escaso atrezzo de la ópera rock (foto: Mr. Duck).

Los libros del escaso atrezzo de la ópera rock (foto: Mr. Duck).

Al lío. A pesar de que agotara las entradas (regalé una invitación sobrante a un aficionado anónimo que esperaba con la taquilla cerrada), el de Esperanza Spalding, bajista y vocalista mestiza nacida 31 años ha en Oregón, fue un show controvertido (numerosos espectadores se marcharon en los primeros pasajes), sin apenas vínculo con el jazz (fue una ópera rock casi sin atrezzo: un vestido inicial con forma de montaña, el pelucón afro que distinguía a la antigua Esperanza, una balda con libros y vale ya) y sin los alardes técnicos que avanzaba la información oficial (por ejemplo: no hubo audiovisuales y la parte teatral se limitó a un coro triple y mixto ataviado en plan Star Trek, un coro que cuando bajó al patio de butacas a bailar fue recibido por el respetable como vacas mirando pasar al tren).

Esperanza saliendo de la crisálida volcánica, sin peluca afro ya es Emily (foto: Mr. Duck).

Esperanza saliendo de la crisálida volcánica, sin peluca afro, convertida en Emily (foto: Mr. Duck).

El fallo de este opus conceptual es que la gente no se enteraba de nada de lo que quería narrar. De la historia. Se echaron de menos unos subtítulos que aclararan la evolución de la tal Emily del subtítulo del programa: ‘Emily’s D+Evolution’, título de su quinto álbum. Los modernismos que anticipamos en la imaginación antes de llegar se quedaron en detalles retros, en un recorta y pega de hallazgos pretéritos, desde el rock zappatero hasta la coral del musical, entre la progresividad (Transatlantic), la fusión presta (el trío musical apretando al final en plan instrumental, porque esta Esperanza toca el bajo que se pasa) y el soul-rock enlatado (guiños a Prince, Terence Trent D’Arby… sobre todo en el epílogo con el tema ‘Unconditional Love’), con una guitarra más próxima al rock que al jazz (más influjos del post rock y del post hardcore a lo Fugazi que del jazz progresivo vía Metheny o Fripp) y batería que le pegaba duro, con una Esperanza que, vestida de blanco, lució tipito, trencitas, gafotas y corona de menú de Burger King o similar, y cantó durante casi todos los 77 minutos en sexteto que duró un set comparable al Mago de Oz en Electric Ladyland protagonizado por Björk o Lady Gaga.

Al bajo de cinco cuerdas con su corona de Burger King, o algo así (foto: Mr. Duck).

Al bajo de cinco cuerdas con su corona de Burger King, o algo así (foto: Mr. Duck).

Resultó un concierto chocante con guion poco inteligible, y eso que la dueña de cuatro Grammys nos los explicó un poco en entrevista previa por e-mail: «Emily es la parte de mí que todavía permanece en contacto con la pasión por la vida sin ningún tipo de filtros. Ella es como una erupción volcánica. Irrumpe rompiendo montañas de condicionamientos y miedos y se mueve por el mundo mediante el juego y la experimentación. La historia de ‘D + Evolution’ trata sobre mi antievolución y mi evolución como mujer y artista, aunque en este disco en este disco se cuenta a través de las aventuras de Emily». Se refiere a su quinto disco, ‘Emily’s D+Evolution’ (Concord, 16), número 88 en USA y coproducido entre ella y Tony Visconti, mano derecha de David Bowie y también productor de los bilbaíno-argentinos Capsula (sin tilde los escriben).

OSCAR CUBILLO

Agradecida en los aplausos finales, que los hubo, pues luego hasta dio un bis zappatero (foto: Mr. Duck).

Agradecida en los aplausos finales, que los hubo, pues luego hasta dio un bis zappatero (foto: Mr. Duck).

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