Coppel: Canciones sobre su vida

Disparo con flash en el oscuro bar (imagen de móvil: Íñigo Ruiz).

Jueves 13 de abril de 2017, Las Arenas / Getxo, bar Zear Bide, 22.30 h, entrada libre.

 

El songwriter épico getxotarra, dylaniano, castellanoparlante y emigrado a Madrid Íñigo Coppel se metió al público en el bolsillo en el bar Zear Bide en una Semana Santa despobladora

 

Pegándose por labrarse un hueco en la escena está Coppel, cantautor profesional getxotarra mudado hace trece años a Madrid que en el bar Zear Bide de Las Arenas dedicó una canción «a todos los que viven sin amo ni señor». Si no le conocen, no dejen de chequear su Bandcamp, donde está su último álbum oficial, ‘Los nobles salvajes’. En 91 minutos a Coppel le dio tiempo a interpretar 18 canciones (tres estaban unidas), solo ante el peligro: sin apenas luz en escena (¿cómo vería los trastes de su guitarra?), colgando una acústica marca Takamine que corría del folk al country y al rock and roll de Chuck Berry, y cantando con una pasión vocal sostenida que se diluye en las grabaciones (al amigo Topo, quien contabilizó una veintena pasada de espectadores en el local, le pareció una voz muy crispada que le recordó a la de Mike Scott, de los Waterboys).

Intenso y sincero, Coppel (este es su segundo apellido, el de su madre alemana) sin necesidad de atril cantó numerosas piezas sobre sí mismo (por ejemplo cerró con ‘La balada de Íñigo Coppel’ y abrió con la larga odisea de ‘Íñigo Coppel viaja a la Edad media (y el rock and roll salva su vida)’, donde cita a Sarkozy, el calentamiento global y la bombona de butano como si fuera un yanqui en la corte del Rey Arturo, y donde acaba rocanroleando como Chuck Berry), ofició con cercanía al respetable mayormente atento e incluso fascinado (esa chica que le pidió una canción en inglés después de acabar el show), para sus mensajes se inspiró en su propia vida (amores, conciertos…), en lo que ve o lee (esa dramática ‘Balal, Abdollah y Maryam’, basada en una noticia de hace unos tres años sobre la madre que perdonó al asesino de su hijo justo antes de que fuera ajusticiado, ahorcado en Irán), y también tradujo alguna canción (‘A Boy Named Sue’ de Johnny Cash, escrita por Shel Silververstein, y retitulada ‘Un chico llamado Flor’ por Coppel).

Íñigo tocando sin luz ‘Laura y las desventuras del joven Coppel’ (imagen de móvil: O.C.E.).

Coppel, al que como única pega sólo se nos ocurre cierta fijación antimonárquica, no resultó monótono en ningún aspecto del show: ni en las presentaciones, ni en las letras (es un cuentahistorias que, insistimos, no necesita atril), ni en los variados estilos que arbitró y suministró siempre con solvencia: poso garajero en ‘Laura y las desventuras del joven Coppel’ (una vivencia que le sucedió en la cercana discoteca Gwendolyne de Algorta, explicó), intenso folk con vibrato en la voz (‘Serenata para C.’), el tono oscuro narrativo de Paul Kelly o Danny Champ (la citada ‘Balal, Abdollah y Maryam’, que fue de lo más destacable de un bolo magnífico), el metabolizado espíritu de Bob Dylan (‘Blues hablado sobre la propuesta de ley para soltar leones persas en Madrid’, que tiene este videoclip donde sale su amigo el televisivo Iñaki López –aquí Coppel improvisó en la letra: un ágape con Ska-P, un banquete con Taburete, un festín con Sting-; luego una ragtimer ‘La balada de Edu El Rata’; después ‘Íñigo Coppel viaja al siglo XVII y se une a los piratas de Libertalia’), varios ripios algo en la estela de Sabina (‘Canción protesta contra los cantautores que odian a Paul McCartney’; «la cantidad de gente en este mundo de la música que le odia», comentó extrañado Coppel, y también a mí me extraña: ¿odiar a Macca estando Lennon en el mismo grupo?), emulaciones del country de adulterio y su ‘cheating songs’ (‘Esto es lo que parece’, con armónica en plan el Springsteen del ‘Nebraska’), un tango con el que holló la cima de la cita (‘Éramos tan jóvenes’; «habla de mis notorias desventuras amorosas; ella tenía 20 años y yo 37; espero que disfrutéis con mi sufrimiento») y el bluegrass que abrió el bis (‘Blues hablado sobre el mayor fan de Bob Dylan del mundo’).

Muy pocos artistas (sic, porque esta palabra se usa a menudo de modo gratuito) pueden sostener hora y media con semejante intensidad. Viva Coppel (que regresará en junio a Bilbao, con su amigo Gatoperro).

OSCAR CUBILLO

Esta entrevista le hice en El Correo cuando presentó su disco en Navidad en Bilbao. Buena entrevista gracias a las respuestas, como siempre

 

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