CINE: ‘Toni Erdmann’: El impulso de cambiar y ser definitivamente otro

bev-toni-erdmann-0-cartel

*

Texto por GERARDO CREMER

*

Estreno: 20 de enero de 2017

*

Director: Maren Ade

*

Calificación: 4 estrellas de 5

*

Tráiler de ‘Toni Erdmann’

 

***

Maren Ade y el Nuevo Cine Alemán

***

 

Gran parte del cine alemán ha mostrado predilección por la experimentación, cierto desapasionamiento y frialdad por la narrativa (un distanciamiento empático hacia sus personajes), y una tendencia por la autenticidad de lo filmado (cámara documentalista, planos secuencias, luz natural). No hay más que recordar la obra de Alexander Kluge y su ‘Los artistas bajo la carpa del circo: perplejos’ (1968), obra representativa del Nuevo Cine Alemán donde lo experimental era el aspecto determinante de la obra, un cine cuya forma configuraba su rechazo a la sociedad alemana del momento. Desde el instante en el que un grupo de cortometrajistas firmaba el Manifiesto de Oberhausen en 1962, el cine alemán se declara enemigo del clasicismo, se arropa en la experimentación y postula la ruptura de modelos visuales y narrativos imperantes.

‘Los artistas bajo la carpa del circo: perplejos’, de Alexander Kluge, obra fundamental del Nuevo Cine Alemán.

‘Los artistas bajo la carpa del circo: perplejos’, de A. Kluge, obra fundamental del Nuevo Cine Alemán.

Siempre he tenido dificultad por conectar con las películas que se producen en Alemania a partir del Manifiesto de Oberhausen, un cine en el que se percibe uniformidad por el Verfremdungseffekt (o “efecto de distanciamiento”), un mecanismo ideado por Bertolt Brecht que afecta a los autores más reconocidos del cine alemán: Volker Schlöndorff (‘El joven Törless’, 1966; ‘El tambor de hojalata’, 1979), R.W. Fassbinder (‘Todos nos llamamos Ali’, 1973; ‘La ley del más fuerte’, 1974), Werner Herzog (‘Signos de vida’, 1968; ‘El enigma de Kaspar Hauser’, 1974) o Win Wenders (‘Alicia en las ciudades’, 1974; “El estado de las cosas’, 1982). El distanciamiento como mecanismo de objetividad y reflexión termina creando extrañamiento en un espectador sumergido en el contexto del cine actual, donde se busca la potenciación de la verosimilitud narrativa en toda obra de ficción.

Maren Ade forma parte del grupo de directores alemanes del siglo XXI, junto con Tom Tykwer, Christian Petzold, Hans-Christian Schmid, Oliver Hirschbiegel, Fatih Akin, Andreas Dresen, Dennis Gansel, Wolfgang Becker, Sebastian Schipper o Ele Gersten, que han tomado el testigo de aquellos miembros del Oberhausen. Quizá el humor en el cine alemán del siglo XXI sea una tónica distintiva respecto a la radicalidad experimental del cine de los 60 y 70, algo que Maren Ade tiene muy en cuenta al desarrollar los guiones para ‘Toni Erdmann’ y su anterior film, ‘Entre nosotros’ (2009). Las ideas siguen siendo las mismas: el análisis crítico de la sociedad alemana y el distanciamiento formal como mecanismo para contar las historias. Pero Ade tiene una capacidad especial para sacar a la luz los sentimientos más profundos de sus personajes. Existe en sus films el planteamiento de una lucha interior que, por una parte, trata de expresar mediante sus personajes los deseos de libertad al dejar que sus cuerpos actúen a contracorriente de las normas sociales (a veces dando como resultado comportamientos más cercanos a la locura), y por otra, un mecanismo de autocontención al ver que esas estructuras sociales en las que viven terminan por poner en peligro su propia existencia (al reaccionar ante sus comportamientos extraños).

Winfried (alias Toni Erdmann) como agente especial que trata de liberar el alma de su hija, Inés.

Winfried (alias Toni Erdmann) como agente especial que trata de liberar el alma de su hija, Inés.

Hay una clara radicalidad en su cine, en cierta forma compensada con el humor (que puede rozar con el surrealismo), en el que la desnudez de los sentimientos aflora en un proceso hiriente donde se desvelan las debilidades de los personajes. En su anterior film, ‘Entre nosotros’ (2009), los dos protagonistas, Gitti y Chris, son una pareja de novios treintañeros que deciden pasar unas vacaciones en Cerdeña, en la casa de la madre de Chris. Es una relación sentimental, aún corta, que ya presenta sus fisuras. Chris tiene dificultad a la hora de mostrar sus sentimientos (dificultad de abrazar y decir “te quiero” a Gitti), aunque también tiene problemas en su puesto de trabajo. Vive en una fase en la que sus sueños de arquitecto pueden decantarse hacia la diferencia o hacia el convencionalismo. También es una persona voluble, en cierta manera cobarde: teme perder su espacio burgués, su imagen de persona modelo. Y evidentemente la relación con Gitti no le ayuda en la toma de decisiones ya que Gitti es una mujer con una personalidad diferente, fuera de los estándares establecidos. Ella solo busca potenciar su lado creativo, aquello que lo diferencia de Chris. En el film de Maren Ade, tal impase en la vida de la pareja se conduce de una manera controlada (gestionando en el guión los clímax narrativos) para destacar ese conflicto de “ceder ante el otro” o “llevar al otro” al campo de cada uno.

Cerdeña se convierte en un espacio de soledad para la pareja, alejado de su hábitat natural (Alemania), entre un Chris que duda completamente de su vida (si formar una relación estable o continuar con sus aspiraciones laborables) y una Gitti que sufre en silencio su pérdida de singularidad en pos de mantener la relación sentimental. La película mantiene un tonalidad blanca (cargada de luz natural) que permite que los personajes actúen en libertad, con un montaje entrecortado que parece seleccionar la esencia de los instantes y que dirige la historia hacia un mayor aislacionismo.

‘Entre nosotros’ contiene varios momentos destacados: el encuentro de Chris y Gitti con una pareja de amigos en donde, por primera vez y de manera cobarde, Chris decide humillar a Gitti en público («me avergüenzas», le dice) para mantener su apariencia de persona convencional, o la escena final, en la que Gitti finge estar muerta ante Chris, a modo de último grito desesperado que busca el reconocimiento de su singular personalidad.

Los extraños comportamientos de Gitti en ‘Entre nosotros’ desestabilizan las aspiraciones de Chris, pero le sirven para reflexionar sobre su existencia.

Los extraños comportamientos de Gitti en ‘Entre nosotros’ desestabilizan las aspiraciones de Chris,
pero le sirven para reflexionar sobre su existencia.

***

Semejanzas de ‘Toni Erdmann’ y ‘Entre nosotros’

***

 

bev-toni-erdmann-4-cartel-entre-nosotrosMaren Ade parece sentirse a gusto en la sustancia del guión de ‘Entre nosotros’ y también en la puesta en escena, ya que ‘Toni Erdmann’, en esencia, cuenta prácticamente lo mismo, alterando los personajes y las situaciones. Si en ‘Entre nosotros’ el personaje miembro de la sociedad convencional (aunque en su interior mantenía el espíritu de rebeldía) era Chris, en ‘Toni Erdmann’ este personaje corresponde a Inés Conradi (Sandra Hüller), una directiva de una multinacional, destinada en Bucarest, cuya vida privada está prácticamente reducida a la nada, debido al estrés laboral de su día a día. Con deseos de dejar Europa y desplazarse a Shanghái, su vida se reduce a reuniones de mañana, tarde y noche, permaneciendo continuamente atenta a las llamadas de teléfono, a la mensajería electrónica y a los horarios de desplazamiento en coche.

En cambio, su padre, Winfried (Peter Simonischek), es todo lo contrario a su hija. Es el personaje homólogo a la Gitti de ‘Entre nosotros’, un profesor de música, a punto de retirarse, a quien le encanta comportarse de forma rara (la escena prólogo en el que Winfried le toma el pelo a un cartero), disfrazándose y haciéndose pasar por otras personas. En ‘Toni Erdmann’ el incidente incitador (término empleado por el guionista Robert McKee que indica cuando en un guión se activan los mecanismos de los personajes para solventar conflictos) se produce cuando Winfried se encuentra con su hija en Alemania para una reunión familiar en la que Inés apenas es capaz de hablar con nadie de la familia, sujeta a las obligaciones del trabajo y al teléfono móvil. Las escenas previas a este momento habían sido concebidas con la idea de remarcar la particular personalidad de Winfried. Pero tras este incidente incitador, la acción se traslada a Bucarest, distribuyéndose las secuencias entre Winfried e Inés. Winfried se desplaza a la capital rumana con el fin de pasar unos días con su hija (celebrar su cumpleaños) pero su verdadera intención no es otra que “llevar a su lado” a su hija, hacerla ver lo equivocado de su existencia.

Lo extraño de todo este mecanismo es que Winfried usa su particular modo de convencimiento, que pone en evidencia la radicalidad antisocial que le caracteriza, para acabar avergonzando a todos con su comportamiento. Al igual que en ‘Entre nosotros’, donde Chris acusaba a su pareja sentimental de avergonzarle delante de amigos para después reconocer las fallas de su propio yo, Inés termina descubriendo que todo lo que acontece en esa extraña relación con su padre es la misma lucha que existe, día a día, en su interior. Si Winfried utiliza este personaje ficticio, Toni Erdmann, con sus disfraces (actuando desde el exterior) para hacer desestabilizar el interior (el pensamiento autoconsciente) de Inés, Inés va, por su parte, viviendo el proceso de transformación que pasa de la sorprendente escena de sexo con unos pastelitos con crema, siguiendo por la canción que canta con su padre en una casa de extraños a la que se han autoinvitado, hasta la secuencia de la fiesta de su cumpleaños, donde ella rompe definitivamente con todos los moldes de la urbanidad.

‘Toni Erdmann’ narra con perfecto control todo este proceso de transformación, este proceso autorreflexivo donde, únicamente, la sociedad capitalista de nuestros días sale mal parada. Maren Ade establece como medio narrativo el plano secuencia y la autenticidad de la imagen (gracias, nuevamente a una fotografía naturalista que se aproxima a la empleada en ‘Entre nosotros’) pero, en el que puede considerarse su mejor film, destaca ese humor que nace al poner en cuestión las normas sociales de urbanidad, los comportamientos establecidos, ante unas reacciones que se emparentan, sin lugar a dudas, con el humor surrealista de los hermanos Marx.

GERARDO CREMER

 Las dificultades de Inés para ponerse el vestido llevan a que se tomen decisiones drásticas en la fiesta de cumpleaños.

Las dificultades de Inés para ponerse el vestido llevan a que se tomen decisiones drásticas en la fiesta de cumpleaños.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: