Ariel Rot: Presumido y en forma (+ entrevista)

Mauro Mietta (teclados), Ariel Rot (guitarra, voz), Toni Jurado (batería) y Candy Caramelo (bajo) tocando ‘el mundo de ayer’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Mauro Mietta (teclados), Ariel Rot (guitarra, voz), Toni Jurado (batería) y Candy Caramelo (bajo)
tocando ‘El mundo de ayer’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Jueves 3 de noviembre de 2016, Bilbao, Kafe Antzokia, 21.30 h, 15-20 €.

bev-ariel-rot-cartel-gira-cd-la-manadaEl talentoso Ariel Rot, un Dorian Gray del rock español, ex Los Rodríguez y ex Tequila, dio un conciertazo en un Kafe Antzokia transversal y receptivo

 

Jueves feliz e inteligente en el Kafe Antzokia en el concierto de un histórico del rock and roll español como es Ariel Rot (Ariel Eduardo Rotenberg Gutkin, Buenos Aires, 1960), un Dorian Gray en plena forma que miró al respetable con presumida ironía y tocó las guitarras (Telecaster, Gretsch y Stratocaster) sin mirar al mástil. Ante más de 300 abonados sonrientes (mujeres, jóvenes, músicos…), divulgando su álbum ‘La manada’ (Warner) en cuarteto eléctrico (los cuatro músicos arrancaron pañuelo al cuello), con sonidazo claro y palpable de puro carnoso, el ex Los Rodríguez y Tequila interpretó 20 piezas (incluyendo el popurrí tequilón) en 100 minutos gozosos con dos bises en los que la peña coreó, se contoneó e incluso rio.

Siempre educado, el dandy Ariel agradeció en el primer parlamento: «Muchas gracias, bienvenidos. Gracias por, ante la abrumadora oferta cultural de esta noche, haber elegido esto. Bienvenidos al show». Con la naturalidad que le caracteriza, Ariel punteaba desde blues a rock, y cantaba sin tacha ni bajones unos mensajes reflexivos y sinceros. En la primera gira que acomete en una formación con sólo un guitarrista, la interacción con el tecladista (como dicen los argentinos) fue perfecta, sin pisarse nunca, mientras Rot facturaba riffs del Nuevo Rock Americano (el inaugural ‘Una semana encerrado’) o stonianos pero también americanófilos (‘Se me hizo tarde muy pronto’), soft rock con letras cadenciosas (‘Solamente adiós’), honky tonk blues a la argentina (‘Broder’, dedicado a Julián Infante, una canción que a Pato le remitió a Sabina y al ‘Hasta luego cocodrilo’)…

El talentoso Ariel, libando de un gran vaso de whisky y a veces alternándolo con agua mineral (un consejo que le dio uno de los grandes, soltó casi al final), ironizó descreído al hablar de los músicos en una endurecida ‘Hoja de ruta’ y más aún en ‘El mundo de ayer’ («para nostálgicos… del siglo XX, ¿eh?»), un medio tiempo creciente, a lo E. Costello o A. Calamaro. Su composición en el fondo tan rodriguesca ‘Dos de corazones’ (este es el clip oficial) sonó a la cumbia de los Blazers y a rockabilly en plan Brian Setzer acelerado ‘Lo siento Frank’, superovacionado al final. ‘Adiós carnaval’ lo cambió tanto que remitió a Enemigos, endureció otro lento de la novedad como en el sentimental y premiado con silbidos ‘En el borde de la orilla’ (la única vez que se colgó la Strato, ¿no?; ah, además en esta Ariel chistó a unos muchachos que charlaban chismosos a la vera del tablado, para que callaran), versionó a Moris en ‘Bruma en la Castellana’ y rocanroleó a modo en ‘Espero que me disculpen’, que en el nuevo disco toca a medias con sus epígonos Los Zigarros y que quizá fue el cénit de la cita.

En el segundo bis, con Suso, exdueño del bar Umore Ona, ya clausurado (imagen de móvil: O.C.E.).

En el segundo bis, con Suso, exdueño del bar Umore Ona, ya clausurado (imagen de móvil: O.C.E.).

Rot se relajó en ‘Vicios caros’, fue supercool en ‘Me voy de viaje’ y sus coros churú-churú (también le salió mucho más duro que en el disco, claro), y mutó en blues bibikinesco el ‘Rock and roll en la plaza del pueblo’ de Tequila antes de montarse en la locomotora para el mentado popurrí con otras tres de Tequila: ‘Necesito un trago’, ‘El ahorcado’ y ‘Mr. Jones’ (aquí el tecladista se ponía en pie y parecía un bolo de los Diamond Dogs). Se despidió la estrella con el soul de Los Rodríguez ‘Me estás atrapando otra vez’, pero aún quedaban dos bises para los que reapareció flaquito y camisetero: el primero doble, con un estirado ‘Milonga del marinero y el capitán’ de Los Rodríguez más un buen ‘Baile de ilusiones’, suyo a pesar de lo rodriguesco, con la peña coreando y ondeándose al son de sus riffs stonianos.

La acabó, saludaron los cuatro músicos, el público jaleó ‘oé-oé-oé’ y «¿qué hacemos?», preguntó el seductor Ariel. Alguien le pidió ‘El vals de los recuerdos’, él lo rechazó alegando que era muy triste para acabar, y se sacó del bolsillo el ‘Mucho mejor’ de Los Rodríguez y montando una fiesta con un invitado a los coros, Suso, el del bar Umore One, ya cerrado. Y con todo el mundo en la cima de su contento, se despidió definitivamente Ariel diciendo: «Hasta la próxima, amigos. Sean felices». Y al salir del Antzoki nos fijamos en que no había puesto de merchandising: ni camisetas cuyos diseños no ha preparado, ni vinilos, ni nada.

OSCAR CUBILLO

«Se está sobrevalorando mucho el tema económico de los directos», afirma Ariel (foto de promoción: Warner).

«Se está sobrevalorando mucho el tema económico de los directos», afirma Ariel (foto de promoción: Warner).

+++ ENTREVISTA +++

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«Soy un ‘ex symbol’, ja, ja, ja» 

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El seductor guitarrista argentino, ex Los Rodriguez y ex Tequila, divulgará en 17 conciertos en cuarteto eléctrico

su novedad titulada ‘La manada’, a la que define como un ejercicio terapéutico y roquero.

Pero seguro que las numerosas damas que le siguen no desprecian sus lentos y medios tiempos, endurecidos en vivo

 

‘La manada’ (Warner, 16), en LP y CD.

‘La manada’ (Warner, 16), en LP y CD.

Una cincuentena de conciertos dio el roquero Ariel Rot en 2015. Fueron de él a solas alternando guitarras acústica y eléctrica más piano. Ahora que acaba de lanzar en la multinacional Warner el álbum ‘La manada’ (¡disponible también en LP!), ya tiene cerradas 17 fechas con grupo eléctrico hasta diciembre. Atención: asegura Ariel Eduardo Rotenberg Gutkin (Buenos Aires, 19 de abril de 1960) que quien falte a sus bolos, aun declarándose amante del rock, en realidad es un farsante.

Ariel, ex Los Rodriguez y ex Tequila, gira con Candy Caramelo (bajo), Toni Jurado (batería) y Mauro Mietta (teclados), que intervinieron también en la grabación de ‘La manada’, un disco que en entrevistas como esta define como roquero. Y sí, lo es, porque contiene 11 canciones vistas desde el prisma de un roquero culto como Elliott Murphy. Sin embargo, sacudidas no hay muchas: el R&R ejecutado a medias con sus epígonos Los Zigarros (‘Espero que me disculpen’) y pocas más.

Con motivo de su concierto en Bilbao, como somos fans de Ariel de toda la vida (la suya y la nuestra), madrugamos el pasado martes 25 de octubre para entrevistarle en persona, ¡a las 10 de la mañana!, en un hotel bilbaíno sito en la otra acera de San Mamés (él en otro momento rodó este video promocional del bolo ante la fachada del estadio). Venga, que arranque la grabadora…

Llegasteis ayer lunes por la noche a Bilbao. ¿Qué planes tienes para hoy?

Tengo un plan muy atractivo. Empiezo con una entrevista contigo y luego sigo así todo el día. Siete u ocho en total. Un día tranquilito.

¿Has estado en el gimnasio de este hotel?

Por supuestoooo… Me levanté a las 6 de la mañana, corrí una hora, hice mis 150 abdominales… Je, je, je… Lo habitual, vamos, lo que hago cada mañana.

Has corrido por los alrededores. Por fuera, claro.

Por fuera y por dentro. He subido escaleras, he bajado…

En esta visita promocional te acompaña David Bonilla. ¿Desde cuándo le conoces y qué hace para ti?

Joder, le conozco creo que desde el último disco de Los Rodríguez, que salió en Warner. A partir de entonces hemos trabajado juntos en cada disco mío y es una figura imprescindible para los momentos claves: en las decisiones del orden de las canciones, en las portadas… Colabora mucho en todo lo que es la parte artística.

David trabaja para Warner. ¿Habéis venido a promocionar el concierto o el disco? O las dos cosas…

Las dos cosas. Las dos. Si fuese sólo el concierto, este viaje lo pagaría yo. Pero lo paga Warner y aprovechamos para hablar de las dos cosas. Contigo aún no he hablado de ‘La manada’ y el concierto es la semana que viene, o sea que va todo juntito.

¿Qué implicación tienen actualmente los sellos discográficos en los conciertos de sus artistas?

Bueno, me imagino que eso tiene un poquito que ver con la relación con cada artista. En mi caso esta gira es heroica, no es una gira en la que evidentemente Warner vaya a tener grandes intereses comerciales. En todo caso colaboraría en las pérdidas, ¿no?, ja, ja, ja… Warner me está echando un cable, por supuesto. Para que no pase lo que pasó otras veces, que cuando hubo un concierto en alguna ciudad la gente me decía después: ‘pero cómo, has estado tocando, qué clase de comunicación se ha hecho de este concierto’. Aunque no son muchos mis seguidores, por lo menos que se enteren todos.

¿Qué vas a vender en el merchandising del concierto de Bilbao? ¿También discos? Antes a las multinacionales no les gustaba que se vendieran los discos en los bolos de sus grupos, preferían distribuirlos en las tiendas. Pero ahora, como casi no hay tiendas…

Sí. Creo que, como disminuyó drásticamente la venta de discos, el concierto es un buen momento para ello porque la gente está eufórica por el concierto. Discos y vinilos son lo único que llevamos porque no me quise meter en demasiadas cosas. Yo ya debía organizar mucho en esta gira: preparar nuevo repertorio con un grupo y un formato nuevos, porque ahora voy como el único guitarrista del grupo. Es la primera vez que lo hago. Lo cual cambia el sonido de la banda, lo hemos refrescado. Es mucha tarea ésta como para meterme también a elegir diseños y materiales que vender.

En la rueda de prensa de presentación del BIME se contó ayer lunes que, ante el descenso de ventas de la industria discográfica, la industria musical en general es arrastrada por la música en directo. Más bien por los festivales. ¿Estás de acuerdo?

Se está sobrevalorando mucho el tema económico de los directos. Es cierto que hay un grupete de grupos y de artistas que están funcionando bien, muy bien, en directo. Son unos elegidos. Pero a los que en este momento no estamos dentro de este grupo de privilegiados, donde yo ya he estado en varios momentos de mi vida, a los artistas que como yo llevamos 40 años y nos dirigimos a otro tipo de público, ya te digo que el directo nos supone más bien una inversión que un beneficio.

Una inversión se realiza para obtener un beneficio. ¿Qué beneficio buscas tú?

Es un deber que debo cumplir. Una misión.

Con quién. ¿Con el público? ¿Con tu grupo, que fue el argumento con que convencieron a Fito para que volviera a las grandes giras con los Fitipaldis, contándole que 50 familias dependen de él?

Bueno, de mí no dependen tantas… Básicamente es un deber conmigo mismo y con el público. El sábado (22 de octubre) toqué en Valencia y vinieron varios colegas al camerino a decirme que hacía seis años que no me veían tocar con una banda. Y eso no puede ser. Creo que es un buen momento para refrescar y que la gente venga a verme en directo con una banda. Que la gente sea consciente de que podemos dar conciertos gratuitos y en festivales y tal, pero que un concierto de rock en una sala, en una buena sala, es un caso excepcional que no sé si muchas veces más me lo voy a poder permitir.

Ariel el sábado 22 de octubre en Valencia, en la sala Moon (foto: Octavio Juan).

Ariel el sábado 22 de octubre en Valencia, en la sala Moon (foto: Octavio Juan).

¿Por qué no se ve a menudo tu nombre en los carteles de los festivales?

No lo sé. A veces me da la sensación de que los festivales son un poco sectarios. Creo que hay oficinas que tienen mejor feedback con los festivales y son las que convierten a sus grupos en indies realmente. Podrías llamarlos grupos de pop, grupos de rock, pero son indies porque tocan en festivales indies.

¿Quizá consideren los contratistas que tu público no se adapta al de los festivales?

No. Yo hago una música que podría encajar ahí perfectamente. Digamos que manejo un repertorio con el que puedo hacer festivales, ja, ja, puedo hacer plazas mayores de pueblo, puedo hacer pequeños garitos tocando solo, y puedo hacer una master class si me lo piden. Soy un todoterreno en ese sentido. Me parecen muy bien los festivales, pero tengo la sensación de que, una vez más, son un evento en el que la música no es lo principal. Hemos inventado un nuevo modelo en el que no diría que la música es secundaria, porque sería muy cruel afirmar eso, pero donde la música sólo no es suficiente, ¿no? Los festivales, los gratuitos, la televisión con sus realities… La música por la música parece que no es suficiente para movilizar al gran público.

¿Cuántos conciertos diste en 2015?

Sé que di 50 conciertos en formato solo.

Ya, actuabas en solitario con guitarra acústica, eléctrica y piano.

Sí. Era un espectáculo que he dejado aparcado por un tiempo, obviamente. Y no era simplemente coger la guitarra y devaluar mis canciones, sino todo lo contario. Fue un trabajo exquisito en el sentido de que reconstruía el repertorio en otro formato y dando una nueva vida, una segunda vida a esas canciones, totalmente distinta a la de la canción original. Me llevó mucho tiempo conseguir que eso cuadrara, lograr un show lo mejor posible, con una buena narrativa. Y fue un éxito.

Y este año, con la salida del disco, llevarás menos bolos de momento. Se supone, porque acabas de empezar.

El sábado (22 de octubre) fue el segundo concierto de la gira. Hasta diciembre tenemos 17 fechas. Y a partir de ahí, ya veremos. Yo ya no me arriesgo más. A partir de ahí, que me contraten, je, je…

El concierto del jueves en Bilbao será eléctrico, ¿no?

Sí. Totalmente eléctrico. Vamos en cuarteto. Guitarra, teclado, bajo y batería. O sea un músico por instrumento. Lo cual requiere un compromiso mucho más completo por parte de todos los músicos. Con un instrumento por músico, nadie puede pasar inadvertido. Creo que es un show muy espectacular para ver en este tipo de sala, porque habrá un gran despliegue. El rock no es virtuoso, pero yo diría que lo que hacemos sobre el escenario está cercano al virtuosismo. Cantamos los cuatro y estamos muy compenetrados. El concierto tiene ciertos grados por momentos, puede ser muy emocionante y vertiginoso. Y yo creo que los que se dicen amantes de este género, si no vienen a este concierto, no lo son. Son unos farsantes, ja, ja…

En el Antzoki, tocando ‘El mundo de ayer’ (imagen de móvil: O.C.E.).

En el Antzoki, tocando ‘El mundo de ayer’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Presenta a tus músicos.

Todos son estrellas del rock y sex symbols. Está Candy Caramelo al bajo y voz, que es como tener a Ibrahimovic a mi izquierda. Tiene una planta espectacular y es un musicazo que te mueres. Graba sus propios discos, es productor… Toni Jurado viene a la batería y es un batería supermusical que toca la guitarra también y compone y graba sus propias canciones. Y Maurito Mietta en el teclado, un flaquito que ahora mismo se ha convertido en un contrapunto fundamental a mi guitarra. Al no haber otra guitarra más, el teclado está muy juguetón y muy presente.

¿Qué tipo de público va a verte? No solo roqueros.

En un concierto al que se entra pagando, yo diría que es un público de rock gourmet. Lo definiría así.

Y se ven muchas mujeres, que ya sabes no frecuentan los conciertos…

Es que son todos sex symbols en la banda. Yo soy ‘ex symbol’… Soy el único ‘ex symbol’ de la banda. Pero desprendemos mucho sex appeal, je, je, je… No sé… Creo que lo importante es que no me convertí en una especie de souvenir del pasado, de los años 80 y todo eso. Sino que seguí en activo constantemente y eso ha hecho que el público se renueve en cada disco que saco.

Eso le comentaba a Loquillo hace poco. Que tiene la suerte de que su público se va renovando. Hay mogollón de chavales en sus conciertos y eso es una garantía que te libra del mercado nostálgico, de acabar actuando en La Pérgola para jubilados.

Ya, seguir sacando discos y manteniendo el listón lo más alto posible. Incluso tratar de seguir superándote, ¿no? Es muy difícil en las carreras largas que tus últimos discos, por muy buenos que sean, digamos que estallen y que haya una subida de tu estatus muy marcada. Pero sí hay un goteo de nuevo público, de público joven.

Comenta ‘La manada’, tu novedad. ¿He podido leer que es un disco variado que has compuesto con distintos instrumentos…?

No. No. Al revés. Todo lo contrario. Lo he compuesto sólo con guitarra, y básicamente mucho con guitarra eléctrica. Así que lo compuse de una manera distinta, no de una manera tan reflexiva y tan íntima como mis discos anteriores, sino de una manera como más desbocada, la manada desbocada. Encerrándome en un sitio que tengo insonorizado, donde poder poner buen volumen, colgarme el micro y dejarme llevar sin tener un objetivo muy claro. Sino de una manera casi terapéutica, para sentir el pulso del rock and roll.

¿Qué te sale más fácil, la música o la letra? Supongo que la música.

Pues no te creas… Una vez le dijo Dylan a Hendrix: ‘Cuida la letra, la música se cuida sola’. Yo sé que cuando tengo una buena letra, ya tengo una buena canción. Sin embargo, sé que cuando tengo una buena música, no tengo nada.

¿Y has pasado largas temporadas de sequía, que no te salían letras?

Por supuesto. Sabes que yo no soy un compositor constante, ¿eh? Desde que entré a grabar este disco, hace cuatro meses, hasta ahora, ni se me ocurrió coger un boli. No estoy con esa especie de radar puesto, o de caña de pescar que sueltas ahí. Todavía no. Pero claro, al principio del proceso de composición, hasta que pescas el primer pececito, cuesta, ¿no? Luego ya fluye todo y llega un momento en que estás tan entrenado, tan absorbido por ese estado mental y emocional, que prácticamente de todo puedes sacar una canción. Pero sí, las primeras etapas de cada disco son un poco alarmantes a veces. Empiezas a repasar tus discos anteriores y te dices: ‘cómo hice para sacar estas letras tan buenas…’.

Ariel saludando seguramente durante el bis del sábado 22 de octubre en Valencia (foto: Octavio Juan).

Ariel saludando seguramente durante el bis del sábado 22 de octubre en Valencia (foto: Octavio Juan).

¿Qué te parece la polémica por el Nobel a Dylan? Sobre todo por gente que no ha leído un libro… en el último año, digamos.

Ya… Me parece un poco absurda tanta polémica. Es un premio importante, pero no deja de ser un premio del sistema, un premio formal. ¡Qué más da! Dylan no necesita ningún premio. Hablemos del ahora de Dylan, de cómo gracias a él en un momento el mundo se puso a temblar. Como no hay mucho de qué hablar, esto del Nobel ha servido para llenar páginas. A los detractores fanáticos, fundamentalistas, no los entiendo. Ni en este ni en ningún tipo de debate. Y los defensores me parece que también entraron al trapo. Hoy en día a la gente le gusta mucho opinar y ver que su opinión sale con su nombre. Así sienten que su vida tiene algún sentido, ¿no?

¿Qué estás leyendo ahora?

Buf, estoy con tres libros. Estoy leyendo uno de cuentos de Murakami, justamente (el japonés Haruki Murakami, otro aspirante al Nobel), el libro de Pablo Carbonell ‘El mundo de la tarántula’, y estoy leyendo ‘El día de la independencia’ de Richard Ford. Los voy alternando según tenga yo la cabeza para concentrarme.

¿Es tan revelador, tan bestia, el libro de Carbonell?

Yo no lo compraría desde el lado amarillista, sino por la sensibilidad, el ingenio, la profundidad, la inteligencia y el humor.

OSCAR CUBILLO

Saludos de Mietta, Jurado, Rot y Caramelo (imagen de móvil: O.C.E.).

Saludos en el Kafe Antzokia de Mietta, Jurado, Rot y Caramelo (imagen de móvil: O.C.E.).

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