Adamo: Canta en español (+ entrevista)

Canción 22ª, la primera de los con Adamo a la acústica, respaldado por sus ocho músicos, la titulada ‘Chantez’ e inspirada por la masacre de la revista Charlie Hebdo (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Canción 22ª, la primera de las dos con Adamo a la acústica, respaldado por sus ocho músicos,
la titulada ‘Chantez’ e inspirada por la masacre de la revista Charlie Hebdo (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Domingo 28 de enero de 2017, Bilbao, Palacio Euskalduna, 19.30 h, entradas desde 36 hasta 95 €.

Cartel inspirado en su penúltimo disco, ‘Adamo chante Bécaud’ (14).

Cartel inspirado en la portada de su penúltimo disco,
‘Adamo chante Bécaud’ (14).

 

Con retraso, garganta ronca y gran banda que no sonó lo diáfana que debería, el legendario Adamo triunfó el domingo en su debut en Bilbao tras más de 50 años de carrera. No faltaron hits como ‘Mis manos en tu cintura’, ‘Mi gran noche’, ‘La noche’, ‘Te tengo y te guardo’…

 

Lo peor del concierto del legendario Salvatore Adamo (Comiso, Sicilia, Italia, 1 de noviembre de 1943) del domingo en el Euskalduna no fue el inesperado y protestado retraso de 25 minutos (estaba previsto a las 7.30 pero al salir se excusó diciendo que el avión había llegado a las 6 y que habían debido ‘ensayar’; imaginamos que se refería a probar sonido), sino el habitual sonido imperfecto que se va modulando con el paso de las canciones (esos graves molestos del principio) y, sobre todo, la voz del artista, que entonó ronco, como con la garganta tomada como por un catarro, supuso el empático Pato (qué fragilidad en la primera canción, ‘Es mi vida’).

En total sonaron 29 piezas (contando un par de popurrís) en 128 minutos (más 25 de demora), y unos ocho títulos fueron en francés (un par de ellos bilingües), sobre todo colocados los de la lengua de Moliere en la segunda parte de un show a la postre memorable. Respaldado por una banda mucho mejor arreglada que la de Perales el día anterior (siete músicos trajo el conquense, ocho también cambiantes el ítalo-belga: dos violines melodramáticos, piano de cola y teclados, dos vientos –clarinete afrancesado y trompeta hispánica-, hasta tres guitarras… lástima que el sonido difuminara tanto su potencial), a sus 73 años Adamo ofició dignísimo en el porte (traje con chaleco, flequillo cano peinado a raya) y afable, educado, transparente y cortés (dos disculpas por el retraso -«gracias por la paciencia» dijo la primera vez-; la modesta confirmación de que ese era su debut en Bilbao –y seguramente en Euskadi tras más de 50 años de carrera; «soy muy feliz, disculpas otra vez», insistió-; el reconocimiento de que sin nosotros, su público, no existiría; los agradecimientos del final o intercalados -«gracias por su fidelidad y asistencia»…) logró meterse al respetable en el bolsillo: más señoras y más mayores que la víspera en Perales (claro, una década separa a ambos cantautores) que compraron en mayor proporción las entradas más baratas, las de los pisos superiores (nos cuentan que habría 1000 espectadores, pero desde abajo no parecía más de un cuarto de aforo ocupado, aunque desde abajo no se ven los palcos, ¿eh?).

Panorámica del escaso público abajo, en las butacas más caras (imagen de móvil: Pato).

Panorámica del escaso público abajo, en las butacas más caras (imagen de móvil: Pato).

A pesar de que delante de él tenía el patio de butacas bastante despejado, Adamo se entregó sin dudarlo, lo dio todo y se lo curró como un profesional cercano y como la copa de un pino: fue un portento porque no leyó las letras, bailó a saltos a sus 73 tacos, tocó la guitarra en dos temas (en ‘Chantez’, el himno country inspirado por la masacre de Charlie Hebdo, y en la acústica ‘Háblame de tu infancia’, que fue donde mejor sonó el palacio), agradeció en euskera (y como curiosidad no olvidó el tema vasquista, a lo Luis Mariano, ‘En mi canasta’, la del tamboril en la letra; era la tercera y muy mal sonaba el Euskalduna) y rascó palmas y tarareos del público a lo largo de un cancionero que amalgamó muchas melodías de rock and roll de los años 50-60 (Everly Brothers, Roy Orbison, Dúo Dinámico, el contemporáneo Chris Isaak…) con el dramatismo sin fronteras de la chanson francesa.

Los títulos en francés estuvieron bastante bien (paralelismos con Johnny Hallyday en ‘Lola y Bruno’, el irresoluble problema musulmán en temas como ‘Inch’ Allah’ y la mentada canción de Charlie Hebdo, otra pieza comercial postrera de espíritu olímpico que definió como «antídoto para la tristeza»…), pero alcanzó las más altas cotas en los temas en castellano con los que aún sigue cosechando alegrías por toda Hispanoamérica, recreando composiciones de esos vinilos antiguos que anunciaban en portada: ‘Adamo canta en español’.

Por esta parte castellana le quedaron muy bien títulos como ‘Tu nombre’ (con cierto espíritu de la película ‘Grease’), ‘Al bar de mi juventud’ (aún inédita, aún con mal sonido en la quinta pieza del programa), ‘Era una linda flor’ (un blues oscuro con trompeta jazz con sordina), ‘Un mechón de tu cabello’ (de aire fronterizo a lo Calexico), ‘Te tengo y te guardo’ (cuasi un pasodoble con Adamo bailando girando sobre sí mismo), ‘Ella anda’ (rock años 50), ‘Quiero’ (con destellos de exótica), ‘Mis manos en tu cintura’ (la pieza 14ª, la primera honda comunión, con el estribillo en plan habanera y con la parroquia que cantó los arreglos del éxito mundial y al final tarareó lalalás), las baladas unidas en popurrí ‘El amor se parece / Nuestra novela’ (lo más bonito antes del tridente final), ‘Cae la nieve’ (melancólica), ‘Muy juntos’ (más atmósfera clima fronteriza), el popurrí de ‘Mañana en la luna’ (triple y rematado con un desarrollista y contento ‘Pequeña felicidad’), ‘En bandolera’ (frontera muzak) y el soberbio, apoteósico tridente final, de fuerza ‘raphaelesca’, con el rotundo y sesgado ‘Porque yo quiero’, ‘La noche’ y ‘Mi gran noche’, esta última con el público cantando, bailando y gozando en pie. Muy grande, Adamo, que hizo mutis mientras la banda aún mantenía la emoción tocando en escena (como la víspera Perales en su concierto, que estuvo mejor porque se sonorizó mejor).

OSCAR CUBILLO

Políglota, embajador de Unicef y caballero de Bélgica en todos los sentidos (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

Políglota, embajador de Unicef y caballero de Bélgica en todos los sentidos (foto: Unai Nuño / Palacio Euskalduna).

 

+++ ENTREVISTA +++

*** 

«Más que nada se debe cantar al amor»

 

«Es un regalo del cielo tener canciones que la gente canta desde hace 50 años»,

nos confía la encantadora estrella mundial que aún brilla y trabaja sin descanso

 

Al otro lado del teléfono el amable Salvatore Adamo (Comiso, Sicilia, Italia, 1 de noviembre de 1943, emigró de niño a Bélgica) parece apacible e irradia don de gentes. No en vano, desde 1993 es embajador honorario de Unicef. Caballero belga y políglota (habla seis idiomas… ¡y tiene nociones de japonés por haber viajado 38 veces ahí!), Adamo entonó el pasado domingo éxitos imperecederos como ‘Mis manos en tu cintura’, ‘La noche’ y ‘Mi gran noche’, y gran parte de su último disco, pues el cantautor pop mundial aún permanece muy activo. El miércoles pasado le telefoneamos a su casa a Bélgica, donde vive: «Tengo mi casa en Bruselas y mañana voy a París, porque profesionalmente todo sucede en París. Pasado mañana canto cerca de París, antes de volar a Bilbao y Barcelona».

El Rey de Bélgica te ordenó caballero. Hay quien afirma que los belgas no existen, que o son valones o son flamencos.

¿Quién dice eso? Esta es una visión muy extrema de la situación. Existe Bélgica, sí, que está compuesta por Flandes y Valonia. Y espero que siga durando de este modo mucho tiempo. Naturalmente, hay separatistas, pero son pocos. Sí que existe Bélgica, sí, jo, jo, jo…

Vives en Bélgica desde niño, pero no has perdido tus raíces italianas. ¿Cómo sientes las sucesivas tragedias en Italia, como los terremotos en los Abruzos, el caso del hotel sepultado por el alud o los seis muertos del helicóptero estrellado durante un rescate?

Ahhhh… Me emociona muchísimo. Me causa mucha y grande pena. Buah, el destino es increíble: yo estuve en Roma algunos días antes del primer terremoto en Amatrice (en agosto de 2016). En estos momentos no tiene suerte Italia, no, no…

¿Los artistas sienten con más intensidad lo bueno y lo malo, la alegría y la pena?

Sentir lo hacemos como cualquiera, pero quizá nosotros lo expresamos de una manera distinta.

¿Cuántos idiomas hablas? Español ya se nota que muy bien.

Gracias, je, je… Yo hablo francés, que estudié. Inglés, que estudié. Alemán, que estudié. Flamenco, que estudié. Italiano, que es mi lengua materna. Y español, que está entre el francés y el italiano. Y sé algunas palabras en japonés porque he ido a Japón 38 veces.

También eres embajador de Unicef. ¿En qué consiste esta tarea?

He realizado algunas misiones. Por ejemplo en Vietnam, adonde fui dos veces para llevar vitamina D. La falta de esa vitamina provocaba necesidades en los niños. La primera vez viajé en el 93 y cuatro años después volví para ser testigo de que el problema ya era menos grave gracias a la campaña de Unicef, que había dado sus frutos.

Ajá.

Después estuve en Kosovo, en la frontera con Albania, para llevar juguetes para los niños. Habíamos notado que los niños en los campos de ‘refugees’ (lo dice en inglés) habían perdido la infancia, ¿verdad? La mentalidad de la infancia. Les llevamos libros de colorear y juguetes. Y una vez les oímos cantar. Los niños cantaban y pensábamos que era un canto de candor, ¡pero era un canto de guerra! Nos quedamos en shock. Era realmente imperativo restituir la infancia, la niñez, a esos niños.

Claro.

Y otra vez fui a Afganistán. Tres meses después de 11 de septiembre, en Navidad de 2001. Llevamos doce millones de dosis de vacunas contra la poliomielitis para Pakistán y Afganistán. Esa nominación de Unicef le dio paz a mi conciencia. Porque cantando vendemos sueños y viento, pero se puede decir que haciendo eso sentí la ilusión de ser útil de un modo más concreto.

¿Cree Adamo que el mundo está loco, que es muy peligroso?

Completamente, sí, sí. El hombre ha puesto el pie en la Luna, casi un pie en cada estrella, pero no ha conseguido limpiar la Tierra, donde todavía hay barbarie. Es increíble. Es completamente anacrónico.

¿Hay miedo en las calles de Bélgica, por los atentados?

Como todos, yo trato de no pensar en ello. Y cuando viajo a Francia hago lo mismo. Pero presencia militar te recuerda la situación. Los militares tratan de dar seguridad a la gente, aunque les moleste a algunos. Esa seguridad es necesaria para sentirse menos solo y menos frágil. Esto de los atentados es una lotería, igual que cuando viajas con el avión o el coche. Siempre te puede suceder algo y debes intentar pensar en otras cosas.

Hablemos un poco música.

Sí, je, je…

¿Qué te animó a querer ser cantante?

Es una cosa extraña, porque yo nunca soñé con ser cantante. Soñaba con ser jugador de fútbol. Y ahora que ha pasado el tiempo me doy cuenta de que las cosas con las que soñé no se cumplieron nunca, je, je… Fui cantante porque la música estaba muy presente en mi casa. Mi padre cantaba siempre canciones napolitanas, italianas, y a veces en vez de comer carne compraba un disco. Le daba consejos al vendedor de discos de la pequeña ciudad donde vivíamos, en Jemappes. Por la noche él oía música en la radio, escuchaba el Festival de San Remo, y yo también, con la oreja pegada a la radio porque no se oía bien. Y luego él iba adonde el señor de la tienda de discos y le decía qué canciones iban a gustar a los italianos de Bélgica, sí, sí.

Ja, ja…

Mi padre tenía buen gusto en música. Por eso no creyó en mí, ja, ja, ja… Porque yo no tenía la voz académica que él esperaba. Él era también un amante de la ópera y todas las voces italianas eran muy puras. Yo necesité que Charles Aznavour tuviera el coraje de salir a cantar con una voz extraña. Para mí esa fue la llave que abrió la puerta, je, je…

¿Y qué cantantes te gustaban cuando eras joven?

De adolescente a mí me gustaban Paul Anka, Neil Sedaka, Elvis Presley, Cliff Richard, los Everly Brothers (los pronuncia con acento anglosajón). Como italiano me gustaba Modugno, y como francés me gustaban Brassens, Aznavour, Brel, o Gilbert Becaud mucho. Soy una mezcla de todos esos cantantes, que fueron mis maestros, sí, sí…

 ‘L’amour n’a jamais tort’ (16).

‘L’amour n’a jamais tort’ (16).

¿De hecho tu último disco no se titula ‘Adamo chante Bécaud’ (14)?

No, ese es el penúltimo. Hay otro que salió al inicio de 2016 y que se llama ‘L’amour n’a jamais tort’, ‘El amor tiene siempre tiene razón’ (lo traduce él), porque a veces es difícil imponer el amor. El álbum comienza con una canción que evoca el drama de Charlie Hebdo. Me pregunto si me siento útil componiendo canciones cándidas, idealistas, y la conclusión es que más que nada se debe cantar al amor y continuar tendiendo la mano a los que no quieren extender la suya.

He leído que has escrito más de 500 canciones.

Sí, y también más. En unas semanas voy a entrar en el estudio para preparar un disco que saldrá a fin de año. Llevé a mi nuevo director artístico 60 canciones, y él me escribió otras 20 durante el pasado verano. Creo que ya tengo 600 canciones en francés. Hay algunas que nunca verán la luz, pero las suelo escribir cuando tengo una emoción o algo me divierte. Debo expresarlo en una canción. Sé que muchas nunca se publicarán, son una forma de arte efímero. Lo importante es escribirlas.

¿Cómo será el concierto de Bilbao?

Tengo un grupo de ocho músicos, como la última vez, y naturalmente voy a cantar las canciones que el público espera. Esas canciones por las que harán el viaje, se podría decir. Voy a cantar seis o siete canciones de mi último álbum y voy a tratar de memorizar en castellano una o dos también incluidas en este último álbum en francés. Serán unas 28 o 30 canciones.

Harás las clásicas en español, porque tuviste mucho éxito en España y no se te olvida, claro.

Sí, tengo la suerte de tener algunas canciones que el público aún recuerda. Sería muy presuntuoso por mi parte no cantarlas. Es un regalo del cielo tener canciones que la gente canta desde hace 50 años, je, je… Soy consciente de ello, sí, sí.

¿Qué es lo que más te gusta de España, donde tanto éxito tienes?

El carácter orgulloso de la gente. Siempre hay una dignidad, una nobleza muy rara. Es una característica española, verdaderamente. Y me gusta la sensibilidad artística. Artistas de fama mundial como Picasso o Antonio Tapiés, que me gustan mucho también. ¡Y hay un fútbol magnífico! Para mí es importante también.

¿Sigues la liga española?

Sí, sí… Tiene un nivel extraordinario, con jugadores españoles como Iniesta. Pero también está Messi, je, je, que es increíble. Para mí Messi quizá sea el mejor jugador de todos los tiempos.

Tus padres tuvieron siete hijos. ¿Qué familia tiene Adamo?

Yo tengo dos hijos y una hija. Y, desde hace tres años y medio, tengo una pequeña nieta que se llama Lili y que en estos momentos es mi sol, je, je…

OSCAR CUBILLO

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