Celtic Fiddle Festival: Panorámica céltica (+ entrevista)

Christian Lemaître (bretón), Charlie McKerron (escocés), Kevin Burke (estilo irlandés) y el guitarra Nicolas Quemener (bretón) (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Christian Lemaître (bretón), Charlie McKerron (escocés), Kevin Burke (estilo irlandés) y el guitarra Nicolas Quemener (bretón)
(foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Domingo 12 de febrero de 2017, Bilbao, 24º Ciclo Musiketan, 20 h, 12 €.

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Entradas agotadas y gente sin poder entrar en la Sala BBK, donde el cuarteto internacional y violinista Celtic Fiddle Festival divulgó en el 24º Musiketan infecciosos y evocadores aires de Escocia, Bretaña e Irlanda

 

Entradas agotadas para catar el violinista Celtic Fiddle Festival el domingo en el 24º Musiketan. Mucha gente se quedó con ganas de comprarlas en la taquilla de la propia Sala BBK, pero fue rechazada. Lo mismo sucedió también en su visita del viernes a Sopela, a la Kurtzio Kultur Etxea. Buena entrada, pero sin llenar y con el mismo buen ambiente, cosecharon los cuatro músicos europeos el sábado en Mungia, en el enorme Olalde Aretoa. Todo el mundo salió contento de los tres bolos por Bizkaia y el domingo esto que sigue comentaron gozosos y satisfechos unos guiris al acabar la cita, en la acera de la Gran Vía:

  • It was great! (ha estado genial).
  • Yeah, good (ya, buenos).
  • I’ve enjoyed it (lo he disfrutado).

Pues así estaba todo el mundo de contento tras el show de 13 cortes (muchos popurrís con piezas encadenadas) en 86 minutos crecientes. El proyecto Celtic Fiddle Festival, o Festival de Violín Celta, formado por tres violinistas y un guitarrista (si en los toros lo más recomendable es no perder detalle del animal, aquí había que seguir las seis cuerdas del bretón Nicolas Quemener, ex Kormog, Niamh Parsons, etc.), dio pinceladas de las músicas célticas bretona, escocesa e irlandesa, primero cada violinista en dúo con el guitarrista y luego en números conjuntos que elevaron el ánimo hasta levitar sobre las butacas.

Un par de piezas tocaron cada uno de los violinistas como protagonistas, ya se ha dicho. Abrió Christian Lemaître (ex Kormog), con un inglés nefasto y un espíritu de sobremesa prolongada, revelando detalles de los estilos bretones, con un sonido muy áspero y atávico de su instrumento (‘Kao ha banh’). Siguió Charlie McKerron (en Capercaille desde 1985) reivindicando los aires escoceses muy tradicionales, como él avisó (‘Cluny Castle Of Inverness’), y su violín sonó doliente y a mucha madera. Remató el prólogo Kevin Burke (ex Bothy Band), nacido en Londres pero representante del estilo irlandés, quien refulgió con un estilo fluido, brillante, melódico y muy visualmente sugerente (o cinematográfico, o documentalista…), donde se percibió el influjo de la música irlandesa por todo el mundo previo paso por Estados Unidos: trazos cajun, country o folk se localizaron en los compases de su terna inicial y original: ‘Split Rock’ / ‘All In Good Time’ / ‘Across The Black River’.

El guitarrista Nicolas Quemener tiene un gran papel en la ejecución (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El guitarrista Nicolas Quemener tiene un gran papel en la ejecución (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Después de esta parte más didáctica, divulgativa, los cuatro intervinientes actuaron a la vez y, sin perder la clase, la maestría, alcanzaron cimas aún más altas, entremezclando influjos célticos: estupendas muñeiras del gallego Ricardo Portela, más estampas escocesas e irlandesas, un recuerdo al fundador del grupo, el difunto escocés Johnny Cunningham (Nightnoise, Silly Wizard…) vía aires bretones (‘El vals del Pernod’, la popular bebida alcohólica francesa), una adaptación del ‘Music For A Found Harmonium’ de la Penguin Cafe Orchestra (acompañada por palmas espontáneas del público y trufada con solos de cada uno, abarcando desde el ‘Humoresque’ de Dvorak hasta ‘La partida’ de Víctor Jara), o ese bis con un tema doble y unido, el primero el tradicional escocés ‘Cairngorm Mountain’ que resonó a épica de película de la caballería de John Ford, y el segundo un más barroco ‘Kohler’s Hornpipe’. Muy bien y muy creciente encuentro, desde lo recogido inicial hasta lo festivo del final.

Muy bueno todo, y eso que, como ya no hay canadienses en la alineación, se saltaron los taconeos durante la interpretación. Acabó el show y el gentío mixto no evacuó el hall de la Sala BBK porque los músicos estaban vendiendo discos. Y es que Kevin Burke, orondo, bonachón, parlanchín y graciosete, había deseado durante uno de sus parlamentos ‘merry Christmas’, pues la Navidad ya estaba cerca, y qué mejor que adelantar los regalos. Y además había revelado un secreto que le había contado un jerifalte de la UE: que el euro iba a desaparecer y que antes de que se quedara sin valor mejor nos lo gastáramos en sus discos. Hum… seguro que Burke, tan inglés él, está a favor del Brexit.

ÓSCAR CUBILLO

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Kevin Burke, ex Bothy Band, mente pensante y organizativa del cuarteto (foto: Piru Lamiako).

+++ ENTREVISTA +++

***

«La música celta es de baile y necesita un ritmo infeccioso»

 

Tras recalar el viernes en Sopela (Kurtzio Kultur Etxea, entradas agotadas) y el sábado en Mungia (Olalde Aretoa, media entrada, 200 de 400 asientos), el domingo animó el 24º Musiketan el combo bautizado Celtic Fiddle Festival, un cuarteto con tres violines y una guitarra acústica. «En nuestros conciertos cada violinista actúa individualmente para demostrar cuán singular es cada estilo y, luego, tocamos todos juntos para mostrar cómo están conectados», nos aclaraba antes del show Kevin Burke (ex Bothy Band), el ingrediente irlandés, que interactúa con Christian Lemaître (violín bretón, ex Kormog), Charlie McKerron (violín escocés, figura en Capercaille desde 1985) y Nicolas Quemener (guitarrista bretón, ex Kormog, Niamh Parsons, etc.).

Kevin Burke, nacido en Londres en 1950, se nos presentaba así: «Soy el tipo que toca la música irlandesa y ahora estoy en Yorkshire, Inglaterra, visitando a mi hermana». Al inquirirle por qué gustan en todo el mundo las melodías celtas, ilustra: «Poseen toda la amplitud emocional asociada a cualquier estilo de música, pero también atesoran una calidad intemporal, probablemente porque muchas de las piezas tienen cien o doscientos años de antigüedad».

Sobre los caracteres esenciales necesarios en una pieza céltica, enumera Burke: «Cariño, devoción y, debido a que es una música de baile, un ritmo infeccioso». Celtic Fiddle Festival sólo tocan instrumentales «porque eso es lo que hacemos mejor y la mayoría de la música de baile es instrumental». El cuarteto internacional gustaba de taconear en los números más dinámicos, una influencia canadiense, quebequesa, que se ha difuminado en su estilo porque no sigue tocando con ellos Andre Brunet, ex La Bottine Souriante. Afirmaba Burke: «Muchos músicos tienen el hábito de llevar el ritmo con sus pies, pero en Quebec el ‘foot tapping’ se ha convertido en una forma de arte en sí mismo».

El público llenó el local y estuvo atento de principio a fin (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

El público llenó el local y estuvo atento de principio a fin (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Al plantearle si la música celta permanece pura en su tradición o si evoluciona gracias a nombres como Mike Oldfield, Enya, Wolfstone o la música electrónica, comenta: «Sí, el repertorio está cambiando y desarrollándose constantemente, pero nosotros siempre tratamos de mostrar nuestra admiración y respeto por las tradiciones de donde surgió esta música».

Festival de Violín Celta es un apelativo con pegada comercial y capacidad sugestiva que pretende abarcar la onda celta desde Canadá a Francia. Al preguntarle a Kevin Burke por qué eligieron la palabra ‘festival’ para bautizarse, confiesa: «El nombre se le ocurrió a nuestro representante cuando actuamos por primera vez en América. No nos gustó, pero no nos opusimos porque presumimos que sólo haríamos esa gira. No teníamos ni idea de que este proyecto resultaría tan popular que seguiríamos otros 25 años».

Esa gira se organizó en 1993 y en la alineación continúan Burke y Lemaître. El tercer fundador era el difunto escocés Johnny Cunningham (Nightnoise, Silly Wizard…). Celtic Fiddle Festival conmemoraron la efemérides en 2013 con la publicación del disco en directo ‘Live In Brittany (20th Anniversary Concert)’, y anunciaba Kevin Burke: «Llevaremos copias de ‘Live In Brittany’ para vender en los conciertos. Y también de nuestro último CD, ‘Storm In A Teapot’ (Tormenta en una taza de té, en castellano sería en un vaso de agua), grabado en la Escocia rural entre tormentas de nieve, viento y hielo».

ÓSCAR CUBILLO

‘Storm In A Teapot’ (2016).

‘Storm In A Teapot’ (2016).

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