Robert Plant + Mike Sánchez: Desconcertados y aturdidos

Comendador de la Orden del Imperio Británico y vicepresidente de los Wolverhampton Wanderers (foto: Mr. Duck).

Comendador de la Orden del Imperio Británico y vicepresidente de los Wolverhampton Wanderers (foto: Mr. Duck).

Domingo 10 de julio de 2016, Bilbao, Miribilla, 20 h, entradas de 50 € (pista), 55 € (grada) y 90 € (delantera reservada), siempre más gastos.

BEV ROBERT PLANT cartel

El cantante de Led Zeppelin dio ante sólo 1500 personas un buen show,

más propio de festival étnico que de cita roquera, lo cual despistó a algunos

 

No había ni 40 espectadores cuando el domingo en Miribilla, a las 8 en punto, arrancó el grupo telonero de Robert Plant: el cuarteto de Mike Sánchez, el pianista británico de boogie woogie (¡a menudo a lo Louis Jordan!) y rock and roll, un Fats Domino blanco y orondo que abusó de las versiones manidas intentando prender la fiesta y abarcando desde John Lee Hooker y Howlin’ Wolf hasta Chuck Berry y Bo Diddley en 40 minutos con varios popurrís festeros, verbeneros, esfuerzo por comunicarse en castellano (es hijo de inmigrantes) e insistencia en comunicar que vendía CDs a 15 €. Buena ejecución, pero demasiado purismo.

Desolador panorama al empezar el telonero, Mike Sánchez (foto: Mr. Duck).

Desolador panorama al empezar el telonero, Mike Sánchez (foto: Mr. Duck).

Mike Sánchez, buena banda pero demasiado purismo (foto: Mr. Duck).

Mike Sánchez, buena banda pero demasiado purismo (foto: Mr. Duck).

Había tan poca gente porque pocos sabíamos que actuaría un telonero: en las entradas solo se indicaba que el show arrancaría a las 9 y ya veis el cartel que reproducimos aquí al lado. A la postre se congregaron unas 1500 personas para ver a una leyenda como Robert Plant, el que fuera cantante de Led Zeppelin (1968-1980), uno de los grupos más influyentes aún hoy día. ¿Por qué tan baja asistencia? Se nos ocurren varias razones: el caro precio (de 50, 55 y 90 €; éstas en pie delante del tablado, una zona VIP bautizada Gold Circle o círculo de oro y con derecho a consumición, pulsera identificativa y entrada 15 minutos antes por una puerta especial), que es verano, que era domingo (con lo cual no es seguro que hubiera transporte público al acabar el concierto), que se celebraba final de la Eurocopa a la misma hora (pondría la mano en el fuego a que el concierto se retrasó 21 minutos porque Plant, vicepresidente de los Wolverhampton Wanderers, estaba viendo el Portugal-Francia), que circula el runrún de que Robert Plant ya no canta los clásicos de Led Zeppelin sino que da bolos con mucha murga hindú y morralla electrónica (algo falso en el fondo), que la gente no tiene el cuerpo de jota tras el BBK Live (ésta forzando un poco, ya) y que se repartieron muchas invitaciones (lo cual retrae a la hora de adquirir entrada a quienes están enterados de esta lotería: «¿voy a comprar yo entrada cuando a mi alrededor irán todos gratis?», es el pensamiento lógico). Que acudiría poco público era previsible, más aún cuando la gira española de Plant se suspendió hace dos años por la escasa venta en anticipada.

Plant, melena rubia rizada y piel morena arrugada, cual druida de ‘El señor de los anillos’ (foto: Mr. Duck).

Plant, melena rubia rizada y piel morena arrugada, cual druida de ‘El señor de los anillos’ (foto: Mr. Duck).

Dos años después de ese primer intento, en el Bilbao Arena se retiraron las gradas laterales y se adelantó el escenario hasta la mitad de la cancha baloncestística. Tal achique de espacios logró que las 1500 personas presentes no se desperdigaran ni diluyeran en la inmensidad del pabellón deportivo y se lograra un buen ambiente, cercano, mejor para atender el espectáculo. Y ahí Robert Plant (Robert Anthony Plant, West Bromwich, Staffordshire, Inglaterra, 20 de agosto de 1948, o sea 67 años), Comendador de la Orden del Imperio Británico, dirigió un concierto personal de 13 piezas (algunas unidas en popurrí) en 89 minutos con dos bises, el segundo arrancado cuando ya se puso la música y se dieron las luces para que evacuara la parroquia, que se amotinó y chilló y silbó.

¿Cómo cantó Plant?, se preguntarán. No hizo los alardes de Led Zeppelin, por supuesto: usaba ecos en el micrófono, en algunos tramos cantaba bajito, no llegó nunca a los agudos de antaño y en ocasiones cedía las voces al público (coros reconocibles y onomatopéyicos) y al vocalista gambiano Juldeh Camara (que a veces estiraba los temas en trances africanos). Con melena rubia rizada y piel morena arrugada, como un druida de ‘El señor de los anillos’, usando el pie de micro como Loquillo, Plant se escondió vocalmente en los momentos más evidentes, pero hay que agradecerle que no se entregue a la verbena reiterativa y ya sabida (lo que hizo el telonero Sánchez) y que navegue por otros afluentes a menudo con veredas frondosas y serenas. Lo cual no fue entendido por algún espectador, como ese ronco que le gritó ‘rocanrol’ cuando el Comendador estaba presentando un gospel.

The Sensational Space Shifters, entre el modernismo de Massive Attack y el arcaísmo gambiano (foto: Mr. Duck).

The Sensational Space Shifters, entre el modernismo de Massive Attack y el arcaísmo gambiano (foto: Mr. Duck).

Puestos a simplificar podríamos calcular que tres partes hubo en su repertorio: arranque étnico y folkie, ecuador blusero y oscuro, y epílogo roquero con temas famosos, aunque en versiones mutadas, «tan disfrazadas como las que hace Bob Dylan en los últimos tiempos», opina Pato. En efecto, Plant dio la vuelta a las versiones a veces hasta lo irreconocible. Vestido con una camisa de cowboy endomingado y comandando a su banda, The Sensational Space Shifters, un septeto en total, Plant comenzó con ‘Poor Howard’ y sus africanismos infiltrados al modo de Taj Mahal y sus oooh-oooh (chúpate esa, Arcade Fire).

A la segunda lanzó un guiño al pasado, al ‘Black Dog’ de Led Zeppelin, raspado de agresividad, tornado lisérgico y blusero, con la peña elevando al cielo del pabellón los ‘ajaaa-ajaaa’ y la banda colando en la segunda parte un folk africano, un groove étnico con instrumentos arcaicos. Plant, que a veces se dirigía a nosotros diciendo ‘señoras y señores pasajeros’, incidió en la psicodelia sureña en el tradicional ‘Little Maggie’, invitó a un viaje en el tiempo al recuperar la folkie ‘That’s The Way’ de Led Zeppelin, y de seguido entonó más folk maduro, el ‘All The King’s Horses’ a lo Elvis en el ghetto.

Luego entramos en el tramo de buen blues oscuro con ‘Satan, Your Kingdom Must Come Down’ (un tradicional recreado de modo sombrío al gusto de David Lynch; cuando estaba presentando este tema góspel y reivindicando a grupos como The Five Blind Boys Of Alabama el espectador impaciente le pidió ‘rocanrol’, y él lo oyó, lo cual le hizo saltarse el siguiente tema apuntado en el setlist que Pato fotografió como un espía, ‘The Rain Song’ de Led Zeppelin, pero como lo suelen recrear en plan acústico y sentados, optó por evitarlo, o sea se retrajo ante la presión ambiental), ‘The Enchanter’ (lisérgico, reptante, oscurísimo, un mantra donde entonó bajito y con un final con palmas hare krishna y percusión algo Mike Oldfield) y ‘No Place To Go’ (de Howlin’ Wolf como lo haría Nick Cave y con presentación del teclista John Baggott, también en Massive Attack, y con solo ‘violinista’ de una cuerda del gambiano Camara en plan Hot Tuna).

El público reaccionando por fin efusivo en el epílogo, con mucho Led Zeppelin (foto: Mr. Duck).

El público reaccionando por fin efusivo en el epílogo, aquí en el segundo bis, ‘Rock and roll’ (foto: Mr. Duck).

Para el epílogo, el hasta ese momento desconcertante e incluso incomprendido Plant reservó lo más reconocible por haberlo interpretado hace 40 años o más con Led Zeppelin: unido a la anterior de Howlin’ Wolf insertó tres minutos de fogonazo con el ‘Dazed And Confused’ (Aturdido y confundido), en modo boogie recuperó el ‘Fixin’ To Die’ original de Bukka White, el celebérrimo ‘Whola Lotta Love’ lo incrustó en un popurrí con trozos de Hooker y Bo Diddley mejor resueltos que antes el verbenero Sánchez, en el primer bis holló el culmen de la velada con el blues agresivo ‘The Lemon Song’, y el segundo bis, tras el motín, lo empezó con un groove raro, una crisálida de la cual emergió un transformado ‘Rock And Roll’ que enardeció al gentío, que le hizo los coros a un Plant que se olvidó de los agudos.

Estuvo bien el concierto: es elogiable que Robert Plant adapte sus facultades y no se caricaturice (Plant no repite repertorios cada noche, sucesivamente cambia adaptaciones en sus canciones, investiga en otros géneros tanto modernos como antañones –del bluegrass al trip hop-, se apoya en alineaciones distintas…), que el Comendador desee evitar acabar en una verbena, en una empresa para ingresar a toda costa… ¿Como AC/DC con Axl Rose?

ÓSCAR CUBILLO

Saludos del septeto actuante ante el sobrio escenario, con solo un telón de foro con pluma (foto: Mr. Duck).

Saludos prebises ante el sobrio escenario, con solo un telón de foro con pluma (foto: Mr. Duck).

Comments
One Response to “Robert Plant + Mike Sánchez: Desconcertados y aturdidos”
  1. oscar cine dice:

    Y no deberiamos olvidar:3 katxis de birra,2 cañas y una cocacola…casi 45 euros.luego no lloremos si la gente no va.y si…un buen bolo en casi todo.nos vemos en Getxo.

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