11º BBK Live / Editors + Triángulo de Amor Bizarro + …: Zenkiú bi-bi-key

Zoom sobre la masa durante el bolo de Tame Impala (imagen de móvil: O.C.E.).

Zoom sobre la masa durante el bolo de Tame Impala (imagen de móvil: O.C.E.).

Sábado 7 de julio 2016, Bilbao, Kobetamendi, puertas 17 h, entrada diaria 68 €, bono tres días 130 €.

bev 11 bbk live cartel

35.287 personas dicen que hubo el tercer día festivalero, y en verdad parece que circulaba más gente que los otros dos. La asistencia oficial a las tres jornadas se ha contabilizado así:

Jueves 7: 34.151 personas

Viernes 8: 33.427 personas

Sábado 9: 35.287 personas

TOTAL: 102.865 espectadores

 

El tercer día tardé una hora y tres cuartos en llegar al recinto desde Gorliz (dos horas en total contando la espera al primer bus). Mi trayecto fue: bus, metro, bus y última ascensión al monte andando. Para volver a casa tardé hora y media, porque perdí un metro por un par de minutos y debí esperar media más.

Trayectos de ida y vuelta aparte, estuve seis horas y media en el recinto de Kobetas y vi nueve cositas (el DJ Pional incluido). Los cabezas de cartel Foals y Tame Impala me aburrieron en el escenario principal, y me gustaron bastante Editors en el segundo gran escenario.

 

Pues eso, que la noche del sábado, en el segundo escenario, el Heineken, los ingleses Editors (Birmingham, 2002), dotados de un sonido idóneo para el alma del BBK Live (más pop que rock, ya sabéis), consiguieron generar un ambiente de gran experiencia festivalera ante un público entregado y multinacional, pues se sabían las letras desde las españolitas de a pie hasta los altos extranjeros. Tales clímax memorables en ambientes de comunidad pop se lograron en las últimas canciones, con los focos cegando porque se dirigían a los ojos de un respetable que bailaba a saltos, se abrazaba y veía al quinteto sobre el escenario al fondo del bosque de manos alzadas. Un poco más de volumen habría sido bienvenido en ese variado show de 14 piezas en 71 minutos meditadamente crecientes y siempre con el teatral y afectado cantante Tom Smith como protagonista absoluto. Parecía un artista en solitario con cinco comparsas a sueldo, no un grupo.

Editors creando ambiente mediante fogonazos y afectación (imagen de móvil: O.C.E.).

Editors creando ambiente mediante fogonazos y afectación (imagen de móvil: O.C.E.).

Smith abrió moviéndose por el borde del tablado con una sudadera con capucha como si fuera un psicópata de una película de terror en ‘No Harm’ (un híbrido entre Portishead y The National) y siguió con los ritmos mecánicos a lo Nick Cave de ‘Sugar’ (con el personal elevando cielo los coros ooohhh-ooohhh, en plan parroquianos de Arcade Fire). Ya caldeado el entorno, pasaron pesarosos, ampulosos y oscuros por parajes antes transitados por Smiths y Bowie (‘Smokers Outside the Hospital Doors’), medraron como les gusta a los Love Of Lesbian con todo el público bailando (y sólo estaban en la cuarta: ‘The Racing Rats’, recibida con una gran ovación), y prosiguieron fagocitando las lecciones del siniestrismo after punk (‘Forgiveness’, la de por siempre joven) aunque colaran palmas en plan Queen (‘Eat Raw Meat = Blood Drool’). A Joy Division resonaron en ‘Formaldehyde’, apretaron en la fiesta en ‘Munich’, supieron ser ampulosos como Elton John con Smith al piano en ‘The Pulse’ (en esta lograron una atmósfera similar a la recreada en su nueva gira por los euskéricos Ken Zazpi), enloquecieron a los presentes con un híbrido entre U2 y The National (‘A Ton Of Love’, la del deseo), el polvo bajo la yerba machacada en el tercer día del festival se levantó en la tecnocrática y bailonga ‘Papillon’ y, tras decir Tom Smith ‘zenkiú bi-bi-key’ (muchas gracias, BBK), Editors dieron otra vuelta de tuerca al encuentro con la épica sostenida de los Simple Minds contenida en ‘Marching Orders’. Vaya, por fin vi un bolo grande redondo del que salí contentos y sin grandes peros.

Foals, su líder el griego Yannis Philippakis paseando por el pasillo de seguridad (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Foals, su líder el griego Yannis Philippakis paseando por el pasillo de seguridad (foto: Facebook Bilbao BBK Live).

Luego fuimos a ver a Foals al escenario principal, de noche. Empecé a tomar notas y a contar canciones para este blog, pero a la cuarta canción de los de Oxford ya estaba aburrido. Como dijo Pato: pretenden abarcar demasiados estilos y no aprietan en ninguno. Ya, si a eso se le suma la voz melódica y aguda del líder, el griego Yannis Philippakis, su set me pareció poco creíble y muy impostado. O sea, demasiado postureo. Abrieron cañeros pero al poco se desinflaron. Sugirieron el post rock a lo Explosions In The Sky, pegaron coros ooohhh-ohhh a lo Arcade Fire (que hasta los huevooooos me tienen), se pusieron exóticos en la escuela Vampire Weekend, agitaron post funk a lo Talking Heads y dibujaron líneas oblicuas matemáticas, pero esa voz feble provocó que me concentrara en la cerveza y la charla, que por cierto es lo que hace el común de los espectadores del BBK Live (¡qué envidia!).

Tame Impala evolucionando para la afición más jovezna e impresionable (imagen de móvil: O.C.E.).

Tame Impala evolucionando para la afición más jovezna e impresionable (imagen de móvil: O.C.E.).

Con el otro cabeza de cartel del sábado me sucedió lo mismo por la tarde. Empecé a contar canciones de los australianos Tame Impala, pero su palo similar, reiterativo y poperamente lisérgico sin más mordiente que las espirales de las visuales me hizo pensar en cerveza otra vez. La gente, muy joven y mixta, se volvía loca con los mendas (que no son sino un líder -Kevin Parker- escoltado por músicos a sueldo variables y prescindibles), que tocaron su tema famoso a la segunda (‘Let It Happen’) y que se pusieron bailongos en plan Stone Roses, pero no pasaron de lo recreativo y comercial pero agraciado de conexión generacional. Nos piramos, nos acercamos a ver a McEnroe, acabaron los getxotarras, y al meternos otra vez en el lío… ahí seguían dando la brasa los australianos.

Recuerdo que nada más llegar a Kobetamendi esa tarde, a las 8 y pico, había cuatro cosas interesantes simultáneas por las que logré pasar un rato: en el escenario Pepsi, el pequeño, los británicos Bad Breeding, con su punk modernista enfadado y rocoso; en el escenario dos, el Heineken, al americano treintañero Father John Misty, al que pillé en un cacho muy místico de góspel universitario con lapso ruidista; en el escenario tres, la carpa, al trío madrileño Juventud Juché con su creíble e hispanoparlante agresividad postpunk; y, en el Bosque, Basoa o escenario 5, al pincha Pional, que resultó guapamente infeccioso.

Pional pinchando en el Bosque, en el escenario Basoa, el quinto (imagen de móvil: O.C.E.).

Pional pinchando en el Bosque, en el escenario Basoa, el quinto (imagen de móvil: O.C.E.).

No obstante, mi objetivo principal sabatino eran los gallegos Triángulo de Amor Bizarro, que salían casi a las 2 de la madrugada y por eso me tragué a los Foals hasta el bis. Si no, habría llegado a casa dos horas antes. Me quedé en el monte barruntando que podrían dar uno de los mejores del año, como la vez que les vimos en 2012 (joder, lo he buscado, calculé que fue hace dos años, pero no; así salió en este blog). Sin embargo, en esta edición el sonido les falló sobre el escenario Pepsi y parecía que estaban tocando dentro de una piscina con agua o al fondo de una caverna. Tuvimos que abandonar nuestras posiciones y retroceder varias líneas para oír un poco mejor su set de 18 canciones en 61 minutos, abundando en su último disco, ‘Salve Discordia’ (Mushroom Pillow, 2016).

Triángulo de Amor Bizarro en la segunda suya, ‘Gallo negro se levanta’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Triángulo de Amor Bizarro en la segunda suya, ‘Gallo negro se levanta’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Isabel Cea prometió que iban a dar cera, pero se derritió por la acústica. Metieron la caña de Biznaga con el bajo de Cea bufando (‘Gallo negro se levanta’), se pusieron siniestros a lo Jesus & Mary Chain y enchufaron luces casi estroboscópicas en ambientes after punk, calcaron a Einstürzende Neubauten (‘Robo tu tiempo’, con títulos de Esplendor Geométrico) y a New Order (‘Baila Sumeria’ y la última, ‘De la Monarquía a la criptocracia’), destilaron pop algo Lemonheads (‘El fantasma de la transición’), cruzaron a los Pixies con Ilegales (‘Euromaquia’, la de que Europa es una zorra) y alearon soul y surf también como los Pixies (‘Seguidores’), se pusieron rocanroleros como Los Perros y alguna letra remitió a Loquillo (‘Salve discordia’ y su pasaje sobre «cosas que se aprenden a golpes»), no olvidaron mi frase suya favorita («llevar navaja siempre es conveniente», en ‘El crimen: cómo ocurre y como remediarlo’), sonaron indies como Los Fresones Rebeldes y rocanroleros como los Supersuckers, y me recordaron a Transmision Vamp (‘Estrellas místicas’, la penúltima, de lo mejor). Pena del sonido, dicho sea por última vez.

OSCAR CUBILLO

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