Fiestas de Bilbao 2016 / Ana Alcaide: Leyendas femeninas

El sexteto dispuesto en dos líneas para la interpretación (foto: Piru Lamiako).

El sexteto dispuesto para la interpretación en dos líneas (foto: Piru Lamiako).

Domingo 21 de agosto de 2016, Bilbao, Plaza Nueva, 23.30 h, entrada libre.

BEV ANA ALCAIDE FLYERLa folklorista de Toledo Ana Alcaide creó una burbuja de sonido moderno, global y exótico en una Plaza Nueva que acusó demasiadas deserciones del público

 

El domingo, el programa oficial musical de la Semana Grande ofrecía tres conciertos: Los Mitos en La Pérgola, o sea el grupo pionero del rock en Bilbao y gestado hace medio siglo; el cantautor euskaldun Urko al frente de la Banda Municipal de Bilbao en una explanada de Abandoibarra dispuesta con sillas; y nuestra apuesta, también con sillas: el neofolk de la toledana de adopción Ana Alcaide, que superó nuestras expectativas en una actuación que se nos hizo supercorta. Sonaron 13 piezas en 85 minutos a lo largo de los cuales numerosos espectadores desertaron antes del final dejando muchísimas sillas vacías. Ya barruntábamos que iba a ser una velada para especialistas, o muy interesados en el folk, pero lo cierto es que las huidas no se debieron a demérito de Alcaide, quien sonó moderna y global, evocadora y variada, adaptando al castellano desde leyendas que siempre oímos en euskera hasta canciones célticas británicas o tonadas sefarditas del campo en que se ganó un nombre en la escena.

Pregona la Wikipedia que Ana Alcaide (Madrid, 1976) «inició sus estudios musicales con el violín a los siete años. Estudió en el Conservatorio de Getafe (Madrid) y posteriormente en la Universidad de Lund, Suecia. Gracias a una beca de estudios de Biología, en el año 2000 Ana viajó a Suecia y conoció la nyckelharpa o viola de teclas, instrumento tradicional sueco. Atraída por su sofisticación y profundidad sonora, comenzó a tocarlo de forma autodidacta en la ciudad de Toledo ». Alcaide explicó que la nyckelharpa es un instrumento del siglo XIV, «antiguo pero muy versátil», y que con él ha explorado las sonoridades españolas, primero recuperando la herencia hebrea en España y ahora adaptando estilos e inspiraciones del ancho mundo.

Ana Alcaide empuñando la nyckelharpa (foto: Piru Lamiako).

Ana Alcaide empuñando la nyckelharpa (foto: Piru Lamiako).

A la toledana de adopción ya la habíamos visto en el Festival Getxo Folk de 2013, pero este domingo dijo que debutaba en Bilbao. Estrenaba su disco autoeditado ‘Leyenda’, inspirado en mitos de mujeres a veces fantásticas, lo presentó a trazos mediante introducciones feministas y algo oníricas, y lo interpretó al frente de un sexteto en el que Ana ejercía de jefa absoluta: desde los soliloquios hasta la vestimenta (ella de claro, ellos de negro severo), desde su posición escénica central hasta los gestos con los que les ordenó acercarse para las fotos de despedida o para que volvieran a entrar para tocar bis.

Ana Alcaide abrió su set solemne de 85 minutos con sonidos marinos y selváticos de un exotismo global aindiado y sereno, con pasajes de la flauta andina de uno de sus cinco multiinstrumentistas de apoyo (‘Tlalli’). A la segunda la batería me hizo recordar el rock americano fantasmal de 16 Horsepower (‘Diosa Luolaien’) y presentó la tercera, ‘La ondina de Vacares’, una melodía «del Sur de España sobre una mujer despechada que por las noches a los hombres que pasan por el bosque les convence para vayan a su cueva, y ahí los devora», y los ruiditos lisérgicos aunaron el folk de la California ácida con el orientalismo experimental del japonés Oki.

Explosiones de luz en la Plaza Nueva (foto: Piru Lamiako).

Explosiones de luz en la Plaza Nueva (foto: Piru Lamiako).

Así de expansiva, arriesgada e internacional oficiaba Alcaide, que prosiguió con ‘La cantiga del fuego’, un folk eléctrico a lo Gwendal donde nos invitó a viajar para enriquecernos desprendiéndonos de capas de nuestros cuerpos, y en la sefardí ‘Como la luna y el sol’ sonó exportable y reconoció el influjo que sobre ella ha creado este estilo del pueblo hebreo. Tres jóvenes espectadores de la fila 4 se largaron al acabar esta pieza (es que lo gratuito no siempre se valora), la artista se quedó un tanto boquiabierta, pero salió del trance presentando a sus cinco músicos, entre los que había un alemán a las guitarras, y procedieron los seis a tocar ‘Outi’, una defensa del uso español del nyckelharpa que remitió a los madrileños de La Musgaña.

Alcaide habló (más bien leyó) de lo femenino, lo indómito, lo imprevisto, lo mágico, lo silencioso y a veces silenciado, y lo tradujo al euskera antes de entonar, sin gritar ‘gora Marijaia’, lo cual fue premiado con un aplauso, antes de ‘La lamia de Kobate’, sobre una lamia de pies de pato que resonó sincopada y moderna vía Oskorri atávicos pero en español. Y las criaturas mitológicas también aparecieron en ‘La esposa selkie’, un ser de las islas Orcadas mitad mujer mitad foca.

La madrileña vecina de Toledo con su primer instrumento, el violín (foto: Piru Lamiako).

La madrileña vecina de Toledo con su primer instrumento, el violín (foto: Piru Lamiako).

Tras una pieza bastante nórdica con ella al violín, Alcaide recuperó el folklore, la tradición toledana, en ‘El puente de San Martín’, incendiado por una mujer antes de su inauguración, pues se dio cuenta de que se derrumbaría por los malos cálculos de su construcción y podría provocar numerosos muertos. Regresamos a tierras vascas con ‘Akelarre’, «un homenaje a las sorginak» (brujas) curiosamente en castellano, y acabó con ‘Ay que casas!’, «un ritmo de bodas búlgaro, 9 x 8», donde entró en trance como el Kepa Junkera también atávico. Algunas voces pidieron tímidamente ‘beste bat’ y los seis, con ella encabezando, volvieron a escena para un ‘Pasacalles sefardí’ que encadenó tres melodías mediterráneas y que tuvo un pasaje hipnótico percusionista donde el público que quedaba dio palmas espontáneamente. Muy bien Alcaide, que logró crear una burbuja aislada en pleno maremágnum festivo.

OSCAR CUBILLO

Primer plano de la culta y polifacética pelirroja (foto: Piru Lamiako).

Primer plano de la culta y polifacética pelirroja (foto: Piru Lamiako).

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