Michael Olivera Group: Paz y amor

Munir Hossn (bajo y guitarra), Miryam Latrece (voz), Joao Frade (acordeón), Michael Olivera (batería) y Ariel Brínguez (saxos) (imagen de móvil: Bilbaína Jazz Club).

Munir Hossn (bajo y guitarra), Miryam Latrece (voz), Joao Frade (acordeón),
Michael Olivera (batería) y Ariel Brínguez (saxos) (imagen de móvil: Bilbaína Jazz Club).

Jueves 10 de noviembre de 2016, Bilbao, Bilbaína Jazz Club, 20.30 h, 12 €.

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El internacional Michael Olivera Group presentando la fusión de su disco ‘Ashé’

 

Lleno el jueves el Bilbaina Jazz Club, en su sede principal de La Bodega, para catar la propuesta bastante fusionera del baterista cubano Michael Olivera (esta es su web) presentando su disco ‘Ashé’, que, como explicó en su primer parlamento, «es una palabra yoruba que significa amor, paz, bendición». Arribó en quinteto y, en vez del pianista para el que se compuso tal opus, se trajo un acordeonista que completó un grupo que parecía animador de un garito de Macondo: vocalista con turbante (Miryam Latrece, ¡de Móstoles!), bajista con un sombrero magrebí (Munir Hossn, brasileño de Paraná), acordeonista sentado en el centro de la escena y con cara de susto (Joao Frade, portugués, el único parapetado tras partituras), baterista peinado a raya y vestido con chaqueta de fieltro a la antigua (Michael Olivera, cubano de Santa Clara), y saxofonista de pelo y barba afros (nuestro admirado Ariel Brínguez, otro cubano de Santa Clara al que se le está quedando cara de Mingus rasta).

El show de 7 piezas en 100 minutos del Michael Olivera Group transitó por lo tropical, por lo pintoresco y a veces afrancesado, por los tarareos samberos de la dama del turbante, por bandas sonoras imaginadas y en exceso dilatadas, y se rellenó con demasiados solos a menudo extensos: de la susurrante Latrece intentando y consiguiendo los coros tímidos del respetable, del acordeonista al que sus intervenciones no le quedaron muy jazz pero sí un tanto manouche, y del bajista Munir Hossn, que a la mínima oportunidad acaparaba el protagonismo y soleaba con bajo (o con una guitarra acústica de ritmos afrobeat que tenía dispuesta en un pie fijo) mientras de fondo tarareaba scats mirando a sus compañeros (el que suscribe deseó que llegara Mister Trump para expulsarlo de país, pero un espectador a la derecha espetó: «¡qué bueno el tío, cómo se lo pasa!»; quizá fuera ironía).

El omnipresente y amenazador y risueño Munir Hossn detrás de la susurrante y suavita Miryam Latrece (foto: Rafabilly).

El omnipresente y amenazador y risueño Munir Hossn detrás de la susurrante y suavita Miryam Latrece (foto: Rafabilly).

Entre tantos solos dilatados, ambientes cambiantes sube y baja (la primera y progresiva pieza, la titulada ‘Trilogía: guajira, llanera, andaluza’, donde Munir ya nos propinó uno de sus luengos solos como si estuviera en un zoco), un homenaje al ‘Love Supreme’ de John Coltrane bastante cambiado (‘Acknowledgement’), más costumbrismo algo Malandro (‘Ashé’) y la excelente pegada de Olivera que rehuyó el protagonismo más allá de las divulgativas presentaciones, la cita tuvo al menos tres momentos destacables: dos en cuarteto sin Latrece al micro, que fueron un tramo de ‘Raíles’ con el saxo de Ariel (hasta que Munir se volvió a poner pesado), y la mejor pieza de la velada por precisa, dramática y breve (‘Ciclón tropical’, que hizo honor a su título y temblaban las cuadernas y Olivera parecía que tocaba la batería para los progresivos Dream Theater), y el bis creciente con ‘Ganas de vivir’, al principio setentero y de fondo pero con evolución climática, solos post bop de Brínguez y lapsos bateristas exultantes de Olivera.

Sólo queda citar un título de los ejecutado, el sexto, ‘Campesino y campesina’, con todos los defectos, imperfecciones, imprecisiones y divagaciones de la velada: costumbrismo, afrancesamiento, bandas sonoras imaginadas, tímidos coritos y palmas del respetable… y el inevitable solo de Munir, una amenaza con patas. A la gente le gustó en general, pero habría estado mucho mejor con el piano en vez del acordeón y con menos protagonismo del simpático y feliz Munir, que nos cayó simpático, ¿eh? Siempre paz y amor. Siempre ‘Ashé’.

ÓSCAR CUBILLO

Esta es la versión en estudio y en imagen de ‘Ashé’:

 

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