Sidonie: Ambiente de festival (+ entrevista)

Sidonie en directo son cinco: Edu Martínez, los fundadores Axel, Jesús y Marc, más Víctor Valiente (foto: Mr. Duck).

Viernes 28 de abril de 2017, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 15-18 €.

 

Abundancia de mujeres entre el público del inteligible concierto de los beatlenianos catalanes Sidonie en un Kafe Antzokia que colgó el cartel de ‘entradas agotadas’ y que montó una fiesta con aire de festival

 

Productivo viernes viendo y disfrutando de sendos conciertos de los que el público en pleno salió feliz y satisfecho. En ambos había mayoría de mujeres, por cierto. Empezamos a las 8.30 en La Cúpula del Campos, donde una mayoría de damas maduras y burguesas disfrutaron del pianista cubano José María Vitier, como contamos en el post previo, y continuamos en el Kafe Antzokia, donde a las 10.15 salieron a escena Sidonie (Barcelona, 1997), que agotaron las entradas esa misma tarde en la venta anticipada, antes de que se abriera la taquilla. Regresaban con su disco ‘El peor grupo del mundo’ (Sony, 16), y también entre el público había muchas mujeres burguesas, éstas más jóvenes, cantarinas y bailongas, y también pertrechadas con móviles, como en JM Vitier. Las chicas estaban en las barras, en el anfiteatro… por doquier.

Tanto ellas como ellos disfrutaron con toda lógica del concierto de los también burgueses (lo han dicho ellos, no lo niegan) Sidonie, de 20 canciones en 105 minutos, hora y tres cuartos centradas donde apenas divagaron y se dedicaron sobre todo a servir canciones en quinteto (el trío fundador más dos músicos a sueldo: Edu a las teclas y Víctor a la guitarra), con mucha interacción con el gentío y un cuidado del repertorio evidente en el arranque impactante con estas cinco canciones: la inteligentemente halagadora ‘Os queremos’, la beatlenianamente lisérgica ‘Nuestro baile del viernes’, la coralmente enganchante mediante los ah-ah-ah ‘Costa azul’, la popera a lo Lory Meyers ‘Sierra y Canadá (Historia de amor asincrónico)’ (muy mejorada y endurecida respecto al disco), y ‘Fascinado’, con el gancho de los coros arreglistas de fa-fa-fa-fa, el aire de fiesta y versos de aviso como «y aún somos jóvenes» (ya ven qué generacionales siguen siendo Sidonie).

Antes de la sexta canción habló por primera vez el líder, Marc Ros, al que desde el anfiteatro le veíamos rejuvenecido, cual Paul McCartney pipiolo. Sabía que tenían el partido ganado y el peligro era divagar y dispersarse, pero esta vez lo evitaron. Halagó irónico Ros: «El peor grupo del mundo en la mejor ciudad del mundo», y cantó una soulera ‘Siglo XX’. Flacos, dinámicos y saltarines sobre las tablas, ágiles y provocativos, Sidonie fueron alternando psicodelia asumible (inteligible), ritmos moderadamente bailables, mucho gancho vía los Beatles (‘Atragantarnos’, ‘Los coches aún no vuelan’ con Ros a solas y ese falso sitar robado -según se autoinculparon- cuando grabaron en los estudios Abbey Road), himnos generacionales (‘Por ti’, una de las cimas de la parte central, con aire de anuncio cervecero, español como Fórmula V, con coros muy transicionales) y brindis con el respetable justo antes del descarado karaoke con los carteles dylanianos en ‘No sé dibujar un perro’.

La juerga de ‘No sé dibujar un perro’, con los carteles dylanianos y cinco músicos y dos pipas en escena (foto: Mr. Duck).

Después de esta, de la 12ª a la 14ª enlazaron una terna estupenda con ‘El peor grupo del mundo’, algo planetario él, ‘En mi garganta’ con esos «te quieroooo» exhalados a pulmón por las chicas y con el súper-simpático baterista Axel bailando encima de su instrumento, más ‘Fundido a negro’, cuando Marc Ros se puso a cantar entre el público, subiendo al anfiteatro. Tras una dupla muy Oasis (‘El bosque’, espeso y lisérgico, con estiramientos roquistas, y el adiós con el pop más alegre ‘Carreteras’, «que va sobre vosotros», aclaró Marc al respetable), llegó el bis, otro subidón emocional, puro festival, con el grupo en sexteto, pues hasta se coló un pipa a la pandereta en mitad del tablado.

Para este bis Sidonie reaparecieron con camisetas blancas, cada uno con una del peor cantante, peor teclista, etc., del mundo (el bajista Jesús Senra, siempre de oveja negra, llevaba una camiseta negra de peor bajista del mundo). Y cayeron cuatro canciones: se pusieron hippies y guitarreros a lo Hola A Todo El Mundo en ‘Instrucciones para construir un submarino’ («sobre el maravilloso mundo de la pareja», explicó Mar, que entonces tocaba un ukelele); subieron a la cima con ‘Un día de mierda’, coreado por todo el mundo y con Marc recorriendo a hombros el mar de gente; estupendo les quedó el rock ‘El incendio’, una fiesta supersubmarina con los coros de ‘ardeee’; y el adiós definitivo lo dictaron con ‘Estáis aquí’ (de su anterior disco, este es el clip oficial), rematado con los bailes y prolongado con saludos postreros (incluso firmaron algún CD que les tendían las fans) en un adiós definitivo mientras sonaba ‘En tu fiesta me colé’ de Mecano, lo cual nos hace rememorar que el quinteto salió a escena formando un círculo de ánimo y de amigos mientras sonaba el ‘Loser’ de Beck y que en arreglos de sus canciones desperdigaron guiños (o robos) a los Doors, Iron Butterfly o los Who. Conciertazo, oigan. Fiestón, sí.

ÓSCAR CUBILLO

Marc Ros, el encantador hipocondríaco, que desde el anfiteatro se veía como un Macca juvenil (foto: Mr. Duck).

+++ ENTREVISTA +++

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«Mi calidad de vida mejora cuando voy a un concierto

y empeora cuando veo un partido de fútbol»

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Los barceloneses Sidonie presentaron con éxito de público y artístico en el Kafe Antzokia su último álbum, ‘El peor grupo del mundo’ (Sony, 2016). Antes de la cita de ese viernes por la noche, dos días antes, el miércoles por la tarde, su líder Marc Ros nos atendía desde su hogar, «desde el estudio de mi piso en el barrio de Poblenou, Barcelona». Ya podrían ser todos los entrevistados así de sinceros, entretenidos…

¿Qué hacéis un día libre en Barcelona, cuando no tocáis y estáis cada uno a su bola?

Mi piso está al lado de la playa. Me gusta pasear por allí haga frío o haga calor. Cuando llego a mi casa, me tumbo en el sofá y leo el libro de turno. Si me canso me pongo los auriculares y escucho un disco entero. Me sirvo un vino, ceno, y veo una película en la que salga Jean-Pierre Léaud. Parece que acabo de describir un día de descanso de lo más relajado, pero en realidad no desconecto de Sidonie ni un segundo. Todo lo que haga, piense o sienta pueden acabar en una canción y debo estar muy alerta para que no se pierda nada, ya que no ando sobrado de ideas.

Lleváis 20 años como grupo, dando numerosos conciertos desde vuestros pinitos. ¿Para salir tanto a la carretera hay que ser disciplinado respecto a horarios, costumbres, aguante…? ¿Qué es lo que más os cuesta?

Me costó mucho asumir que la vida en carretera era mi vida. Ahora ya no me agobio si debo pasar varios días en una misma habitación de hotel, comer fuera de casa o conocer a gente extraña. No tengo que hacerme la cama, vamos a restaurantes increíbles y mis amigos son gente extraña.

Eso, ¿qué es lo que más te gusta de tus dos compis, de Jesús Senra y Axel Pi?

Su respeto y su paciencia. Creo que tienen un gran talento musical, pero también tienen una cualidad humana gigante. Son los dos compañeros de viaje ideales. Viajar es hermoso, pero siempre hay momentos tediosos. Sin ellos no hubiera llegado tan lejos.

Axel Pi parece tan majo que hasta se le permite dar un solo de batería (foto: Mr. Duck).

¿Y qué crees que a ellos no les hace tanta gracia de ti? Por ejemplo, yo de mi colega Pato, con el que voy a tantos bolos, no aguanto su impuntualidad.

Hay momentos en que necesito estar solo. Esto podía suscitar algunos momentos incómodos al principio, pero ya se han acostumbrado. Soy hipocondríaco y he llegado a cancelar entrevistas o ensayos al saber que alguno de ellos se encontraba en medio de un estado gripal. He llegado hasta el extremo de ponerme mascarilla para que no me contagien nada. Soy el cantante… y por eso tengo un margen asignado de excentricidades de diva.

Seguís editando en Sony. ¿Por qué les tenéis contentos, satisfechos?

Y ahora en el sello Columbia, el de los Byrds, Dylan, Springsteen, Simon & Garfunkel, etc. Al final son personas y con ellos hemos encontrado a un equipo que trabaja muy bien y sin los tics de multinacional de los setenta o los ochenta. Me hubiera encantado conocer la época en que en las discográficas se negociaba a base de cocaína y Dom Perignon, pero creo que me quedo con personas que saben escuchar y que te respetan como músico. Con alguna cena de calidad de vez en cuando me conformo.

‘El peor grupo del mundo’ (Sony, 16).

Nuevo disco: ‘El peor grupo del mundo’. Para poner ese título hay que tener personalidad, aparte de buen humor, ¿no?

Y ser unos amantes de la historia del rock. De eso habla el disco. Extrajimos una de las frases que más se han oído en conciertos y estudios de grabación y la pusimos en un pedestal. Ahí empezamos a escribir nuestra humilde y brevísima biografía musical del rock, desde quien lo vive de dentro y desde el punto de vista del fan.

¿Cómo será vuestro bolo en Bilbao?

Es difícil saberlo ahora. Dependerá de las vibraciones que se generen entre el público y nosotros, y de lo que hayamos bebido y comido en la cena. Creo que va a estar lleno, lo cual le da un puntito estimulante muy especial porque en Bilbao no es fácil colgar el cartel de ‘No hay entradas’. Por lo demás, el grupo está en muy buena forma y llevaremos nuestras mejores galas.

¿El verano se os presenta bien de festivales? ¿Qué es lo que más os gusta de los festivales?

Nos gusta que en los festivales los promotores no sean tan catetos como para dar todas las facilidades al grupo extranjero que han contratado con su popularidad discutible, en perjuicio del grupo de aquí que es más popular y es el que la gente espera. Nos encanta actuar en festivales, pero no a cualquier precio. Nuestra cultura pop podría crecer y venderse mucho mejor si no nos humilláramos tan a menudo.

Apoteosis escénica antes del bis, cuando reaparecieron con camisetas (foto: Mr. Duck).

¿Cuándo vuestros bolos coinciden con partidos del Barça o el Madrid se nota menos afluencia de público?

Sí, y no entendemos el porqué. Quizás esta es una lucha perdida, pero por experiencia personal mi calidad de vida mejora cuando voy a un concierto y empeora cuando veo un partido de fútbol. Estoy hablando de fútbol de élite, el de las marcas, los millones y las estafas. Creo que los Cristianos y los Messis dan un pobre ejemplo a la sociedad. Era mejor el ejemplo de los rockers en los setenta: Alice Cooper, Keith Richards… Bueno, no, aunque al menos eran más divertidos y tenían mucha más imaginación.

¿Sois del Barça? ¿Después del gol 500 de Messi hay esperanza de ganar la Liga?

Somos culés por tradición familiar. Pero repito, creemos que el fútbol actual es basura. Mientras Keith Richards siga vivo, estamos contentos.

ÓSCAR CUBILLO

En el bis, los cinco músicos, el pipa infiltrado -de negro- y el público entregado (imagen de móvil: O.C.E.).

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