Elefantes: 19 canciones de amor

Jordi Ramiro (batería, percusión), Hugo Toscano (guitarras), Shuarma (voz, guitarra, teclas, composición) y Julio Cascán (bajo) (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Jordi Ramiro (batería, percusión), Hugo Toscano (guitarras), Shuarma (voz, guitarra, teclas, composición) y Julio Cascán (bajo)
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Viernes 9 de diciembre de 2016, Bilbao, Sala BBK, 21 h, 20-24 €.

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Absolutamente liderado por su cantante Shuarma, el resucitado cuarteto barcelonés Elefantes sedujo y atrapó a una Sala BBK mixta y predispuesta

 

Nutrida entrada en la Sala BBK para ver el viernes del puente a Elefantes divulgando ‘Nueve canciones de amor y una de esperanza’ (Warner, enero 2016), su segundo disco tras su parón de 8 años (2006-2013), un océano en una carrera arrancada hace 22, en Barcelona en 1994. Su show de 118 minutos para 19 canciones cursó en ‘U’, con un leve bajón por el ecuador, pero pareció inapreciable para la mayoría del respetable, mixto y predispuesto.

‘Nueve canciones de amor y una de esperanza’ (Warner, enero 2016),

‘Nueve canciones de amor y una de esperanza’ (Warner, enero 2016),

El cuarteto catalán y barbado arrancó sentado, a pesar de la energía eléctrica creciente de sus canciones. Tras el introito lento, ceremonial y soulero a lo Lambchop con Diego Vasallo (‘Hoy’), el líder Shuarma, rubio cual lobo ártico, destapó sus maneras a lo Raphael (‘Me he vuelto a equivocar’, premiado con una ovación rota), alcanzó una cima hilando a Bowie con Sidonie y los Love Of Lesbian siderales (la gradación de ‘Aún más alto’ –este es el clip-), y reveló su influencia de la copla (‘Que todo el mundo sepa que te quiero’, algo Bunbury; «la que mejor define el disco nuevo», informó Shuarma) y del flamenco: vía Planetas y con pasaje rumbero ‘Me falta el aliento’, flamenquita con Lole y Manuel en lontananza ‘Dime si tú te vas’, ésta con una gratuita intro de guitarra.

«¿Todo bien?», preguntó Shuarma, y es que este tema fue un punto de inflexión en el show. A partir de ahí el bolo se trabó un tanto y se tornó irregular entre la sexta y la undécima canción. La lírica pecó de prosaica, de fácil, por ejemplo en la pianística ‘Duele’, trufada con metáforas forzadas de satélites y volcanes y que en el disco ‘Nueve canciones de amor y una de esperanza’ hacen con Bunbury («nos ha ayudado mucho y nos sentimos muy hermanados», Shuarma dixit; este es el clip oficial), el folk pop indie algo Duncan Dhu de ‘Volvió la luz’ (el amor desde el punto de vista positivo y feliz pero con letra facilona y plana), el reconocimiento del amor sencillo en ‘Lo más pequeño’ (ésta a lo Duncan Dhu en el jardín de flores), la loa a la alegría que dan los hijos en ‘Mi estrella’ (algo Bowie una vez más, bastante efectiva, con aire Sidonie también), o la undécima, cuando por fin se pusieron los cuatro en pie («arriba, arriba», jaleó un espectador) para tocar su hit ‘Y yo no lo sabía’ ejecutado con poca pegada pero con participación activa del respetable.

Shuarma, alias de Juan Manuel Álvarez Puig, barcelonés de octubre de 1972 (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Shuarma, alias de Juan Manuel Álvarez Puig, barcelonés de octubre de 1972 (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Hasta entonces, como haría hasta el final, Shuarma había ejercido de líder absolutista: se movía como la única estrella y sólo hablaba él, a menudo en primera persona. Gracioso, cercano y sin alharacas, Shuarma libaba de una copa de vino tinto, tocaba guitarra y teclados, bailaba, nos animaba a comprar en el merchandising discos, camisetas e imanes para las neveras, nos pedía palmas y coros, dedicaba canciones en genérico (a los que sufren por amor, a los enamorados, a los que tienen hijos…) y peroraba sobre el amor sin parar. A veces eso parecía un cursillo. Y dijo: «Solo hacemos canciones de amor».

Y a partir de la duodécima («oh, esta es buenísima. Lo que pasa es que no la hemos escrito nosotros», contó Shuarma al pasar la hoja del atril) el bolo remontó el vuelo de nuevo. Este tema era su versión del ‘Te quiero’ de José Luis Perales, donde crearon ambiente de festival con toda la peña coreando enfática (como la tierra al sol…). Prosiguieron los paquidermos con un bonito ‘Azul’ que les quedó entre Neil Diamond y Diego Vasallo, diseñaron pop a lo Kathrina & The Waves en ‘Me llega’ y se pusieron duros con ‘Piedad’, algo Nino Bravo.

Para el bis se hicieron de rogar a la hora de reaparecer y les quedó largo. No, mejor escribo generoso, pues contuvo con cuatro piezas: el pop redondo ‘Equilibrios’ («nuestra forma de entender el arte y lo creativo»), el AOR españolizado de ‘Somos nubes blancas’, la onda Bowie flotante de ‘Pretendes’ y el adiós con ‘Momentos’, una gradación a lo Eels con Sidonie. Hala, he citado las 19 canciones de un buen show ofrecido con ambiente de teatro, por eso las mesas, las copas de vino, los asientos y demás atrezo encima del escenario.

OSCAR CUBILLO

Saludos postreros satisfechos de los cuatro catalanes barbados (foto: Cesáreo Bringas Aparicio).

Saludos postreros satisfechos de los cuatro catalanes barbados (foto: Cesáreo Bringas Aparicio).

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