Wovenhand: Ojos en blanco

David Eugene Edwards con los ojos en blanco en la Black Fever (foto: Danello Littlebro).

Miércoles 3 de mayo de 2017, Bolueta / Bilbao, Sala Black Fever, 20 h, 20.24 €.


Wovenhand, con su líder David Eugene Edwards atildado en plan dandy chamán, convencieron a la parroquia con su salmodia de gótico americano muy vinculada al siniestrismo ochentero británico

 

Lo que son los contrastes de las giras: este sábado el grupo americano Wovenhand actuará en Madrid, en el sexto festival Kristonfest (¡de iniciativa privada vasca!), en la sala La Riviera, apta para unas 2.000 personas y con una distribución del aforo incómoda, pero el miércoles, todo un privilegio inesperado (ejem: ante la escasa venta anticipada se procedió a trasladar el show a un espacio más pequeño), actuó en la sala Black Fever, a un palmo de unas 200 personas y de los numerosos fotógrafos que esta vez dejaron de disparar tras la tercera canción, para no agobiar con sus movimientos venatorios al artista.

Wovenhand (Denver, Colorado, 2001), liderados por el misterioso, místico y aindiado David Eugene Edwards (Englewood, Colorado, 1968), ex 16 Horsepower (Denver, Colorado, 1992-2005), pasaron por estos lares en cuarteto, divulgando su octavo álbum, ‘Star Treatment’ (Glitterhouse, 16), y ofrecieron una sesión de 14 temas en 79 minutos teloneados por los locales James Room & Weird Antigua, estos en trío (faltó el contrabajista) y elaborando estilismos palúdicos, cabaré de Nueva Orleans y sombras de Tom Waits con un muy buen cantante al frente (si no cantara en inglés serían más famosos).

La bandera estadounidense rasgada (foto: Mr. Duck).

A los estadounidenses Wovenhand, con otro buen cantante al mando y con una enseña de su país rasgada como tras la batalla, se les tiene como intérpretes de country-folk alternativo contemporáneo. En la Fever, donde oficiaron en cuarteto sin teclados, sonaron muy diferente a los discos, pero su querencia gótica y ceremonial está tan enraizada en los 80 británicos (voces a lo Tears For Fears en el abismo –‘King O King’, lapsos aindiados vía The Cult, la locura de Genesis P. Orridge, la marcialidad espectral de The Mission –‘Crystal Palace’-, cierta violencia metafísica algo a lo Theater Of Hate / Teatro del Odio –‘The Hired Hand’-, épica chirriante que remitía a The Alarm e incluso a unos U2 underground…) que en vivo se difuminan las partes más roots, más arraigadas, destacando sobre todo por esta faceta campera, u orgánica, una balada de aire flotante años 50 (‘The Quiver’), cierta lisergia apta para neowesterns como ‘Bone Tomahawk’, o los temas interpretados con su banjo sui generis por la parte postrera (‘Corsicana Clip’).

La pedalera a los pies del guitarrista de apoyo, que se parecía a Colin Farrell (foto: Mr. Duck).

Su salmodia invariable (ecos instrumentales y sostenidos vocales, recitados tremolantes, tambores batientes, grabaciones étnicas de ceremonias indias para inyectar ambiente, y dos guitarras con aparatosas pedaleras a su disposición: la del líder y la de un serio muchachote físicamente parecido al actor Colin Farrell) se tornó un tanto reiterativa, pero no fue óbice para que el público (muchas mujeres, muchos espectadores foráneos, no tantos fans del metal como quizá se esperaban y que sobre todo disfrutarían con los ritmos de la inaugural ‘Hiss’…) respondiera con ovaciones prestas y filmaciones constantes con el móvil enfocando al jefe de la partida, un Dave Eugene Edwards, nieto de predicador nazareno, que calzando botas de serpiente, tocado con un sombrero con pluma que domeñaba su melena rubicunda y embutido en la misma chupita vaquera con un gran parche de un tipi indio en la espalda que sale en la portada del disco ‘Star Treatment’, ponía los ojos en blanco, entraba en trance como un chamán, hablaba como alguna tribu india, se ahorcaba, y destacó sobre todo en los dos números chasqueantes en la escuela del blues tóxico de los Birthday Party de Nick Cave (el dramático ‘Five By Five’).

El cuarteto entero: el líder chamán, el baterista camionero, el bajista rollo metal y el guitarrista guaperas (foto: Mr. Duck).

La mayor parte del respetable acabó en éxtasis, convertida. Y estuvo bien, pero no fue para tanto lo de Wovenhand (tejido a mano según el traductor de Google, manos entrelazadas, en posición de rezar, según otras acepciones), porque los sermones de gótico americano de Slim Cessna’s Autoclub son más alocados y verosímiles, y el turbión de Legendary Shake Shakers sí que se adentra en las entrañas del country alternativo. Pero claro, Wovenhand llevan otro rollo, por eso gustan tanto a los metaleros. A mí me gustaban más 16 Horsepower.

OSCAR CUBILLO

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