José María Vitier: ‘Una tarde en La Habana’

Vitier durante uno de sus divulgativos parlamentos (foto: Mr. Duck).

Viernes 28 de abril de 2017, Bilbao, Cúpula del Campos, 20.30 h, 10-12 €.

 

Abundancia de mujeres entre el público veterano y burgués del inteligible y divulgativo recital del pianista cubano José María Vitier, impregnado de romanticismo, cinefilia, Brasil…

 

Productivo viernes viendo y disfrutando de sendos conciertos de los que el público en pleno salió feliz y satisfecho. En ambos había mayoría de mujeres. A las 10.15 vimos a Sidonie en el Antzoki, como contaremos en el próximo post, y empezamos a las 8.30 en La Cúpula del Campos, preparada con filas de butacas y superando la media entrada, y donde las damas maduras, burguesas (ah, esos móviles de última generación con el que hacían fotos) y cultas de Bilbao atendieron, aplaudieron y elogiaron el concierto del pianista José María Vitier (La Habana, 1954), según la señora que presentó el acto, a la sazón su esposa, «uno de los grandes concertistas de Iberoamérica», autor de más de 60 bandas sonoras de películas.

Ante más de media entrada, apoyado esporádicamente por visuales (estampas cubanas, extractos de películas como ‘Fresa y chocolate’ y ‘El siglo de las luces’, y los cuadros de su citada esposa, Silvia Rodríguez Rivera), en solitario apostado tras un piano de cola, Vitier dio un culto, virtuoso, diverso (mestizo) y entretenido recital de 13 piezas en 85 minutos, con todas las partituras (las tenía dentro de la testa, pues se las sabe de memoria) originales suyas, exceptuando la primera y última piezas, que también las arrastró a su terreno. La inaugural fue un «divertimento» a partir de ‘La comparsa’ de Lecuona, con jazz, clásica y cubanismos a lo Bebo Valdés, y la de clausura, en el bis, el standard ‘El manisero’, que tornó estilista y artificioso, primeramente vía clásica y a luego zambulléndose en el jazz.

Vitier, en la primera ocasión que actuaba en Bilbao (ya había estado antes para alguna conferencia sobre cine), tuvo la gentileza de presentar todos y cada uno de los temas de lo que definió como «un recorrido necesariamente sintético y breve por más de 40 años de carrera». Divulgativo e inteligible en el discurso, nos ilustró sobre la influencia del romanticismo europeo entre los pianistas cubanos de la segunda mitad del siglo XIX (el danzón ‘Deseos’, donde al acabar se le notó el esfuerzo físico, la entrega emocional), y por el principio de su actuación se mezcló mucho con el ragtime de Nueva Orleans: en la contradanza ‘Tarde en la Habana’ (este era, es el título del programa), o el jazz latino que prefiere llamar jazz cubano de ‘Tempo habanero’ (en cuya introducción explicó la «empatía» u osmosis que existe entre el danzón cubano y el jazz de la Luisiana, y en cuyo desarrollo se percibió blues como el de Roosevelt Sykes).

Ante las visuales de la décima pieza, el tema central de la película ‘Fresa y chocolate’ (foto: Mr. Duck).

También se refirió a un romance temprano, al que compuso ‘Tus ojos claros’, «una canción de amor que escribí para mi novia cuando era estudiante, y se dio a conocer porque primero la hizo Silvio, luego Pablito…», y de seguido alcanzó el cénit con el romanticismo gótico de ‘Ritual’, ilustrado por los cuadros de su esposa Silvia -¡que era la chica de los ojos claros y ya llevan 44 años juntos!- en animaciones ideadas por su nieto mayor, Adrián Vitier. Y pasó por el cine: ‘Preludio de Sofía’ de ‘El siglo de las luces’ con la inspiración brasileña «que ha sido tan importante para mí»; ‘Danzón imaginario’ para la película mexicana ‘Danzón’; y el tema central solemne y evocador de ‘Fresa y chocolate’, recibido con mayor expectación y atención («una película que trata sobre el derecho de lo diferente a existir, algo que está en plena vigencia», alegó el artista).

No obstante, lo mejor de la parte postrera del recital pianista fueron estos tres títulos: ‘Pulso de vida’, grande y romántico, «a piano solo es más íntimo, es un tema autobiográfico, como todo lo que hago; lo hago de corazón y espero que llegue a otro corazón»; la contradanza ‘Festiva’, que de la clásica evolucionó al jazz; y ‘Oración por Cuba’, dedicada a «la Virgen de la Caridad del Cobre, que es nuestra patrona», intensa, urbana y jazzer.

Estupendo Vitier: cercano, transversal, docto, polivalente… «Me he sentido feliz, muy bien de verdad», agradeció el maestro antes de conceder el bis manisero.

OSCAR CUBILLO

El maestro satisfecho y entregado en uno de los saludos postreros (foto: Mr. Duck).

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