CINE: ‘Rogue One: Una historia de Star Wars’: Ruptura y continuismo

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 15 de diciembre de 2016

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Director: Gareth Edwards

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Calificación: 3 estrellas de 5

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Tráiler de ‘Rogue One: Una historia de Star Wars’

 

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Aires de renovación

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El primer “spin-off” de Star Wars, ‘Rogue one: una historia de Star Wars’ (aunque mejor identificarlo como la precuela de ‘La guerra de las galaxias: episodio IV- Una nueva esperanza’, 1977), es una confirmación de la estrategia de Lucasfilms y Walt Disney de poner al mando de las producciones a jóvenes directores, una generación nacida en 1975, provenientes del cine independiente (Gareth Edwards, Rian Johnson, Colin Trevorrow, Phil Lord & Christopher Miller) que han pasado ya por la responsabilidad de dirigir producciones de alto presupuesto, sujetas a las obligaciones de las grandes distribuidoras y a los requerimientos de las franquicias y blockbusters: directores que, a pesar de asumir estos complicados retos, mantienen una cierta inocencia en la configuración de las imágenes y un toque personal en la estructura visual y narrativa de sus realizaciones. Un criterio que se aleja de la primera producción de la nueva saga, ‘El despertar de la fuerza’ (2015; así la comentamos), que contó con el continuista, televisivo y post-modernista J.J. Abrams, una propuesta que mantenía un lazo de unión entre las diferentes generaciones de fans de la saga y los nuevos espectadores.

‘Rogue one: una historia de Star Wars’ satisface al espectador más que descontenta. A pesar de la omnipresencia de la Estrella de la Muerte (referencia visual y temática de la mayor parte de los capítulos de la serie), la película destila savia nueva, espíritu renovado, regeneración del diseño de producción y dirección de arte de la serie, vitalidad y emoción en las secuencias de acción y un acercamiento verosímil al universo galáctico que potencia su realismo, distanciándose tanto de los modelos conocidos / teatrales de los episodios IV, V, VI y VII (donde se respira la existencia de decorados y los actores tienden a dramatizar su actuaciones) como de los modelos digitales, aún en fase de desarrollo/investigación, de los capítulos I, II y III (donde todo resultaba poco creíble y los actores se encontraban desubicados y desconectados).

El equipo rebelde multirracial y rescatador.

El equipo rebelde multirracial conocido como Rogue One.

La nueva entrega de la serie galáctica tiene un recorrido marcado, que va desde el distanciamiento con las anteriores entregas hasta el acercamiento y contacto de los personajes con el universo de Star Wars. Un proceso gradual que se palpa durante la incorporación de la protagonista, Jyn Erso (Felicity Jones), en las obligaciones / compromisos con la Alianza Rebelde y que la lleva finalmente a poner en riesgo su vida por unas responsabilidades que inicialmente no tenía. Pero no sólo este acercamiento se da en el aspecto narrativo, sino también en lo visual. El comienzo de ‘Rogue one: una historia de Star Wars’ (durante los saltos de montaje que buscan dividir la historia en diferentes planetas) presenta un espacio transformado, real y futurista al mismo tiempo, bastante cercano al MCU (Marvel Cinematic Universe) y que consigue reducir las distancias espacio-temporales entre el mundo en el que vivimos y la verosimilitud cinematográfica de los universos recreados (gracias a los avances alcanzados con los CGI- efectos especiales computarizados-, la mezcla de escenificaciones / decorados y escenarios reales, y el uso de puntos de vista aéreos de cámaras móviles que dan compacidad a las escenas desarrolladas con los CGI).

Pero esta distancia inicial con el mundo de Star Wars busca también adecuarse a los requerimientos visuales de la serie. Digamos que la imaginería de ‘Rogue one’ va tiñéndose de componentes de la serie y termina convirtiéndose en una pieza de engarce perfecta con el comienzo de ‘La guerra de las galaxias: episodio IV’. El efecto-fusión, de pieza de encaje con el Universo Star Wars (renovando, al mismo tiempo, visualmente la serie galáctica, algo que el espectador percibe al concluir la película) surge de un trabajo de guion donde poco a poco se incorporan elementos míticos, entre los que destaca por encima de todos la presencia de Darth Vader y Gran Moff Tarkin (con el rostro digitalizado de Peter Cushing). Además está la existencia de una nave espacial algo descacharrada similar al Halcón Milenario y un equipo humano que lucha “en comandita” para derrotar al enemigo. Un argumento que, poco a poco, se va perfilando como clara precuela de la primera película estrenada de la serie.

El supervillano Orson Krennic.

El supervillano Orson Krennic.

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Entre las “set pieces” y la poética de la imagen

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Resulta que en ‘Rogue one’ es más complicada la forma de narrar la historia que la complejidad del argumento. El argumento de la película es bastante simple. Galen Erso (Mads Mikkelsen) es un ingeniero militar reclutado por el Imperio para construir la Estrella de la Muerte. En la secuencia de inicio se demuestra que este reclutamiento es forzoso, ya que éste conlleva la separación de su hija, Jyn, y el asesinato de su esposa por Orson Krennic (Ben Mendelsohn), el villano de la película. Años después, Galen envía un mensaje a la Alianza Rebelde, con la ayuda de un piloto desertor del Imperio, Bodhi Rook (Riz Ahmed), informándoles de cómo se puede destruir la Estrella de la Muerte y de cómo se puede acceder a los planos de la misma. Tras intentar convencer al gobierno de la Alianza Rebelde de las virtudes de Galen y de la veracidad de su mensaje, la falta de resultados de este intento lleva a Jyn a juntarse con un grupo de rebeldes (entre los que se encuentra Cassian Andor –Diego Luna-, un oficial de Inteligencia de la Alianza encargado inicialmente de vigilar a Jyn y de matar a Galen) para afrontar la misión del robar los planos de la Estrella de la Muerte y enfrentarse definitivamente al villano Krennic.

Como todo blockbuster que se precie, ‘Rogue one’ no sólo incluye cambios continuos de escenificaciones, sino que su intensidad narrativa se modula gracias a las diferentes “set pieces” que sirven de desarrollo al avance de la historia. Existen tres “set pieces” principales en la película:

Primera: La que se desarrolla en la luna Jedha, donde acontece el enfrentamiento entre tropas del Imperio y la insurgencia. En esta secuencia se introduce a otros dos personajes que formarán parte, junto a Jym, Cassian y Bodhi, del grupo de rebeldes conocidos como Rogue One: Chirrut Îmwe (Donnie Yen) y Baze Malbus (Jiang Wen). Destacan la soltura y claridad (al no abusar del modelo de “montaje Bourne”) de las persecuciones, y las emboscadas y el realismo global de la secuencia. La “set piece” se enlaza con la espectacular escena de la destrucción de la capital: escena en la que el rebelde Saw Gerrera (Forest Whitaker), un guerrero que parece recién salido de la recuperada serie Mad Max, se complace contemplando la belleza y la poética del apocalipsis.

Panorámica de la luna Jedha.

Panorámica de la luna Jedha.

Segunda: La que sucede en el planeta Eadu: secuencia muy física, donde la intensidad narrativa (Jyn trata de encontrarse con su padre mientras, al mismo tiempo, Cassian trata de asesinarle) es acompañada de un diseño de producción sobresaliente, donde el viento y la lluvia se asocian a los caminos escarpados y la oscuridad de la noche se ilumina con las luces y disparos de las naves rebeldes.

Tercera: La que se desarrolla en el planeta Scarif (lugar donde se encuentran los planos de la Estrella de la Muerte). El director Gareth Edwards (Nuneaton, Inglaterra, 1975) realiza un montaje de intensidad progresiva, desgajando las secuencias en escenas paralelas, donde cada miembro del grupo rebelde debe culminar una misión determinada y donde se establece una visualización de las secuencias en planos generales aéreos que recuerdan a las composiciones visuales aplicadas en su film previo ‘Godzilla’ (2014).

 

Las imágenes de las batallas en el planeta Scarif (destacando el ataque imperial con los vehículos imperiales zoomórficos, AT-AT, tan bien desarrollada en ‘El imperio contraataca’, 1980), así como “la poética de la destrucción” de una de las secuencias finales (una escena que recuerda al final de ‘Melancolía’, 2011, de Lars Von Trier), mantienen el toque independiente, la personalidad y la poética de la imagen del cineasta Gareth Edwards (tema ya tratado en este blog en la reseña del film ‘Godzilla’ –así la comentamos-). Este hecho da cierta autonomía a un film que, lamentablemente, queda lastrado por la falta de empatía y personalidad de sus dos principales protagonistas.

GERARDO CREMER

Poster con orden de batalla de máquinas zoomórficas.

Poster con orden de batalla de máquinas zoomórficas.

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