Swamp Dogg: Asombroso

Swamp Dogg, recién salido del hospital, vistió un traje amarillo (foto: Mr. Duck).

Swamp Dogg, recién salido del hospital, vistió un traje amarillo (foto: Mr. Duck).

Sábado 21 de enero 2017, Bilbao, Kafe Antzokia, sala superior, 20.30 h, 18-20 €, entradas agotadas.

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En la sala pequeña del Kafe Antzokia, ante un aforo completo y entusiasta, el clásico soulman afroamericano Swamp Dogg ofreció un agradecido y memorable concierto escoltado por los conjuntados madrileños Betrayers

 

Si en el post anterior narrábamos el concierto de cante con catarro de la flamenca Mayte Martín en Barakaldo, ahora reseñamos un conciertazo de soul de un clásico afroamericano como Swamp Dogg (Jerry Williams Jr., Portsmouth, Virginia, 74 años), quien recién salido del hospital voló desde Los Ángeles para dar dos conciertos en España: en Madrid el viernes, con muchas toses, y en Bilbao el sábado, ya recuperado, aunque pareció que se le iba la olla en alguno de sus discursos o al interrumpir un par de canciones a la mitad (pero no le quedó nada mal ese reiniciar otro tema con unos cinco falsos finales apoteósicos).

Vestido con traje amarillo y chaleco gris de amebas, el bajo de estatura como James Brown y orondo con gafas a lo BB King Swamp Dogg actuó en octeto en la sala superior del Kafe Antzokia, con aforo agotado hacía semanas (es que la sala grande ya estaba ocupada para ese día). De acompañamiento utilizó a la banda soul madrileña The Betrayers (la de Aurora, pero sin la cantante), y por sonido, volumen, fulgor, arreglos y conjunción parecía que llevaban tocando juntos toda la vida. Además se trajo de Los Ángeles a un histriónico héroe de la guitarra, al blancurrio y hippioso Crazy Tomes, un contorsionista que punteaba desde detrás de la cabeza o por debajo de la rodilla, un tipo este Crazy Tomes que insufló un aire de rock sudista a lo Allman Brothers muy agradecible al repertorio de 14 piezas en 100 minutos redondos en todos los sentidos.

El guitarrista contorsionista Crazy Tomes soleando por debajo de la pata (foto: Mr. Duck).

El guitarrista contorsionista Crazy Tomes soleando por debajo de la pata (foto: Mr. Duck).

Swamp Dogg (Perro del Pantano) arribó con un repertorio basado en sus tres primeros LPs: ‘Total Destruction To Your Mind’ (70), ‘Rat On’ (71) y ‘Cuffed, Collared & Tagged’ (72). En pie y parapetado detrás de un teclado que no usó y leyendo las letras de un atril pero con clase y muy disimuladamente, el soulman sobrado de feeling cantó divinamente las baladas (‘The Baby Is Mine’, con voz nasal y tempo vía Percy Sledge más autenticidad de los metales y el dórgano; ya por el final, sentado en un taburete, ‘In My Resume’, con su aire Al Green, su melaza y su voz sobrenatural) y los medios tiempos magistrales (‘Got To Get A Message To You’ por el final, con la afroleyenda entonando en pie delante del respetable, al que estrechó las manos como un predicador), y recitó pasajes como si estuviera ante una audiencia americana («los 70 son los nuevos 40», ironizó sobre su edad).

La banda, que sonó tan límpida y brillantemente como en disco, batió los ritmos palúdicos (‘Creeping Away’) con el hipnotismo funk de Nueva Orleans (coreada ‘Do You Believe’, la de los cinco falsos finales; otra vez lancemos las felicidades a la banda, a los Betrayers, buf, ese par de acelerones a lo Ike & Tina Turner en otros momentos…) y se atrevió con aires psiquedélicos (el groove de ‘Sal-A-Faster’ con el guitarrista haciendo de Clapton inspirado sobre el ritmo también palúdico a lo Tony Joe White), y por el epílogo se lanzó a explosivos rock and soul con los metales restallando infecciosos (por esta parte el guitarrista Crazy Tomes, al que Swamp Dogg llamó ‘mi hijastro’, protagonizó una excitante canción entre Lucky Peterson y los Black Crowes, la única que no cantó el capo de la velada), y el veterano y legendario cantante, productor y compositor se despidió con otro título idiosincrásico, el northern soul ‘I’m The Lover Man’, con él abandonando el tablado mientras la banda seguía tocando, en plan a lo grande.

Los músicos actuaron a un palmo del público entregado, sabedor de que era una noche única (foto: Mr. Duck).

Los músicos actuaron a un palmo del público entregado, sabedor de que era una noche única (foto: Mr. Duck).

Muy buen bolo. Por encima de las expectativas de todos los presentes. La peña mixta que llenó el Antxiki ovacionó y silbó de alegría, le gritó ‘we love you’ (‘yo también os quiero’, respondía Swamp Dogg), le lanzó epítetos como ‘amazing’ (asombroso; sí, como la conexión con la banda reluciente, arreglada, auténtica y… madrileña), y se sumó a bastantes estribillos, por ejemplo el de ‘Remember I Said Tomorrow’, sudista y mucho más movido que los Blackberry Smoke en el pasado Azkena Rock Festival. Ojalá Swamp Dogg vuelva otro año con la misma banda. Pero es solo un deseo…

OSCAR CUBILLO

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