Nikki Hill: La cobra

El matrimonio Hill, o sea Matt y Nikki, en el bis, pues ella ya está en camiseta (foto: Lorenzo Pascual).

El matrimonio Hill, o sea Matt y Nikki, en el bis, pues ella ya lleva camiseta (foto: Lorenzo Pascual).

Martes 8 de noviembre de 2016, Bilbao, Kafe Antzokia, 21 h, 15-18 €.

 

La vocalista mulata Nikki Hill esparció rock and roll, soul y rhythm and blues en un Antzoki lleno, mixto y treintañero

 

Lleno en martes el Kafe Antzokia, a 18 euros la entrada en taquilla, para ver al combo estadounidense de la vocalista mulata Nikki Hill, una treintañera criada en Carolina del Norte y afincada en Nueva Orleáns. Fue el cuarto año consecutivo que Nikki recalaba en la misma plaza. Atestiguamos sus anteriores visitas y esta vez trajo una novedad que no se explotó como merecía: la adición de la segunda guitarra del juvenil Robert Nesbit (Fender Telecaster), que daba sopas con honda al guitarrista titular y esposo de la dama, el barbado Matt Hill (Gibson SG, episódicamente Gibson Les Paul), con lo cual no se le permitió al novato destacar con el protagonismo que merecía entre el sonido apelmazado general y quizá premeditado.

A lo largo de todos estos años, en la banda parece que sólo ha avanzado la protagonista, una Nikki que ha perdido la timidez, habla en primera persona al respetable (o sea, de lideresa total), baila sin parar dando palmas y canta todo el rato con un rugido felino como de gata contenta. Por lo demás, sus escuderos permanecen igual que en su primera visita, la de en 2013: base rítmica sobria y marido guitarrista incapaz de lucirse, a pesar de que se coloque el instrumento por detrás de la cabeza. Curiosamente, la guitarra extra les sirvió para alejarse del proto rhythm and soul negro y derivar hacia un rock sudista espeso por momentos palúdico.

Nikki, la única que ha evolucionado, en la segunda, ‘Ask Yourself’ (imagen de móvil: La Reina).

Nikki, la única que ha evolucionado, en la segunda canción, ‘Ask Yourself’ (imagen de móvil: La Reina).

Nikki Hill y los suyos regresaban con el mismo disco de la anterior gira, ‘Heavy Hearts, Hard Fists’, del que tocaron nueve de sus once cortes, dejando sólo fuera el 7º (‘Hotshot’) y, pena, el 9º (el soul ‘Nothin’ With You’). En total la velada de ese martes, atendida por muchos treintañeros mixtos y expectantes, suministró 16 canciones en 90 minutos, con dos bises, para no variar, aunque echamos de menos alguna versión de AC/DC.

Fue un show correoso, muy de combo hostelero (a pesar de que Nikki y los suyos estén de moda en España y llenen salas medianas incluso con antelación, gracias al buen hacer de su management entre nosotros), apelmazado (suele suceder cuando el guitarrista solista no es un dechado de virtudes) y purista pero quedón gracias al entusiasmo que le pone la chica. Nikki, con tupé afro, americana de leopardo y botas de serpiente, cantó soul rock and roll vintage (‘Ask Yourself’), versionó a Johnny Thunders (el soul ‘You Can’t Put Your Arms Around A Memory’), apretó en el trance blues entonándolo en plan una Koko Taylor adolescente (‘I Got A Man’, que a La Reina le evocó al ‘Gloria’ de Them / Van Morrison), y a la sexta por fin dieron a la diana con el boogie ‘Strapped To The Beat’, en donde la segunda guitarra de Robert Nesbit sonó clara y sajó la noche con un punteo afilado.

El quinteto al completo en el sexto tema, el boogie ‘Strapped To The Beat’ (imagen de móvil: La Reina).

El quinteto al completo en el sexto tema, el boogie ‘Strapped To The Beat’ (imagen de móvil: La Reina).

Había mimbres, pero no se aprovechaban al máximo. Nikki Hill y sus escoltas tocaban ora blues saltarín a lo Jimmy Reed (‘Mama Wouldn’t Like It’), ora soul palúdico oscuro y lento (‘And I Wonder’), y daban algún disparo más en la diana al desenfundar de nuevo la Telecaster (la versión de Chuck Berry ‘Sweet Little Rock And Roller’). Los últimos cartuchos antes del bis no tuvieron la pólvora mojada, caso del blues de Eddie Taylor ‘I’m Gonna Love You’, el estupendo soul modernista algo BellRays ‘Right On The Brink’, y el adiós con el rock and roll alocado ‘Scratch Back’.

Y los bises resultaron correctos sin más, a pesar del calibre rocanrolero del primero, una dupla con ‘Oh My’ más el cover de Little Richard ‘Keep A Knockin’’, y del tumbao del segundo, un ‘Twistin’ The Night Away’ de Sam Cooke que no supo comulgar con la parroquia, aunque Nikki premió con un beso a su marido, Matt Hill, al que varias canciones antes le hizo la cobra, igual que Bisbal a Chenoa, en serio.

OSCAR CUBILLO

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