James Rhodes: Sudadera de Chopin

El divulgador James Rhodes en el ensayo previo, con la misma ropa del show (foto: Enrique Moreno Esquibel / T. Arriaga).

Miércoles 15 de marzo de 2017, Bilbao, Teatro Arriaga, 20 h, entradas de 10,50 a 36 €.

 

Entradas agotadas en el Arriaga para el recital del mediático pianista James Rhodes, que dio un set parecido al de octubre en el Festival Ja! de la Sala BBK. Al acabar, se hartó a vender y firmar libros y CDs

 

Conocido en España sobre todo por haber sufrido abusos sexuales y haber volcado sus recuerdos en el libro autobiográfico ‘INSTRUMENTAL: Memorias de Música, Medicina y Locura’ (2015), el pianista londinense de 42 años James Rhodes agotó el taquillaje el miércoles en el Arriaga, donde dio uno de sus habituales recitales divulgativos (explica cada pieza, por qué le gusta y por qué la ha elegido), muy parecido, desde las introducciones y los chistes hasta el repertorio, al ofrecido en octubre de 2016 en la Sala BBK, en el marco del festival ‘Ja!’.

James Rhodes, cercano al respetable, no permitió hacer fotos durante el concierto y la que ilustra este texto se tomó durante el ensayo previo, con la misma luz y la misma ropa: una sudadera deportiva con la palabra ‘Chopin’ en el torso y playeras. Sumado a su pelo despeinado, Rhodes se asemejaba a un joven millonario informático de esos americanos. En su primer parlamento informó de que antes de nada quería decir tres cosas: primera, pidió perdón por no hablar ni castellano ni euskera, y lo hizo en lengua vernácula, leyendo de una chuleta pegada en el suelo; segundo, aseguró lamentar mucho, mucho el Brexit y agradeció que le hubiéramos dejado entrar; y tercero, y según él lo más importante, soltó un «que se joda Donald Trump». Bah, qué mentalidad más esclava y colonizada. ¡Ni que mister Trump fuese su presidente! Más le deberían preocupar Putin o Erdogan. A ver cuándo dice «fuck Erdogan!». A ver si se atreve.

En uno de sus discursos explicativos durante su actuación (imagen de móvil: Óscar Esteban).

Pero no divaguemos. El personaje, la ‘celebrity’ de la clásica actual que es James Rhodes, carece de la maestría e irradiación de Michel Camilo y de Achúcarro (o de Lang Lang), no afina su piano de modo tan tímbrico ni brillante y el miércoles ofició como un narciso bajo su nombre ‘james : rhodes’ todo el rato proyectado sobre el telón de fondo. Estuvo sobre el escenario durante 82 minutos en los que interpretó 8 piezas, teóricamente cuatro de ellas en los bises.

Como advirtió la voz en off, «al acabar el concierto el señor Rhodes procederá a firmar libros y CDs en el hall de la entrada». El interfecto lo recordó rápidamente cuando estuvo en escena; le regaló un volumen a alguien de la primera fila, y le comentó irónico: «Luego voy a firmar, lo puedes vender». Hum… debe de estar muy bien esto de vender decenas, cientos de libros y CDs sin IVA, ni factura, ni nada. Qué envidia… Y qué trabajo burocrático, contable, se quita de encima el artista, ¿verdad? Lo chungo es que no se pagan impuestos para redistribuir entre los pobres después. Al salir del Arriaga, el hall estaba congestionado y había dos largas colas: una para que firmaran los libros y otra para vender los productos. Espectacular.

Dos colas había en el hall al salir, una para comprarle cosas y otra para que las firmara (imagen de móvil: Mr. Duck).

Para vayamos al grano. Rhodes abrió con el delicado barroco de Bach (preludio número 1 en do mayor), con aire de concierto de clásica (toses entre el respetable, los farolillos del teatro encendidos y dando una luz tenue), y contó al acabarlo que ha editado un nuevo libro, ‘Toca el piano: interpreta a Bach en seis semanas’, ¡con solo 45 minutos diarios! No alcanzó tan altas alturas en Chopin (Fantasía en fa mayor; afirmó que Chopin cambió la música, que marcó un antes y un después, y que la inmensa mayoría de sus partituras son actualmente vigentes) ni en Beethoven (sonata para piano nº 31; aseguró que es el rey de todos los compositores, lo parangonó con Elvis Presley, y lo ejecutó siguiendo la partitura, dejando no tan buena imagen estética).

Remontó de nuevo en la cuarta, la Chacona de Bach-Busoni, dramática, la cima de la cita («¡bien!, ¡parece mentira!», manifestó un caballero de la fila de atrás; aquí va un YouTube de otra ocasión), y los bises fueron más cortos, como pensados, decididos in extremis ante el calor de las ovaciones del respetable (Rhodes presentó a Gluck y Rachmaninov, y también hizo algo de Puccini y de Schuman, elcuarto, el mejor, muy cinético él).

Panorámica del tablado y el teatro en los saludos finales (imagen de móvil: Mr. Duck).

Pues más o menos así fue el correcto recital de un afamado divulgador de la clásica (en televisión también, en discos multinacionales…), y del que el público salió encantado («bonito, bonito», compartía una dama fuera del teatro con una amiga).

OSCAR CUBILLO

Rhodes firmando afable a una fan, con sudadera de Chopin y chupa marca Fred Perry (imagen de móvil: Mr. Duck).

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