Urko: Las canciones de su vida

El atrio lleno y el grupo bajo la gran pantalla con el logotipo del Basque Fest (imagen de móvil: O.C.E.).

Jueves 13 de abril de 2017, Bilbao, Basque Fest 2017, La Alhondiga, 20 h, entrada libre.

El programa de mano con las letras (O.C.E.).

 

El icónico cantautor Urko, un donostiarra histórico, transicional y euskaldun, cosechó un éxito nacionalista y muy nostálgico en el Basque Fest 2017

 

El concierto más importante del Basque Fest, ese evento multidisciplinar con el que las instituciones públicas pretenden dinamizar la Semana Santa en Bilbao, lo protagonizó el veterano cantautor transicional y nacionalista (así se definió durante el show) Urko (Jose Antonio Larrañaga Etxabe, San Sebastián, 12 de marzo de 1948). En una Alhóndiga acomodada con sillas, llena y muy veterana, liderando a un grupo atento al atril y de mucho fuste y pedigrí (citemos a sus escuderos: José Luis Canal al piano, Anjel Unzu a la guitarra, Rubén Caballero al bajo, Blas Fernández a la batería, e Iñaki Diéguez al acordeón, todos en tramos atados en corto al servicio de un chin-pun de plazuela, ¿eh?), Urko condujo una ágil sesión bilingüe (presentaba y explicaba todos los temas también en castellano con la excusa de que había mucha gente de fuera) de 18 canciones en 73 minutos. «Las canciones de mi vida», dejó caer antes de empezar.

Nacionalista a veces con dudas (se las plantea en la canción ‘Non nintzen ni / Quién soy yo’ y las resuelve concluyendo como dilucidó en la presentación: «Tú eres vasco, tienes un idioma, que es el euskera, y tienes que defenderlo. Y tú tienes una patria, Euskadi»), en el fondo personaje simpático («un seis y medio os doy», calificó los coros del público en una ocasión) y en la figura oronda y pulcra una suerte de híbrido entre el oskorriano Natxo de Felipe y el alcalde de Kortezubi Marko (el que presume de que su pueblo tiene el record de la txapela más grande del mundo), Urko osciló entre el afrancesamiento tan del gusto donostiarra (el vals ‘Azken txanpa’, la algo chanson ‘Ume eder bat’ con texto de Iparraguirre y tarareo final –otra de Iparraguirre fue ‘Angela maitia’, donde el donostiarra anduvo justo a la voz, como seguramente le haya observado su foniatra particular venida de La Bella Easo expresamente para ver el concierto-)…

la buena solemnidad del cantautor vasco apoyado en su voz (a lo Imanol en ‘Amor de gaviotas’, con epílogo bossa –«una canción de amor verdaderamente bonita», la definió-, y a lo Gontzal Mendibil la citada ‘Quién soy yo’, con prolongación swing), algunas brisas marineras (‘Amerikara joan nintzan / Me fui a América’) y, por la parte postrera, la fiesta recuperadora de la tradición vascongada en la estela de Oskorri: ‘Donostiako hiru damatxo’, sobre las guerras napoleónicas y en cuya introducción calificó de ‘almirante’ al Duque de Wellington, que en realidad guerreaba por tierra; la pintoresca y retro ‘Quisiera ser alcalde’; el bonito ambiente generado en el divulgativo ‘Ixil ixilik’ -«el que no cante, ‘castigao’», avisó Urko; ‘Artillero dale fuego’, una pachanguita propia de la serie Pub Ibiltaria; ‘Iriyarena / Toro de fuego’, «una canción preciosa con un trabalenguas curioso al final», avanzó el propio oficiante.

Urko en el bis, cantando ‘Maite, maite, maitia’ (imagen de móvil: O.C.E.).

«Con estos músicos es muy fácil cantar» elogió Urko a sus gregarios. Él protagonizó un concierto que definió como ‘kantaldi’, en el que invitó a «cantar, bailar, subiros a las sillas» al gentío, que comenzó un poco eclesial, como litúrgico, con no pocos espectadores leyendo y coreando las letras del programa de mano repartido en La Alhóndiga, y terminó más animado, como sacando la fiesta a la plaza.

Líricamente Urko arrancó aventando la leyenda negra de la conquista de América (con protagonista vasco en el swing inaugural ‘Usurbilgo Eliza’, el señor Etxebeste jauna), postuló los mandamientos nacionalistas (‘Agur Euskal Herriari’, «lo que nosotros, los nacionalistas, pensamos de nuestro país, que son siete provincias, cuatro aquí y tres ahí; llevo 40 años cantándola», y así le salió tan transicional), impartió lecciones de euskera (de lo más lucido de la velada le quedó la bastante zíngara ‘Lehenengo ikasgaia’, «la primera lección, lo básico» -este es un directo en la plaza de La Trinidad donostiarra), cantó cosas costumbristas e irónicas propias de otra época, ya aparentemente periclitadas (logrado el festivo folk transicional sobre ‘Pello Joxepe’ y el hijo del cura), y reservó sus dos grandes hits para el adiós: ‘Guk euskaraz’, reconvertido con reggae y tan pulido que podría sonar en una plausible ‘Resacón en Las Vegas 4… Ahora en Euskal Herria’, y en el bis, un más sentido y logrado ‘Maite, maite maitia’, quizá el cénit de una sesión gratuita y multitudinaria de la que no desertó nadie antes de tiempo, lo cual es un mérito en estos eventos gratuitos para gente mayor.

OSCAR CUBILLO

Entrevista de Urko para el diario nacionalista vasco Deia, concedida de cara a este concierto y titulada «La revolución hay que hacerla siempre con esmoquin»

Saludos después del bis de Canal, Urko, Caballero, Unzu, Fernández y Diéguez (imagen de móvil: O.C.E.).

 

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