The Dictators N.Y.C. + Los Chicos: Mi hijo, mi corazón

Handsome Dick Manitoba, enseñando músculo a lo Tarzán y con el tatuaje filial en el antebrazo izquierdo (foto: Mr. Duck).

Viernes 21 de abril de 2017, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 15-18 €.


Muchos músculos en el Kafe Antzokia: sufriendo tirones con tanto salto Los Chicos madrileños y presumiendo de tatuajes los yanquis The Dictators NYC. Ambos cantantes, Rafa Suñén y Dick Manitoba, le cogieron el gusto a bajar entre el público, a los baños de multitudes

 

Pack doble de rock and roll físico que pretendía entrar en danza, más que en trance, y siendo bien recibido por el respetable mixto y propenso al lío congregado en el Antzoki. Abrieron plaza Los Chicos (este es su Bandcamp) madrileños, que en unos 50 minutos y docena y media de coplillas (ejem, perdí las notas, y eso que solo bebí un Red Bull, como quien dice) sufrieron del mal sonido (mate, sin empaque y a volumen insuficiente) y un par de tirones musculares que dijo (¿en broma?) haberlos padecido el dinámico y espectacular cantante Rafa Suñén (subía a la columna, escalaba a los bafles, bajaba a bailar entre la peña, ponía poses con sus compadres también dinámicos y al final hasta nadó en seco como si fuera el cantante de los Fleshtones), un vocalista, un frontman elegante y espigado: sombrero de cowboy, botas blancas (¡los gemelos de las guitarras las calzaban de monte!), chaqueta blanca con parches de tahúr, camisa country, barba y melena…

Los Chicos, con su cantante que se comba Rafa Suñén, que también brinca y viste de blanco (foto: Mr. Duck).

Los Chicos son cinco, rulan desde el año 2000 y, esa velada en el Antzoki, botando incansablemente como muelles, sudando sin parar y dándole al frasco en cuanto paraban de tocar (¡botella de vino a morro!), facturaron un rock and roll juerguista y angloparlante (la palabra party, o sea fiesta, fue la más repetida en títulos tipo ‘War Or Party’, ‘Party Boogie’ o ‘Party Train’). Partiendo de la escuela del sello Crypt (ah, esas enseñanzas de los Raunch Hands) han alargado sus tentáculos hasta la actualidad del hillbilly asesino (un par de veces apunté en el papel LSS, por los Legendary Shack Shakers), y dejaron escapar cierta enjundia high energy, ora vía los australes Radio Birdman (no sólo por el parche de estos que lucía Rafa en su pinturera americana perfecta para Las Vegas), ora vía los yanquis pioneros MC5 (el jaleo) y los Stooges de Iggy Pop (el ambiente hirviente y el popurrí que se cascaron uniendo ‘TV Eye’ y ‘1969’, momento donde fueron pasto de móviles y fotógrafos por tirarse por el suelo entre la gente y tal).

Cuatro de Los Chicos –falta el batería- por el suelo y entre la peña durante el popurrí doble de los Stooges (foto: Mr. Duck).

Los Chicos lo dieron todo y acabaron su show sudoroso y entusiasta con la otra versión del lote, el ‘Professional Againster’ de los New Bomb Turks (otros de la cuadra, ejem, de la escudería Crypt Records), pero pena que la mala acústica amortiguara su pegada y aplastara su propósito.

Los tres dictadores originales Ross The Boss (hacha, también en Manowar), JP Thunderbolt (batería) y Manitoba (voz),
con Dean Rispler (bajo, también en Kosmodemonic) y Daniel Rey (guitarra; productor de Ramones) (foto: Mr. Duck).

También arrancaron con mal sonido, por mate y sin magia, los cabezas de cartel, los Dictators NYC liderados por su cantante Manitoba. Pero a la cuarta canción, ‘Pussy And Money’, precedida por el discurso de que «en América siguen mandando los viejos blancos» (como ellos, sí), la cosa hizo click, el volumen se levantó al instante y el brillo sónico dibujó sonrisas en las caras de los espectadores: unos 200, y es que esta formación viene cada año y además recala en ciudades cercanas como Vitoria y San Sebastián.

Su bolo fue de 74 minutos para unos 16 temas (perdí las notas, sí). Manitoba, un tipo que adora los gimnasios desde siempre y que no bebe (rechazó una cerveza que le ofreció un fan una de las numerosas veces que se sumergió entre el público), tiene 63 años y dosificó esfuerzos mediante pausas (a veces pitadas por la peña, que se dio cuenta) y discursos varios: el de que estudió español tres años en la escuela antes de ‘Weekend’ (ese lo sabíamos), el de que le encanta el modo en que se les ama en el Basque Country (también lo suelta siempre), que en Europa se apoya más el rock and roll y que los jóvenes americanos pasan de él, que sin un buen batería un grupo siempre es una eme (esto reconoció que lo cuenta a menudo), que los Dictators lo fundaron él y el guitarrista Ross The Boss hace 44 años, que «Manitoba es Dios» (literalmente), y que le gustaría venir cada año de gira al Basque Country, ya sea con el nombre de Dictators NYC o de Manitoba, pues siempre es el mismo espectáculo (no nos cabe duda), pero que hay «una gente» que no les permite usar el apelativo de los Dictators (en efecto: el dueño del nombre o marca, el bajista Andy Shernoff).

Manitoba en una de sus numerosas inmersiones entre el público, uno de sus baños de multitudes (foto: Mr. Duck).

La música fue lo de siempre, lo esperado, con mucho culto al riff de las guitarras (‘Baby Let’s Twist’, ‘The Next Big Thing’), marcialidad escénica (la inaugural ‘Master Race Rock’, con trasuntos de desfile de Manitoba y poses belicosas de los tres mástiles: a la otra guitarra iba otro neoyorquino ilustre, Daniel Rey, colaborador y productor de los Ramones), comunión con la masa mixta (Manitoba les espoleaba y le coreaban manos en alto, el tío descendía del escenario, tendía el micrófono y hasta las muchas mujeres le seguían el rollo; por cierto, a Pato una chica desatada le reveló que el que más le gustaba del quinteto era el baterista, JP Thunderbolt, el tercer miembro original del quinteto), un poco de protopunk, pizcas de alta energía, maneras de rock de estadio (los Dictators fueron grandes en los 70, pero a la larga la suerte les fue esquiva), hard rock (‘Haircut And Attitude’, de Manitoba’s Wild Kingdom, un grupo que montó luego el cantante), himnos que pusieron a la peña a corear hasta mostrar las amígdalas (el idiosincrático ‘New York, New York’ –de Manitoba’s Wild Kingdom también-, un ‘Stay With Me’ que fue el más coreado por las chicas –beibe, beibe, beibe… ma ma ma ma heart is calling…-, o un ‘Who Will Save Rock And Roll?’ que fue la cima de la cita), más una versión para acabar (la esperada ‘Kick Out The Jams’ de MC5, la otra pieza que puso como loca a la masa).

El baterista, J.P. Thunderbolt, el dictador de más sex appeal para algunas espectadoras (foto: Mr. Duck).

Todo discurrió con el protagonismo absoluto de Manitoba, pertrechado con chupa coriácea con la bandera americana, gorro del Bronx, collar de Nueva York, pantalones de béisbol y varias prendas más (¡otra chupa debajo de la de cuero!) de las que se fue despojando hasta enseñar sus brazos musculosos y tatuados; en uno de ellos figuraba el rostro de un chaval y las letras rezaban en castellano: ‘mi hijo… mi corazón’.

Acabó el show y todos concluimos lo mismo: que sabemos lo que va a suceder en sus conciertos, que siempre hacen lo mismo, que Manitoba es un crack y que si no hay nada mejor el año que viene, volveremos a verles y nos volverá a vender la moto, la burra, .

ÓSCAR CUBILLO

Manitoba con el gorro del Bronx y la segunda chupa, vaquera y gruesa, que vestía bajo la de cuero (foto: Mr. Duck).

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