CINE: ‘Buscando a Dory’: Océanos de aguas turbias

BEV BUSCANDO A DORY 0 cartel

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 22 de junio de 2016

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Director: Andrew Stanton

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Calificación: 3 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Buscando a Dory’

 

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Espacios deshabitados, vidas solitarias

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Hay algo que vincula entre sí las tres películas más representativas de la filmografía de Andrew Stanton (Rockport, Massachusetts, 1965), el díptico del océano formado por ‘Buscando a Nemo’ (2003) y ‘Buscando a Dory’ (2016) más ‘WALL-E’ (2008): la existencia de espacios ilimitados, deshabitados que exponen al “hombre” en su soledad, un hombre representado tanto como robots o peces. Esta inmensidad del espacio lleva al “hombre” a buscar refugio, sustento y apoyo en la vida de familia o junto a sus amigos. Por otro lado, la memoria sirve como mecanismo de recuperación del pasado, del reencuentro mental con los seres queridos o con los momentos felices pretéritos. La memoria permite romper los límites de la visión objetiva transformando el entorno, lo visualizado, en espacios readaptados, diseñados expresamente para la conformación del recuerdo.

Si WALL-E descubre en las imágenes de una película antigua (‘Hello Dolly’, 1970) la existencia de un mundo diferente al presente, convirtiendo al pequeño robot en el único ser capaz de almacenar y recuperar la nostalgia del ser humano (verlo aquí), igualmente el pez Dory descubre, en un flash de memoria recuperada, la existencia de un pasado sepultado por el olvido. En ambos films la nostalgia se convierte en mecanismo de lucha contra el entorno, el vacío y los espacios desolados del infinito. Si en ‘WALL-E’ existe la necesidad de recuperar la sensación de apego, los sentimientos sepultados de la ternura y el amor (que se muestran en las imágenes borrosas de la cinta de VHS, a través de la repetición de los movimientos de los actores de ‘Hello Dolly’), en ‘Buscando a Dory’ son los retornos puntuales, rápidos y espontáneos en la memoria de Dory los que la hacen regresar a un periodo olvidado de la existencia. Como la representación de La Tierra en ‘WALL-E’, remarcada por su atmosfera ennegrecida, tormentosa y saturada de polvo, el océano de ‘Buscando a Dory’ está cargado de turbidez, potenciado por las visiones borrosas de los objetos.

Las imágenes de la Tierra desolada y polvorienta en ‘WALL-E’…

Las imágenes de la Tierra desolada y polvorienta en ‘WALL-E’…

…son correspondidas con las del océano turbio de ‘Buscando a Dory’.

…son correspondidas con las del océano turbio de ‘Buscando a Dory’.

El equivalente visual que corresponde al “contrario” (es decir, a la vida alegre y feliz en familia o en grupo) es mostrado de forma colorida por Andrew Stanton. Durante la primera secuencia de ‘Buscando a Dory’, la secuela se rencuentra con su predecesora, ‘Buscando a Nemo’: las imágenes son definidas, los colores vivos, el attrezzo (las algas, los corales) configuran el contenido del encuadre. Stanton busca equivalencias claras entre las formas visuales que se muestran en las escenas de grupo (donde la introspección y la memoria no actúan) y las imágenes que aparecen cuando Dory vuelve a su pasado. La vida feliz, la nostalgia, la necesidad de apego, se presentan esquivas y la distancia con la que el tiempo y la memoria actúan en “el hombre” son expuestas por la inmensidad de un océano que resulta opaco en sus aguas turbulentas.

La belleza del océano solo destaca cuando se vive en comunidad.

La belleza del océano solo destaca cuando se vive en comunidad.

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Un viaje en busca de uno mismo

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Uno de los lastres de ‘Buscando a Dory’ es su deuda con ‘Buscando a Nemo’. Dory era uno de los personajes secundarios de la primera entrega que destacaba en un par de momentos estelares. Dory, un pez con problemas de pérdida de memoria a corto plazo, que acompañaba a Marlin en la búsqueda de su hijo extraviado, Nemo. La nueva entrega recompone la historia de este pez cirujano, buscando los orígenes de su problema, componiendo un relato de su vida como lo haría Pixar en ‘Up’ (2009). Unos flashes de memoria instantánea retrotraen a Dory a los recuerdos de su infancia, hecho que sirve a Stanton para componer el retablo de toda una vida mediante una secuencia de montaje similar al de ‘Up’ (ver aquí). Pero este retorno al pasado, gracias a la memoria, sirve también para enfatizar los rasgos particulares de Dory que ya cautivaron en ‘Buscando a Nemo’: su modestia, optimismo y torpeza. El pececito que juega con los padres no sólo resulta entrañable (gracias a la identificación alcanzada entre la forma del pez y sus rasgos personales), sino que resulta clave para entender la indefensión del personaje cuando éste se encuentra separado de los que le protegen. De estos flashes de memoria y de esta secuencia de montaje se evidencia la toma de protagonismo de Dory respecto a los peces payasos de la primera entrega.

 Los ojos saltones y la boca sonriente que siempre muestra sorpresa son una perfecta representación de los rasgos primarios del personaje Dory.


Los ojos saltones y la boca sonriente que siempre muestra sorpresa
son una perfecta representación de los rasgos primarios del personaje Dory.

Esta larga presentación del personaje tiene como objetivo independizar el protagonismo de Dory, establecer su triple conflicto como único conductor de la trama, relegando a Marlin y Nemo a personajes secundarios, humanizaciones de los deseos u objetivos a realizar por Dory. Pero en ese tránsito, Andrew Stanton está obligado a pagar un peaje, a pasar por lugares comunes con el film precedente (las clases con el Maestro Raya, el viaje a California por una corriente oceánica ayudados por Crush, una tortuga marina).

El film da un claro vuelco a la comedia en su segunda parte, tras haber sentado las bases de la narración (el establecimiento de Dory como personaje principal) y haber definido todos sus conflictos, rasgos y pretensiones. El humor nace de una estructura de comedia de situación, entre las exageraciones del “cartoon” y el puro slapstick de las escenas de acción. La película se divide en dos tramas paralelas, la correspondiente a Dory en busca de sus padres (despreocupada de los peligros que corre y de su separación de sus amigos, Marlin y Nemo) y la de Marlin y Nemo en busca de Dory. Todo ello se desarrolla en un espacio más colorido que el océano abierto pero, por otra parte, más claustrofóbico: el Instituto oceánico ‘Vida Marina’. La fuerza de las escenas, su carga cómica, la complicación que surge en cada una de las resoluciones, queda aderezada por un amplio número de personajes secundarios que no tienen otro fin que ser partícipes de esos enredos y malentendidos. A excepción de otro personaje acertado, Hank, un pulpo camaleónico y malhumorado, necesitado de amistad.

Hank, el pulpo, a diferencia de otros personajes secundarios, tiene sus propios conflictos.

Hank, el pulpo, a diferencia de otros personajes secundarios, tiene sus propios conflictos.

Hank es el anverso de Marlin y Nemo. El pulpo Hank representa el futuro de Dory si el pez cirujano no alcanza sus objetivos: depresivo, amargado, aunque manteniendo en su fuero interno el sentimiento de bondad y amistad. Estos personajes secundarios lo componen las dos ballenas con diferentes particularidades oculares, una de ellas miope y la otra con capacidades extrasensoriales (la ecolocación), y el grupo de leones marinos junto con Becky, un colimbo algo despistado, que ayudan a Marlin y a Nemo a encontrar a Dory.

Persecuciones y líos varios sitúan a Dory en un entorno y en una misión casi imposible a cumplir. Pero la bondad del pececito, su positivismo y optimismo ante la vida hacen que el resto de personajes se desvivan en ayudarle. La doble escena climática (el rencuentro con los padres y el salvamento de Dory y Hank de un camión que circula por carretera) se cierra con una brillante interpretación del tema ‘Unforgettable’ interpretado por Sia (oírlo aquí).

GERARDO CREMER

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Comments
One Response to “CINE: ‘Buscando a Dory’: Océanos de aguas turbias”
  1. Muy de acuerdo en tu análisis… Puede que el comienzo, de algo de pereza, a pesar del personaje encantador de miniDory,
    ..Pero el cambio, en positivo, hacia la segunda mitad, (después del viaje en “autopista”, como el tornado de Kansas a Oz) es sustancial, donde se suceden gags, slapsticks y personajes que enganchan (incluso pides más de algunos, como los leones marinos, Becky, Hank)…
    y que quieras o no, te sacan alguna sonrisa y te lleva en volandas hacia el final.
    Imagínate!…, que no me arrepiento de haberme sacado la entrada de la sesión Infantil…:)

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