11º BBK Live / Pixies + Love Of Lesbian + O.C.S.: Mirando por el retrovisor

Viernes a media tarde en Kobetamendi (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Viernes a media tarde en Kobetamendi (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Viernes 7 de julio 2016, Bilbao, Kobetamendi, puertas 17 h, entrada diaria 68 €, bono tres días 130 €.

bev 11 bbk live cartel

33.427 personas dicen que hubo el segundo día festivalero, pero parecían muchas menos que la víspera. Más o menos esta fue la media de asistencia oficial de las tres jornadas.

Trayectos de ida y vuelta aparte, seis horas estuve en el recinto de Kobetas y vi seis cositas (una de un DJ). Subí al monte por los Pixies y, lo juro, también por Ocean Colour Scene, que me volvieron a aburrir como en el Azkena 2015.

 

Los Pixies, únicos cabezas de cartel del viernes, dieron un bolo irregular perjudicado por el viento y el mal sonido (depende de donde te colocaras, me dicen), pero bien recibido por la masa que coreó gran parte de los 32 temas ejecutados

 

Más que un festival roquero, el BBK Live es de pop, de indie y de electrónica, dance y derivados. El cabeza de cartel del viernes fueron los bostonianos Pixies, revividos adalides del indie rock que, por concepto, deberían actuar en salas de 1.500 personas como máximo en vez de en festivales multitudinarios. Dicen las cuentas oficiales que había ese viernes 33.000 personas en Kobetamendi, pero si la comparamos con la humanidad congregada el jueves por Arcade Fire, la cifra real debería ser bastante inferior.

Los Pixies dieron un buen bolo, pero en un entorno refractario a su repertorio: desde donde nos colocamos Pato y el menda (a diez metros de los bafles de la derecha) el sonido fue malo, mate y a bajo volumen, para no variar (ubicado diez metros a nuestra izquierda, Carlos Benito sostiene que la acústica fue perfecta), la locura y electricidad del cancionero de Frank Black se perdía en la inmensidad de la noche en la cima del monte, y esto no solo lo decimos porque soplara el viento. Los Pixies suenan mejor en disco, y esto es un hándicap habitual que los grupos indies suelen ser incapaces de superar.

Pixies ante la masa intergeneracional, devota o sobrevenida (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Pixies ante la masa intergeneracional, devota o sobrevenida (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Como la víspera con Arcade Fire (multigrupo canadiense de folk también conceptualmente impropio del calificativo de ‘rock de estadio’, aunque éstos logran crear tal ambiente ceremonial gracias a los oooh-ooohhh que elevan a la mínima sus masas devotas), el público no fue ni refractario ni reluctante en el macroconcierto de los Pixies. Eran los esperados del día, el gran cabeza de cartel, y daba igual que la cosa sonara bajo y mal, porque cada cual se montaba la película en la cabeza al recordar las canciones (re)conocidas, o en pandilla circular organizándose las fiestas como si estuvieran en una verbena. Y es que entre el gentío que sube al casi inaccesible BBK Live, la mayor parte acude por más por ‘la experiencia’ (‘el postureo’, que dijo Pato) que por la música pura y dura.

Pero no somos nadie para censurar la forma de diversión de nadie. Esa masa paga la entrada (se supone) y permite que cuadren las cuentas y que vengan los Pixies a Bilbao para dar un concierto de 32 temas en 92 minutos con los altibajos provocados por la propia diversidad del cancionero de los bostonianos y, además, por las circunstancias técnicas (a partir del tema número 3 –‘Wave Of Mutilation’- por fin subió el volumen de la voz y se aclaró ésta, y en el tema 14 –el melancólico ‘Greens And Blues’- los colores de los focos se ampliaron, aunque quizá se debió a una ilusión óptica pasajera debido al título de la canción).

Pixies, su líder Frank Black, ¿le podrá más la ira, la locura o la gula? (foto: Josetxo Río Rojo).

Pixies, su líder Frank Black, ¿le podrá más la ira, la locura o la gula? (foto: Josetxo Río Rojo).

Muy bien cantó el líder Frank Black, también conocido por Black Francis, que reinterpretó su locura chillona esquizofrénica como en su primera etapa (1986-1993), que se lució estupendamente con muchos cambios de registro y que apareció elegantemente vestido, con americana con pañuelo asomando, como un ejecutivo iracundo. Con su físico craso y calvo, gordo y rasurado cual pecador de gula de la película ‘Seven’. Él capitaneó el ritual, el cancionero aleatorio casi sin interrupciones, abriendo con ‘Bone Machine’ y su infame sonido, pero con la reacción positiva inherente al respetable, y siguió con la versión de The Jesus & Mary Chain ‘Head On’, aplastada por la pésima acústica. El rock low fi a veces destacaba en la inmensidad de la noche (‘Subbacultcha’) y la peña mixta, descarada y atenta a veces atrapaba al vuelo los estribillos y los coreaba (‘Monkey Gone To Heaven’). Así, aunque el viento arrastrara las palabras y las emociones (‘Levitate Me’), ciertos títulos estallaban entre el jolgorio de la masa, por ejemplo ‘Isla de Encanta’, en castellano macarrónico y loco total, o ‘Broken Face’, que provocó un pogo violento en las primera filas.

La buena racha de cuatro temas seguidos se prolongó con el rock and roll vaquero a lo Jello Biafra ‘Um Chagga Lagga’ –su nuevo single, del disco que saldrá en septiembre-, o la alta energía vía Stooges de ‘I’ve Been Tired’, el tema 13º de los 32 que sonaron el viernes. Los Pixies, o sea Los Duendes, continuaron dando una de cal (‘Tony’s Theme’) y una de arena (pena de las interferencias en ‘Distance Equals Rate Times Time’, vaya con el sonido de la caja rebotando en ‘Gouge Away’), pero la sensación general era creciente por el orden de las canciones y su pegada en el último tercio: la caña de ‘Rock Music’, la vacilada vaquera de ‘Nimrod’s Son’, la conexión con el personal que se puso a corear y a grabar en círculo con sus móviles en ‘Where Is My Mind?’ (¿Dónde está mi cabeza, mi mente?), más coros generalizados con saltitos en ‘Here Comes Your Man’, otro gran hito de la velada como el acedecesco ‘U-Mass’, el hit crepuscular ‘Caribou’, el zarpazo de ‘Debaser’ o el bis con ‘Planet Of Sound’, o sea un rosario de temas también irregular, pero todos elevados al cielo por la respuesta de la gente, que en su mayor parte miraba por el retrovisor, la mayoría por la edad y los demás por estudiar.

Love Of Lesbian, en septeto bien traído, ordenado y adornado (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Love Of Lesbian, en septeto bien traído, ordenado y adornado (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Sobre el mismo escenario principal, el Bilbao Stage, y aún bajo la luz solar, el problema del sonido lo supieron resolver anteriormente mucho mejor los catalanes Love Of Lesbian, que en difícil formato de septeto a tope de guitarras (les apoyaba el productor Ricky Falkner, barbado, cano, melenudo y con coleta cenital) sonaron con pegada, conjunción y claridad, apoyados por la retransmisión simultánea del concierto en las pantallas led de precisión palpable. Muy logrado el plano de la cámara pegada al micrófono que ponía en primer plano en plan selfie al cantante Santi Balmes, novelista con tres obras publicadas. Por cierto, en el BBK Live abundan las banderas arcoiris y las parejas gays de toda condición. En el bolo de Love Of Lesbian se besaban dos parejas de chicas en nuestras cercanías, a este y oeste, y otra lesbiana distinta arrojó un katxi de cerveza al cielo impulsada por la emoción en ‘Belice’, la sexta canción de la docena que sonaron en 73 minutos. La fila de chicos sobre los que cayó el líquido dorado miró hacia atrás buscando el culpable y ninguno sospechó de ella.

Love Of Lesbian, son su líder el novelista Santi Balmes (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Love Of Lesbian, con su líder el novelista Santi Balmes (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Lo que decía, que la gente se monta la fiesta a su bola en los bolos del BBK Live. Lo mismo pasó en el de Love Of Lesbian (Sant Vicenç dels Horts, Barcelona, 1997), pero digamos que su pop-rock ampuloso y pedante (esas explicaciones de los puntos suspensivos o los paréntesis en textitos en pantalla), desde la voz a las letras (pues Balmes es novelista… y moralista a veces parece), también se adentra en tramos bailongos, casi dinarámicos, que pusieron en danza a las campas con baches de Kobetamendi. Hubo pop grande como La Granja amplificados (el huracán de ‘Bajo el volcán’), pelotilleo y halagos («sin duda creemos que es el festival más bonito de los que hemos estado» dijo Balmes antes de ‘Los seres únicos’, tipo La Movida reforzada y dedicado a Bowie, Prince y a los Doors, pues ese día informó que era el 45º aniversario de la muerte de Jim Morrison y por eso llevaba esa camiseta –hala, más retrovisor-, camiseta que luego se cambió por otra colorista de su banda), gestos de estadio como ondular las manos como hacen los soneros y salseros (‘1999’, algo Sidonie, otros catalanes que se pasaron del inglés al castellano y rompieron su techo de cristal comercial), glam grande a lo Suede-Bowie-Muse (‘Psiconautas’), y el mentado pasaje bailongo y dinarámico, con ‘Algunas plantas’ o ‘Club de fans de John Boy’ con todo su postureo, antes de ponerse otra vez serios para acabar con ‘Planeador’, del disco ‘Planeta Halley’ (y no su canción hermana ‘El ciclo lunar de Halley Star’, como se me coló en El Correo). De lo mejor del día LOL.

Ocean Colour Scene en el Heineken Stage, algunos dicen que increíble, y yo también (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Ocean Colour Scene en el Heineken Stage, algunos dicen que increíble, y yo también (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Y la tarde la empezamos enfocando el retrovisor hacia el concierto de los ingleses Ocean Colour Scene (Moseley, Birmingham, 1989), que vinieron recreando su álbum ‘Moseley Shoals’ (1996, número 2 en UK) y dieron un bolillo vespertino, inseguro (parecía que no sabían tocar el piano´… y el cantante Simon Fowler siempre con el atril al lado, como si no recordara las letras), desganado, rutinario e indolente (parecía que ni se sabían las canciones). Los británicos de la campa ante el escenario 2, el Heineken, corearon al recrear ellos mismos a pleno pulmón los temas de hace veinte años, pero el concierto resultó mucho peor que el ofrecido en el Azkena Rock Festival en 2015, que ya es decir (así lo conté), y eso que al Bilbao Live vino Steve Cradock, el guitarrista original. En una hora exacta (o sea sesenta somnolientos minutos), cansados y cansinos tocaron una quincena de canciones: abrieron sin venir a cuento con el ‘Day Tripper’ de los Beatles, procedieron a repasar el disco tributado con poca chicha (lisergia tremolante, baladas exangües, mucha autocomiseración –‘It’s My Shadow’-, los putos coros oooh-oooh, bastante pop comunitario inglés, el influjo beatleniano…) y algún chispazo (‘The Riverboat Song’), y colaron también varias piezas del siguiente LP, ‘Marchin’ Already’ (97, número 1 en UK), caso de ‘Travellers Tune’, o sea que probablemente el año que viene giren recreando este título. De lo peor del año OCS.

Ocean Colour Scene al fondo de la gente que me rodea en el Heineken Stage (imagen de móvil: O.C.E.).

Ocean Colour Scene al fondo de la gente que me rodea en el Heineken Stage (imagen de móvil: O.C.E.).

Además vimos un poco de Grimes en el escenario Heineken, que me horrorizó más de lo que esperaba (además hubo apagón, ja, ja), otro poco de WAS en el escenario Pepsi ahora que usan menos guitarras (pero suenan casi igual), y un poco de los pinchas de Fort Romeau en la zona Basoa (El Bosque…).

ÓSCAR CUBILLO

Comments
2 Responses to “11º BBK Live / Pixies + Love Of Lesbian + O.C.S.: Mirando por el retrovisor”
  1. Craddock dice:

    En la edición Deluxe del “Moseley Shoals” hay una versión en directo del “Day Tripper”, así que sí venía a cuento hacerla en Kobetamendi.

    • Craddock, gracias por tu aportación. En mi copia en CD de los 90 no viene. Además, se supone que lo iban a tocar entero, pero faltaron un par de las más cañeras del original, ¿no? Gracias otra vez.

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