Kepa Junkera & Sorginak: Eusko-espectáculo total

El Ballet Olaeta aparece por el fondo, mientras Kepa y sus ocho sorginak tocan (foto: Enrique Moreno Esquibel).

El Ballet Olaeta aparece por el fondo, mientras Kepa y sus ocho sorginak tocan (foto: Enrique Moreno Esquibel).

Domingo 19 de febrero de 2017, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de 10 a 21 €.

‘Maletak’ (Fomusica, 2016).

‘Maletak’ (Fomusica, 2016).

 

Fiesta absoluta capitalizada por Kepa Junkera y sus brujillas de Sorginak celebrando la 20ª Korrika en un lleno a reventar Teatro Arriaga donde vimos también herri kirolak, ballet contemporáneo y los atávicos joaldunak navarros

 

Se cumplieron el domingo las altas expectativas sobre el nuevo espectáculo de Kepa Junkera (Bilbao, 1965), basado en el repertorio de sus dos últimos discos: ‘Trikitixaren historia txiki bat’ (14) y ‘Maletak’ (16), ambos grabados con las mozas de Sorginak, sus pandereteras adolescentes ataviadas de blanco. No será un espectáculo único, pues lo paseará por otras plazas, donde también se verán las sorpresas multidisciplinares aportadas por un aizkolari (cortador de troncos) y una harrijasotzaile (levantadora de piedras), un ballet femenino de refuerzo y esporádico, y el colofón con los misteriosos y esperados joaldunak navarros, los de los cencerros carnavalescos. Nos avanzaba Kepa: «Después del Arriaga iremos a Gernika, Arrasate, Derio, Pamplona, Logroño, Huesca…».

No todo son efectismos visuales, pues Kepa no desea que la trikitixa se diluya: «Para mi es importante que la gente escuche los temas que he compuesto para estos dos proyectos, pues toda la música será original mía» (foto: Gaizka Peñafiel).

No todo son efectismos visuales, pues Kepa no desea que la trikitixa se diluya: «Para mi es importante que la gente escuche los temas que he compuesto para estos dos proyectos, pues toda la música será original mía» (foto: Gaizka Peñafiel).

Para este pasado domingo, el Arriaga había agotado el taquillaje con mucha antelación (bueno, se quedó sin vender solo una butaca de las de detrás de un columna). Y, como el encuentro era para celebrar la XX Korrika (una carrera popular en apoyo al euskera; ¿sólo lleva veinte años?, me pregunto ahora; ah, que algunos años no se ha celebrado, veo en Wikipedia), Kepa no habló nunca en castellano como suele ser habitual en él, sino que introdujo la velada en euskera y luego cedió la palabra a sus ocho delicadas acompañantes, que en vascuence de euskaldunzaharrak presentaron varias piezas de las aproximadamente 17 (tantos popurrís, encadenamientos, etc., complican el precisar) en 116 minutos sin bis. Sin bis porque se terminó por todo lo alto.

Cinco sorginak y cinco chicas del Ballet Olaeta danzando en el mismo número (foto: Gaizka Peñafiel).

Cinco sorginak y cinco chicas del Ballet Olaeta danzando en el mismo número (foto: Gaizka Peñafiel).

El concierto marchó en gradación y, cuando daba la sensación de que se tornaba reiterativa la fórmula de trikitixa y panderetas más voces delicadas de las mozas (delicadas incluso en los irrintzis), irrumpía algún añadido visual que despertaba el interés: desde el Ballet Olaeta de Bilbao (fusiona ballet clásico con folclore vasco y participó con ocho componentes femeninas que parecían vestidas con influencia sumeria) hasta las intervenciones, plenas de suspense, de los deportistas rurales vascos, con el aizkolari tricampeón de Euskal Herria Aitzol Atutxa (que entró por el fondo, perfilándose con el hacha como en una película de terror de serie B) y la harrijasotzaile Karmele Gisasola (que hizo entrada percutiendo el pandero antes de levantar la piedra cilíndrica ayudada en la exhibición por su padre, el legendario Zelai)…

El momento mixto del herri kirol, del deporte rural vasco. Nos decía Kepa: «Para el directo he querido contar con Aitzol Atutxa, que irá cortando los troncos a ritmo conmigo, como si fuera un instrumento, y con Karmele Gisasola, que toca la pandereta y que también levanta piedras como su aita Zelai, uno de los mitos del deporte rural y al que hace tiempo enseñé a tocar la trikitixa. La gente se preguntará por qué voy con Aitzol y Karmele en este espectáculo, y he de decir que para mí es un modo de recordar mis primeros tiempos, cuando empecé a tocar en plazas y romerías y compartía esos momentos con deportistas rurales, bertsolaris, etc. Es una pequeña metáfora que quiero subir al teatro» (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El momento mixto del herri kirol, del deporte rural vasco. Nos decía Kepa: «Para el directo he querido contar con Aitzol Atutxa, que irá cortando los troncos a ritmo conmigo, como si fuera un instrumento, y con Karmele Gisasola, que toca la pandereta y que también levanta piedras como su aita Zelai, uno de los mitos del deporte rural y al que hace tiempo enseñé a tocar la trikitixa. La gente se preguntará por qué voy con Aitzol y Karmele en este espectáculo, y he de decir que para mí es un modo de recordar mis primeros tiempos, cuando empecé a tocar en plazas y romerías y compartía esos momentos con deportistas rurales, bertsolaris, etc. Es una pequeña metáfora que quiero subir al teatro» (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

… y pasando -y rematando por fin el show, el eusko espectáculo- por los esperados jauldunak, que se introdujeron por el pasillo del patio de butacas (línea bastante usada como punto de fuga o de entrada de los invitados, y hasta por ahí pasó Kepa tocando la triki) con sus cencerros sonando al unísono, tolón tolón, antes de subir al escenario con sus capirotes para la despedida comunitaria, para la romería apoteósica, para la catarsis final. «¡Esto parece el Aberri Eguna!», espetó Oscar Cine ante el jaleo euskovasco, ante el guirigay multidisciplinar.

Los afamados joaldunak, personajes carnavaleros navarros con cencerros, capirotes y pieles de oveja, en el final apoteósico. «Los joaldunak tienen una fuerza impresionante y me sirven para cerrar el espectáculo yendo muy arriba», dice Kepa (foto: Gaizka Peñafiel).

Los joaldunak, personajes carnavaleros navarros con cencerros, capirotes y pieles de oveja, en el final apoteósico. «Los joaldunak tienen una fuerza impresionante y me sirven para cerrar el espectáculo yendo muy arriba», dice Kepa (foto: Gaizka Peñafiel).

Desde que apareció en solitario el líder Kepa Junkera tocando fandangos con su acordeón diatónico, esa dominical fue una velada en gradación que, en los momentos en que parecía que iba a remansarse, daba una nueva vuelta de tuerca visual que hacía subir un escalón la emoción de los espectadores: desde niños en los palcos hasta personas mayores en el patio. «Ha estado genial, me ha encantado», manifestó Bego al acabar, y se refirió a la decoración del tablado, a las luces, a las maletas colgando del techo… Sí, Kepa Junkera y sus colaboradores crearon un ambiente modernista pero sencillo, exportable y global, donde oficiaron casi todo el rato sentados y a veces levantándose, él para acercarse a los invitados con su trikitixa, y, sobre todo, ellas, las Sorginak, para bailar en ocasiones con pasos masculinos de espatadantza, otras para bailar en parejas y las menos para percutir las txalapartas de adorno arreglístico y ubicadas en segundo plano, en ambos laterales.

En el pasillo del patio hubo mucha actividad y aquí se ve a Kepa tocando entre (foto: Gaizka Peñafiel).

En el pasillo del patio hubo mucha actividad y aquí se ve a Kepa tocando entre (foto: Gaizka Peñafiel).

En efecto, hubo numerosas percusiones (panderetas, panderos, adminículos de vidrio, grandes latas de aceite -«sería curioso que fueran de la marca La Española», observó el siempre cáustico Oscar Cine-…), que junto con las voces dulces a veces tradicionales y a veces contemporáneas de las mozas, las neskas, o sea las Sorginak, hacen que el esquema pueda pecar de reiterativo… pero no, tal hándicap se evita con los guiños visuales multidisciplinares y con las sugerentes visitas sónicas paisajísticas a parajes relacionadas con Goran Bregovic anecdóticamente, a ondas reminiscentes de los tiempos dorados junkerianos en que invitaba en vivo a estrellas como Pedro Guerra y demás, o a ramalazos vernáculos reivindicativos de una tradición folklórica vasca cantarina y festiva.

Al final, con los oficiantes alineados saludando al respetable que les ovaciona (foto: Gaizka Peñafiel).

Al final, con los oficiantes alineados saludando al respetable que les ovaciona (foto: Gaizka Peñafiel).

¿Títulos? Algunos momentos destacados fueron la étnica coetánea y mundial de la geográfica ‘Sorginak Infernuko Hauspotik Irtetzen’ (este es el clip con drones), la alegría de ‘Animalizkoak’, las voces sostenidas de las Sorginak en el último hit de Junkera ‘Marea Zumaian’ (aquí va otro clip con drones), la larga, jotera y bilingüe ‘Maletak’, o el internacional ‘Bok Spok’, gran éxito junkeriano donde el público estuvo distraído ante la traca visual final, con cencerros, damas danzando, etc., un hito previo a los saludos postreros de los oficiantes (Kepa, 8 sorginak, 8 bailarinas, 8 jauldunak, 2 deportistas, en total 27 oficiantes estelares) y a la foto final con el público saludando por detrás, en el patio de butacas. Nosotros estuvimos en la fila 9.

OSCAR CUBILLO

La cita acabó tan arriba y la gente tan satisfecha que no hubo ni bis (foto: Gaizka Peñafiel).

La cita acabó tan arriba y la gente tan satisfecha que no hubo ni bis (foto: Gaizka Peñafiel).

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