Cía. Patricia Guerrero / ‘Catedral’: No olviden su nombre

Las cuatro bailarinas y los dos grotescos tenores de ‘Catedral’ (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Jueves 30 de marzo de 2017, Bilbao, 12º Ciclo Flamenco BBK, Sala BBK, 20 h, 19 €.


Lleno técnico y de mayoría femenina en la inauguración del 12º Ciclo Flamenco BBK con la obra modernista, física y percusionista ‘Catedral’, una coreografía exportable de la bailaora emergente Patricia Guerrero, premiada en la Bienal

 

Lleno técnico, con sólo una quincena de entradas sin vender, el jueves en la inauguración del 12º Ciclo Flamenco BBK, que hasta junio albergará cuatro grandes citas estelares, cuatro espectáculos programados por grandes festivales flamencos (dos franceses y dos andaluces). La primera cita se dedicó a la Bienal de Sevilla y en el ágil prólogo su director, Cristóbal Ortega, afirmó que la Bienal es el festival flamenco más importante del mundo por razones como estas: cada dos años Sevilla se convierte en la capital del flamenco y durante 25 días el género se respira, se potencia y se le pone en un escaparate. La edición anterior, la de 2016, duró 24 jornadas y ofertó más de 70 espectáculos que congregaron a más de 100.000 personas. Los shows se programan desde el mediodía hasta la madrugada en diversos espacios: iglesias barrocas, la calle, teatros, hoteles… Y se respetan tres líneas principales de contratación: «poner en valor a nuevos artistas, a nombres ya consolidados, y a artistas mayores que son historia viva del flamenco, de los que hay que aprender». Uno de sus patrocinadores privados es Caja Sur (controlada por la BBK) y ya están elegidas las fechas de su vigésima edición, que discurrirá entre el 6 y el 30 de septiembre de 2018. Y se remató su breve discurso con un vídeo resumen de tres minutos que daba ganas de ir a Sevilla.

En esta última Bienal, en la 19ª, en la de 2016, se estrenó en el Teatro Lope de Vega la coreografía ‘Catedral’, obra de la Compañía Patricia Guerrero, personificada por una bailaora granadina de 27 años que empezó a danzar con solo tres años en la academia de su madre -María del Carmen Guerrero-, que desde los ocho actúa en público, que en la Bienal de 2012 recibió el premio Giraldillo a la mejor artista revelación y que en la Bienal de 2016 recibió el Giraldillo al mejor espectáculo por esta misma ‘Catedral’ (este es su vídeo promocional, que curiosamente no le hace del todo justicia).

El argumento coreográfico trataba de la presunta liberación personal (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Según la explicación oficial, tal opus retrata la liberación de la mujer y la ruptura de los convencionalismos, representados por la Iglesia (a la que parece pretender sustituir la Junta, la clase política, je, je…) mediante dos gemeliers bermellones que empezaron entonando gregoriano y acabaron cantando pop en inglés a lo Boy George. Esto del pop vocal en inglés, sumado a un número de baile en dúo femenino más propio del ballet contemporáneo (abrazando a la lideresa por detrás, muy físico, muy plástico, muy contorsionista, muy en sombras pues la luz no brilló tanto como se prometía), fueron destellos ajenos al flamenco, pero si se piensa en que se trata de exportar la obra, se entiende todo.

Pero en el fondo y en la forma ‘Catedral’, nominada a siete premios Max, es una obra profundamente flamenca, desde los vestidos de los que se va desprendiendo la protagonista hasta la mera percusión de El Chupete, todo un prodigio manejando desde las castañuelas hasta las campanas. ¡Qué grande, cómo acompañó él solo el primer baile de Patricia, tan estático, moderno y ‘manual’!

‘Catedral’ duró 72 minutos (más cuatro de saludos finales), y Patricia permaneció en escena casi todo el rato, haciendo mutis para respirar en dos momentos breves de seis y cuatro minutos. Fue protagonista, pero actuó bien compaginada con su cuerpo de baile subalterno (tres mujeres más, todas con el cabello moreno domeñado, repeinado, a veces moviéndose de lado a lado del tablado como si fueran nazarenas lorquianas representadas por Kukai) y empastada con la música: la percusión magistral de Chupete, el cante poderoso (no solo por el volumen) de José Ángel Carmona (a veces modernista a lo Mercé), y la guitarra de Juan Requena (ecos ketameros, la dulzura de Paco de Lucía por el final…).

Remate convexo de Patricia, con su buen juego de manos (foto: Mikel Martínez de Trespuentes / Sala BBK).

Esta obra de liberación personal (pero si les cuentan que el argumento va de la preocupación por la pesca de ballenas… o del atún rojo mediterráneo, se entiende igual), reveló la destreza y el potencial de Patricia Guerrero, una figura emergente pronta a confirmarse, tan percusiva en los zapateados como Sara Baras, con un estilo flexible, convexo, ágil, resistente, expresivo, bien bailado, quizá de momento con más técnica que alma… y esporádicamente ovacionado y a la postre premiado con esos cuatro minutos de saludos y reverencias de los nueve oficiantes: tres músicos, dos tenores (Diego y Daniel Pérez), tres bailarinas (Maise Márquez, Ana Agraz y Mónica Iglesias), y la jefa Patricia. No olviden su nombre…

OSCAR CUBILLO

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